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Full text of "Un cirujano en "La Tierra Purpúrea". Dr. Fermín Ferreira (1803-1867)"

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RicARDO Pou FERRARI 





DR. FERMÍN FERREIRA 7 
(1803-1867) (Q 


A 
PLUS-ÚLTRA 


RicARDO Pou FERRARI, nació en Mon- 
tevideo en 1948. 


Doctor en Medicina de la Facultad de 
Medicina de Montevideo, Medalla de 
Oro (1972). Realizó cursos de perfec- 
cionamiento en las Universidades de 
París (1973-74), Madrid (1975) y Bue- 
nos Aires (1979). Especialista en Gine- 
totocología (1976). 


Se ha dedicado a la docencia secunda- 
ria y universitaria (1966- al momento 
actual). Recibió la Distinción Sindi- 
cal al Mérito Docente y en el Ejercicio 
Profesional (2014). 


Es Miembro Titular de la Academia 
Nacional de Medicina, miembro ho- 
norario de la Sociedad Ginecotoco- 
lógica del Uruguay, así como de nu- 
merosas corporaciones, nacionales y 
extranjeras. Desde 1980 integra la So- 
ciedad uruguaya de Historia de la Me- 
dicina, de la que ha sido Presidente en 
dos períodos. 


Ha publicado más de ciento cincuen- 
ta trabajos científicos y numerosos li- 
bros. 





UN CIRUJANO EN 
“LA TIERRA PURPUREA” 





Dr. FermíN AUGUSTO FERREIRA (BAHÍA, 1803-MONTEVIDEO, 1867) 


Óleo en el salón “Ramón de la Sagra y Périz” 
del Hospital “Maciel”, Montevideo 


RICARDO Pou FERRARI 


UN CIRUJANO EN 
“LA TIERRA PURPÚREA” 


Dr. FERMÍN FERREIRA 
(1803-1867) 


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PLUS-ULTRA 


EDICIONES 


MONTEVIDEO 
2017 


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PLUS-ULTRA 


EDICIONES 


ISBN: 978-9974-8569-3-6 
Primera edición - Junio 2017 


UN CIRUJANO EN “LA TIERRA PURPÚREA” DR. FERMÍN FERREIRA (1803-1867) 


O Ricardo Pou Ferrari 


Queda hecho el depósito que ordena la ley 
Impreso en Uruguay - 2017 

Impreso y encuadernado en Mastergraf srl. 
Gral. Pagola 1823 - CP 11800 - Tel.: 2203 4760* 
Montevideo - Uruguay 

E-mail: mastergrafOmastergraf.com.uy 


Queda prohibida la reproducción parcial o total de este libro, por medio de cualquier proceso re- 
prográfico o fónico, especialmente por fotocopia, microfilme, offset o mimeógrafo o cualquier otro 


medio mecánico o electrónico, total o parcial del presente ejemplar, con o sin finalidad de lucro, sin 
la autorización del autor. 


Diseño de portada y armado: BE nugusto Giussi 


llustración de tapa: Juan Manuel Blanes. La batalla de Caseros (detalle), Palacio Urquiza, Entre 
Ríos. 


UN CIRUJANO EN 
“LA TIERRA PURPÚREA” 


Dr. FERMÍN FERREIRA 
(1803-1867) 


MILONGA PARA LOS ORIENTALES 
JorGE Luis BorGes (1899-1986) 


Milonga que este porteño 
dedica a los orientales, 
agradeciendo memorias 
de tardes y de ceibales. 


El sabor de lo oriental 
con estas palabras pinto; 
es el sabor de lo que es 
igual y un poco distinto. 


Milonga de tantas cosas 
que se van quedando lejos; 
la quinta con mirador 

y el zócalo de azulejos. 


En tu banda sale el sol 
apagando la farola 

del Cerro y dando alegría 
a la arena y a la ola. 


Milonga de los troperos 


que hartos de tierra y camino 


pitaban tabaco negro 
en el Paso del Molino. 


Milonga del primer tango 
que se quebró, nos da igual, 
en las casas de Junín 

o en las casas de Yerbal. 


Como los tientos de un lazo 
se entrevera nuestra historia, 
esa historia de a caballo 


que huele a sangre y a gloria. 


Milonga de aquel gauchaje 
que arremetió con denuedo 
en la pampa, que es pareja, 
o en la Cuchilla de Haedo. 


¿Quién dirá de quienes fueron 
esas lanzas enemigas 

que irá desgastando el tiempo, 
si de Ramírez o Artigas? 


Para pelear como hermanos 
era buena cualquier cancha; 
que lo digan los que vieron 
su último sol en Cagancha. 


Hombro a hombro o pecho a pecho, 
cuántas veces combatimos. 

¡Cuántas veces nos corrieron, 
cuántas veces los corrimos! 


Milonga del olvidado 

que muere y que no se queja; 
milonga de la garganta 
tajeada de oreja a oreja. 


Milonga del domador 
de potros de casco duro 
y de la plata que alegra 
el apero del oscuro. 


Milonga de la milonga 

a la sombra del ombú, 
milonga del otro Hernández 
que se batió en Paysandú. 


Milonga para que el tiempo 
vaya borrando fronteras; 
por algo tienen los mismos 
colores las dos banderas. 


*(“Para las seis cuerdas”, Buenos 
Aires, Emecé ed, 1965). 


INTRODUCCIÓN 


os dos primeros tercios del siglo XIX, durante los que 

se desarrolla la vida de Fermín Ferreira, conforman 

una época rica y compleja para el Río de la Plata. 

La transición de la Colonia a la República implicó 
enfrentamientos ideológicos y bélicos entre los habitantes de esa 
área geográfica y con potencias extranjeras. 


Es notorio el contraste entre civilización y barbarie, equi- 
parables grosso modo a la ciudad y el campo.' Rige el “desenfre- 
no”: agresividad física -tanto en el campo de batalla como en el 
foro-; demografía “de extremos” -elevadas tasas de nacimiento 
y mortalidad-; alto índice de masculinidad -más notorio en la 
campaña-; sexualidad “indisciplinada”-importante porcentaje 
de nacimientos fuera del matrimonio-; sensación de libertad 
personal desmedida -propia del “gaucho”-, etc.? 


Las personas se mueven en un paisaje “cuyo único límite 
es el horizonte”, sin más demarcación que ríos y arroyos. Es 
un “anfiteatro sangriento” * donde se suceden guerras y revolu- 
ciones, separadas por cortos períodos de paz, inestable y llena 





1 Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo o civilización y barbarie en las pampas ar- 
gentinas, Santiago de Chile, Imprenta el Progreso, 1845. 

2 Barrán, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay. La cultura bárbara 
(1800-1860), Montevideo, Ed de la Banda Oriental, 1990; 1: 263 pp. 

3  Aseveración de D. A. Larrañaga: Diario de sesiones de la Cámara de Seadores, T1:97- 
103, sesión del 4 de febrero de 1831; citado por Barrán, J.P., op cit. 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de tensiones: tal, “el estado normal en la República”.* Es, jus- 
tificando el subtítulo del presente ensayo, el tinte propio de la 


“tierra purpúrea”.? 


Ferreira estuvo siempre inmerso en esa atmósfera de “ten- 
sión existencial”, lo que no le impidió ser agente *civilizador”, 
en un perenne esfuerzo por contrarrestar la “entropía” socio po- 
lítica reinante, a través del propósito de aunar voluntades para la 
superación intelectual y moral, como en el caso de la Sociedad 
de Medicina montevideana y más que nada, la Universidad. 


Su precoz intervención en la guerra del Brasil -singular- 
mente violenta- y las prolongadas permanencias con el cuer- 
po del ejército “en campaña”, le otorgaron reciedumbre física y 
psicológica, sin perder por eso la percepción de la brutalidad de 
aquel “tornado” en el que estaba sumido y por el que era arras- 
trado. Quizás la condición de médico le concedió una suerte de 
“estatuto especial”, que lo involucraba a la vez que lo protegía, si 
bien no lo eximía del horror y el peligro omnipresentes. 


En 1803, Salvador de Bahía -año y lugar de su nacimien- 
to- pertenecía a una colonia del Reino de Portugal, que si bien 
era extensa y rica, aún no había adquirido el protagonismo que 
tuvo más tarde cuando la corte cruzó el Atlántico y se radicó 
en Río de Janeiro, o cuando se convirtió en el primer y único 
imperio sudamericano. Las ciudades puerto del Brasil eran in- 
eludibles para viajeros que iban del Pacífico o el Río de la Plata 
a Europa, las Antillas, América del Norte o África. La naturaleza 
exuberante, el clima cálido, la amabilidad de sus habitantes, la 
riqueza de la mezcla cultural, la inmensidad de las extensiones, 
hacían del Brasil campo propicio para desplazarse libremente, 





4 Varela, José Pedro. La legislación escolar (1877). Montevideo, Clásicos uruguayos, 
1964; 1:33-35; citado por Barrán J. P. op cit. 

5 Hudson, William H. The purple land that England lost. Travels and Adventures in 
Banda Oriental, London, Marston, Searle and Rivingston, 1885, 2 vols.; The purple 
land; being the narrative of one Richards Lamb's adventures in the Banda Oriental, Uru- 
guay, as told by himself, New York, Three Sirens Press, 1904 [?]. La edición en inglés, de 
1918, lleva prólogo de T. Roosevelt. En español: La tierra purpúrea; un idilio uruguayo, 
Buenos Aires y Montevideo, Agencia General de Ed, 1927. Con Prólogo de Robert 
Cunningahm Graham y Epílogo de Miguel de Unamuno. 


IO 


RicarDO Pou FERRARI 


guardar el anonimato y tejer proyectos desmesurados, invitando 
a los extranjeros a permanecer por un tiempo más prolongado 
que el de una simple escala. 


Lucas JosÉ ObBEs * 


Lucas José Obes (Buenos Aires, 1782 - Petrópolis, 1838) 
es el prototipo del patricio criollo, ilustrado hombre de mundo, 
de adhesiones políticas cambiantes, quien pese a su notoriedad 
y ocasional vinculación al poder, conoció también el destierro y 
la prisión, muriendo en la pobreza. 


Enviado a Madrid a los 18 años, completa allí los estudios 
de jurisprudencia, estableciéndose en Montevideo al culminar- 
los. En 1808 influye en la formación de la Junta Provisional 
de Gobierno. En 1810 es partidario del gobierno de Buenos 
Aires. Enviado preso a La Habana por el Virrey Francisco Elío 
(Pamplona, 1767-Valencia, 1822), termina escapándose a 
Londres, donde pasa unos meses de exilio. 


En 1814, en viaje de retorno, vive una temporada en 
Salvador. Allí ocurre el empalme de su vida con la del niño 
Fermín Ferreira -que según algunos historiadores era su hijo 
natural, cosa que luego procuraremos objetar-, a quien ese año 
lleva consigo a Montevideo cuando tenía once años. 


A su arribo, que coincide con el levantamiento del segun- 
do sitio de Montevideo, Obes se desempeña brevemente como 
consejero del gobernador Fernando Otorgués (Montevideo, 
1774-1831). Ocupada la ciudad por los portugueses en 1816, 
integra el Consulado de Comercio. En 1822 se le comisiona, 
con rango de Senador, para presentar las actas del Congreso 
Cisplatino ante las Cortes de Lisboa. De acuerdo a las instruc- 
ciones de Carlos Federico Lecor (Faro, 1764- Río de Janeiro, 
1836), se detiene en Río de Janeiro en el momento que allí nace 
el Imperio del Brasil. Convertido en personaje influyente de la 





6 Herrera y “Thode, Daniel. Lucas Obes en los esplendores de su época, Montevideo, 
ed Inst Penales, 1943, 131 págs. 


II 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Corte, es enviado a la Provincia Oriental para apresurar la incor- 
poración de la Provincia Cisplatina. Nuevamente en Río, actúa 
como Diputado cisplatino en 1825. 


Producida la Revolución de los Treinta y Tres, aún sin estar 
en armonía con ella, se fuga de Río en una fragata inglesa que lo 
deja en Punta Ballena a comienzos de febrero de 1826. Lecor lo 
declara desertor y confisca sus bienes, viéndose obligado a pedir 
refugio en Buenos Aires. El gobierno de Rivadavia lo reduce a 
prisión entre 1826 y 1828. Obes hace una minuciosa defensa 
de su vida pública. 


A partir de ese momento, liga su destino político al General 
Rivera. Durante la campaña de las Misiones, en 1828, desde 
Montevideo le envía consejos y observaciones. En setiembre de 
1829 es designado Fiscal de Gobierno y más tarde, durante la 
primera Presidencia de Don Frutos, Ministro de Hacienda, de 
Gobierno y Relaciones Exteriores y Ministro Universal, sucesi- 
vamente. Durante este período es, sin lugar a dudas, el indivi- 
duo más influyente de la República. 


Producida la renuncia de Rivera, durante la administración 
provisoria de Carlos Anaya, en enero de 1835, se lo deja cesante 
como Ministro, no así como Fiscal.” Al iniciarse el gobierno 
de Oribe en marzo, las Cámaras disponen una investigación de 
la gestión gubernamental previa, cuestionada por “desprolijida- 
des” administrativas y dilapidación del tesoro público, que se 
centra -a juicio de Pivel Devoto, con marcada injusticia”*- en 
la persona de Don Lucas. En 1836 ocurre la primera revuelta 
de Rivera contra Oribe; este dispone el extrañamiento de Obes 
y Santiago Vázquez en un decreto particularmente duro, acu- 
sándolos de haber sido copartícipes del levantamiento armado.” 
Exiliado en Río de Janeiro, “después de muchos meses de mo- 





7 Decreto firmado por Anaya y M. Oribe, de fecha 7 de enero de 1835. Registro Nacio- 
nal de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Imp de Espósitos, 1830:9:190. 
8  Pivel Devoco, Juan E. Historia de los partidos políticos en el Uruguay, Universidad 
de la República, 1942; 1: 72. 

9 Decreto firmado por Oribe y Francisco Llambi, del 20 de octubre de 1836, Registro 
Nacional de de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Imp de Espósitos, 1830; 
5: 85-86. 


12 


RicarDO Pou FERRARI 


destísima vida, solo y viudo, fallece Obes en Nitheroy el 7 de 
noviembre de 1836, víctima de una fiebre perniciosa. Sus ceni- 


zas fueron repatriadas en 1839”.' 


FERMÍN FERREIRA, EL MESTIZO 


Los retratos que se conservan de Ferreira corresponden a su 
edad adulta; lo muestran con los rasgos propios de un mulato: 
tez aceitunada, labios gruesos, cabello ensortijado; sin embargo, 
sus ojos son castaños (Figura 1). Esa mezcla étnica era frecuen- 
te en Brasil, tierra de encuentro de europeos con indígenas y 
africanos -traídos estos durante decenios por las naves de los 
traficantes de esclavos-. 


El asunto merece una consideración detenida para reflexio- 
nar si dicha condición de mestizo o mulato pudo tener influen- 
cia en el porvenir de nuestro biografiado, lo que nos apresura- 
mos a responder negativamente. 


LA ECUACIÓN PUREZA DE SANGRE / COLOR DE LA PIEL / LIMPIEZA 
DE OFICIO / BUENA FAMA 


El concepto de “pureza de sangre y raza” fue traído de 
España a América. En aquella, la declaración y testimonio de ha- 
ber pertenecido por generaciones a estirpes de “cristianos viejos” 
era condición previa necesaria para ser socialmente aceptable. El 
mismo criterio subsistió hasta los primeros años de la indepen- 
dencia.'' A su significado original se agregaron en Sudamérica 
otras connotaciones: el color de la piel o “raza” -término equiva- 
lente a “linaje”, no como el que tiene hoy, con mayor énfasis en 





10 Fernández Saldaña, José María. Diccionario uruguayo de biogafías. 1830-1940, 
Montevideo, Linardi y Risso ed, 1945: 909-911. 

11 En 1813 “la pureza de sangre” figura entre las condiciones de ingreso al Instituto 
Médico Militar de Buenos Aires [Ver: Eliseo Cantón. Historia de la Medicina en el Río 
de la Plata, Madrid, tomo 2: 178]. En España, tal condición fue abolida por Real Decre- 
to del 31 de enero de 1835. 


13 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


aspectos biológicos- y el “oficio y buena fama”.'? '* Esta mayor 
complejidad obedece a la magnitud de la “mezcla” que desde el 
comienzo de la conquista allí se dio. Reconociéndose variados 
matices de “negregura”, hasta el punto de haber, para represen- 
tarlos, un “cuadro de las castas”. En ese entonces, al decir de 
Max Hering Torres, “e anudó la limpieza de sangre con el color de 
la piel”, que se vinculó con tener o no ciertas condiciones mo- 
rales, psicológicas o intelectuales. A esto se sumó, por último, la 
condición “vil” de ciertos oficios y la “performance” social. 


SEPARACIÓN DE CASTAS Y ESCLAVITUD 


Durante la Revolución sudamericana, en especial en el Río 
de la Plata, sin prescindir del esclavo, se atenuó su minusvalía 
social. La separación de castas no puede negarse, pero con una 
modalidad peculiar, donde el subordinado compartía la vida del 
patrón y no era costumbre someterlo a condiciones de trabajo 
extremas ni malos tratos. 


Hubo algunas excepciones, como el conocido caso ocurrido 
en Montevideo en 1821, que perduró en la memoria colectiva 
-por brutal y más que nada, por haber sido excepcional-, cuan- 
do dos esclavas dieron muerte a su ama, Doña Celedonia Wich 
de Salvañach,'* siendo defendidas en el juicio que las condujo al 


cadalso por el abogado de oficio, Lucas Obes. 


La última etapa de esta perversa trata de personas tuvo lugar 
en la década de 1830, período durante el cual se traían niños 
desde África en calidad de “colonos”, que luego eran vendidos 
en Uruguay o Brasil. 


Paradojalmente, Lucas Obes estuvo implicado en el negocio, 
pues era propietario de embarcaciones adjudicadas a tal efecto. 
Incluso sostuvo públicamente, en un alegato que presentó en 





12 Torres, Max S. Hering. Color, pureza, raza: la calidad de los sujetos coloniales. La 
cuestión colonial. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2011, p. 451-470. 

13  Canessa de Sanguinetti, Marta. El bien nacer. Limpieza de oficios y limpieza de 
sangre. Raíces ibéricas de un mal latinoamericano. Montevideo: Taurus ed, 2000. 

14 Cabrera, Susana. Las esclavas del Rincón, Montevideo, Colección Ñ, 2001, 244 


págs. 


14 


RicarDO Pou FERRARI 


su calidad de Fiscal, una opinión favorable a la esclavitud, lo 
que pone de manifiesto la mentalidad contradictoria de la élite 
montevideana, que se autoproclamaba perteneciente al progre- 
sismo ilustrado pero mantenía ideas retrógradas. Decía Obes, 
como buen seguidor de Jeremy Bentham (Londres, 1749-1832) 
que era: 1? 


E[...] No habiendo ley que se oponga a la propuesta y sí razones 
de interés político que abogan por su aprobación, el fiscal tiene por 
inútil detenerse en enumerar todas las ventajas que promete al ex- 
hausto erario de la República el pronto y seguro percibo de treinta 
mil pesos [relacionado a la trata de esclavos], aunque la historia de 
todos los tiempos nos enseñe que la Utilidad para las naciones cultas 
es un sinónimo de lo lícito, y que de no ser apoyadas en esta regla 
[dichos países] jamás hubieran pensado en comerciar con hombres 


negros cuando tenían Colonias”.!* 7 


En el caso específico de Ferreira, a quien hemos caracteri- 
zado por sus antecedentes familiares y su fisonomía como un 
mulato, esta condición no le impidió ascender socialmente, ad- 
quirir una formación universitaria, vincularse al patriciado ni 
casarse con la descendiente de una emblemática familia *fun- 
dadora” de Montevideo. ¿Hasta qué punto influyó Obes y su 
grupo para catapultarlo en ese sentido? 





15 Borucki, Alex. Apuntes sobre el tráfico ilegal de esclavos hacia Brasil y Uruguay. 
Los “colonos” africanos de Montevideo (1832-1842). História: Questioes 82 Debates 
(Curitiba), 2010; 52: 119-148. 

16 El Estandarte Nacional, Montevideo, n.29, 4 de febrero de 1835, p.2 (de Borucki, 
Op cit). 

17 Ya durante el Gobierno Provisorio de 1825, se dictó una disposición de abolición. 
Otro tanto es consagrado en la Constitución de 1830. Durante el gobierno constitucio- 
nal de Oribe (1835-1838) se emitieron tres Decretos en contra de la esclavitud: el del 21 
de marzo de 1835, a raíz de la introducción de contrabando por el puerto de Maldonado, 
de 77 africanos por parte de buques portugueses, los “que son dados en tutela hasta la 
mayoría de edad, previo pago de 200 pesos, que luego se entregarán a los libertos”, compro- 
metiéndose sus patrones a darles buena educación y trato; los dos restantes, fueron del 
14 de junio y el 5 de setiembre de 1837. Durante el sitio, Suárez promulgó la ley de 
abolición de la esclavitud en diciembre de 1842, y por su parte, Oribe, desde el Cerrito, 
hizo lo propio en octubre de 1846. 


15 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





Doctor Fermin Ferreira 





Fig. 1. Fermín Augusto Ferreira. De: Mariano Ferreira, Memorias... 


16 


CAPÍTULO I 


INFANCIA 


ace Ferreira en Salvador de Bahía el 5 de mayo 
de 1803, siendo sus padres Antonio Salustiano 
Ferreira y Teodora Juana Ferreira. 


Nos toca refutar la hipótesis sustentada hasta ahora 
de que era hijo natural de Lucas Obes (Figura 2). En una carta 
de Fermín, fechada en Montevideo el 24 de noviembre de 1850 
y dirigida a Andrés Lamas (Montevideo, 1817-Buenos Aires, 
1891), que estaba en Río de Janeiro, dice: 


“Por mano del Sr. [José del] Buschental [Estrasburgo, 
1802-Paris, 1870] he tenido la satisfacción de recibir la estimada 
de U., con las que me adjuntaba de mi familia. 


Aprovechándome de la oferta que U. me hace para que envíe 
a mi Padre y al Sr. Moctzuma dirijo á U. ese paquetito que reco- 
miendo á su cuidado. 


Agradezco á U. muy mucho, tan importante servicio, porque 
después de ocho años no tenía la menor noticia de mi Padre, ni 
medios para averiguarlo”.'* 


Queda de este modo demostrada su filiación. 





18 Ver: Anexo Documental AGN, carta No 4. 


17 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Llega a Montevideo en 1814. Según algunos historiadores 
viaja acompañado por sus padres.'” Sea lo que fuere, Obes lo 
adopta y educa como un hijo, integrándolo a su grupo familiar. 
De ese modo, el niño es injertado en uno de los linajes más ilus- 
tres e influyentes del Río de la Plata y pasa a vivir en el epicentro 
de la revolución independentista. 


VINCULACIÓN CON EL CLAN OBES 


En 1815, don Lucas contrae matrimonio con Ignacia Blanco 
Penela, unión de la que nace un único hijo, Maximiliano, que 
muere trágicamente a manos de los charrúas en la batalla de 
Salsipuedes en 1831, cuando contaba con diecisiete años de 


edad. 


Dice Mariano Ferreira a propósito de la relación de su padre 
con la estirpe de adopción: 


“El Dr. Obes y su esposa [...] lo consideraban como de la 
familia, habiéndose educado en contacto íntimo con Máximo 
[Maximiliano] Obes, Melchor Pacheco y Obes [Buenos Aires, 
1809-1851], Manuel Herrera y Obes [Montevideo, 1806-1890], 
Juan Andrés Gelly y Obes [Buenos Aires, 1815-1904] y Cipriana 
Bonavía de Lahitte [Buenos Aires, 1806-2]”. Es preciso des- 
tacar que estos notorios personajes -con alguno de los cuales 
Ferreira tendrá vinculaciones a lo largo de toda la vida- eran casi 
de su misma edad. 





19 Fernández Saldaña, J.M. Diccionario uruguayo de biografías, op cit: 468-470. 
20 Ferreira, Mariano. Apuntes biográficos de la familia Artigas y Ferreira, Montevideo, 
Imp Renacimiento, 1919: 48. 


18 


RicarDO Pou FERRARI 





Fig. 2. Lucas José Obes y Álvarez. MHN, Casa de Lavalleja Óleo de Grass. 


Al incorporarse a esta familia, Ferreira queda en relación 
con los “cinco hermanos” y sus descendientes, núcleo social que 
es fiel representación del patriciado criollo, una suerte de noble- 
za que se prolonga, transmutándose, en las sociedades republi- 


canas. 2 


Es interesante profundizar en la constitución de ese gru- 
po familiar. El €clan” propiamente dicho estaba constituido 
por Lucas José Obes y sus cuatro hermanos políticos (otros 
dos ya habían fallecido al momento de retornar el primero a 
Montevideo): 


-el Capitán Jorge Pacheco Camacho (Buenos Aires, 
1761-1833), casado en Buenos Aires en 1805 con Dionisia 





21 Real de Azúa, Carlos. El Patriciado Uruguayo, Montevideo, Asir ed, 1961, 121 


págs. 
22  Pivel Devoto, Juan E. Historia de los partidos políticos en el Uruguay, Montevideo, 
Universidad de la República, 1943; 1: 61-68. 


19 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Obes (;-1844), padres del General Melchor Pacheco y Obes, 
Ministro de Guerra de la Defensa y enviado Extraordinario y 
Plenipotenciario a París; 


-el jurisconsulto y teólogo (de Chuquisaca)? Nicolás 
Herrera (Montevideo, 1775-1833), asesor de la Primera Junta 
de Buenos Aires (1810), Diputado en las Cortes de Cádiz (1810- 
1814), secretario del Primer Triunvirato porteño (1811-1812), 
diplomático en Asunción (1812), asesor y representante diplo- 
mático de Lecor y Jefe civil de la República Cisplatina (1821- 
1828); desposó a Consolación Obes (¿-?); siendo los padres del 
Doctor en jurisprudencia Manuel Herrera y Obes, Ministro, a 
la vez que “Patrono” y Rector de la Universidad de Montevideo; 


-el también Doctor en Derecho y Teología (de Chuquisaca) 
José Longinos Ellauri (Montevideo, 1789-1867) -hermano 
del médico Ramón Casiano Ellauri y Fernández ( ¿-?, egresa- 
do de Buenos Aires en 1832)-, fue miembro de la Asamblea 
General Constituyente y Legislativa del Estado Oriental (1828- 
1829), Diputado en la IT Legislatura (1834-1837), Ministro de 
Gobierno y Relaciones Exteriores (1830, 1839 y 1856), Fiscal 
General del Estado (1856); casó en Buenos Aires en 1812 con 
Francisca Obes (Montevideo, 1794-1874); fueron padres del 
Presidente del Uruguay y diplomático José Eugenio Ellauri y 
Obes (Montevideo, 1834-1894) y de Plácido Ellauri y Obes 
(Buenos Aires, 1815- Montevideo, 1893), profesor de filoso- 
fía, Rector de la Universidad de Montevideo y fundador de la 
Facultad de Medicina; 


-el Doctor en jurisprudencia (de Córdoba), Juan Andrés 
Gelly Martínez (Asunción, 1790-1856), de actuación pública 
no muy notoria; casado en Buenos Aires en 1814 con Micaela 





23 La Universidad San Francisco Xavier de Charcas fue fundada en 1624. Además de 
los citados, allí adquirieron su formación: Mariano Moreno (1778-1811), Juan Ignacio 
de Gorriti (1770-1834), Juan José Paso (1758-1833), Juan José Castelli (1764-1812), 
Vicente López (1785-1856) y Pedro José Agrelo (1776-1846), quienes alentaron la 
Revolución de 1810. [Cutolo, Vicente Osvaldo. El Pensamiento en la cultura argenti- 
no-uruguaya (siglo XIX)]. 

24 La Universidad de Córdoba fue establecida en 1613 cuando los jesuitas abrieron el 
Colegio Máximo. 


20 


RicarDO Pou FERRARI 


Obes (Buenos Aires, c.1790 - c.1845), padres del Teniente 
General Juan Andrés Gelly y Obes (Buenos Aires, 1815-1904) 
y de Micaela Gelly y Obes (c/c con Gonzalo Ramírez Álvarez). 


-el Doctor en leyes (de Chuquisaca) Julián Baltasar Mariano 
José de la Santísima Trinidad Álvarez Perdriel (Buenos Aires, 
1788 - Montevideo,1844), protagonista de la Revolución 
de Mayo y períodos subsiguientes, colaborador de Lecor, 
Diputado en la I (1830-1834), IV (1841-1843) y V (1843- 
1845) Legislatura, miembro del Tribunal Supremo de Justicia 
(en 1831 y durante la Defensa); desposado en Buenos Aires en 
1812 con María Pascuala Obes (1796-1860), fueron padres de 
Felicia y Estanislada (casadas sucesivamente con Julián Gelly y 
Obes), Amelia (c/c Ireneo Portela), Consolación (c/c Juan Pedro 
Ramírez), Cayetano (c/c Rosa Cortés Alegre, padres del Dr. José 
Román Alvarez Cortés), Julián (c/c de Máxima Conde), Miguel 
(c/c Carmen Susviela Santelices), Saturnino (c/c Dionisia Chaín 
Pacheco), Ana (c/c Lucas Herrera y Obes) y Máximo Álvarez y 
Obes (c/c Juana Isabel, hija del primer matrimonio de Portela). 


A las anteriores hermanas de Lucas deben agregarse otras 
dos: Cipriana (1786-1877), casada con el Capitán de Navío 
español y ulterior Gobernador de las Islas Malvinas, Bernardo 
Bonavía y Henríquez (España, 1745- Buenos Aires, 1817- 
1819?) y Manuela (Buenos Aires, 1788-1883), casada con Louis 
Perichon de Vandeuil D'”Abeille.?* 


Es de hacer notar que a punto de partida de la familia 
Obes surgen figuras de gravitación en la historia rioplatense 
hasta la época actual. En efecto, entre Argentina y Uruguay, 
cinco Presidentes y una “primera dama” descienden de ella: el ya 
mencionado José Ellauri y Obes (9% Presidente del Uruguay en- 
tre 1873 y 1875); Julio Herrera y Obes Martínez (Montevideo, 





25 Hermano de Ana, conocida como “la Perichona”, esposa de Thomas O” Gorman y 
amante de Liniers. 
26 Hernán Carlos Lux-Wurm. La ascendencia sanisidrense del clan Obes. Revista de 


Estudios Genealógicos del Uruguay, 1969; 9: 9-53. 


21 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


1841-1912, 16% Presidente del Uruguay entre 1890 y 1895);” 
Roque Sáenz Peña (Buenos Aires, 1851-1914, 17% Presidente de 
la Nación argentina entre 1910 y 1914);% Jorge Pacheco Areco 
(Montevideo, 1920-1998, 33% Presidente del Uruguay entre 
1967 y 1972)” y Alejandro Agustín Lanusse Gelly (Buenos 
Aires, 36% Presidente de la Argentina [de facto] entre 1971 y 
1973).* También desciende de esta estirpe Matilde Pacheco 
Stewart (1854-1926),* esposa del 19% y 21% Presidente del 
Uruguay, José Batlle y Ordóñez ( 1856-1929). Igualmente, los 
destacados hermanos, hombres públicos uruguayos, Gonzalo 
(1846-1911), José Pedro (1836-1913), Julio (1840-1884), Juan 
(1842-1895), Octavio (1844-1886) y Carlos María (1848- 
1898) Ramírez Álvarez y Obes, ” así como los dueños de “El 
Siglo”, Miguel (1845-1903) y Cayetano (1815-?) Álvarez y 
Obes.* 


Sin duda esta relación casi familiar le permitió a Ferreira 
acceder a una educación, relaciones sociales y centros de poder, 
hecho este último que, a nuestro juicio, más que beneficiarlo, 
le significó compromisos que lo llevaron a una vida pública de 
gran responsabilidad y compromiso. 





27 Hijo de Manuel Herrera y Obes y María Bernabela Martínez y Álvarez y nieto por 
vía paterna de Nicolás Herrera y Consolación Obes. 

28 Hijo de Cipriana Lahitte y Obes y Luis Sáenz Peña (1822-1907, 120 Presidente 
argentino) y nieto por vía materna de Cipriana Bonavía y Obes y Eduardo Lahitte y Elía. 
29 Hijo de Manuel Pacheco González y Lilián Ofelia Areco Quintana, nieto por vía 
paterna de Melchor Pacheco Stewart y Elvira González, bisnieto de Manuel Pacheco y 
Obes y Ana Stewart Agell. 

30 Hijo de Luis Gustavo Lanusse Justo y Albertina Cantilo, nieto por vía materna de 
Alberto Gelly y Obes y Luisa Claudia Cantilo Muñoz. 

31  Nieta de Jorge Pacheco y Dionisia Obes. 

32 Hijos de Juan Pedro Ramírez Carrasco y Consolación Álvarez y Obes, nietos por vía 
materna de Julián Álvarez y Pascuala Obes. 

33 Hijos de Julián Álvarez y Pascuala Obes. 


22 


RicarDO Pou FERRARI 


ESTUDIOS PRIMARIOS EN MONTEVIDEO 


Fermín permanece seis años en Montevideo, entre 1814 y 
1820, mientras su padre adoptivo es funcionario de la adminis- 
tración del invasor portugués. 

Sigue los primeros estudios bajo la tutela del Presbítero 
José Benito Lamas (Montevideo, 1787-1857) (Figura 3). Parece 
oportuno hacer algunos apuntes sobre la vida de este “prócer 
civil”. 


PAD A 





Fig. 3. Fray José Benito Lamas (miniatura de Salvador Ximénez) 


Hijo de Domingo Antonio Lamas y Francisca Regueira, era 
tío de Andrés Lamas, del que luego nos ocuparemos. Hace sus 
estudios primarios con los franciscanos en Montevideo, a cuya 
Orden ingresa en 1803. Es uno de los nueve frailes expulsados 
por el Virrey Elío el 21 de mayo de 1811, trasladándose al cam- 
pamento de Artigas. Al firmarse el armisticio, pasa a Buenos 
Aires y Córdoba. Regresa a Montevideo en diciembre de 1814, 


23 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


momento en que se encuentra con Fermín. En 1815, Artigas lo 
designa “Director de las Escuelas de la Patria”. Cuando ocurre la 
invasión portuguesa, pasa a Chile, San Luis y Córdoba. En 1833, 
es elegido para dictar la cátedra de filosofía y en 1836 asume la 
de teología. En 1838 es nombrado cura párroco de la Iglesia 
Matriz. Durante la Guerra Grande permanece en Montevideo 
y es miembro de Asamblea de Notables. Finalizada la misma, es 
senador por Montevideo (VI Legislatura: 1852- 1854). El 23 de 
marzo de 1854, tras la muerte de Lorenzo Antonio Fernández 
Larrobla (Montevideo, 1792-1852), es designado tercer Vicario 
Apostólico del Uruguay. Fallece víctima de fiebre amarilla en la 


epidemia de 1857.*% 


Lamas, comprometido con la causa artiguista, debió im- 
buir a su joven alumno de la pasión por la independencia de la 
Banda Oriental, movimiento al que este último adhirió a los 23 
años y al que consagró su vida. 


Alumno y maestro volverán a encontrarse: ambos formaron 
parte de la Asamblea de Notables (1846) durante la Defensa; 
siendo Lamas Vicario Apostólico, con motivo de la fundación 
de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay (1854), se ma- 
nifestó enfáticamente contrario a la misma, en tanto Ferreira 
ingresaba en la logia “Perseverancia” en 1856. Lamas muere 
durante la gran epidemia del año siguiente, al tiempo que su 
exalumno se esforzaba por combatirla... 





34  Carve, Luis. José Benito Lamas. Revista Histórica de la Universidad, 1907; 1: 38- 
40. 


24 


CAPÍTULO II 


ESTUDIANTE DE PREPARATORIOS EN 
BUuEnNos AIRES 


n marzo de 1820, su padre 
adoptivo envía a Fermín a 
Buenos Aires, obteniendo al 
efecto un pasaporte, firma- 
do por Lecor el 7 de ese mes. Va al 
cuidado de la hermana del primero, 
Cipriana (Figura 4), viuda de Bonavía 
y con la familia de ésta (María 
Cipriana -luego esposa de Eduardo 
de Lahitte de Elía;** María Ignacia; 
Bernardo y Vicente -futuro cónyuge 


de Expectación Ellauri y Obes-). 





Figura 4. Cipriana Obes y Álva- 


rez de Bonavía 








35 Una de sus hijas, Amelia Lahitte Bonavía, casó con el Médico Dr. Adolfo Argerich 
Martínez [1838-1871], quien aparece, con el sombrero en la mano, en el cuadro de Juan 
Manuel Blanes “Episodio de la fiebre amarilla de Buenos Aires de 1871” y que falleció a 
consecuencia de esa enfermedad contraída en el cumplimiento de sus deberes de médico. 
Otra de ellas, Cipriana, se unió en matrimonio con Luis Sáenz Peña, futuro Presidente 
de la Nación argentina. 


25 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


LA ANARQUÍA DEL AÑO XX 


El momento en que Fermín se incorpora a la sociedad por- 
teña es crítico en la vida política y social argentina, época llama- 
da “anarquía del año XX”. El 1 de febrero de 1820 tiene lugar 
la batalla de Cepeda, en la que las fuerzas militares oficialistas 
-al mando de José Rondeau (Buenos Aires, 1775-Montevideo, 
1844) y Juan Ramón Balcarce (Buenos Aires, 1773-1836)- son 
derrotadas por los caudillos provinciales, vinculados con José 


Artigas (Montevideo, 1764-Asunción, 1850).* 


Desde años anteriores venía planteándose el antagonismo 
entre dos visiones de la organización política argentina, la uni- 
taria y la federal, dicotomía que persistirá por tres décadas, con 
importantes consecuencias.” Luego del citado hecho de armas 
se suprimen las autoridades nacionales -tanto el Directorio co- 
mo el Congreso-, quedando el país dividido en trece provincias 
autónomas. Con posterioridad a varios enfrentamientos bélicos 
más, se eligen las jerarquías que regirán en Buenos Aires. Entre 
1820 y 1824, su Gobernador es el Brigadier Martín Rodríguez 
(Buenos Aires, 1781-Montevideo, 1845) (Figura 5) quien, con- 
juntamente con el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia 
(Buenos Aires, 1780 - Cádiz, 1845) (Figura 6), introduce im- 
portantes innovaciones políticas, económicas y educativas, ba- 
sadas en una concepción republicana. 





36 El 22 de enero de 1820 Artigas fue vencido por las fuerzas luso-brasileñas en la 
batalla de Tacuarembó. En junio y julio, libra enfrentamientos en Corrientes, y en se- 
tiembre, solicita autorización para ingresar al Paraguay. El dictador Gaspar Rodríguez de 
Francia (1766-1840) lo mantiene cautivo. Artigas muere en Asunción el 23 de setiembre 
de 1850, luego de treinta años de exilio. 

37 La distinción entre unitarios y federales no es tan clara, ya que, en el curso de los 
años, las posiciones cambian, no sólo en sus planteles sino también en la concepción po- 
lítica y en los objetivos que persiguen (Ver: Ignacio Zubizarreta. Los Unitarios. Historia 
de la facción política que diseñó la Argentina moderna. Buenos Aires, Sudamericana ed, 
2012, 190 págs). 


26 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 5. Martín Rodríguez Figura 6. Bernardino Rivadavia 


ESTUDIOS SECUNDARIOS EN BUENOS AIRES 


Con referencia a la enseñanza media en Buenos Aires, a par- 
tir de junio de 1817 y por disposición del Director Supremo 
Juan Martín de Pueyrredón (Buenos Aires, 1777-1850), se res- 
tablece el Real Colegio de San Carlos % * que pasa a deno- 
minarse Colegio de la Unión del Sud (Figura 7) % y en 1823 
se convierte en Colegio de Ciencias Morales, integrado a la 
Universidad. El gobernante incita a un cambio en el progra- 
ma educativo, agregando al latín el cultivo de las lenguas vivas 
(francés, inglés e italiano), así como la enseñanza de las ciencias 





38 Recopilación de Leyes y Decretos, op cit; 1: 120-121 (junio 2 de 1817) y La Gazeta 
de Buenos Aires (junio 7). 

39 Allí cursaron desde 1783 numerosos estudiantes: Mateo Magariños (1784), Pe- 
dro Pablo Vidal (1790), Dámaso Antonio Larrañaga (1792), Mateo Vidal (1793), Pe- 
dro José García de Zúñiga, Lucas José Obes, José Luis García de Zúñiga y Estanislao 
Zúñiga (todos estos en 1794), José Longinos Ellauri y Juan Francisco Giró (1804), 
Zenón García de Zúñiga, Francisco García de Zúñiga y Antonio Chopitea (1815) 
y Jacobo Varela (1812) [Libro de Matrículas del Real Colegio de San Carlos desde 
1773-1818, en: Revista de la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 1942; 6: 130 y ss]. 
40 González Lebrero, Rodolfo Eduardo. Promoting Enlightenment and Virtues: The 
Colegio de la Unión del Sud. 1818-1823. En: Juan Carlos Garavaglia, Juan Pro Ruiz 
(eds). Latin American Bureaucracy and State Building Process (1780-1860), Cambridge 
Scholars Publishing, 2013: 305-345. 


27 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


físico químico matemáticas. En materia filosófica ocurre la tran- 
sición del escolasticismo al sensualismo o “Idéologie”, que ya 
venía insinuándose desde años anteriores.*' 





Figura 7. 


Los CURAS ILUSTRADOS 


En efecto, desde fines del siglo anterior, dicho centro de 
estudios había sido el núcleo de expansión intelectual de la 
Ilustración -inglesa, francesa y española-. Se constituye así el 
grupo llamado de los “curas ilustrados” o “clérigos naturalis- 
tas”,2 integrado por Juan José de Chorroarín (Buenos Aires, 
1757-1823), Juan José Ortiz (Buenos Aires, 1757-Montevideo, 
1815), Saturnino Segurola y Lezica (Buenos Aires, 1776-1854), 
Bartolomé Doroteo Muñoz (Buenos Aires, 1776-1831) y 
Dámaso Antonio Larrañaga (Montevideo, 1771-1848). Puede 
considerarse como precursor de este “círculo de ideas científi- 
cas” al Pbro. Dr. José Manuel Pérez Castellano (Montevideo, 





41 Entre 1809 y 1812, el Pbro. Dr. Juan Francisco Planes, se basaba en los ideólogos 
para dictar su curso de filosofía (Ardao, Arturo. La filosofía pre-universitaria, op cit: 
55). 

42 de Asúa, Miguel. Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en Argentina, Bue- 
nos Aires, Libros del Zorzal, 2010: 39-41. 


28 


RicarDO Pou FERRARI 


1743-1815), egresado de Córdoba, donde había alcanzado a 
recibir la influencia de los jesuitas, justo antes de la expulsión 
de esta orden. Sin abandonar el escolasticismo ni apartarse de 
los dogmas católicos, sus integrantes cultivaron las ciencias na- 
turales y abrieron el camino a la etapa de cambios a que nos 
referiremos enseguida. Y 


IDÉOLOGIE 


“Es el segundo momento de la filosofía francesa del siglo 
XVIII. El primero lo había marcado la ilustración o enciclopedia 
[...] que durante media centuria fue preparando los espíritus para 
la gran conmoción revolucionaria”. El nombre de la escuela se 
debe a Antoine-Louis Desttut de Tracy (Paris, 1754-1836). * 
Comprende también a otros pensadores: Nicolas de Condorcet 
(Ribemont, 1743-Bourg-la-Reine, 1794) -“que actuó de puente 
entre la enciclopedia y la ideología”-*%, el abate Etienne-Bonnot 
de Condillac (Grenoble, 1715 - abadía de Flux, 1780)- el ini- 
ciador-, el médico Pierre-Jean-George de Cabanis (Cosnac, 
1757-Seraincuort, 1808)9 -que trabajó en el campo de las cien- 
cias naturales y de su profesión-, etc. Si bien hay matices entre 
sus discursos, todos comparten el principio de Condillac: las 
impresiones sensoriales son el origen de todo conocimiento hu- 


mano (Figs. 8, 9 y 10). 





43 — Islas, Ariadna. Prólogo; en: Dámaso Antonio Larrañaga. Diario de Historia Natu- 
ral. 1808-1814, Biblioteca Artigas. Colección de Clásicos Uruguayos, Volumen fuera de 
Serie I, Montevideo, Archivo General de la Nación, 2015: I-XXV. 

44  Ardao Arturo, Filosofía pre-universitaria en el Uruguay, Montevideo, Claudio Gar- 
cía, 1945: 50. 

45  Antoine-Louis-Claude Destutt, conde de Tracy, se graduó en Estrasburgo, ingre- 
sando luego al ejército. En 1789 fue diputado por la nobleza en los Estados Generales 
y gran partidario de la Revolución, de la que tomó distancia en la época del Terror en 
1792. Habiéndose librado de la guillotina, participó de la vida política como Senador 
durante el Directorio. (Ver: Francois Picavet, Les idéologues. Essai sur Phistoire des idées 
et des théories scientifiques, religieuses, etc., en France depuis 1789. [lére éd.: 1891], 
New York, Burk Franklin, 1971: 293-351). 

46  Ardao, Arturo, op cit: 51. 

47 Saad, Mariana. Cabanis, comprendre Phomme pour changer le monde, Paris, Clas- 
siques Garnier, 2016, 309 págs. 


29 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





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Figura 8. Condillac Figura 9. Cabanis Figura 10. Destutt de 
Tracy 


“Desde la prensa periódica, [...] el libro y [...] la cátedra, irra- 
diaron con brío un pensamiento |...] dirigido a fundamentar las 
nuevas instituciones: el liberalismo político que venía de la enci- 
clopedia, y el liberalismo económico que venía de la fisiocracia; la 
secularización del Estado, la enseñanza pública, laica y popular; el 
credo social y humanitarista” $ 


Emplearon el análisis como método favorito de reflexión. 
“Conducidos por él dieron aplicación a sus grandes principios direc- 
tores, que encerraban los gérmenes del positivismo: el naturalismo 
racionalista llevado a todos los extremos: [...] una concepción empi- 
rista de la moral y de la historia presidida por la idea del progreso; 
la repulsa de la metafísica y la confiada afirmación de la ciencia 


experimental. Y penetrándolo todo, un denodado optimismo en el 
destino del hombre”. 


Su auge coincide con la Revolución francesa para decli- 
nar con posterioridad a 1815. En torno a esa fecha, luego de 
la conmoción producida por el romanticismo y la restauración 
borbónica en Francia, resurge el escolasticismo pero, a partir de 
1825, triunfa el espiritualismo ecléctico. 


“El espíritu liberal, laico y ciencista del ideologismo tuvo en la 
evolución ulterior del pensamiento francés un gran desquite [con] 





48  Ardao, A. op cit: 52. 

49  Ardao, A. op cit: 52. 

50 Di Pasqualle,Mariano. Idéologie, philosophie, savoirs médicaux. Destutt de Tracy 
et Pierre Jean Georges Cabanis 4 Buenos Aires, 1820-1842, Corpus, Revue de Philoso- 
phie [Paris], 2014; 65: 67 -92). 


30 


RicarDO Pou FERRARI 


las nuevas corrientes que se oponen y finalmente vencen al eclecticis- 
mo: la filosofía social de Saint Simon, Fourier, Leroux, y muy espe- 
cialmente, el positivismo de Augusto Comte. Pero antes, la ideología 
como escuela iba a conocer todavía, al otro lado de los mares, un 
triunfo histórico inesperado” .** 


IDEOLOGÍA EN BUENOS AIRES 


Esta filosofía llega con retraso a Buenos Aires, cuando ya 
estaba en decadencia en Europa. En 1808, mientras Cosme 
Mariano Argerich se inspiraba en Cabanis y Desttut pa- 
ra dictar el curso de Fisiología en la Escuela de Medicina del 
Protomedicato, Juan Francisco Planes hacía lo propio en el 
Colegio de San Carlos.?” Pero el elemento decisivo para la difu- 
sión rioplatense de la Ideología fue la enseñanza de la obra de 
Destutt -a quien Rivadavia había conocido durante su primera 
estadía en Europa- así como el establecimiento de una cátedra 
de Ideología en la Universidad. La misma estuvo a cargo, su- 
cesivamente, de tres profesores: Juan Crisóstomo Lafinur (La 
Carolina, Argentina, 1797- Santiago de Chile, 1824)” - entre 
1819 y 1820-, el Presbítero Dr. Juan Manuel Fernández de 
Agúero (Cantabria, España, 1772 - Buenos Aires, 1840)% -en- 





51  Ardao, A. op cit: 53-54. 

52  Ardao, A. op cit: 56. 

53 Según Guillermo Furlong, “el desarrollo filosófico de Lafinur era un incomprensi- 
ble ajuste de la escolástica con los nuevos conceptos de los sensualistas, especialmente de 
Destutt”, a quien también este historiador desestima. Considera que fue su escaso valor 
intelectual, más que la oposición del clero, lo que ocasionó el alejamiento de la cátedra 
universitaria a un año de haberla iniciado. [ver: Guillermo Furlong: Nacimiento y desa- 
rrollo de la filosofía en el Rio de la Plata. 1536-1810, Buenos Aires, G. Kraft ed, 1947, 
2 tomos, 755 págs.]. 

54 Juan Manuel Fernández de Agiúero nació en Santander, España, hacia 1772; en 
1790 llegó a Buenos Aires con sus padres. Fue educado en el Real Colegio de San Car- 
los y luego se ordenó sacerdote en Chile. Posteriormente, dictó clases de filosofía en la 
institución antedicha entre 1805 y 1807. A pesar de apoyar el proceso revolucionario, 
la Asamblea del Año XIII no le concedió la ciudadanía. También chocó con el clero, 
especialmente con el Rector Valentín Gómez (1774-1839). (Ver: Vicente Osvaldo Cu- 
tolo, Nuevo Diccionario biográfico argentino: 1750-1930, Buenos Aires, Elche, 1958- 
1985, 3:54-55 y Di Pasquale, Mariano D. La recepción de la Idéologie en la Universidad 
de Buenos Aires. El caso de Juan Manuel Fernández de Agiero [1812-1827]. Prismas, 
2011; 15: 20-35). 


31 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


tre 1822 y 1826-* y el Dr. Diego Alcorta (Buenos Aires, 1801- 
1842) -de 1826 a 1842-.* 7 Los dos primeros, tachados de ma- 
terialistas, provocaron la reacción de los conservadores y su rá- 
pido alejamiento de la docencia. Alcorta, médico de profesión,** 
enseñó durante tres lustros, con énfasis en aspectos relacionados 
al método científico y la fisiología (Figuras 11, 12 y 13). 





Figura 11. Lafinur Figura 12. Fernández Figura 13. Alcorta 


de Agiero 


Como expresión de la huella que dejaron en los estudiantes 
de entonces, Ignacio Martínez (¿-1829) -compañero de estu- 
dios de Ferreira- dedica a Lafinur su tesis doctoral de 18297 
“en reconocimiento por haberlo iniciado en el conocimiento de los 
empiristas ingleses y Desttut de Tracy”. Similar alusión hace Juan 





55 En 1826, Rivadavia divide el curso de filosofía en dos, ocupándose del primer año 
el Pbro. Dr. Luis José de la Peña, hasta su renuncia y emigración a Uruguay en 1830. 
56 Gutiérrez, Manuel. Origen y desarrollo de la enseñanza pública superior en Buenos 
Aires, Buenos Aires (1868), La Cultura Argentina, 1915: 76-76. 

57 Di Pasquale, Mariano. Diego Alcorta y la difusión de los saberes médicos en Buenos 
Aires, Dynamis, 2014; 34(1); 125-146. 

58 Alcorta, Diego. Disertación sobre la manía aguda. Tesis para optar al título de Doc- 
tor en Medicina y Cirugía, Universidad de Buenos Aires, 1827. 

59 Martínez, Ignacio. Disertación sobre el cáncer del útero: presentada y sostenida en 
la Universidad de Buenos Aires, para obtener el grado de Doctor en Medicina, el ----de 
mayo de 1829, Buenos Aires, Imp Argentina, 1829. [El espacio no llenado corresponde 
al año, ya que la Tesis nunca fue presentada]. 


32 


RicarDO Pou FERRARI 


Gutiérrez Moreno (La Cueva de Becerro, Ronda, 1782-Entre 
Ríos, Argentina, 1850) en su tesis médica de 1830.% 


La trascendencia de la Ideología sobre el pensamiento rio- 
platense es enfatizada por Ardao en los siguientes términos: 


“Por intermedio de la generación de Mayo se produjo el gran 
vuelco de orden cultural en cuya virtud nuestros países pasaron de 
la órbita española a la francesa” .* 


IDEOLOGÍA Y ESPIRITUALISMO ECLÉCTICO EN MONTEVIDEO 


Luego de la escolástica - enseñada sucesivamente, de 1833 
a 1838, por José Benito Lamas y Alejo Villegas (Córdoba, 1783 
-Buenos Aires, 1853)-, llega a Montevideo la Ideología, con 
veinte años de dilación con respecto a Buenos Aires. Sucede tal 
cosa en 1838, al incluirse esa materia en el programa de la cáte- 
dra oficial «desempeñada por Juan Francisco Ruano- y en la del 
Colegio Nacional -donde enseñaba filosofía el médico Gabriel 


Mendoza-. 


La Ideología tendría una duración efímera en Uruguay, ya 
que el auge del romanticismo daría pronto impulso al espiritua- 
lismo ecléctico, introducido en el “Gimnasio” de Montevideo 
por el Pbro. Dr. Luis José de la Peña en 1843 y luego, monopo- 
lizando la docencia filosófica universitaria y con Plácido Ellauri 
como adalid, durante el período que va de 1852 a 1877. La 
misma podría definirse como un intento por armonizar el racio- 
nalismo cartesiano con el idealismo romántico alemán, “2 mitad 
de camino entre la revolución y la reacción,[...] buscando dentro de 
un liberalismo descolorido, la paz ansiada a principios del siglo XIX 
por las clases medias francesas”. Y 


A su turno, el eclecticismo fue sustituido por el positivis- 
mo evolucionista y materialista, en fecha que coincide con la 





60 Gutiérrez Moreno, Juan. Thesis sobre la rabia; presentada a la Universidad de Bue- 
nos Aires para obtener el grado de Doctor en Medicina el 16 de octubre de 1830, Buenos 
Aires, 1830. 

61  Ardao, A. op cit: 55. 

62  Ardao, A. op cit: 55. 


33 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


fundación de la Facultad de Medicina de Montevideo (1875), 
doctrina que primó casi hegemónicamente durante una década 
a partir de 1880. 


CURSOS DE CIENCIAS FÍSICO-MATEMÁTICAS EN BUENOS AIRES 


Fermín Ferreira inicia los estudios secundarios en 1820 en 
el Colegio de la Unión del Sud. Al año siguiente, es alumno 
del Departamento de Estudios Preparatorios de la Universidad, 
más precisamente de la cátedra de Ciencias Físico-Matemáticas, 
regenteada por Francisco Avelino Díaz (Buenos Aires, 1800- 


1831). % (Figura 14) 


Según documentos publicados por Juan María Gutiérrez, * 
el curso duraba dos años: 


“La apertura se hizo el 9 de abril de 1821 con 62 alumnos, a 
los cuales se unieron 13 del departamento de ciencias exactas el 26 
de octubre del mismo año. 


Su objetivo [era] el estudio de las matemáticas especiales puras, 
algunos ramos de las matemáticas especiales aplicadas y nociones 
generales de Física. 


Los alumnos que han seguido este curso y se presentan a exa- 
men los días 4, 5 y 6 de diciembre á las 9 de la mañana en una de 
las salas de la Universidad son: 


Del Colegio de la Unión: D. Juan Montes de Oca, D. Pantaleón 
Benítez, D. Andrés Barrionuevo, D. Miguel Aréstegui, D. José 
María Romero, D. Matías Arufe, D. Juan Díaz, D. Francisco 
Viera, D. Francisco Mier, D. Florencio Varela, D. Francisco Aráoz, 
D. Baltasar Sánchez, D. Miguel Valencia, D. Martín García, D. 





63 Físico, matemático y legislador; alumno del matemático y topógrafo español Felipe 
Senillosa en la Academia de Matemática, creada por la Asamblea del Año XIII y más 
adelante anexada a la Universidad de Buenos Aires. A partir de agosto de 1821 dirigió la 
cátedra de Ciencias Físico-matemáticas del Departamento de estudios Preparatorios de 
la dicha institución, en el que permaneció hasta 1830. Fue además profesor de Filosofía 
en el Colegio de la Unión del Sud. 

64 Gutiérrez, Juan María. Origen y desarrollo de la enseñanza pública superior en 
Buenos Aires, Buenos Aires, op cit; 1915: 168. 


34 


RicarDO Pou FERRARI 


Fernando Patrón, D. Pablo Font, D. Fermín Ferreyra [sic], D. 
Florentino Castellanos. 


Del Colegio de Estudios Eclesiásticos: D. Lorenzo Torres y D. 
Eustaquio Torres. 


Particulares: D. Hilario Almeida, D. Romualdo Gaete, D. José 
Antonio Terry D. Diego Alcorta, D. Pedro Serrano, D. Sebastián 
Pérez, D. Ambrosio Molino Torres, D. Calixto Almeyda, D. Pablo 
Bernal, D. Manuel Belgrano, D. lenacio Martínez, D. Benjamín 
Vieytes, D. Martiniano Aparielo, D. José María Pirán”. 


Es Díaz quien firma el certificado de aprobación del exa- 
men final de los estudios preparatorios de Ferreira, con fecha 4 
de diciembre 1822. Este destacado intelectual transmitió a esa 
generación los principios de las ciencias que enseñaba, sin per- 
juicio de nociones filosóficas vinculadas al sensualismo, en cuyo 
cultivo también descollaba. 





Figura 14. Francisco Avelino Díaz Salgado 


CORRESPONDENCIA DE JosÉ LUCAS OBES Y SU ESPOSA CON 
FERMÍN FERREIRA 


Digna de transcribir es la siguiente carta, enviada por Don 
Lucas a Ferreira el 26 de mayo de 1820, pocos días después de 
instalado en Buenos Aires. Se puede apreciar la inteligencia y la 


35 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cultura -típicamente ilustrada- de quien la escribe, el cariño que 
manifiesta por el joven, así como el interés por proporcionarle 
una formación integral, respetando las ideas de este, aunque le 
sugiere fuertemente dedicarse a la Medicina y hace alguna refe- 
rencia a otros temas de índole general: 


“Mi querido Fermín: No culpes mi cariño, cuando me notes 
de remiso en escribirte. Tengo pocos momentos de hacerlo como qui- 
siera y tú lo sabes. Ahora que Gomes está de viaje y Antonia en la 
ciudad, a lo que sabes en mis atenciones, agrega la falta de quien 
copie mis borradores, siempre difíciles. Cipriana me habla de ti 
como yo deseo, y no sabes cuánto me complacen semejantes noticias. 
Entrando al mundo mi Fermín, debes creerte muy rico, sólo con 
el caudal de una buena conducta, y muy pobre, si por desgracia 
no consigues dominar los impulsos, en una edad arriesgada como 
actualmente lo es la tuya. Ya he dispuesto lo conveniente al ingreso 
al Colegio y supuesto que no quieras estudiar latinidad, dime lo 
que prefieres; para que entre tu inclinación y mis designios, pueda 
formarse el mejor plan de estudios. Las Matemáticas son necesarias; 
también lo es la Geografía, el Francés, la Música y el Dibujo, son 
nobilísimos, y yo no te dispensaría en pensar en otra cosa, hasta 
que hubieses adquirido aquellos conocimientos, pero deseando daros 
una profesión con que puedas vivir independiente y honrado, me 
gustaría verte aplicado a la Medicina, tanto más, cuando que ella 
te obligaría a conocer la Química, ciencia para mi juicio que lo re- 
úne todo: lo necesario, lo útil, lo divertido y lucrativo, pero no quie- 
ro que violentes tu inclinación sino que me la digas francamente. 
En otra ocasión hablaremos de religión conforme al plan propuesto 
en nuestra correspondencia, y si puedo, agregaré algunos apuntes 
que omití en mi anterior”.S 


Y agrega: 


“Saber que estás en el colegio [da por sentado que es el de la 
Unión del Sud, al que también él había asistido] y que estás gusto- 
so, son para mí dos satisfacciones. Es preciso que sufras esta pasajera 





65 Ferreira, Mariano. Apuntes biográficos de la familia Artigas y Ferreira. Seguidos de 
una corona fúnebre por el Dr. Mariano Ferreira, Montevideo, Renacimiento ed, 1919: 


30. 


36 


RicarDO Pou FERRARI 


sujeción para gozar después más 
de lleno de aquella libertad racio- 
nal. La naturaleza que ha negado 
a la niñez la fuerza del cuerpo y 
del espíritu para conducirse por sí 
sola, es el piélago de la vida; nos 
está diciendo que es preciso vivir 
sometidos a las personas que nos 
ayudan a robustecernos, dándonos 
el sustento y a ilustrarnos con la 
educación. Procura ser muy obe- 
diente, pero no adulón. Cuando 
te pregunten sobre cosas que inte- 





AE Y 


resen a las buenas costumbres en Figura 15. Ignacia Blanco de Obes. De: 
la casa, responde con verdad, pero Mariano Ferreira: Memorias de la fami- 


lia, op cit. 
no exagerando los defectos de los id 


compañeros. Si puedes disculpar- 
los, esto es mejor”. “ 


Tres años más adelante, desde Río de Janeiro, Ignacia 
Blanco (Figura 15), su madre adoptiva, le escribe con dulzura y 
demuestra interés por sus estudios: 


“Fermín hijo de mi corazón: 


Con el mayor gusto recibí tu apreciable del 17 del pasado en 
[...] la que te lamentas de mi olvido, pues así le llamas a mi silencio 
pero puedes estar convencido de que en mi corazón siempre ocupas 


lugar preferente [...] 


Te mando este alfiler de topacio blanco que es de un aderezo 
mío, porque no he podido encontrar otro como tú me lo pedías [...] 
Va también esa monedita de cuatro pesos, pues por ahora no hay 
más peluza; pero en el paquete te mandaré más. 





66 Ferreira, Mariano, op cit: 30. 


37 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Aquí todos estamos buenos. Máximo [Obes Blanco] muy ade- 
lantado y te manda muchas expresiones, igualmente María Antonia 
y Dorotea [Agell Blanco]” a quienes he dado tus pellizcos. 


Ahora solo me falta felicitarte por tus progresos en la medici- 
na, agradeciéndote el regalo y deseándote las felicidades que para sí 
apetece. V. Obes”.% 





67 Sus sobrinas. 
68 Ferreira, Mariano, op cit: 31. 


38 


CAPÍTULO III 


ESTUDIANTE DE MEDICINA 
EN BUENOS AIRES 


ENSEÑANZA DE LA MEDICINA Y LA CIRUGÍA EN BUENOS AIRES 


ETAPA PREUNIVERSITARIA 


| primer centro de enseñanza de la Medicina en Buenos 
Aires, creado a instancias del Protomédico Miguel 
Gorman (Irlanda, 1849 - Buenos Aires, 1819), es la 
Escuela del Protomedicato, fundada en 1798, que abre 
sus puertas recién en 1802. Actúan como profesores, el propio 
Gorman, Agustín Eusebio Fabre (Cádiz, 1743 - Buenos Aires, 
1820, formado en el Real Colegio de Cádiz)? y -muy breve- 
mente- José Alberto Capdevilla y Pallares (Lérida, 1738-Buenos 
Aires, 1820, egresado de la Universidad de Cervera y del Real 
Colegio de Barcelona). Convertida la Escuela en Instituto 
Médico en 1813 -por iniciativa de Cosme Mariano Argerich 
(Buenos Aires. 1758-1820, con título de Cervera)-, es transfor- 





69 Actuó Fabre como Cirujano Mayor del Ejército y secretario de la Academia. Fallece 
en Montevideo en 1846, donde vivía expatriado por la tiranía rosista desde 1842, ac- 
tuando como cirujano del Hospital Militar durante el Sitio. 


39 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


mada casi de inmediato en Instituto Médico Militar, queen 1822 
da paso al “Departamento de Medicina” de la Universidad.”” 
Casi simultáneamente se suprime el Protomedicato.”' 


FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES 


En 1816, el Pbro. Dr. Antonio Saénz (Buenos Aires, 1780- 
1825) (Figura 16), en su calidad de Diputado, presentó a la 
Asamblea un proyecto de creación de la Universidad, el cual no 
prosperó debido a las turbulencias de la época de Pueyrredón. El 
28 de abril de 1821, en un Acuerdo o Convención que celebra 
el Tribunal del Consulado, se lo designa “comisionado” o *can- 
celario” para concretar dicha iniciativa. ”? 


Estos trámites previos explican por qué, poco después de 
llegar de Europa, Bernardino Rivadavia pudo tener redactado 
el decreto de instalación de la Universidad de Buenos Aires, re- 
frendado por el Gobernador el 9 de agosto de 1821.” Tres días 
más tarde, en el templo de San Ignacio de Loyola (Figura 17), 
tuvo lugar la solemne ceremonia de instalación. En ese mismo 
acto se designó Rector al mencionado Sáenz, quien dio pose- 
sión a los integrantes de la Sala de Doctores.”* Poco después, el 
Gobierno establece el “Orden que debe observarse para el grado 


de Doctor”.”? 





70 Se habían fundado la escuela de dibujo (1814), la academia de jurisprudencia teó- 
rico práctica (1815) y la academia de matemáticas (1817). 

71 Recopilación de Leyes y Decretos promulgados en Buenos Aires desde el 26 de 
mayo de 1810 hasta el fin de diciembre de 1835, Primera parte, Buenos Aires, Imprenta 
del Estado, 1836: 

72 Recopilación de Leyes y Decretos promulgados en Buenos Aires desde el 26 de 
mayo de 1810 hasta el fin de diciembre de 1835, Primera parte, Buenos Aires, Imprenta 
del Estado, 1836: 160. 

73 Recopilación, op cit: 171-172. 

74 De acuerdo a Cantón, en el ramo de la medicina, los estudiantes “sobrevivientes” 
del Instituto Médico Militar, son designados Doctores en Medicina, prestando juramen- 
to en el acto de instalación de la Universidad. Ellos eran: Francisco Cosme Argerich, 
Francisco de Paula Rivero, Juan Madera, Pedro Rojas y Juan Antonio Fernández. (Can- 
tón, E. Historia de la Medicina en el Río de la Plata, 1928; 2: 242). La aseveración no es 
exacta ya que Rivero se había graduado en Cádiz. 

75 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 172-173. 


40 


RicarDO Pou FERRARI 


“La Universidad quedalba] organizada como si se tratara de un 
Ministerio de Instrucción Pública”?* en seis departamentos: Primeras le- 
tras, Estudios preparatorios, Ciencias exactas, Medicina, Jurisprudencia 
y Ciencias sagradas. 





Figura 16. Antonio Sáenz Figura 17. Templo de San Ignacio 
(Buenos Aires). 


PRIMERAS REVÁLIDAS 


Es interesante estudiar el “Libro de Actas de la Universidad 
de Buenos Aires”, ”? cuya primera entrada es del 17 de abril de 
1821, cuatro meses antes del decreto fundacional y casi coinci- 
dente con la fecha de la firma de la “convención” antes referida. 


En él figuran los expedientes de trámite de reválida rea- 
lizados por personas pertenecientes a distintas profesiones, lo 
que permite concluir que la Universidad estaba en marcha con 
anterioridad al cumplimiento de las formalidades. 





76 Cantón, Eliseo. Historia de la Medicina, op cit; 2: 241. 

77 Universidad de Buenos Aires, libro de actas, páginas 3-11 (manuscrito), 1821- 
1850, versión online de la Biblioteca de la UBA, 150 fojas. http//www.uba.ar/historia/ 
archivos/3archivo.pdf. Consultado el 14 de diciembre de 2016. 


41 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


En el período 1821-1822, se consigna el nombre de siete 
médicos. Pasamos a considerar el documento, agregando algu- 
nas referencias biográficas de los inscriptos. 


1) 18 de Abril de 1821: Christoval (sic) Martín de Montúfar 
presenta su diploma de Doctor para su reconocimiento y suplica se 
le devuelva”. 


Nacido en Málaga en 1758, egresa como licenciado del 
Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz. Viene a 
América en 1789” en calidad de Cirujano del Rey como par- 
te del Regimiento de Infantería de Buenos Aires,* radicándose 
por espacio de trece años en Montevideo. Actúa como médico 
del Hospital de Caridad y Teniente de Protomédico. En 1804 
se le otorga el título de “Licenciado en Cirugía Médica y doctor 
en la misma facultad en virtud de gracia que hizo el Rey al Colegio 
de Cádiz”.* En 1808, Montúfar eleva al Protomédico un in- 
forme acerca de nueve casos de personas mordidas por perros 
rabiosos tratadas en el hospital, que merece ser tenido por una 
de las primeras publicaciones científico-médicas rioplatenses.*? 
En 1810, €se vio obligado a abandonar la ciudad cuando lo expul- 
saron de Montevideo, por haberse pronunciado a favor de los ini- 
ciadores del movimiento emancipador de Mayo”. Y Pasa a Buenos 
Aires donde se desempeña en el Hospital General de Hombres, 
es Examinador del Protomedicato y Profesor de Cirugía en el 
Instituto Médico Militar. Fallece a los 84 años en 1842. 


No parece haber tenido buenas relaciones con sus colegas, 
como lo demuestra el hecho de que Francisco de Paula Rivero, 
Juan Antonio Fernández y Juan Madera lo recusan como exa- 
minador; el primero “por el pleito de nulidad que le planteó en 
cuanto a la Cátedra que ocupaba [...] y por carecer de otro título 
que el de Doctor en Cirugía, por lo que no tiene habilitación para 





78 Libro de Actas, Buenos Aires, op cit: £.3. 

79 Según Eliseo Cantón había desembarcado en oportunidad previa en Montevideo 
en 1787 (Cantón, Eliseo, op cit; 2: 251). 

80 Archivo General de Simancas, SGU, Leg, 6805, 15. 

81 Cantón, E. op cit, 2: 252. 

82 Cantón, E. op cit, 2: 257-258. 

83 Cantón, E. op cit; 2: 259. 


42 


RicarDO Pou FERRARI 


ejercer la Medicina”; el segundo *por serle odioso y sospechoso” y el 
último “por serle sospechoso”. 


2) 10 de Mayo de 1821: Francisco de Paula Rivero (España, 
1771-2?-Buenos Aires, 1853): “pide se produzca información 
entre los Sres. [...] á quienes consta han presenciado el grado de 
Doctor con que fue condecorado en 1809 en el Real Colegio de 
Medicina i [sic] Cirugía de Cádiz, prometiendo presentar el diplo- 
ma original luego que las circunstancias permitan la comunicación, 
dice también que acompaña su diploma de Bachiller y Licenciado 
en Cirugía médica”, todo lo cual es dado por válido. En junio 
18, solicita se fijen las fechas en que Fdeban realizarse las funcio- 
nes literarias para hallarse condecorado con el diploma de Doctor 
en la facultad de Medicina” ** Se nombra a Juan Cayetano de 
Molina como examinador, quien se excusa por hallarse enfer- 
mo, suplantándolo Juan Andrés Durand. 


Rivero -figura muy controvertida entre sus contemporá- 
neos-, “intervino en la batalla de Trafalgar [21 de octubre de 
1805] y su vida corrió serios riesgos al naufragar el barco <Santísima 
Trinidad> donde actuaba en calidad de médico”.* Llega a Buenos 
Aires en 1809 acompañando al Virrey Cisneros [Cartagena, 
1756-1829]. Comienza como Cirujano Mayor del Hospital de 
la Residencia y luego de producida la Revolución de Mayo, es 
comisionado en 1811 para inocular el virus de la vacuna. En 
1812 se lo designa Cirujano Mayor en el Ejército Auxiliar de 
la Banda Oriental y en calidad de tal organiza el Cuerpo de 
Sanidad. En 1813 se incorpora como catedrático de cirugía en 
el Instituto Médico Militar. En 1815 es Cirujano Mayor del 
Ejército Auxiliar del Perú. Permanece varios años en Córdoba 
y regresa a Buenos Aires durante el Ministerio de Rivadavia. 
Creada la Academia en 1822, se le nombra presidente. Entre 
1825 y 1826, en calidad de Cirujano Mayor, es responsable de 
la organización sanitaria de la guerra del Brasil, según luego ve- 
remos. A partir de 1829 es Médico Mayor del Hospital General 
de Hombres. Su figura se opaca durante la tiranía rosista, emi- 





84 Libro de Actas, Buenos Aires, 1821: £.5. 
85 Ruiz Moreno A. y col. op cit: 99. 


43 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


gra a Montevideo, pero, habiendo recibido el indulto de Rosas, 
regresa a Buenos Aires. En 1852 Vicente López [Buenos Aires, 
1815-1903] lo designa Administrador de la Vacuna y ocupa 
nuevamente la presidencia de la Academia. 


3) [? de] Junio de 1821: Juan Madera: solicita en mayo el 
grado de Doctor en Medicina y Cirugía, manifestando que fue 
“alumno del Instituto Médico Militar pero que se han extraviado 
los documentos que se hallaban en el archivo del Protomedicato”, 
rinde la prueba a fines de julio, habiendo también rechazado al 
Dr. Montúfar, a quien reemplaza el Dr. Carrasco.* 


Nacido en Buenos Aires, tiene destacada actuación du- 
rante las invasiones inglesas. Es uno de los firmantes de la re- 
presentación popular del 24 de mayo de 1810. Actúa sucesiva- 
mente como Cirujano del Ejército del Perú, Cirujano Mayor 
de la plaza de Buenos Aires (1812), Cirujano de la escolta del 
Director Supremo del Estado (1814), Cirujano de la Marina y 
Administrador de la Vacuna (1820-1829). Fallece en 1829. 


4) 14 de Mayo de 1821: Juan Antonio Fernández (Salta, 
1786- Buenos Aires, 1872): “pide se haga una información a los 
Sres. [...] que le conocieron en Lima ejerciendo la Medicina. No 
puede presentar su diploma de Doctor por haberse perdido en un 
naufragio, como fue notorio á todos los individuos que componían 
la expedición que llegó 4 Montevideo en 1814”. Presenta un di- 
ploma de Bachiller en Medicina expedido en Lima y manifiesta 
que “consta de la nota de las materias que sus discípulos sujetaron á 
examen bajo su dirección en 1812 [...] en ella se vé además el título 
de Bachiller en Medicina, el de Maestro de Fisiología en el Colegio 
de San Fernando, y es muy sabido que nadie puede ser Maestro en 
dicho Colegio sin ser Médico”. Se somete a la prueba a fines de 
julio. También recusa a Montúfar, nombrándose en su lugar al 
Dr. Carrasco. 


Fernández debuta como médico del Hospital General de 
Hombres. Docente del Instituto Médico Militar desde 1815, 
pasa a serlo en el Departamento de Medicina a partir de 1822. 





86 Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, 1821, £.7-8. 


44 


RicarDO Pou FERRARI 


Exiliado en Montevideo en 1835, permanece por espacio de 
dieciséis años y retorna a Buenos Aires en 1852, para ocupar el 
decanato de la Facultad y la cátedra de Clínica Médica. Fallece 
a los ochenta y seis años en 1872. 


5) [? de] Julio de 1821: Pedro Roxas [o Rojas] solicita €se faje 
día y hora para sus funciones del grado de Doctor en Medicina, pa- 
ra lo cual dice que acompaña certificaciones de sus estudios teóricos 


y prácticos en ambas facultades, como también el depósito”.*” 


6) [? de] Agosto de 1821: Sebastián Saborido requiere se le 
tome la prueba, en cuyo tribunal actúa Roxas por enfermedad 
de Montúfar.** 


7) [2 de] Junio de 1822: Francisco Javier Muñiz (Monte 
Grande, provincia de Buenos Aires, 1795-Buenos Aires, 1871), 
“pide á la Junta de Representantes que, sin embargo de no haber 
cumplido con algunos requisitos de formalidad en los cursos públi- 
cos de Medicina que ha hecho, á causa del desquicio que tuvo el 
Instituto por su reforma, se sirvan dispensárselos, admitiéndole á 
exámenes generales”. Se plantean dudas y el interesado solicita se 
recabe “una información a los individuos Pedro Niño y Victoriano 
Sánchez y al Dr. Montúfar, como Catedrático del Instituto de cómo 
hizo sus estudios” .*? Mientras los dos primeros avalan lo dicho, 
lo niega el último. Luego de largo trámite, Muñiz se presenta a 
los exámenes, siendo aprobado a fines de diciembre. Recién en 
1844 se le otorga el título. 


Siendo casi un niño, participa en la defensa de Buenos 
Aires durante las Invasiones Inglesas (1807). Alumno del 
Colegio de San Carlos, adquiere su formación profesional en 
el Instituto Médico Militar. Es Segundo cirujano de Patagones 
y Chascomús (1825) y Cirujano principal en la Sanidad del 
Ejército durante la guerra de Brasil (1826-1828). Al regreso, se 
establece en Luján, donde además de sus funciones de médico 
cirujano y forense, desarrolla una notable actividad científica 





87 Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, 1821, £.10. 
88 Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, 1821, £.11. 
89 Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, 1822, £.13-16. 


45 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


como paleontólogo, etnógrafo y sanitarista. Nombrado profe- 
sor de la cátedra de partos (1827), luego Conjuez del Tribunal 
de Medicina (1849), alcanzando el decanato de la Facultad de 
Medicina (1855-1862). Es Diputado y Senador (1859). Actúa 
en la guerra del Paraguay (1864-1870). Habiéndose retirado en 
1869, retorna a prestar servicios en ocasión de la epidemia de 
fiebre amarilla de 1871, a consecuencia de la cual muere. 


DEPARTAMENTO DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD 
DE BUENOS AIRES 


En 1822 comienzan los cursos del Departamento de 
Medicina, bajo la dirección del Prefecto Dr. Montúfar. 
Componen el mismo “as tres cátedras siguientes: Primera de ins- 
tituciones médicas; segunda de instituciones quirúrgicas; tercera de 
clínica médica y quirúrgica” 2 


Si bien el programa cambia varias veces en los primeros 
tiempos, se planifica desarrollarlo en cinco años, de acuerdo al 
siguiente programa: 1%: Física experimental, Preparaciones de 
Anatomía y Fisiología; 2%: Anatomía y Fisiología; 3%: Higiene 
y Patología General; 4%: Terapéutica, Materia Médica y Clínica 
Médica; 5%: Clínica Quirúrgica, Partos y enfermedades de las 
mujeres y los niños.” 


Al fin de la carrera, de acuerdo al Decreto respectivo,” “los 
aspirantes al doctorado eran sometidos a una especie de examen 
general, sobre tópicos diversos de las materias cursadas durante la 
carrera. Luego, tenían que hacer una disertación sobre un tema sa- 
cado a la suerte, de una hora de duración, y, por último, presentar 


una tesis escrita, sosteniéndola en pública controversia” 2? 


Según Eliseo Cantón, fueron tres los primeros docentes: 
Argerich (Francisco Cosme), Fernández y Rivero. Sin embargo, 





90 Recopilación de Leyes y Decretos promulgados en Buenos Aires. 1810-1835, Bue- 
nos Aires, Imprenta del Estado, 1836: 299. 

91 Cantón, Eliseo. Historia de la Medicina en el Río de la Plata, op cit: 2: 240. 

92 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 172. 

93 Cantón, Eliseo. Historia de la Medicina en el Río de la Plata, op cit; 2: 246. 


46 


RicarDO Pou FERRARI 


un estudio más detenido de las fuentes nos lleva a plantear el 
siguiente elenco: 


-Profesor de Anatomía y Fisiología. Se designa en dos opor- 
tunidades a Argerich, quien rechaza las ofertas. Según algunos 
historiadores, en su lugar actúa, como primer catedrático, Justo 


García y Valdez (Buenos Aires, 1771-1826, egresado de Cádiz). 


Este destacado cirujano porteño se gradúa en Cádiz, retor- 
nando a su ciudad natal en 1804, donde es Médico de Sanidad 
y presidente del Tribunal de Medicina del Protomedicato.*% Es 
el segundo y último Protomédico del Río de la Plata, entre 1819 
-fecha de la renuncia de Gorman y 1822 -en que esa institución 
es suprimida-”. Fallece en 1826. 


Con posterioridad a esa fecha, actúa brevemente en la 
Cátedra Francisco de Paula Almeyra Gorría (Buenos Aires, 


1791-1870, egresado del Instituto Médico Militar). 


A partir de 1828 y hasta 1835 -en que es destituido por 
Rosas-, la ocupa Juan José Montes de Oca (Buenos Aires, 1806- 
1876).% 


Es uno de los primeros egresados del Departamento de 
Medicina en 1826. Médico del Hospital General de Hombres, 
se expatrió a Montevideo, Santa Catarina y Río de Janeiro, para 
retornar luego a Buenos Aires, donde desarrolla una larga actua- 
ción profesional y legislativa. 


-Profesor de Instituciones médicas (Patología general, 
Higiene, Patología interna y Materia médica y terapéutica -aun- 
que no es seguro que ésta última se dictase al inicio-):” Juan 
Antonio Fernández y Hoyos. 





94 Udaondo, Enrique. Diccionario Biográfico Argentino, Buenos Aires, Coni ed, 
1938: 144. 

95 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 303. 

96 Cantón, Eliseo. Historia de la Medicina en el Río de la Plata, op cit; 2: 311. 

97 Juan Madera fue el primer profesor de Materia Médica a partir de 1825. Con pos- 
terioridad a junio de 1826 y hasta 1833, actuó Pedro Carta, Médico graduado en Turín 
el 10 de mayo de 1819, (Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, junio de 
1826, f.26). 


47 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


-Profesor de Instituciones quirúrgicas (anatomía descrip- 
tiva, topográfica, medicina operatoria y patología externa): 
Francisco Cosme Argerich. 


-Profesor de Clínicas médica y quirúrgica: Francisco de 
Paula Rivero.” 


-Profesor de partos, enfermedades de las mujeres y los niños 
(con posterioridad a 1826): Francisco Javier Muñiz. 


INGRESO DE FERMÍN FERREIRA AL DEPARTAMENTO DE MEDICINA 


En 1823, a la edad de 20 años, ingresa Ferreira al 
Departamento de Medicina, formando parte de la segunda ge- 
neración de estudiantes. Egresa como Profesor en Medicina y 
Cirugía en mayo de 1829, tiempo que incluye el período de casi 
dos años en que actúa como cirujano en la guerra del Brasil. El 
título es reconocido por el Tribunal de Medicina y Cirugía.” 





98 Cantón, Eliseo. Historia de la Medicina en el Río de la Plata, op cit; 2: 244. 
99 No se ha tenido acceso a ese documento. 


48 


CAPÍTULO IV 


EL AMBIENTE MÉDICO EN BUENOS 
AIRES DURANTE LA ÉPOCA DE 
RIVADAVIA 


REGULACIÓN DE LA ACTIVIDAD MÉDICA: 
“ARREGLO DE LA MEDICINA” 


or Decreto del 29 de octubre de 1821,'% se crea la 
“Comisión de la Vacuna”, uno de cuyos miembros ac- 
túa en calidad de Administrador. Tendrá por función 
difundir la *variolización”, a través de los facultativos 
y practicantes de medicina, tanto en la capital como en la cam- 
paña. Por intermedio de los jefes de Policía, la Comisión tendrá 
conocimiento, mensualmente, de los nacidos en el mes anterior. 
Asimismo, los médicos y practicantes elevarán una lista de los 
vacunados, donde figure “el nombre, edad y domicilio de todos 
los que operen”. Estos habrán de “presentarse á los ocho días de la 
operación para que el facultativo clasifique el resultado, y no siendo 
este suficiente, repita la operación hasta quedar seguro de haber 
obtenido el efecto”. Otra disposición de marzo 23 de 1822,'” 





100 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 217-219. 
101 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 320-321. 


49 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


regula la administración de la vacuna en campaña, responsa- 
bilizando al Cirujano de la Guardia del Monte, a Luis Senra y 
a Francisco Cordero, quienes actuaban en los Departamentos 
primero, segundo y tercero de la “Campaña de Buenos Aires”, 
respectivamente. 


El 3 de abril de 1822,'” el gobierno dicta el “Reglamento 
o Arreglo de la Medicina”. En el mismo establece las atribucio- 
nes del Tribunal de Medicina, los procedimientos de reválida 
de títulos de todos los profesores de parte alguna de la medicina, 
residentes en esta ciudad, quienes deberán tener sus títulos regis- 
trados y visados [...] en el término de un mes, y en el de dos los 
que residen fuera de ella”. Establece las penas a quienes ejerzan 
sin habilitación. “Queda incorporada la farmacia á la escuela de 
medicina [...] El Tribunal de Medicina tendrá las mismas facul- 
tades, respecto de la farmacia, que en todos los demás ramos de 
la medicina”. Habrá un Inspector de Farmacia, que procederá 
a visitar periódicamente las boticas y recibirá las denuncias de 
irregularidades. Se establece un Médico de Policía, que tendrá 
un amplio campo de obligaciones: atender todo lo vinculado 
a medicina legal, vigilar la higiene pública y privada, controlar 
los mercados de abasto, revisar las drogas que se introduzcan al 
territorio, hacer una visita semanal de las cárceles y otra diaria a 
la Casa de Expósitos; además, dictará anualmente un curso de 
partos en el Hospital de Mujeres. Actuará con la cooperación de 
cuatro Médicos de Sección, uno por cada departamento en que 
se divide la ciudad. También se dispone el nombramiento de 
Médicos de Hospitales, así como de campaña y del puerto. Las 
obligaciones de este último tienen que ver con el contralor sa- 
nitario de las embarcaciones, que es prolijamente descrito. Para 
finalizar, el Reglamento instituye la Academia de Medicina “de 
la que podrán ser miembros todos los profesores de cualquiera de 
los ramos del arte de curar, de los de la historia natural, y ciencias 
físicas en general”. 





102 Recopilación de Leyes y Decretos, 1836, op cit: 332-349. 


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RicarDO Pou FERRARI 


DIVULGACIÓN PERIODÍSTICA DE CONCEPTOS MÉDICOS 


Como estrategia política del gobierno, se considera que di- 
vulgar las ideas culturales - entre ellas las médicas- y “darlas a 
conocer al pueblo”, es parte de la “formación ideológica” nece- 
saria para facilitar la nueva orientación democrática y republi- 
cana que se procura instaurar. Por eso fueron tan numerosos los 
periódicos, que hoy constituyen una inestimable fuente histo- 
riográfica. 


En 1822 comienza a publicarse “La Abeja Argentina”, que 
continúa hasta 1824. En su primer número, se refiere al “Origen 
y estado de esta ciencia [médica] en Buenos Aires”, donde sinteti- 
za la historia de las instituciones de enseñanza médica porteña, 
según fue referido en el capítulo previo. 


Pasa luego a justificar la necesidad de contar con un ámbito 
societario académico a efecto de hacer posible lo que hoy lla- 
maríamos “formación continua” de los ya graduados; hace una 
apología de la nueva medicina francesa, cuyos integrantes esta- 
ban relacionados a la Idéologíe y a la que la escuela de Buenos 


Aires se había adherido por influencia de Argerich: 


“Tal es el estado de la medicina en nuestro país. Confesaremos 
con franqueza, que ella es todavía muy débil, porque está en su 
infancia [...] Desde el principio nos hemos puesto al corriente de 
los conocimientos de una de las escuelas más célebres del globo, 
la escuela de París. Las ideas de [Francois] Magendie [Burdeos, 
1783-Sannois, 1885], de [Xavier] Bichat [Jura, 1771-Paris, 
1802], de [Anthelme] Richerand [Belley, 1779-Paris, 1840], 
de [Jean-Louis] Alibert [Villefranche-le-Rouerge, 1768-Paris, 
1837], de [Philippe] Píinel [Jonquiéres, 1745 - Paris, 1826], de 
[Louis-Jacques] Z7hénard [La Louptiére, 1777-Paris, 1857], de 
[Mateo José Buenaventura] Orfila [Mahon, 1787-Paris, 1853] 


c. hacen la base de nuestros cursos y nuestras lecciones diarias». 


Queda así comprobada la influencia en Buenos Aires del 
vitalismo de Montpellier- trasplantado luego a París- inspirada 
por Argerich (padre). Esta teoría médica estaba conceptualmen- 


5I 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


te relacionada con la Ideología, y no tan lejana del empirismo 
lockiano y del vitalismo escocés de Edimburgo. No obstante, 
Argerich sostuvo una polémica pública con Lafinur, defendien- 
do principios espiritualistas frente a los planteos materialistas de 
este último.'% 


Reclama seguidamente el articulista que se regule el ejerci- 
cio de la medicina y evalúe su calidad, lo que se ve reflejado en el 
nombramiento, ese mismo año, del médico francés Jean-André- 
Charles Durand (Francia, 1780?- ?) en calidad de Médico de 
Policía de la Capital. 


Explica la importancia de la divulgación científica: 


“Bajo el título de medicina, publicaremos en este periódico al- 
gunas observaciones acerca del influjo de nuestro clima sobre el hom- 
bre sano, y sobre el hombre enfermo, recordaremos el cumplimiento 
de las reglas de higiene pública y privada que más se descuiden por 
el gobierno, y por nuestros conciudadanos; publicaremos mensual- 
mente las enfermedades que se hayan presentado el mes anterior, 
haremos un examen crítico de su naturaleza y plan de curación, 
referiremos los resultados de nuestra propia observación, sobre los 
errores populares y procuraremos, olvidando en cuanto sea posible 
el lenguaje propio de la ciencia, hacernos entender del pueblo”.:% 


ACADEMIA DE MEDICINA DE BUENOS AIRES. 


Como lo recoge el mismo periódico, el 18 de abril de 1822, 
tiene lugar la instalación de la Academia de Medicina de Buenos 
Aires, bajo la presidencia de Francisco de Paula Rivero.'% 


Dice el cronista, planteando la relación recíproca entre 
Política y Medicina: 





103 Di Pasquale, Mariano. Vitalismo, idéologie y fisiología en Buenos Aires. Polémica 
entre Cosme Argerich y Crisóstomo Lafinur en El Americano, 1819. Rev Cienc Salud 
2015; 13 (esp): 13-28. 

104 La Abeja Argentina, Medicina, No1, 15 de abril de 1822: 23-25. 

105 Eliseo Cantón refiere que García y Valdez fue el primer presidente. 


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RicarDO Pou FERRARI 


“Las ciencias son como las plantas parásitas. Ellas no pueden 
nacer, y propagarse sino bajo el influjo del gobierno. El despotismo 
las marchita, y consume: la libertad las perfecciona y aumenta. Es 
por esto que en once años de revolución, y á pesar de los obstáculos 
que esta opone á su cultivo, han hecho más progresos, que en el largo 
periodo de tres siglos, que cerró nuestra degradante esclavitud [...] 


El gobierno, muy interesado en este asunto, nombró una 
comisión de cinco profesores, para que eligiesen los restantes que 
debían formarla. La comisión creyó oportuno invitar a todos los 
facultativos [...] Se inscribieron treinta y cinco: número excesivo 
[...] El gobierno deseaba que fuese más limitado, para asegurar en 
sus principios la estabilidad de este instituto, y para que quedase el 
campo abierto á las aspiraciones de muchos, que deberían satisfa- 
cerlas con la contracción, y el mérito especial. No aprobó por esto 
los procedimientos de la comisión, y se reservó por primera vez el 
nombramiento de los académicos que redujo al número de quince: 
convocados con anterioridad, se presentaron el día 18 del pasado 
abril en la sala del tribunal de medicina de la universidad”. 


El siguiente pasaje del discurso pronunciado en la oportu- 
nidad por Rivadavia, es rico en contenido ideológico: 


“El gobierno se ha propuesto dispensarla [dedicarla] de lleno 
[a la Academia] 4 todas las ciencias naturales: pues que jamás ol- 
vidará, que estas encadenan la imaginación, y perfeccionan el jui- 
cio, quizá con más ventaja que las exactas; y porque conoce que la 
medicina tiene un influjo decidido sobre todas las ciencias útiles: 
que de ella han partido todas, sin exceptuar la política: que á ella 
es debida la civilización, y cultura de los pueblos: y que la Europa 
misma debe á ella exclusivamente no haber perdido el canal de lu- 
ces, que tiene, cuando en cierta época se vio amagada por un poder 


formidable de ignorancia y de malicia”.1% 


El nuevo organismo queda integrado por: Francisco de Paula 
Rivero, Justo García y Valdez, Salvio Gaffarot, Juan Antonio 
Fernández, Cosme Argerich, Juan Madera, Pedro Rojas, Jean- 
André-Charles Durand [francés, contratado por Rivadavia], 





106 La Abeja Argentina, Medicina, N 2, 15 de mayo de 1822: 71-72. 


53 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Pedro Carrasco, Sebastián Labondo, Jayme Lepper [o Lepper, 
Irlanda, 1785-1851],'” Juan [Andrés] Dick [Escocia, 1798- 
1867], Manuel Rodríguez [porteño, farmacéutico] y Santiago 
Roberge [francés, farmacéutico]. Como presidente de honor se 
designa a Rivadavia y en calidad de miembros correspondientes 
a Francois Magendie (Burdeos, 1783-Sannois, 1855) de París, 
Nathaniel Chapman (Virginia, 1780-1853) de Filadelfia y Juan 
Manuel Valdez (Lima, 1767-1843) de Lima y José Pedro de 
Oliveira, de Montevideo. Esta corporación tuvo inicialmente 
una modesta actuación, que se extendió hasta el año 1824, in- 
cluyendo la sección Ciencias físicas y naturales desde el año an- 
terior.'% 


En 1823, se publica el que, a nuestro entender, es el único 
número de los “Anales de la Academia de Medicina de Buenos- 
Ayres”. Contiene: 


“Una introducción; el Programa de la Academia para el 
año actual; un Discurso del Dr. Juan Antonio Fernández; una 
Memoria de Manuel Moreno [Buenos Aires, 1782-1857] sobre 
dos nuevos alkalis llamados Cinchonina y Quinina, descubiertos 
en la Quina por [Pierre] Pelletier [Paris, 1788-1842] y [Joseph] 
Caventou [Saint-Omer, 1795- Paris, 1877]; una memoria de 
Manuel Moreno sobre el uso del iodíno en la Bronchocele scrophula; 
[una] Observación del Dr. Pedro Roxas sobre una viruela confluen- 
te complicada con crup; una Memoria de introducción a un Curso 
de Química del Sr. Manuel Moreno; Nuevas Académicas”. 


Renació La institución en 1852, finalizado el gobierno de 
Rosas, para cumplir, hasta el presente, una significativa función 
en la creación, discusión y promoción de temas médicos.!” 


Es llamativo la casi simultaneidad con que se concretan 
dos iniciativas relativas a la medicina: el Departamento de la 





107 Médico de Napoleón durante la batalla de Waterloo, luego fue el profesional que 
se ocupó de la salud de Rosas. 

108 Anales de la Academia de Medicina de Buenos Ayres; Buenos Aires, N“l, impren- 
ta de Hallet, 1823. 

109 Quiroga, M.L. La Academia Nacional de Medicina, Buenos Aires, 1976: 291- 
292, citado por: Fernando Mañé Garzón. Vilardebó, op cit: 257. 


54 


RicarDO Pou FERRARI 


Universidad y la Academia. En la base de esta preocupación gu- 
bernamental por las ciencias médicas y “naturales” hay, a nuestro 
modo de ver, -más allá de convicciones ideológicas- un conflicto 
de índole personal, que se resuelve creando un lugar a cada uno 
de los contendientes. Por un lado, Montúfar -poco querido, re- 
presentante de la vieja estructura colonial y “hombre-visagra” 
entre ésta y la nueva- es nombrado prefecto del Departamento 
de Medicina. Por otro, Rivero, afín al poder político y militar, 
que aspiraba a tal situación, es compensado con la presidencia 
de la Academia. 


Para reafirmar lo dicho, veamos lo que dice “El Argos de 
Buenos Aires” con fecha 7 de agosto de 1821: 


“Se ha recibido una carta de [Rivero] para insertarse en este 
periódico. Lo substancial de ella es manifestar que <todo lo con- 
tenido en los dos impresos sueltos -Vida médica de Montúfar 
-Contra las detracciones de Rivero> - es absolutamente falso en 
aquella parte que desmienten la representación que este hizo y pu- 
blicó contra aquel. El Dr. Rivero concluye con las siguientes pala- 
bras: <está muy cerca el término de mi recurso, y con su resul- 
tado daré un manifiesto al público desenrollando la justicia con 
que me querellé contra el Sr. Montúfar: entonces se correrá el 
velo a todas las imposturas y maquinaciones, y el público deci- 
dirá si soy detractor. 828282> El Argos no ha insertado esta carta 
integra porque es demasiado extendida para su asunto, y porque 
está obligado á preferir aquellas en que se promuevan los intereses 
generales: además, considera que esta cuestión está ya resuelta en 
todas sus partes. Si en vez de esto el Dr. Rivero quisiera favorecer el 
periódico con sus luces, bastantemente conocidas, sobre los mismos 
puntos de un interés mayor cuya ventilación le recomienda al Argos, 
se haría un verdadero lugar en su estimación y también en la del 
público”. 





110 El Argos de Buenos Aires, Ne 17. Martes 7 de agosto de 1821: 307. 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


LA SOCIEDAD ELEMENTAL DE MEDICINA. 


En agosto de 1824, entre los estudiantes de medicina, bajo 
la presidencia de Diego Alcorta y con Martín García en la pro- 
secretaría, se funda la “Sociedad Elemental de Medicina”. '* A 
partir de diciembre, Daniel Torres Garibay ocupa la presiden- 
cia, actuando Pedro Serrano como prosecretario. El 1 de agosto 
“el socio Ferreira se refirió al órgano del gusto”.**? Tenía la Sociedad 
Elemental una organización similar a la Academia de Medicina; 
sus miembros ocupaban “sitiales” y presentaban ponencias, casi 
todas a propósito de anatomía y fisiología del sistema nervioso y 
órganos de los sentidos. Esto puede vincularse al interés -a la vez 
anatómico, fisiológico, clínico y filosófico- que el asunto tenía 
para Alcorta a causa de su posición filosófica sensualista, que 
supo difundir primero entre sus compañeros de estudio y más 
tarde desde la cátedra. *** 





111 Molinari, José Luis, Ursi, Carlos. Diego Alcorta y la “Sociedad Elemental de Me- 
dicina”: 1824, Investigaciones y Ensayos (Acad Nac Hist, Buenos Aires), 1966; 1: 211- 
290. 

112 Investigaciones y Ensayos (Academia Argentina de la Historia), 1966; 1: 216. 
113 Di Pascuale, Mariano. La recepción de la idéologie y su impacto en la educación 
médica porteña, 1821-1840. Revista de Historia de la Medicina y Epistemología Médica 
Departamento de Humanidades Médicas, Vol. 4, N*1, 2012, pp. 1-20. 


56 


CAPÍTULO V 


LA GUERRA DEL BRASIL 


INICIO DE LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA 


punto de partida del desembarco de los “33 orien- 
tales” el 19 de abril de 1825, se inicia la lucha por la 
independencia de la Banda Oriental, que había sido 
incorporada a Portugal primero y a Brasil después 


bajo el nombre de República Cisplatina. 
El 25 de agosto de 1825, la Asamblea de la Florida -con- 


vocada en mayo por el Jefe provisional Juan Antonio Lavalleja y 
que se constituyó a partir de junio- proclama la independencia 
de la Banda Oriental, la incorpora a las Provincias Unidas del 
Río de la Plata, al tiempo que confirma al antes citado como 
Gobernador provisorio, que actuaría secundado por la Asamblea 
de Representantes. 


El Brasil declara la guerra a las Provincias Unidas. En te- 
rritorio oriental comienzan los enfrentamientos del ejército re- 
publicano con el Imperial, durante los cuales aquél logra dos 
triunfos: en la batalla de Rincón (24 de setiembre) y en la de 
Sarandí (12 de octubre). Lavalleja renuncia a la Gobernación el 
5 de julio de 1829, momento a partir del cual asume Joaquín 
Suárez. 


57 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


DIARIO DE LA GUERRA 


En 12 agosto de 1825, el entonces Teniente José Brito del 
Pino (Montevideo, 1797-1877) se une al Ejército en operacio- 
nes e inicia un “diario” que se extiende hasta el 10 de noviembre 
de 1828.'** Es este un documento de gran relevancia por poner 
en evidencia las dificultades, sacrificios, rivalidades e intrigas, a 
la vez que aspectos de estrategia militar e incluso de la medicina. 


PARTICIPACIÓN ARGENTINA EN LA GUERRA 


Una vez aceptada la incorporación de la Banda Oriental a las 
Provincias Unidas y con fecha 1 de enero de 1826, el Congreso 
argentino responde a la declaración de guerra del Brasil. En 
febrero, Rivadavia es designado Presidente de la República; 
Carlos María de Alvear (Misiones, 1789-New York, 1852), de 
regreso de sus gestiones ante Simón Bolívar (Caracas 1782- 
Santa Marta, Colombia, 1830), es ungido Ministro de Guerra 
y Marina (Figura 18). Comienza entonces en Buenos Aires la 
organización del Ejército Auxiliar de la Provincia Oriental, que 
debía reforzar las fuerzas beligerantes en el territorio uruguayo. 





Figura 18. Carlos María de Alvear 





114 Brito del Pino, José. Diario de la guerra del Brasil, Montevideo, Castro y comp. 
ed, 1956, 395 págs. Esta obra fue parcialmente publicada en la Revista Histórica de la 
Universidad, precedida por una síntesis biográfica (RHU, 1910; 3-4: 770-789). 


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RicarDO Pou FERRARI 


INFORMES DEL CIRUJANO MAYOR AL MINISTRO DE GUERRA Y 
MARINA ACERCA DE LA INTEGRACIÓN DEL CUERPO DE SANIDAD 
DEL EJÉRCITO AUXILIAR. 


El 29 de mayo de 1826, El Cirujano Mayor Francisco de 
Paula Rivero dirige a Alvear un primer informe: 


“Es un axioma en la Hygiene Militar, que quando las tropas se 
hallan de guarnición y en payses sanos, quando disfrutan de víveres 
frescos y abundantes, y quando sus alojamientos son salubres, y el 
servicio no se halla sobrecargado con demasía, entonces el número 
de enfermos q.e experimentan, está en razón de un cinco por cien- 
to; mas quando se hallan en campaña y aun bajo las circunstancias 
más favorables, puede entonces reputarse en razón de un diez 
por ciento y aun q.e esta proporción puede aumentarse de un modo 
asombroso en función de las fatigas y privaciones, q.e dhas. tropas ex- 
perimenten, y de otras muchas causas y circunstancias [...] q.e suelen 
frecuentemente complicar durante una campaña, en términos de q.e 
un exército, sin haver tenido el más leve choque con el enemigo, cuen- 
te mas número de hombres en los Hospitales, que combatientes sobre 
las armas, esto debe considerarse como extraordinario”. 


Por cada diez mil hombres -afirma seguidamente- habrá al 
menos mil enfermos. Si las batallas son victoriosas, se agregarán 
hasta mil heridos; si resultan vencidos, “entonzes [sic] las pér- 
didas pueden sobrepasar á todo calculo”. Sumando las continuas 
guerrillas -independientemente de los encuentros bélicos pun- 
tuales-, “los enfermos representarán entre un tercio y la mitad de las 
fuerzas, sin contar los heridos abandonados por el enemigo vencido; 
deberán ser distribuidos en hospitales”. 


De lo anterior saca en consecuencia: 


“el personal de facultativos necesarios para el servicio de los hos- 
pitales [será reducido,] más, considerando la imposibilidad de re- 
unir el número [suficiente de ellos] por ahora en el país”. Por eso 
deberá contarse con “el sistema de ambulancias [idea propuesta 
por el Barón de Larrey] y hospitales provisorios en cada una de 
las divisiones de q.e se componga el Exército [a efectos de evitar la 
dispersión del personal sanitario, para que] puedan atender á las 
diversas necesidades [...] y formar [...] en el instante que se quiera, 


59 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


un hospital provisorio, q.e economise [sic] al estado sumas incal- 
culables y esté siempre pronto á seguir los movimientos rápidos, q.e 
necesariam.te deven [sic] tener las operaciones que se practiquen. Es 
por estas razones, q.e creo q.e dho. servicio [...] de facultativos puede 
reducirse á la mitad del q.e corresponde [...]”."? 


El 10 de agosto de 1826, luego que el gobierno hubo es- 
tructurado la Sanidad del Ejército por decreto del 1% de julio, 
Rivero dirige una nueva misiva a sus superiores. Trae a colación 
el viejo problema, ya vivido en épocas del Protomedicato: la 
dificultad para reclutar personal sanitario destinado al frente. 
“Los estudiantes y médicos aducen diferentes causas de incapacidad 
con tal de no enfrentar los riesgos de la guerra”. Esta fue una de 
las razones por la que la Escuela del Protomedicato primero y 
el Instituto Médico después quedaron casi sin alumnos, lo que 
llevó a la supresión de la primera y a la transformación del se- 
gundo en Instituto Médico Militar. *** 


Dice la nota: 


“Relación de los Profesores de Medicina, Cirugía y Farmacia 
y ayudantes de estos tres ramos para ser empleados en el Ejército en 
operaciones en la Banda Oriental. 





Figura 19. Francisco Xavier Muñiz Figura 20. Daniel Torres Garibay 





115 Schiaffino, Rafael. Historia de la Medicina en el Uruguay, Montevideo, Imprenta 
Nacional, 1830: 654-659. 
116  Podgorny, Irina. Los cirujanos de la guerra. La Revolución de Mayo y la Medicina. 
Ciencia hoy, 2010; 20: 59. 


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RicarDO Pou FERRARI 


Médico y Cirujano principal: El Profesor de Medicina y 
Cirugía D. Francisco Xavier Muñiz (Figura 19). Primeros médicos 
y cirujanos: D. Victoriano Sánchez [aparece con anterioridad a es- 
ta fecha como Médico de Policía del Tercer Distrito de campaña 
de Buenos Aires], D. Antonio Caffó (en el ejército) [italiano que 
recién había revalidado su título]. Segundos cirujanos: D. Ignacio 
Martínez [ver más adelante], D. José Daniel del Carmen Torres 
Garibay [ver más adelante] (Figura 20) y D. Fermín Ferreira. 
Primeros ayudantes de cirujano: D. Pedro Serrano [en la época 
rosista fue administrador de la vacuna en San Nicolás de los 
Arroyos, donde ejerció], D. Luis Calcena Chavarría, D. Ramón 
Fresno (en el ejército), D. Francisco [¿Luis?] Chousiño (en id.) [de 
extensa actuación posterior en el Uruguay, amigo de Ferreira], 
D. Francisco Viera. Segundos ayudantes de cirujano: D. Antonio 
Pytaluga, D. Simón Rombo (en el ejército), D. Francisco Chousiño 
[el mismo antes citado?] (en id), D. José Camber (id). Primer 
Profesor de Farmacia: D. Fortunato Rangel Maya. Primer ayu- 
dante de farmacia: D. Eleuterio Mugica. Segundo ayudante de id: 
D. Juan Revilla”. 


Agrega que ha “hecho cuanto estaba a su alcance para facili- 
tar la presentación voluntaria de aquellos individuos que quisieran 
prestarse a estos destinos; mas no habiendo logrado este fin en la 
mayor parte se han propuesto los que a juicio del Cirujano Mayor 
tienen el mérito y conocimientos que se requieren”. 


A fin de incentivar el interés por los cargos, presenta un 
proyecto, aprobado el 5 de agosto, que otorga, “particularmente 
en campaña, más respetabilidad a los Profesores para con la tro- 
pa”, concediéndoles el uso del uniforme y las graduaciones mi- 
litares que correspondieran a sus respectivas jerarquías. Basa la 
iniciativa en la creencia “que por falta de recompensas honoríficas 
y el modo irregular con que han sido tratados los profesores en los 
Exércitos, se deba el que rehúsen generalmente presentarse a ser- 
vir en el día”. El Decreto establece las siguientes equivalencias: 
“Cirujano mayor: Coronel; Cirujano principal: Teniente coronel; 
Cirujano primero: Sargento mayor; Cirujano segundo: Capitán; 
Ayudante de id: teniente”. 


61 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


En nota firmada el 23 de agosto, los alumnos de Medicina 
Fermín Ferreira, Daniel Torres e Ignacio Martínez, declaran 
que quienes “han ofrendado [voluntariamente] sus servicios en 
el ejército de operaciones [....] suplican porque se les considere que 
se empleen en el servicio del Ejército por el de Escuelas”. En cam- 
bio, los primeros ayudantes designados entraron en el cuerpo de 
Sanidad contra su voluntad, como lo hicieron saber por escrito 
Luis Calcena, Juan P. Serrano y Francisco Viera. Rivero afirma 
que “parece razonable que estos individuos sean obligados por la 
policía a ponerse a las órdenes del Cirujano Mayor”. Por esta ra- 
zón, “la Superioridad hizo cumplir conminatoriamente el traslado 


de los profesionales remisos”.*"” 


RECURSOS PARA ATENDER LAS NECESIDADES 
DEL CUERPO DE SANIDAD 


El Cirujano Mayor eleva asimismo al Gobierno una lista de 
medicinas e instrumentos estimados necesarios para un ejército 
de 1000 hombres. Comunica que no le ha sido posible encontrar 
en la ciudad tres cajas de amputaciones que le parece indispensable 
y pese la que] se apele al acervo del Hospital General de Hombres. 
Pero el encargado de los instrumentos de Cirugía del Hospital Dr. 
José Montes de Oca, aduce que no existen más que dos cajas de 
amputaciones, una que considera reservada para la enseñanza y la 
otra que podría ponerse a disposición del ejército”.!*? (Figura 21) 


Nótese cuál sería la pobreza de medios, cuando en la ciu- 
dad de Buenos Aires se contaba con un arsenal quirúrgico tan 
acotado, que era por otra parte sencillo y el único usado en la 
cirugía de aquella época. Ignoramos cómo se resolvió el asunto, 
ya que las amputaciones debieron ser relativamente frecuentes 
en una campaña donde peleaban varios miles de hombres. 





117 Ruiz Moreno, Aníbal, Risolía, Vicente, D'Onofrio, Rómulo. La sanidad Militar 
en la Guerra del Brasil. Publicaciones del Instituto de Historia de la Medicina (Buenos 
Aires), 1948, Vol XII, Tomo II: 96-109: esta ref: 102. 

118 Ruiz Moreno, A. y col, op cit: 104. 


62 


RicarDO Pou FERRARI 


Hace Rivero también consideraciones acerca de la alimen- 
tación de la tropa, reglamentando el francho” del ejército. 





Figura 21. Caja de amputación, siglo XIX. Universidad de Valencia, Historia de la 
Medicina (http://hicido.uv.es/Expo_medicina/Cirugia/cirugia.html) 


DEsARROLLO DE LA GUERRA EN 1826 


Nos limitaremos a las acciones en tierra. Otra parte se de- 
sarrolló en el Río de la Plata y afluentes, en la que la flota bra- 
sileña se enfrentó con la de las Provincias Unidas, al mando 
del Almirante Guillermo Brown (Irlanda, 1777-Buenos Aires, 
1857). 


En enero de 1826 el Brigadier Martín Rodríguez cruza 
el río Uruguay al frente del Ejército de Vigilancia. Se dirige a 
Durazno, donde llega en abril, estableciendo allí el cuartel gene- 
ral. En julio es informado que sería relevado por Alvear, a quien 
entrega el mando a comienzos de setiembre. 


Desde el principio surgen diferencias entre los jefes milita- 
res orientales y el nuevo Comandante, a quien Brito del Pino 
pinta como arrogante, severo y áspero en sus modales. Es así que 
de entrada Alvear amenaza con retirarse: 


“Estoy cansado de intrigas y si Uds. no mudan de conducta, el 
Ejército de Buenos Aires se irá por donde ha venido...” "” 





119 Brito del Pino, J. op cit: 99. 


63 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El General Miguel Estanislao Soler (Buenos Aires, 1783- 
1849), Jefe de Estado Mayor, constituye su campamento en 
Arroyo Grande, al norte del Rio Negro. Durante las semanas 
siguientes, se suceden innumerables “órdenes generales” que es- 
tablecen, hasta en sus mínimos detalles, severas disposiciones 
en materia de entrenamiento y disciplina -desde azotes, cárcel, 
hasta el fusilamiento-. Hacen hincapié en evitar los robos, ya 
sea dentro del ejército como en los establecimientos y poblados 
por donde este pase. Refieren a la construcción de un Hospital 
en el campamento (“galpones”). Los Jefes, conjuntamente con 
el Cirujano Mayor y el Principal, pasarán revista a los enfermos 
semanalmente. Se es muy severo con los simuladores de enfer- 
medades. Las disposiciones instan al aseo y decoro en el vestir, 
prohíben todo comentario desmoralizante, enumeran los ense- 
res imprescindibles que puede llevar cada uno en su cofre, que 
han de apagarse los fogones al anochecer, retirarse a descansar 
una vez que se toque a retreta, no entrar sin autorización en 
tiendas ajenas, etc, etc. 


En cuanto a la Sanidad: 


“Los señores Jefes de los Cuerpos visitarán sus enfermos en el 
Hospital y los de leve cuidado no pasarán a él sin ir primero al 
de ambulancias, para que los cirujanos de éstas dispongan los que 
deben hacerlo según la orden del Cirujano Mayor de Ejército [...] 
El señor Cirujano Mayor cuidará de que se llenen sus órdenes en 
el particular y de que ningún enfermo que no sea de consecuencia 
pase de dichas ambulancias al Hospital [...] Se procederá contra 
el Cirujano que infrinja esta orden económica y que privaría la 
mejor asistencia de los que más necesitan de ella [...] De ningún 
modo el Hospital rechazará los que aquéllos manden hasta saber 
del Cirujano Mayor qué debe contestarse en el particular y resolver 
[...] Ningún individuo del Cuerpo de Cirugía podrá por sí, sin 
anuencia del Cirujano Mayor, alterar sus órdenes, pero sí podrá 
[...] presentar por escrito lo que a su juicio y por el bien de los en- 


64 


RicarDO Pou FERRARI 


fermos, crea que debe variarse o mejorar para tener una resolución 
“ (14 de noviembre).!? 


En diciembre de 1826, Ferreira y sus compañeros se hallan 
en Canelones,'” probablemente camino a Durazno. La parte 
de la guerra en la que estos intervienen es posterior a esa fecha. 


Muy esforzadamente marcha el ejército bordeando el Río 
Negro hasta Bagé. Caminan o cabalgan, durante el día y a veces 
también de noche, bajo condiciones adversas de clima, cuidán- 
dose del asedio enemigo. Los chasques y ayudantes se desplazan 
continuamente de un punto a otro, transmitiendo novedades 
y Órdenes. Hay dificultad para conseguir alimento, mantener 
en forma los caballos, evitar que se espanten, vadear los pasos 
difíciles, lo que a veces obliga a abrir el bosque a sablazos. Un 
tema recurrente es la presencia de las Ímujeres que acompañaban 
al ejército”, siempre a retaguardia; ¿quiénes eran?, ¿acaso pros- 
titutas? 


Concretamente, Ferreira actuó en los combates de Bacacay 
(15 de febrero de 1827), Ombú (17 de febrero) e Ituzaingó (20 
de febrero); es controvertido si también lo hizo en Camacuá (23 
de abril). Sobre su participación en estas acciones, abonan los 
informes de quienes fueron sus jefes: Juan Zufriategui, coronel 
del segundo de caballería y el teniente coronel José A. Costa. 





120 Brito del Pino, J. op cit: 133. 
121 Schiaffino, R. op cit; 3: 603. 
122 Ferreira, Mariano, op cit: 55 


65 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


BATALLA DE ITUZAINGÓ * 


Sin duda, de estos enfrentamientos que tuvieron lugar en 
tierras brasileñas, la acción decisiva, en la que resultó triunfante 
el ejército republicano, fue el de Ituzaingó, que tuvo lugar el 20 
de febrero de 1827. La magnitud de las fuerzas en pugna varía 
-según las fuentes- entre 6200 y 7500 para el ejército republica- 
no y 8500 a 10.000 para el brasileño. Las bajas, sin contar los 
heridos, habrían sido 400 y 1200, respectivamente. 


Relata Brito del Pino que el 18 de febrero de 1828: 


“El general en jefe empezó a romper unos pañuelos de cambray 
y a repartirlos por división; se ordenó que se quemase todo lo que no 
fuese estrictamente necesario. 


Al cirujano mayor |[...] le dieron orden de dejar dos carretas y 
tiraron vino, medicinas y un sinnúmero de cosas. En el Parque fue 
lo mismo; se rompieron baúles, se arrojó la ropa al fuego, se quema- 
ron tercios de yerba, sacos de azúcar, etc., etc. [...] 


¿Qué idea pudo tener el general en Jefe al dar una orden seme- 
jante? Si ganábamos la acción, nos encontraríamos privados de todo 
lo que necesitábamos: nuestras ropas, las medicinas y provisiones del 
Ejército, etc. Si perdíamos la acción, ¿qué podía importar perder 
esas mismas cosas, que por otra parte, de poco podían servirle al ene- 
migo? y sobre todo, perdiendo la acción, todo se habría perdido”. 


La batalla tuvo ribetes particularmente violentos, porque se 
produjo un gran incendio de pajonales. 





123 Ver: José María Todd. Recuerdos del ejército en operaciones contra el Emperador 
del Brasil: el ejército de la Guerra de la Independencia, dos veces libertador de su patria, 
Buenos Aires, Betograf ed, 1959, 12 págs; Arrieta, Domingo. Historias de un soldado. 
Revista Nacional (Buenos Aires), 1889; 8: 65 y 1894; 20: 275: 61; Baldrich, J. Amadeo. 
Historia de la guerra del Brasil. Contribución al estudio razonado de la Historia Militar 
Argentina, Buenos Aires, La Harlem ed., 1905, 636 págs; Clemente Fregeiro. Estudios 
históricos. La batalla de Ituzaingó, Buenos Aires, J. Menéndez ed, 1919, 339 págs; To- 
más de Iriarte. La campaña del Brasil, Buenos Aires, Hyspamérica, 1988, 276 págs.; 
Emilio Ocampo. Alvear en la guerra con el imperio del Brasil, Buenos Aires, Claridad 
ed, 2003, 600 págs; Tomás de Iriarte. La campaña del Brasil, Buenos Aires, Hyspamérica, 
1988, 276 págs. 

124 Brito del Pino, op cit: 187. 


66 


RicarDO Pou FERRARI 


En las “Memorias de un soldado”, el Sargento Mayor 
Arrieta '% dice: 


EVeíamos caer a cada instante a los soldados ardiéndoles la 
ropa, enteramente asados, saltados los ojos, el pellejo separado de las 
carnes, dándoles esto unas facciones horrorosas y al poco rato expi- 
raban consumidos por el fuego, exhalando el último aliento entre 
penetrantes ayes y bramidos”. 


Otra versión, la de J. Amadeo Baldrich, '** agrega: 


“En las últimas horas de la tarde del 20 y en las de la noche, 
el campo de victoria era como un círculo dantesco. Ardía por todas 
partes. El fuego de los altos pastizales hacía presa de los armamen- 
tos, ropas y equipos dispersos, carbonizando los cadáveres. Los he- 
ridos, arrastrando sus vísceras sangrientas, locos por el dolor, la sed, 
la fiebre, eran acosados por las llamas [...] El ambiente, caldeado 
por el bochorno del día estival, estaba saturado por el hedor de los 
nobles muertos y de sus cabalgaduras espantosamente hinchados y 
en plena descomposición”. 


Finalizada la batalla, refiere Brito del Pino: 


“Al anochecer, nos pusimos en marcha por el paso del Rosario, 
triunfantes [...] Todo el campo ardía aún y caminábamos flanquea- 
dos por dos caminos de fuego; allí se consumieron muchos de los 
cadáveres de nuestros bravos, como de los enemigos [...] Llegamos a 
las 11 de la noche”. 


REFERENCIAS A LA SANIDAD DEL EJÉRCITO 


El parte del ejército republicano, que lleva fecha del 16 de 
abril de 1827 y la firma del General Mansilla, dice: 


“El esmero y actividad con que han sido atendidos los heridos 
del Ejército, así como sus enfermos en toda la campaña, hace el más 


bello ejemplo del cuerpo de Cirugía. El Coronel Rivero, Cirujano 





125 Ruiz Moreno, A. y col. op cit: 106. 
126 Ruiz Moreno, A. y col. op cit: 106. 
127 Brito del Pino, J. op cit: 192-193. 


67 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Mayor, ha desplegado sus distinguidos talentos y genio activo, igual- 
mente que el Teniente Coronel Muñiz, Médico y Cirujano princi- 


paria? 
Agrega que: 


“El Coronel cirujano Mayor Dr. Francisco Rivero llenó su de- 
ber de un modo espectable que le hace mucho honor; bajo los fuegos 
enemigos, acompañado de uno sólo de sus practicantes, acudía a 
través de las balas a hacer la primera cura a los heridos que caían 
a sus inmediaciones, los demás individuos de su dependencia, lejos 
de imitar el noble ejemplo de su jefe, se habían quedado a gran 
distancia a retaguardia de la línea y algunos sobre Santa María, 
esperando el resultado de la batalla, cuando ésta concluyó, todos 
se presentaron al campo que había sido su teatro”. '% ¿Quiénes 
fueron los cobardes?... 


Los OFICIALES DESMORALIZADOS 


Poco después de la batalla hay un intento por derrocar a 
Alvear; se pide al general Soler que ocupe su lugar, a lo que se 
niega y solicita su traslado a Buenos Aires. Seguidamente hacen 
el ofrecimiento a Lavalleja con igual resultado. 


DE CAMINO HACIA MELO 
El 24 de febrero, da cuenta Brito del Pino: 


“Marchamos temprano y caminamos hasta las 5 de la tarde |...) 
Pasamos este día por el campo de batalla y los cadáveres que existían 
no parecían de hombres, hinchados por el calor de un sol abrasador, 
y ennegrecidos por la acción del fuego que los había agrietado en 
varias partes, parecían monstruos. Allí quedaban insepultos”..% 


El 1 de marzo, realzando una vez más las “paradojas” de 
Alvear, dice el cronista: 





128 Ruíz Moreno, A. y col op cit: 107. 
129 Ruiz Moreno, A. y col op cit: 108. 
130 Brito del Pino, J. op cit: 196. 


68 


RicarDO Pou FERRARI 


“Nos pusimos en marcha antes de salir el sol; caminamos hasta 
la tardecita. 


Se quebró una carreta de botica y se mandó quemarla y que- 
mar su carga compuesta de barriles de vinagre, uno de aguardiente 
alcanforado, cajones de medicinas, algunas tiendas de campaña, 
angarillas para cargar los enfermos y un número de sábanas y fra- 
zadas. 


El día anterior resolvió el general en jefe abandonar nuestros 
heridos en San Gabriel, dejando al cirujano don Luis Calcena y 
Echavarría [sic] para que los atendiese y entregando a este grupo 
una nota para el general en jefe del Ejército Imperial, Marqués de 
Barbacena”.'*! En la misma decía a quiénes dejaba, le encarecía 
tuviese consideración por ellos y especialmente por el cirujano, 
siendo que “éste individuo jamás podrá ser considerado prisionero 
de guerra [...] y el señor general en jefe cometerá el acto de justicia 
de volver al citado facultativo al seno del Ejército Republicano con 
la custodia y seguridades correspondientes [...]”.'2 


El mismo día, Mansilla da contraorden a Calcena de rein- 
corporarse al ejército. 


¿Como se ve, pues -concluye Brito del Pino- los heridos queda- 
ron abandonados; [se] me aseguró que varios de los heridos venían 
arrastrándose y le decían que por caridad les hiciese pegar cuatro 
tiros antes que dejarlos expuestos a ser degollados por los portugue- 
ses. Sin embargo, algunos de estos se salvaron, porque el coronel 
don Manuel Oribe llevó a varios de ellos en una carreta [...] Don 
Antonio Díaz recogió también en su carreta a algunos y [...] creo 


que [otro tanto hizo] el coronel don José María Paz” 3 





131 Brito del Pino, J. op cit: 196. 
132 Brito del Pino, J. op cit: 196-197. 
133 Brito del Pino, J. op cit: 197. 


69 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


LLEGADA Y PERMANENCIA EN MELO 


El ejército hace alto en Melo, esperando encontrar allí las 
condiciones sanitarias adecuadas. El Cirujano Principal Muñiz 
describe el 


“desastroso estado del hospital de Melo, la desnudez de los ofi- 
ciales y tropa [...] Hay soldados que no se mueven del rincón de sus 
barracas y que no tienen más que un poco de paja para cubrirse, 
en el mismo estado se encuentran poco más o menos muchos oficia- 
les. El Hospital del Ejército, lejos de ser un asilo en que se alivie el 
soldado doliente, es una casa, que, en el estado en que se halla es 
más propia para agravar las enfermedades y hacer mortales las más 
leves; no hay lienzo para vendas, no hay hilas, no hay cobijas, nada 
hay con qué alimentarlos o confortarles, sólo algunas veces algún 
trozo de carne insulsa sin sal, están cubiertos de insectos y no hay 
un medio de ahorrarles o sacarlos de aquella terrible situación” .4 


El Cirujano Mayor Rivero eleva un informe a Alvear, agre- 


gando: 


“1) [...] el número máximo de camas, que admite la capaci- 
dad de este hospital general del ejército, es de ciento y cincuenta; 2) 
[...] el Cirujano Mayor al contestar el punto, sobre el número de 
heridos, que a la vez pueda asistirse, con presencia de los recursos 
de este establecimiento debe decir al Sr. Gral.: que los que existen, 
apenas alcanzan, unos para cubrir las presentes necesidades del ejér- 
cito, careciendo absolutamente de otros. 3) [...] para la movilidad 
del hospital le están afectadas diez carretas y un carro, que de las 
primeras existen solamente seis, y éstas en mal estado y que aún 
no han sido devueltas cuatro, que se han entregado por orden del 
E. M.; [...] de las bestias existen solo cuatro bueyes para el servicio 
diario del hospital. 4) [...] la Botica se halla generalmente provista 
de todas las medicinas y utensilios que son necesarios para ocurrir a 
todas las necesidades que prudencialmente pueda tener el ejército, 
por el espacio de cuatro o seis meses, pues aunque le faltan muchos 
artículos de primera necesidad, y consumo diario, y frecuentemente, 





134 Ruiz Moreno, A. y col, op cit: 105 (refiriéndose a la “Memoria conmemorativa”, 
publicada por Muñoz en “Los Debates”). 


7O 


RicarDO Pou FERRARI 


estos en el sentir del Cirujano Mayor pueden suplirse por otros muy 
bien, que existen de la misma clase y que la naturaleza del país 
proporciona algunos de ellos, en esta estación. 5) [...] después de las 
mejoras, que ha recibido este hospital en su organización, localidad 
y edificio y atendidas las circunstancias del país, sólo pueden prac- 
ticarse por ahora las que demandan la recomposición del edificio, y 
las que aseguren de un modo constante, por medio de un reglamento 
invariable, los artículos de que puedan disponer los facultativos, 
para el arreglo de sus prescripciones, en los alimentos y dietas”. 


FERREIRA Y SUS COMPAÑEROS ABANDONAN EL EJÉRCITO RUMBO A 
BUENOS AIRES 


Estando en Melo, los “practicantes-capitanes” dirigen una 
nota al Cirujano Mayor, solicitando que el tiempo transcurrido 
en el campo de batalla les sea tenido en cuenta como parte de 
su carrera médica; tal era la promesa que les habían hecho al 
enrolarse. Con el visto bueno del superior, la misiva fue remiti- 
da al Secretario de Guerra y este, también de acuerdo, la puso 
a consideración del Rector, Dr. Valentín Gómez (Buenos Aires, 
1774-1839, en este cargo desde el fallecimiento de su predece- 
sor ocurrido el año anterior).'* La autoridad universitaria se 
niega a aceptar la propuesta, por considerar que los estudiantes 
deben asistir a clase y rendir los exámenes, aduciendo que la 
decisión al respecto es prerrogativa exclusiva suya. Por esa razón, 
se dispone el regreso de los estudiantes a Buenos Aires, siendo 
sustituidos por otros. 


SE SEPARAN LOS CAMINOS: BRITO DEL PINO SE DIRIGE A DURAZNO 


El Ayudante de Campo y cronista es internado en el hos- 
pital a causa de una afección bronquial (“pulmonía crónica”). 
Durante esos días, y mientras se dirige a Durazno, deja una 





135 Schiaffino, Rafael. op cit; 3: 673-674. 

136 Había sido capellán de Artigas en la batalla de Las Piedras. Lo reemplazó al frente 
de la Universidad de Buenos Aires, en 1830, el oriental Santiago Figueredo (Montevideo, 
1781- Buenos Aires, 1832). 


71 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


pormenorizada memoria del movimiento de heridos y enfer- 
mos. Si bien ya Ferreira no se encontraba en la comitiva, resul- 
ta interesante referir el contenido de los apuntes “médicos” de 
Brito del Pino. Narra casos de heridos y su evolución; se realizó 
una amputación, con muerte del paciente; '* 
tétanos, otros, erisipela.'*% Hubo una epidemia de viruela, “una 
enfermedad natural”. El número de los “internados” en ese 
hospital ambulante estaba en torno a las cien personas. ' Cada 


algunos sufrieron 


tanto, pedían alojamiento en casas particulares que hallaban en 
el trayecto. Hasta los cirujanos Muñiz y Caffo solicitaron la ba- 
ja, que les fue denegada. '* Victoriano Sánchez y el ayudante 
de cirugía Emilio Soulier tuvieron una intervención destacada. 


EL RELEVO DE ALVEAR 


El 12 de abril €se corrió que el general en jefe debía pasar 
a Buenos Aires. Todos los días siguientes hasta el 15 de junio los 
pasamos curándonos de nuestras dolencias. En los días inmediatos 
al 25 de mayo llegó el general [Lucio N.]Mansilla [Buenos Aires, 
1792-1871] al Durazno y ese día [como era fecha patria] dío un 
baile [...]. 2 


El 25 de julio llegó el general Alvear, Fvisitó las fuerzas de 
los generales Lavalleja y Laguna y á las 10 marchó para Porongos, 
para dirigirse a las Vacas y embarcarse para Buenos Aires [...] Se 
supo el desembarco del general Lavalleja y que venía de general en 
jefe [...] Salió la señora esposa de éste para Porongos a encontrarlo, 
pues debía llegar en esa noche. En el camino pasaron a una distan- 
cia, sin hablarse los dos generales. Supe que el general Rivera era 
llamado a Buenos Aires”. ' Efectivamente, ocurrió lo esperado. 
Más adelante, en marzo de 1828, se formó una causa al General 





137 Brito del Pino, J. op cit: 199. 
138 Brito del Pino, J. op cit: 203. 
139 Brito del Pino, J. op cit: 200. 
140 Brito del Pino, J. op cit: 201. 
141 Brito del Pino, J. op cit: 201. 
142 Brito del Pino, J. op cit: 205. 
143 Brito del Pino, J. op cit: 205. 


72 


RicarDO Pou FERRARI 


Alvear sobre la conducta militar y política que observara en el 
Ejército; éste presentó sus descargos. '** 


GOLPE DE ESTADO DE LavALLEJA (Figura 22) 


El 13 de octubre de ese año, Lavalleja comunica al Ministro 
de Guerra que retomará la jerarquía de Gobernador y Capitán 
General de la Provincia y General en Jefe, puesto que los 
“Comandantes de los Departamentos, en representación de los 
Pueblos que los componen y de conformidad con las actas particu- 
lares de cada uno de ellos [lo han solicitado, ha resuelto] disolver 
su Representación viciada y un Gobierno delegado que marchaba 
en consonancia”. 


Según la opinión de Brito del Pino, este hecho fue el que 
impidió a Lavalleja llegar a la Presidencia constitucional de la 


República. 





Figura 22. Juan Antonio Lavalleja, óleo de Philippe Goulou, MHN 





144 Exposición que el General Alvear hizo para contestar al Mensaje del Gobierno del 
14 de setiembre de 1827, Buenos Aires, Imprenta Argentina, 1827,118 págs. 
145 Brito del Pino, J. op cit: 234. 


73 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Las motivaciones de Lavalleja han sido interpretadas en el 
sentido de que el caudillo deseaba detener la progresiva sumi- 
sión de Suárez y la Asamblea Legislativa al Gobierno de Buenos 
Aires (aceptación de la constitución de 1826, supresión de los 
Cabildos), perdiendo de ese modo el espíritu artiguista primi- 
genio.** 


En mayo de 1827 Rivadavia envía a Río de Janeiro a su 
representante, Manuel José García (Buenos Aires, 1784-1848), 
para negociar un tratado de paz con Don Pedro I (Portugal, 
1798-1854). El mismo se concreta en términos tales que el go- 
bierno porteño entregaría la Banda Oriental, concediéndole al 
Brasil todo tipo de prebendas. Pese al rechazo de Rivadavia, este 
fue el hecho determinante de su renuncia a la Presidencia de las 
Provincias Unidas, menos de un año después de haber asumi- 
do. El cargo es ocupado -sólo por un mes- por Vicente López y 
Planes (Buenos Aires, 1780-Cádiz, 1845); luego - en calidad de 
Gobernador de la Provincia, no más de Presidente- son designa- 
dos, sucesivamente, Juan Lavalle y Manuel Dorrego. 


La guerra continúa por tierra y mar mientras tienen lugar las 
negociaciones de paz, con la intermediación de Lord Ponsomby. 
Culminan en la Convención Preliminar de Paz, firmada en Río 
de Janeiro el 28 de agosto de 1828 y ratificada en Montevideo 
el 4 de octubre. De este modo, la Provincia Oriental pasa a ser 
Estado o República Oriental o de Montevideo.'* 


Sin embargo, entre la ley y los hechos había diferencias. 
Ni los argentinos ni los brasileños comprendieron cabalmente 
el alcance del tratado, ni tampoco tenían claro cuáles eran los 
límites del territorio de la denominada República Cisplatina, 


Estado de Montevideo o Estado Oriental del Uruguay. 


El Ejército del norte, al mando de Rivera, luchaba por 
controlar el avance de los brasileños y de las tribus indígenas. 
Más tarde conquista las Misiones Orientales, territorio dispu- 





146 Ana Frega, (coordinadora) La independencia regional del Uruguay, op cit. 
147 Ver: Luis A. de Herrera. La paz de 1828, Revista del Instituto Histórico y Geográ- 
fico del Uruguay, Montevideo, 1937; 13:3-116 y 15: 55-98. 


74 


RicarDO Pou FERRARI 


tado desde comienzos del siglo por las potencias adyacentes. 
Finalmente, Rivera lo cedería al Brasil. '** Esta iniciativa no con- 
tó desde su inicio con el beneplácito del “compadre” Lavalleja, 
quien, según Brito del Pino, había enviado a Oribe para eli- 
minar Rivera, lo que no sucedió ante la advertencia de Buenos 
Aires de que ello podría afectar adversamente las relaciones di- 
plomáticas y a una oportuna y optimista carta que Don Frutos 
hizo llegar a Lavalleja desde las costas del Ibicuy.'% 


SITIOS DE MONTEVIDEO Y COLONIA 


Entretanto, Montevideo y Colonia eran sitiadas por el 
Ejército republicano, constituyéndose en los últimos baluartes 
de la invasión brasileña, hasta poco tiempo antes de que los 
ejércitos abandonaran definitivamente el territorio. 


ALGO SOBRE LOS CONDISCÍPULOS DE FERREIRA 
EN LA GUERRA DEL BRASIL 


Los practicantes que acompañaron a Ferreira durante la 
guerra del Brasil con su mismo rango fueron los que nombra- 
mos a continuación: 


-Andrés Ignacio Martínez (¿-1829), quien debió presentar 
la Tesis de doctorado en mayo de 1829, que ya tenía redactada 
y versaba sobre “Cáncer de cuello de útero”, pero murió poco 
antes. 


-Daniel D. Torres Argibay (Buenos Aires, 1804-Montevideo, 
1843); practicó en el Hospital General de Hombres; perse- 





148 Fraga, Ana. La “Campaña Militar” de las misiones en una perspectiva regional, 
lucha política, disputas territoriales y conflictos étnico-sociales. En: Ana Fraga (coord), 
Historia regional, op cit: 131-168. 

149 Falcao Espalter, Mario. La reconquista de las Misiones Orientales en 1828. Docu- 
mentos publicados, Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, Montevi- 
deo, 1924; 3: 559-588. 

150 En el Libro de Actas de la Universidad de Buenos Aires, a fojas 67, dice: “Mayo 22 
de 1834. Daniel Torres: Pide se le confiera el grado de Doctor previo al examen de tesis, sin 
rendir examen general, presentando el título de Profesor: hace mérito de haberse atrasado mu- 
cho en los servicios que ha prestado en los Hospitales en servicio público [...] Tiene en su favor 


75 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


guido por Rosas, huyó a Colonia, puesto que formaba parte de 
una logia que procuraba derrocar al tirano; más tarde, se refugió 
en Santa Catalina - donde permaneció entre 1836 y 1838-; por 
último, en Montevideo, ejerciendo la cirugía en el Hospital de 


Caridad. Murió de fiebre tifoidea. 


Damos seguidamente una lista cronológica de las tesis de 
doctorado presentadas por los condiscípulos de Ferreira que no 
fueron al frente, entre 1827 y 1830. '” Estos alumnos siguieron 
los estudios en Buenos Aires mientras se desarrollaba la contien- 
da; no se vieron retrasados ni hubieron de sufrir las penurias 
de la campaña, más allá de que algunos asistieron a enfermos y 
heridos de guerra que llegaban al Hospital General de Hombres 
o en el de la Merced. 


TESIS DE DOCTORADO 
1827: 


-Francisco Viera:'? “La Viruela y diferencia entre ésta y la 
varicela, fijándose el tratamiento de ambos”;!% 


-Diego Alcorta: Disertación sobre la manía aguda presenta- 
da por el que suscribe para recibir el grado de Doctor en la Facultad 
de Medicina”. 


1828: 


-Hilario Almeyra:* “Tétano espontáneo y traumático”, 





los servicios prestados en el ejército nacional y Hospital gral. de hombres de que es médico de 
entrada [...] Concédase la gracia que solicita para poder graduarse en la Facultad que ejerce, 
previo el examen de tesis solamente”. De todos modos, no se sabe que la haya presentado. 
151  Candiotti, Marcial R. Bibliografía doctoral de la Universidad de Buenos Aires y 
Catálogo cronológico de las tesis en su primer centenario. 1821-1920, Buenos Aires, 
Universidad de Buenos Aires, 1920. 

152 Alumno becario del Colegio de la Unión del Sud, integró como estudiante la So- 
ciedad Elemental de Medicina en 1824; egresó como doctor en Medicina en 1827; fue 
miembro del Cuerpo Médico del Ejército. 

153 Investigaciones y Ensayos (Academia Argentina de la Historia), 1966; 1: 255 (ha- 
ce referencia a que en el catálogo Candiotti esta tesis lleva el número 11). 

154 Buenos Aires, 1799-1868, actuó como practicante durante la guerra del Brasil en 
el Hospicio de la Merced; en 1839, luego de estar varios meses detenido y luego de un 


76 


RicarDO Pou FERRARI 


-Pantaleón Benítez: Disertación sobre la fiebre mucosa”, 
-Juan Díaz: “Tisis pulmonar”, 

-Remigio Díaz: Disertación sobre la pleuresía”, 
-Martín García:'* “Epilepsia. Su naturaleza y curación”, 
-Mariano Martínez: *Disertación sobre la diarrea”, 
-Francisco Plácido Mier: €Los purgantes en general”; 
Juan José Montes de Oca: !%* “El chólera morbus”; 


-Antonio Terry: “Sobre la vacuna como preservación de la vi- 
ruela”; 


-Benjamín Vieytes:'” “Gastro-Enteritis”. 

1829: 
-Ignacio Martínez (ya mencionada); nunca presentada. 
1830: 

-Juan José Fontana: “La hepatitis aguda”; 


-Juan Gutiérrez Moreno (antes citada): “Thesis sobre la ra- 
bia”; 
-Manuel Antonio Narvaja: *Disertación sobre la apoplegía”. 


En la recensión mencionada no figuran los nombres de Luis 
Calcena Chavarría, Pedro José de Otamendi, Pedro Serrano ni 
Ferreira, quienes egresaron durante 1829 -por consiguiente con 
retraso respecto a los que quedaron en Buenos Aires- en calidad 
de Profesores en Medicina y Cirugía. 





fallido intento por ejercer en Brasil, se radicó en Montevideo. Con posterioridad tuvo 
una larga carrera de médico militar, que incluyó la guerra del Paraguay. 

155 Buenos Aires, 1806-1873. 

156 Buenos Aires, 1806-1876; médico, profesor universitario, legislador, se exilió en 
Montevideo durante la época rosista; fue uno de los reorganizadores de la “nueva Facul- 
tad de Medicina” de la que fue Director en varios períodos; fue gran partidario del em- 
pleo de la anestesia clorofórmica; actuó en ocasión de las grandes epidemias que azotaron 
Buenos Aires; participó en la Guerra de la Triple Alianza. 

157 Hijo de Hipólito Vieytes, comerciante y político (1762-1815); falleció este médi- 
co en San Miguel de Tucumán el 25 de febrero de 1839, a los 40 años de edad. 


27 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


ESTUDIANTES BECADOS EN PARIS QUE RETORNARON A BUENOS 
AIRES EN ESE PERÍODO 


A fines de 1828, año en que Ferreira se reintegra a Buenos 
Aires, regresa también a la capital porteña, luego de terminar 
sus estudios médicos en París, José María Gómez da Fonseca 
Maroñas (Goya, Corrientes, 1799-Buenos Aires, 1849), que ha- 
bía sido enviado como becario por Bernardino Rivadavia. Este 
médico -graduado en Buenos Aires en 1825-, fue además poeta 
-uno de los introductores del romanticismo literario en el Río de 
la Plata-, músico y acuarelista. De madre oriental, había vivido 
su infancia en Maldonado, donde sus padres resultaron muertos 
durante la segunda invasión inglesa a dicha ciudad (1807). Por 
ese motivo, su tío, el Pbro. Juan Dámaso Gómez da Fonseca 
(Buenos Aires, 1763-1829) -gran personaje de la generación de 
Mayo- lo envió a estudiar medicina en Buenos Aires, lo mismo 
que a un hermano del primero, Tiburcio,'* que sería médico y 
político. 


Durante su estadía en la capital francesa, Gómez fue 
compañero y amigo de otro médico argentino, también becado, 
Irineo Portela, de quien nos ocuparemos oportunamente por 
su vasta actuación en Uruguay; igualmente, del Juan Bautista 
Carreté -doctorado en París, que muere prematuramente 
en Buenos Aires en 1834- y de Teodoro Miguel Vilardebó. 
Planearon organizar, a su regreso, una “Sociedad científica y li- 


teraria”, que no se concretó.!” 





158 Cutolo, V. O. Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Buenos Ai- 
res, Ed Elche, 1968. 
159 Mañé Garzón. Vilardebó, op cit: 248. 


78 


CaApíTULO VI 


GRADUACIÓN DE FERREIRA Y LLEGADA 
A MONTEVIDEO 


ermín Ferreira, después de haber obtenido una meda- 

lla de honor por su actuación en la guerra del Brasil 

(FEscudo de oro” que dice: ¿La República a los vencedores 

en Ituzaingó”),' (Figura 23) termina los estudios mé- 
dicos, aunque sin presentar la Tesis requerida para obtener el 
doctorado. 





160 Es de destacar que en la obra citada de Mariano Ferreira, conjuntamente con el 
“Escudo de Oro”, aparece la fotografía de una divisa que dice “Montevideo libre por los 
héroes de Sarandí” [batalla que tuvo lugar el 12 de octubre de 1825]. Esto ha llevado a 
que algunos historiadores planteasen la participación de Fermín Ferreira en este enfrenta- 
miento bélico. No creemos que así haya sido, en base a los datos biográficos que venimos 
reseñando. Destacamos que tal actuación no es mencionada en el importante estudio de 
Augusto Soiza Larrosa titulado: “Batalla de Sarandí (12 de octubre de 1825). Cómo fue- 
ron asistidos los heridos en la batalla de Sarandí”, Sanidad Militar, 2007; 29(1):79-87. 


79 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





Figura 23. Medalla de oro, entregada a los vencedores de Ituzaingó. 
De Mariano Ferreira, op cit. 


El 7 de mayo de 1829 el Tribunal de Medicina de Buenos 
Aires (que existió entre 1822 y 1852)'” le otorga el título de 
Profesor en Medicina y Cirugía.'* Retorna de inmediato a 
Montevideo. Por entonces, Lucas Obes, recuperada su libertad 
en Buenos Aires, había vuelto a la Banda Oriental, consolidan- 
do su influencia política debido a la relación de amistad que lo 
unía a Rivera. 


El 14 de diciembre de ese año se designa a Ferreira Cirujano 
Mayor interino del Ejército, decreto firmado por el Gobernador 





161  Cignoli, Francisco. Actuaciones del Tribunal de Medicina de Buenos Aires a través 
de su “Libro de Acuerdos”, Bol Acad Nac Hist, 1964; 36: 113-130. 
162 Ferreira, Mariano. op cit: 35. 


80 


RicarDO Pou FERRARI 


Provisorio José Rondeau y Fructuoso Rivera.'* La asignación 


anual era de 1200 pesos. 


MATRIMONIO CON ROSALÍA ARTIGAS Y DESCENDENCIA 
El 31 de abril de 1831, dos semanas después de la batalla de 


Salsipuedes -que tuvo lugar el 11 de abril-, Ferreira contrae matri- 
monio con Rosalía Artigas y Fernández (Montevideo, 1804-1891) 
(Figura 25). Era hija del Capitán Manuel Antonio Artigas López 
(Montevideo, 1774-San José, 1811) y de Mariana Fernández 
González (Minas, 1784-Montevideo, 1859). A su vez, el Capitán 
Artigas, descendía de Esteban Artigas Carrasco (Montevideo, 
1784-Pando, 1801) y de Ana María López y González Padrón 
(Montevideo, 1740-Pando, 1793). Esteban era hermano de 
Martín José (Montevideo, ca. 1773-1822), padre de José Gervasio 
Artigas, y ambos nietos de Juan Antonio Artigas de Aguas (Puebla 
de Albortón, 1693- Montevideo, 1775) e Ignacia Xaviera Carrasco 
y Melo Coutinho (Santa Fe, 1701-Montevideo, 1773), fundado- 
res de la estirpe en el Río de la Plata. De lo anterior se desprende 
que Manuel era primo hermano del prócer y Rosalía, sobrina se- 
gunda. Fue ésta una mujer cultivada, de buen desempeño social, 
que hablaba francés y tenía talento para la música. 


Durante los primeros años de matrimonio la casa del ma- 
trimonio Ferreira-Artigas fue centro de tertulias musicales y lite- 
rarias, hasta que las circunstancias los sumieron en las urgencias 
de la guerra. En el curso de las numerosas contiendas, Doña 
Rosalía fue colaboradora habitual de las tareas filantrópicas, tan- 
to en la Sociedad de Damas Orientales como a solicitud direc- 
ta de Melchor Pacheco, a quien la unía una estrecha amistad. 
Viuda y habiendo perdido tres de sus hijos, hace un viaje por 
Europa, donde visita a Pio IX (Giovanni Maria Mastai Ferreti, 
Ancona, 1792-Roma, 1868), a quien conocía de la estadía de 
éste en Montevideo durante la misión Muzi, en 1823, de cuya 
comitiva formaba parte. En sus últimos años, Rosalía fue pro- 





163 AGN. Caja 1175. Carp 2 Doc 81, 14 de diciembre de 1829. 
164 AGN. Caja 1176. Carp 2 Doc 53. 


81 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


motora del Asilo de Huérfanos 
y cumplió una significativa mi- 
sión social. 


Del matrimonio Ferreira- 
Artigas nacieron: 


-Esteban Fermín Salustiano 
Mariano del Corazón de Jesús 
(Montevideo, 1831-1872); 
Doctor en Derecho e intelectual 
de nota. 


-Mariano Augusto Fabián 
(Montevideo 1834- 1924), 
también Doctor en Derecho y 
autor de las “Memorias sobre 
la familia Ferreira y Artigas” 





a que tanto hacemos refe- Figura 24. María Rosa Ferreira de 

- 165 . . Ordóñez. Daguerrotipo. Museo Histórico 
rencia, unido en matrimo- Nacional, Montevideo: Colección de 
nio con Rosa Muñoz Triaca retratos. 


(1846-1899, hija de José María 


Muñoz y Herrera y de Carolina Triaca Zuasnábar 


-Paulino “Teodoro Manuel, nacido en 1836, Bachiller en 
Ciencias y Letras y fallecido durante la guerra de la Triple Alianza, 
en la batalla de Yatay (en ubicación próxima a Paso de los Libres, 
actual Departamento de Paso de los Libres, Provincia de Corrientes, 


República Argentina, que tuvo lugar el 17 de agosto de 1865). 


- María Rosa (Montevideo, 1839-1870), casada con Jenaro 
Ordóñez (Figura 24). 


o 16S 





165 Mañé Garzón afirma que esta obra es la primera biografía de Fermín Ferreira 
publicada en el Uruguay (comunicación personal). 

166 Ferreira, Mariano, op cit: 343-399. 

167 Ferreira, Mariano, op cit: 399-400. 


82 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 25. Rosalía Artigas y Fernández de Ferreira, por Nicolás Panini (Roma, 
1840-Montevideo, 1890), óleo sobre tela 129 x 199 cms, ca 1880, Museo Histórico 
Nacional, Montevideo 


83 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


PRIMERAS ETAPAS DE LA ACTUACIÓN DE FERREIRA COMO 
CIRUJANO MAYOR DEL EJÉRCITO 


Siguiendo con cierto detalle las actividades que cumplió el 
Cirujano Mayor en sus primeros tiempos en el cargo: 


El 18 de diciembre de 1829, cuatro días después de entrar 
en funciones, “propone al Ministerio de Guerra la contratación del 
Profesor de Cirugía Pedro Otamendi [su compañero de estudios 
en Buenos Aires] como médico de Sala'* y a D. José Antonio Ortiz 
como Practicante, para instalar hospitales parciales en los cuerpos 


del Ejército. Se asignan $ 50 y $ 20 mensuales, respectivamente”. 





e 


Figura 26. Fructuoso Rivera, óleo de Amadeo Grass (Paris, 1805-Montevideo, 1833), 


Museo Histórico Nacional 





168 Las relaciones entre Ferreira y Otamendi se volvieron progresivamente tirantes, 
hasta que el primero decidió, sin explicaciones, con fecha 3 de diciembre de 1833, darlo 
de baja del cargo (Schiafino, R. Vilardebó, op cit: 41). 

169 AGN. Caja 1175. Carp 2. Doc 81, 18 de diciembre de 1829. 


84 


RicarDO Pou FERRARI 


El 23 de diciembre, Rondeau se dirige al Comisario General 
de la Campaña, que era entonces Rivera (Figura 26), “avisan- 
do que se ha aceptado la propuesta del farmacéutico Rafael Bosch 
para suministrar los medicamentos a la tropa. Pide además rectifi- 
cación mensual de todas las recetas emitidas por Fermín Ferreira, 


Cirujano Mayor del Ejército”.!7 


A comienzos de 1830, el Cirujano Mayor se halla abocado 
a la instalación de un “Hospital General o Militar”, dando cuen- 
ta de “la demora en conseguir los útiles”, lo que le preocupa dado 
que “el avance de la estación hace urgente proveerlos pues los enfer- 
mos sólo tienen por colchones los ladrillos y por cobertores un ligero 
capote”.!”? Más tarde presenta el presupuesto correspondiente al 
mes de junio.'”? 


A fines del mismo año, “propone al Profesor de Medicina 
y Cirugía Luis Chousiño!”? y a los Cirujanos Auxiliares Enrique 
Donelly y Pedro Velarde”? para marchar a campaña”."* Fueron 
ellos los integrantes de la Sanidad del Ejército en la batalla de 
Salsipuedes. 


En ese episodio fue muerto, como fue dicho, Maximiliano 
Obes. La familia solicita a Ferreira que se ocupe personalmente 
del transporte del cadáver desde Durazno a Montevideo; con 
ese motivo, intercambia notas con Fructuoso Rivera, quien se 
muestra especialmente turbado por el asunto, delegando res- 





170 AGN. Caja 1175. Carp 2. Doc 3, 23 de diciembre de 1829. 

171 AGN. Caja 1178. Carp 3, Doc 180, 12 de marzo de 1830. 

172 AGN. Caja 1180, Carp 1, Doc 36, 3 de junio de 1830. 

173 “Español que de practicante se había graduado de cirujano en Montevideo, examinado 
por un Tribunal especial en 1829” (Schiaffino, Rafael. Vida y Obra de Teodoro M. Vilar- 
debó (1803-1857). Médico y Naturalista, Higienista e Historiador, Montevideo, El Siglo 
Ilustrado Imp, 1940: 85). 

174 AGN. Caja 1. Carp 24, Doc 78 y 79. En enero de 1833, Enrique Donelli [o 
Donelly], se presenta ante el Consejo de Higiene Pública con el fin de obtener la reválida 
para cirugía mayor. 

175 Pedro Velarde falleció en torno a 1834, ya que con fecha 20 de mayo de ese año, la 
Asamblea General decide conceder “a la Sra. Juana Monzón la tercera parte del sueldo de 
su difunto esposo Pedro Velarde” (Registro Nacional de la República Oriental del Uruguay, 
Tomo V, 1834). 

176 AGN. Caja 1186. Doc 60, 29 de diciembre de 1830. 


85 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


ponsabilidades en su sobrino Juan Esteban (alias Bernabé) 
Rivera (Durazno,1795-Yacaré Cururú,1832).'” 


Con posterioridad al mencionado enfrentamiento bélico, 


Ferreira informa “que cesó su comisión al Cirujano Luis Chousiño, 


permaneciendo en Durazno su ayudante Pedro Velarde para aten- 
der a los Oficiales heridos”. "* 


Días más tarde, propone para cirujano del Tercer escuadrón 


de Caballería al Profesor de Medicina y Cirugía Francisco García 


Salazar”, '7? 18% a quien envía al año siguiente para que vaya 


a recibir los útiles y medicamentos que necesita en su hospital de 
Cerro Largo”.!** 


En agosto de 1833, “Manuel Oribe, Comandante de Armas, 
solicita al Ministerio de Guerra, un hospital de la Ciudadela para 
que todos los enfermos se atiendan en un solo lugar bajo la dirección 
de Fermín Ferreira”, quien encarga puertas y ventanas para 
acondicionarlo.'*% Debe abocarse además a sustituir las tarimas 
de ladrillo y madera existentes por camas con colchón, proveer- 
lo de ropa, medicamentos e instrumental, aparte del personal 


idóneo para la limpieza del local y cuidado de los internados. 


También pide el Cirujano que se le conceda la suma de 
“$ 100 para alimentación de enfermos y para útiles del Hospital 
de la Ciudadela”.'** En igual fecha requiere a la superioridad la 


designación del farmacéutico Carlos Ferrando por ausencia de 


Rafael Bosch.!** 





177 Era hijo natural de la hermana de Don Frutos, María Luisa y del brasileño Ale- 
jandro Duval. 

178 AGN. Caja 1191. Doc 69, 1 de mayo de 1831. 

179 AGN. Caja 1194. Doc 32, 22 de agosto de 1831. 

180 Francisco García Salazar y Morales (Toledo, 1795- Santos, 1853). Egresado del 
Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid en 1823: Revalidó en Montevideo en 
1830, casado con Juana del Villar, de quien tuvo un hijo y cinco hijas. Esta sepultado en 
la Iglesia de San Agustín en La Unión. 

181 AGN. Caja 1201. Doc 11, 25 de febrero de 1832. 

182 AGN. Caja 1218. Doc 12, 10 de agosto de 1833. 

183 AGN. Caja 1219. Doc 17, 1833. 

184 AGN. Caja 1218. Doc 49, 23 de marzo de 1833. 

185 AGN. Caja 1224. Doc 25, 1834. 


86 


RicarDO Pou FERRARI 


El 7 de diciembre de 1833, por decreto firmado por Rivera 
en calidad de Presidente y Oribe como Ministro de Guerra, 
“se le concede [a Ferreira] en propiedad el empleo de Cirujano 
Mayor del Ejército, expidiéndole los despachos correspondientes”. 1% 
Ferreira ocupa este cargo hasta su fallecimiento en 1867, con ex- 
cepción de los siguientes períodos: algunos meses del año 1836 
-mientras duró la primera sublevación de Rivera contra Oribe-, 
entre fines de 1842 y mediados del año siguiente -de la batalla 
de Arroyo Grande a la muerte de Juan Gualberto Tigrimbú- y 
de 1863 a abril de 1865 -plazo en que estuvo expatriado en 
Buenos Aires-. 





186 Ferreira, Mariano, op cit: 41. 


87 


CAPÍTULO VII 


UNA vISIÓN SOBRE LA MENTALIDAD, LA 
GUERRA Y LA MEDICINA MILITAR DE LA 
ÉPOCA. 


a vida austera hacía a las personas resistentes y por en- 

de menos vulnerables. En esa época -así lo deja ex- 

presamente asentado Charles Darwin (Gran Bretaña, 

1809-1889) en su *Diario”- los gauchos eran tan mo- 
destos, optimistas y amables como excelente el gusto en el vestir 
de las mujeres de la ciudad; '% en las calles principales había 
tiendas bien provistas, era costumbre recibir en el salón o la 
azotea, donde se conversaba, cantaba y disfrutaba, en la buena 
época, desde el mirador, de las vistas de la bahía poblada de na- 
víos con banderas multicolores. 


Esta sociedad tenía mayor tolerancia -o acaso resignación- 
frente a los hechos naturales de la vida (nacimiento, enfermedad 
y muerte), como también a los extraordinarios, más que nada la 
guerra. Si bien ésta sigue hoy vigente y con gran violencia, no 
constituye, como era el caso de la Banda Oriental en el período 





187 Darwin, Charles. A Naturalists voyage around the world, London, Murray, 1839, 
531 págs. 


89 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


que comentamos, un acontecimiento cotidiano y prolongado, 
que para algunos abarcó toda la vida. 


Se procuraba “resolver” los problemas personales o colec- 
tivos por el enfrentamiento armado directo, en el campo “de 
honor” o de batalla, en tierra o en agua, hiriendo y matando, 
siendo víctimas, victimarios y testigos de atrocidades. Un ejem- 
plo son los fusilamientos o degollinas masivas que mandaban 
ejecutar los jefes militares, no sólo de los enemigos vencidos 
sino de sus propios hombres en caso de intento de deserción o 


deslealtad. 


Asombra el número de integrantes de los ejércitos que se 
movilizaban, a campo traviesa, ocasionando perjuicios -directos 
o indirectos- a los escasos habitantes de los sitios por donde 
pasaban. 


El asunto de los ejércitos rioplatenses ha sido bien estu- 
diado por Alejandro Rabinovich,'* con especial referencia a las 
guerras de la independencia, consideraciones que pueden apli- 
carse a las que tuvieron lugar durante el resto del siglo. 


Era minoritario el número de militares de profesión, con 
cierto nivel de formación y pertenecientes a estratos sociales ca- 
lificados; ellos formaban la oficialidad. Los restantes eran una 
población heterogénea. 


Algunos se incorporaban voluntariamente, generalmente 
se trataba de hombres solteros, peones, jornaleros itinerantes, 
desempleados. Otro grupo era el de los reclutas forzosos, en las 
“levas”, entre quienes podía haber gente simple y honesta, tan 
sólo incautos o que no contaban con una excusa suficiente co- 
mo para evitarlo (esposa, hijos o padres que sostener, ineptitud 
por razones de salud). Un buen número provenía de ambientes 
más sórdidos o directamente del calabozo. Las causales de en- 
rolamiento podían también consistir en ser *vagos y malentre- 





188 Ravinovich, Alejandro. Ser soldado en las guerras de la independencia, Buenos 
Aires, Sudamericana ed, 2013, 224 págs. 


90 


RicarDO Pou FERRARI 


tenidos”, carecer de “papeleta de conchabo” o acaso tan sólo ser 
portadores de un puñal. 


Había muchos “gauchos” que a su condición de indepen- 
dientes unían una peculiar mentalidad de desobediencia al or- 
den establecido. Trashumantes, analfabetos, de vestimenta bi- 
zarra, expertos jinetes, asiduos de las pulperías, pendencieros, 
habituados a dormir “a la buena estrella” donde los sorprendiera 
la noche, hábiles para la caza y las carneadas, buenos nadadores, 

y 
conocedores del terreno y que sabían hacerse respetar a las bue- 
nas o por las malas. 


Estaban además los “morenos” y los “pardos”, quienes for- 
maban una tercera parte de la población al momento de la in- 
dependencia; algunos eran aún esclavos, otros ya libertos; a los 
primeros solía otorgárseles la libertad si cumplían cierto núme- 
ro de años de servicio -períodos que podían ampliarse según 
las necesidades-. Se los consideraba buenos soldados en el arma 
de infantería y artillería y además “tenían adelantados muchos 
principios de disciplina”. 


Todos los reclutas firmaban un contrato con el Ejército por 
el que entregaban su autonomía a cambio de un exiguo pago 
(equivalente al de un peón de campo), el uniforme, la comida y 
la probabilidad de un ascenso, remota tratándose de integrantes 
de los dos últimos grupos. Si bien el plazo estipulado solía ser 
de dos años, con frecuencia se prolongaba, por la duración de 
la guerra o porque los “solitarios” terminaban considerando al 
ejército como un “modo de vida”. Sin embargo, muchos deser- 
taban, sobre todo si pasaban cerca del “pago”, o cuando hechos 
circunstanciales los llamaban a experiencias más prometedoras. 
Escasa era la probabilidad de abandono si se enrolaban en ejér- 
citos que, como el de los Andes o el del Norte, los conducían 
a zonas lejanas, desconocidas, donde apartarse significaba una 
muerte casi segura. 


Se comprende que la disciplina fuera dura; mientras los 
“de carrera” ya la habían asimilado durante su formación y los 
esclavos estaban habituados a ella desde niños, los demás eran 


9I 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


gente hecha a una “vida sin límites”, dados al juego, a la bebida, 
a las aventuras pasajeras y podían hallar en la guerra la oportu- 
nidad de cometer anónimamente tropelías o vivir a su aire en 
lugares “interesantes” por lo increíbles. Por eso, no sólo recibían 
continuo entrenamiento en el uso de armas, formaciones y mar- 
chas, aprender a montar, acatar la jerarquía militar, comportar- 
se, hablar y vestir de acuerdo a pautas estrictas, sino que podían 
ser objeto de castigos ejemplarizantes: recibir azotes, la “carrera 
de baquetas” -por parte de los propios compañeros-, permane- 
cer engrillados e incluso ser fusilados. 


La vida diaria del soldado se regía por el clarín y el tambor, 
desde el amanecer hasta el retiro para el descanso nocturno. Se 
les entregaba un equipo de vestuario, que debían usar obligato- 
riamente porque era una forma de identificarse. Con el paso del 
tiempo, el mismo se iba ensuciando y deteriorando, lo mismo 
que el calzado. Luego de algunas batallas se los describe lite- 
ralmente desnudos, pese a que en la jerga militar esta palabra 
significaba la carencia del uniforme reglamentario. 


La comida no era siempre generosa, dado que situaciones 
adversas podían ocasionar falta de ganado para faenar, cuya car- 
ne constituía la base del francho”. Se solicitaban o “expropiaban” 
animales; los soldados paisanos boleaban o enlazaban vacunos, 
o visitaban los gallineros y porquerizas de los campesinos, con 
su autorización o sin ella. Si escaseaban los recursos, llegaban 
a sacrificar los bueyes y caballos del propio batallón. Bebían el 
agua de arroyos o cachimbas, pero también bebidas alcohólicas, 
que al igual que la yerba y el tabaco, se repartían de vez en cuan- 
do entre la tropa. Se castigaba, no obstante, la ebriedad. 


Dormían en carpas, pero durante los desplazamientos, lo 
hacían al abrigo del poncho. Marchaban a pie o de a caballo, 
durante el día y la noche. Algunos caían rendidos y no pocos 
eran abandonados, dormidos, sin ser advertidos por sus compa- 
fieros. La falta de sueño podía obnubilarlos. 


La caballería tomó gran importancia en estas latitudes, ya 
que los gauchos que se incorporaban al ejército eran diestros 


92 


RicarDO Pou FERRARI 


jinetes; el problema surgía cuando los caballos se agotaban o no 
se los podía alimentar correctamente, ni disponer de recambios, 
o se espantaban por las tormentas, el ruido de las armas, o si 
eran robados por el contrincante. 


La artillería pesada estaba formada por piezas de hierro, de 
gran calibre, que sólo podían desplazarse con dificultad en cu- 
reña, por lo que nunca estaban próximas al enemigo. Las balas 
de cañón debían dispararse calculando la trayectoria del pro- 
yectil en función de la distancia a que se hallaba el objetivo, lo 
que requería conocimientos de trigonometría para calcular su 
trayectoria. Era poco probable que una de ellas o sus esquirlas 
alcanzara directamente a un individuo, en cuyo caso las heridas 
eran por aplastamiento y casi siempre mortales. Los disparos 
de artillería pesada podían servir, sin embargo, para espantar la 
caballada, distraer o desorientar al enemigo. (Figura 27) 





Figura 27. Juan Manuel Blanes (Montevideo, 1830-Pisa, 1901). Batalla de Caseros. 
Palacio Urquiza, Entre Ríos R.A. 


La infantería estaba dividida en distintas secciones. Usaba 
armas de fuego de chispa (carabina con bayoneta), que pesaban 
más de cuatro quilos y podían medir hasta un metro y medio de 
largo. Eran difíciles de mantener limpios y de recargar (después 
de cada tiro, había que recargar el arma por la boca del cañón 
con una baqueta, lo que insumía más de un minuto entre dos 
disparos sucesivos). La puntería al blanco estaba en proporción 
inversa a la distancia, lo que hacía necesario gran número de 
descargas, razón por la cual sus portadores se disponían en filas 
sucesivas apretadas, que iban quedando expuestas al fuego ene- 


93 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


migo a medida que disparaban o caían las que los precedían. 
Podían así ocasionar una herida o lesión, no sólo al contrincante 
sino a un compañero cercano o al propio combatiente: en los 
oídos por el ruido del estampido, en la garganta y los ojos por el 
humo de la pólvora negra, hematomas en el hombro por el gran 
retroceso de los fusiles, heridas más graves por la explosión de la 
pólvora húmeda o un balazo mal dirigido. El humo ensombrecía 
el panorama y dificultaba aún más la eficacia de este recurso. Las 
balas eran de plomo, por lo cual, cuando herían, ocasionaban 
graves lesiones con desgarros complejos de los tejidos blandos y 


fracturas conminutas y expuestas de los huesos adyacentes. 





Figura 28. Batalla. Óleo sobre tela. Cándido López (Buenos Aires, 1840-1902). 


Las más decisivas eran las armas blancas; por consiguiente, 
las heridas por ellas infligidas, las más comunes. (Figura 28) A 
caballo, solía usarse la lanza y sus portadores tuvieron una terri- 
ble fama, porque mataban a infantes, caballos y jinetes. También 
empleaban los sables curvos. Las de la infantería, eran la bayo- 
neta (para rematar al herido por un disparo), el sable (de gran 
peso y que requería una habilidad peculiar) y el cuchillo, corto o 
largo (que era la prolongación de la mano del guerrero, recurso 
en el que aquellos soldados eran diestros, por haberlo practicado 
para matar y carnear animales o en los conocidos “duelos crio- 
llos”). Su empleo requería la lucha cuerpo a cuerpo, la habilidad 


94 


RicarDO Pou FERRARI 


para el avance y la retirada, para atacar con la mano armada y 
defenderse o desestabilizar al adversario con la otra, enrollada en 
el poncho o la casaca. Este recurso, el verdaderamente mortal, 
a la hora de definir una batalla, implicaba el enfrentamiento 
personal con el enemigo y la experiencia de quitar la vida cara 
a cara debía ser impresionante, aún en esa época “bárbara”, al 
igual que la percepción de que se trataba de una “lucha a muer- 
te”, en la que si no se mataba, se terminaba muerto... 


Los ejércitos heredaron muchos recursos tácticos de los es- 
pañoles; también otros conocidos a raíz de las campañas napo- 
léonicas, en las que el Emperador y sus generales habían perfec- 
cionado las sutilezas del “arte de la guerra”. Se enviaban grupos 
reducidos de exploración, con el fin localizar y -de ser posible- 
atacar a las avanzadas del enemigo. Luego progresaban los dis- 
tintos cuerpos de ejército, en un “juego marcial”; los diferentes 
integrantes dispuestos, en el espacio y en el tiempo, de acuerdo 
a si eran jinetes o infantes, a su agilidad y armamento, procuran- 
do engañar al enemigo, en acciones envolventes, o sorprenderlo 
en momentos o ubicaciones desfavorables. 


Con cierta frecuencia, en forma casual o intencionadamen- 
te, se incendiaban carretas y pastizales, y el desorden que ello 
producía, unido a la disminución de la visibilidad por el humo, 
servían para atacar o dispersarse. 


Mientras permanecían en el campamento, se comía y con- 
versaba en torno al fogón. Se jugaba a las cartas o a la taba, lo 
que implicaba a veces perder los pocos haberes que poseían o 
dar lugar a riñas, en ocasiones mortales. En situaciones especia- 
les, si se festejaba un triunfo marcial o se conmemoraban las fe- 
chas patrias, se servían banquetes y se bailaba al son de guitarras, 
trompetas y tambores -en lo que se destacaban los africanos-, y 
la oficialidad compartía las algaradas con la tropa. A veces las 
fiestas duraban varios días. 


Los heridos se contaban por miles. La sanidad era, según 
se ha visto, desproporcionadamente reducida con respecto a la 
magnitud del cuerpo del ejército. Se procuraba recoger a los heri- 
dos del campo, durante la acción o una vez finalizada ésta, en an- 


95 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


garillas o en ancas de caballos, llevarlos a las carretas-ambulancia 
y con éstas, a hospitales de sangre, transitorios o estables, si los 
había próximos, lo que no era habitual. De todos modos, estos 
contaban con escaso personal y mínimos recursos materiales. Se 
daba preferencia a la atención de los oficiales. A veces se abando- 
naba a los heridos propios y con más razón a los enemigos, que 
sin embargo debían también socorrerse, de acuerdo a lo que ya 
Larrey había establecido como regla ética de la medicina de gue- 
rra (mucho antes de la fundación de la Cruz Roja Internacional). 
Raramente se sepultaba a los muertos, que, despedazados en la 
lucha, eran presa de los tigres y las aves carroñeras, cuando no 
del fuego... Eso favorecía también a los “merodeadores” que re- 
corrían los campos de batalla recientes en busca de armas y artí- 
culos de valor, que luego negociaban. (Figura 29) En oportuni- 
dades, ante la imposibilidad de hacer otra cosa, se abandonaba a 
los heridos graves, y muchas veces se los “despenaba”, evitando 
así que fueran objeto de peores suplicios si caían en manos ene- 
migas, que frecuentemente los degollaban sin más. 





3 1] E : o A A VÍ 
p Pess Toa , 
rg LANE EEN MÁ 


Figura 29. Cándido López. Los merodeadores (detalle). 


96 


RicarDO Pou FERRARI 


Los médicos del ejército hacían cuanto podían, lavando, 
vendando, a veces amputando, en ocasiones calmando los su- 
frimientos con opio, o más a menudo, con aguardiente. Las bo- 
ticas estaban provistas de productos químicos (“azufre electo, 
vitriolo azul, mercurio dulce, tártaro emético, sal de Epson, tin- 
tura tebaica, etc.”%%) o naturales (“azúcar, sal de ajenjo, corteza 
de quina, polvo de canela, polvo de ruibarbo, flores de violeta, 
alhucema, azafrán, miel, cacao, etc.”'%), quizás más útiles estos 
últimos que los primeros. 


El clima adverso, la alimentación -pésima en cantidad y ca- 
lidad-, la escasez o falta de ropas y calzado, la incuria, el cansan- 
cio creciente, hacían mella en la resistencia de los combatientes. 
Al par que el hacinamiento, todo favorecía la aparición de pa- 
rasitosis externas (piojos, pulgas, chinches, garrapatas), enfer- 
medades gastrointestinales y respiratorias (agudas y crónicas), 
afecciones contagiosas (cólera, tifoidea, viruela). Las heridas se 
complicaban con infecciones (erisipela, gangrena, septicemia, 
tétanos). Las hemorragias, al igual que las infecciones determi- 
naban una alta tasa de mortalidad, por más que se usase, aunque 
en grado moderado, el recurso de la compresión, la ligadura y 
la amputación. Los horrores que se experimentaban, la prolon- 
gación del estrés, el alejamiento prolongado del núcleo familiar, 
siendo escasas o nulas las comunicaciones, ocasionaban angus- 
tia, depresión y seguramente suicidios. Viajaban también con el 
ejército los sangradores... 


Ni qué decir, de aquellos que sobrevivían a las batallas y 
seguían en el ejército. Los más inválidos eran devueltos a los 
hospitales primero y a sus lugares de origen después. En estos 
últimos abundaban, con el paso de los años, los lisiados, incapa- 
ces de ganarse el sustento, carentes o abandonados por sus fami- 
lias, que mendigaban en las calles. Aquellos menos afectados, se 
ponían a disposición de la Sanidad que los empleaba como ayu- 
dantes. Después de las grandes campañas, los nacientes Estados 
debieron evaluar el grado de incapacidad de los veteranos -lo 





189 Ravinovich, A. op cit: 94. 
190  Ravinovich, A. op cit: 94. 


97 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


que estaba dentro de las funciones de los cirujanos- e incluso 
indemnizarlos pecuniariamente, a ellos o a sus viudas, aunque 
se cuidaba mucho de ser en exceso dadivoso. 


Un hecho que no se tiene demasiado presente es el costo 
económico de la guerra. Mientras América era una colonia, los 
recursos venían, al menos en parte, de la Metrópoli; luego de la 
independencia, fue el mismo Estado (léase los contribuyentes) 
quienes debieron hacer frente a las erogaciones. Muchos ricos 
donaban grandes sumas de dinero o enormes cantidades de ani- 
males para el ejército; algunos -generosos al extremo- quedaban 
reducidos a la pobreza extrema. En determinadas circunstan- 
cias, se pedía, se obtenía por la fuerza o se enajenaba los bienes 
de particulares. Ciertas administraciones debieron recurrir a 
empréstitos internacionales, en especial de los banqueros ingle- 
ses. La usura hizo lo suyo. “También los deshonestos de siempre, 
especialmente los miembros del patriciado. Ciertos jefes milita- 
res recibieron enormes recompensas en dinero o en extensiones 
de campo. En otras palabras, no todo fue idealismo... 





Figura 30. Batalla de Sarandí. Óleo sobre tela. Boceto de Juan Manuel Blanes. Museo 
Nacional de Artes Visuales, Montevideo 


Sobre ese telón de fondo de caos, quienes dirigían las ope- 
raciones y también los médicos, debían trazar ciertos planes, 


98 


RicarDO Pou FERRARI 


una estrategia, por más que la misma casi siempre fuera desarti- 
culada por sucesos inesperados. ¿Quién podía ser capaz de eva- 
luar con anticipación lo que iba a ocurrir y necesitarse? ¿Cómo 
era posible, ante situaciones de desastre y emergencia, aplicar 
conocimientos técnicos, sin estar obligados a improvisar sobre 
la marcha? 


La medicina militar depende, entonces y ahora, del tipo de 
maniobras bélicas, de las armas, del terreno, del clima y de los 
conocimientos científicos y habilidades técnicas, así como de la 
disponibilidad efectiva para tener acceso a los mismos. 


En esa época, sin duda se necesitaban cirujanos bien for- 
mados en anatomía y medicina operatoria, para evaluar lesiones 
y efectuar tratamientos. Los grandes riesgos (la hemorragia y 
la infección) estaban siempre presentes. En algunas topografías 
-por ejemplo si las heridas afectaban las cavidades- la muerte 
era una consecuencia casi ineludible a un plazo más o menos 
breve. Si las lesiones asentaban en los miembros, los cirujanos 
tenían otras alternativas, tampoco muy eficientes: el torniquete, 
la ligadura, la reducción, el vendaje o la amputación. El médico 
se abría paso entre cadáveres, sin importar el olor y los insectos, 
carente de implementos que protegieran su cara, sus manos ni 
su cuerpo. Con decisión debían cargar los heridos, reducir a la 
fuerza luxaciones y fracturas, colocar los torniquetes, empuñar 
el bisturí o la sierra para hacer las amputaciones, mientras oían 
los gritos del paciente, sostenido por varios para que se moviera 
lo menos posible. Esas maniobras habían de efectuarlas con su- 
ma rapidez, lo que requería conocimientos anatómicos y pericia 
manual. Las curaciones no serían menos “heroicas”, mientras 
retiraban girones de tejidos ensangrentados e infectados, descu- 
brían heridas gangrenadas, cuando no ya pululantes de insectos 
y larvas. Las posibilidades de lavase las manos, de una interven- 
ción a otra, eran mínimas; las de proteger la vestimenta, igual- 
mente, por lo que, a poco, ésta estaba tan sucia y hedionda co- 
mo las heridas que trataba. Bañarse, sólo si llegaba a una cañada, 
pero para volver a vestirse con los mismos harapos. Dormir, a 


99 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cielo abierto o bien en las carretas compartidas con los heridos 
y enfermos. No debían ser noches precisamente reparadoras... 


Si se reflexiona con el criterio actual de que el médico mi- 
litar debe actuar para calmar, curar y eventualmente recapacitar 
lo antes posible al herido para reintegrarlo al servicio activo, 
nada de eso ocurría entonces. 


Esa era la circunstancia en que se forjaba la mentalidad del 
médico militar. Para serlo se requería, aparte de conocimientos, 
fortaleza de cuerpo y de ánimo; las circunstancias que se vivían 
en el campo de batalla sólo eran soportables y superables sin 
secuelas, si se tenía una especial reciedumbre. Cuando se con- 
templan sus retratos, todo parece prolijidad y elegancia; su vida 
social no difería de las de otros, pero eran seres de una excep- 
cional resiliencia quienes podían vivir en una u otra condición. 


Se habla de cientos o miles de muertos por batalla; sólo 
excepcionalmente de médicos que hayan sucumbido ¿Era esto 
consecuencia de una especial protección por parte del resto de 
la compañía, o habilidad para eludir el peligro (permaneciendo 
en la retaguardia), o por ser proporcionalmente muchos menos 
que los combatientes, o mera suerte? Son interesantes los re- 
latos de los propios médicos -como las ya mencionadas cartas 
de Ferreira a su esposa- paralelos a los de los jefes, de quienes 
algunos han quedado. Dentro de la obligación de los primeros 
estaba el silencio (sobre lo visto y oído) y la aceptación de cum- 
plir con un duro deber, al que se habían comprometido desde 
estudiantes y que afrontaban como algo natural o propio del 
oficio. No pocos de ellos, sin embargo, pedían la baja antes del 
fin de una campaña, la que, por otra parte, pocas veces les era 
concedida, más que por lo mucho que se los valorara, por la 
escasez de reemplazantes. 


100 


CarfrTuLO VIII 


LA REPÚBLICA EN CIERNES; 
LOS TRES PRIMEROS GOBIERNOS 
CONSTITUCIONALES Y CIRCUNSTANCIAS 
CIENTÍFICO -MÉDICAS VINCULADAS 


n la Banda Oriental se suceden los acontecimientos 
políticos. A la ya citada dictadura de Juan Antonio 
Lavalleja (12 de octubre de 1827 al 1 de diciembre de 
1828) sigue el gobierno provisorio de José Rondeau, 
designado por la Asamblea de la Florida a fines de 1828, quien 
renuncia el 17 de abril de 1830. El 25 de ese mes, luego de 
un acuerdo entre los caudillos, Lavalleja es designado Capitán 
General y Gobernador Provisorio del Estado, mientras a Rivera 
se le concede la jerarquía de Capitán General de la campaña. 
La Carta Magna es jurada solemnemente en todo el territo- 
rio el 18 de julio de 1830.'” Elegido Rivera por las Cámaras 
Legislativas, asume el 6 de noviembre como primer Presidente 
constitucional de la República, jerarquía que ocupa durante 





191 Ferreira paga cinco patacones para contribuir a la acuñación de una medalla con- 
memorativa al cumplirse el primer año, en 1831 (Ferreira, Mariano. Memorias, op cit). 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cuatro años (renuncia el 24 de octubre de 1834). Luego de un 
interinato del presidente del Senado Carlos Anaya (Buenos Aires, 
1777-Montevideo, 1862), resulta electo Manuel Oribe, quien 
asume el 1 de marzo de 1835, renunciando -por la fuerza de las 
circunstancias- el 24 de octubre de 1838. Lo sustituye provisoria- 
mente el Senador Gabriel Antonio Pereira (Montevideo, 1794- 
1861). Rivera, luego de un período de gobierno de facto desde 
noviembre, es reelecto Presidente constitucional a partir del 1 de 
marzo de 1839, desempeñándose hasta igual fecha de 1843. 


SOCIEDAD DE AMIGOS MÉDICOS 


En 1831 se funda en Montevideo la Sociedad de Amigos 
Médicos por iniciativa de Juan Gutiérrez Moreno, José de 
Otamendi, Bernardo Canstatt '” y Luis Chouciño.!*” !% Este 
grupo tenía el propósito de crear un ámbito de intercambio de 
conocimientos. Existen sólo dos actas de sendas reuniones, fe- 
chadas el 28 de junio y el 12 de julio, en las que aparecen dis- 
tintas apreciaciones de los socios; en la segunda se lee y pone a 
consideración el Reglamento; asimismo se deja constancia que 


“El Prof. Dr. Fermín Ferreira, de común acuerdo, se considera 
incluido en el acta N*1 como instalador [fundador] con todas las 
prerrogativas q. marca el artículo 6”. 





192 Bernardo Canstatt habría nacido en Irlanda (según Schulkin, en Alemania) en 
1804; revalida su título ante el Tribunal de Medicina de Buenos Aires; por decreto del 21 
de noviembre de 1838 Rivera lo designa “médico personal” con estipendio especial; hasta 
1842 es Cirujano de la Guarnición de Montevideo; recién en este año registra su diploma 
ante la Junta de Higiene, a la edad de 38 años. Casa en Montevideo con Josefa Remigia 
Carranza y Álvarez de Navia, con quien tiene siete hijos, una de los cuales, Elina, casa 
con Constantino Antonio Lavalleja Monterroso. 

193 Luis Chouciño rinde examen de reválida como cirujano y es aprobado en carácter 
de tal el 28 de mayo de 1829 por un tribunal formado por el Gobierno Provisorio e in- 
tegrado por Previtali y Molina. Más tarde no se le reconoce el título, razón por la cual el 
interesado inicia un juicio contra los examinadores [Ver: Miguel A. Jauregui: El médico 
reprobado. Revista Nacional, 1950; 48(144):366]. Fue médico y miembro de la Junta 
Económico Administrativa de San José. 

194 Gutiérrez Moreno, J. Memorias, 1859: al comienzo se insertan dos actas de la 
Sociedad de fecha 28 junio y 12 de julio de 1831. [Biblioteca Nacional de Montevideo; 
Pérez Fontana, Velarde. op cit; 3:277-284 y Mañé, E y Burgues Roca, S. Publicaciones 
Médicas Uruguayas de los Siglos XVIII y XIX, Montevideo, Of del Libro, 1996:195]. 


102 


RicarDO Pou FERRARI 


Cuando los facultativos pretenden reemprender la tarea en 
1842, fracasan nuevamente debido a las vicisitudes de la guerra 


Grande. 


LLEGADA DE VILARDEBÓ A MONTEVIDEO 


En 1833 arriba a Montevideo “Teodoro Miguel Vilardebó 
(Montevideo, 1803-1857) (Figura 31) luego de doce años de au- 
sencia: Trae el doble título de Doctor en Medicina y en Cirugía 
de la Facultad de Medicina de París, obtenido luego de defender 
sendas Tesis.!” Había nacido el mismo año que Ferreira, uno 
en Montevideo el otro en Bahía. No tejieron una amistad, pero 
al paso de los años, entablaron una cordial relación profesional, 
sostenida en parte por pertenecer ambos al grupo de los médicos 
criollos y españoles, enfrentados a los de otras nacionalidades en 
lo que se ha dado en llamar las € guerras médicas”. 





Figura 31. Teodoro Miguel Vilardebó, daguerrotipo 





195  Vilardebó, T. M. Essai sur les moyens que la chirurgie oppose aux hémorragies traumatiques 
primitives, Paris, Didot jeune éd, 1830 e Ibidem: De Popération de Panévrysme par la méthode de 
Brasdor, Paris, Didot jeune éd, 1831. 


103 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El novel Doctor de París, en carta a su padre, anuncia que 
llegará en breve a Montevideo y entre otras cosas, dice: 


“ 


e visto entre los médicos nombrados para constituir el 
Consejo de Higiene dos nuevos médicos Dr. Fermín Ferreira y Dr. 
Pedro Otamendi [...] de consiguiente, tenemos ya dos enemigos 


más, porque como a tales los miro a todos ellos”. 


Estas líneas son enigmáticas, tratándose quien las escribe 
de un individuo de formación científica y técnica excepcional, 
que nada podía temer de los competidores criollos, salvo por 
las influencias políticas que pudieran tener. Es probable que en 
el núcleo de rioplatenses que Vilardebó frecuentaba en París se 
hicieran comentarios acerca de las malas relaciones entre los mé- 
dicos de Montevideo, y debido a eso, por anticipado, los consi- 
derara un grupo hostil, lo que no se dio en los hechos. 


Ireneo Portela, compañero de estudios de Vilardebó en 
París, a la vez que exalumno del Departamento de Medicina 
de Buenos Aires y por tanto amigo de Ferreira, le escribe a este 
último, presentando al recién llegado: 


“Estas líneas tienen el solo objeto de felicitarlo por el feliz suce- 
so de la llegada de mi amigo Vilardebó, con quien estoy cierto que 
estrechará Ud. una amistad franca que le servirá de consuelo en 
las pellejerías de nuestra profesión y de muralla inexpugnable con 
los malandrines y falaces forasteros. Amigo sans plaisanterie, Ud. 
puede estar seguro de encontrar en este amigo, todas las cualidades 
de tal y todas las de un médico tan recomendable como modesto”. 


Tal recomendación parece haber predispuesto benévola- 
mente al grupo “oficialista” de los médicos. El Gobierno expre- 
sa el propósito de que Vilardebó “ofrezca sus conocimientos para 
ilustrar sobre el cólera”, habida cuenta que su “reputación y carrera 
literaria auxiliaría con suceso las opiniones y procederes del Consejo 


[de Higiene Pública] al informar a la autoridad llegado el caso” .'*% 





196 Schiaffino, R. Vilardebó, op cit: 27. 
197 Ferreira, M. Memorias, op cit: 86. 
198 AGN. Caja 1. Carp 52. Doc 172 y 173, 31 de diciembre de 1833. Nota del Mi- 


nistro de Gobierno Lucas Obes. 


104 


RicarDO Pou FERRARI 


Al expresar el recién llegado la voluntad de rendir el examen de 
reválida, las autoridades lo invitan a presentar una exposición 
sobre el tema antes señalado, que tiene lugar el 3 de enero de 
1834 y es seguida de elogiosos comentarios. El Gobierno decide 


designarlo integrante de dicha corporación.'” 


No entraremos en la consideración detenida de la impor- 
tante y fecunda actuación de Vilardebó en Montevideo, que ya 
ha sido debidamente estudiada. 2 


UN NATURALISTA QUE VIAJA ALREDEDOR DEL MUNDO: CHARLES 
DarwIN ?* 


Entre el 5 y el 26 de julio de 
1832, Charles Darwin (Figura 
32), a bordo del * Beagle”, viaja de 
Río de Janeiro a Montevideo. Se 
desplaza más tarde a Maldonado, 
donde permanece diez semanas, 
haciendo varias excursiones al 
interior del territorio. Después 
de un viaje hacia el sur del con- 
tinente, la expedición retorna al 
Río de la Plata, permaneciendo 
en Uruguay entre el 26 de abril 
y el 6 de diciembre de 1833. 


Darwin explora el litoral oeste, 





donde realiza interesantes obser- 
vaciones. No existe constancia de ningún encuentro con nues- 
tro biografiado. 





199 AGN. Caja 1. Carp 53. Doc 77, 3 de enero de 1834.Admisión de Vilardebó, no 
se le cobra matrícula y hará una disertación sobre el cólera. 

200 Ver: Rafael Schiafino: Vilardebó, op cit; Mañé Garzón, Vilardebó, op cit. 

201 Darwin, Charles. Voyage of a Naturalist. 1839, op cit. 


105 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


EL NÉSTOR FRANCÉS DE LA BOTÁNICA: AIMÉ BONPLAND ?? 


Aimé Bonpland (La Rochelle, 1773-Corrientes, 1858), lue- 
go de haber sido objeto de prisión en el Paraguay por el dictador 
Dr. Gaspar Rodríguez de Francia (Asunción, 1766-1840), se 
hallaba en Corrientes. Allí había formado una familia, era due- 
ño de un establecimiento rural y realizaba investigaciones en 
ciencias naturales. (Figura 33) 


En 1834, Lucas Obes, Ministro universal, emite un decreto 
en los siguientes términos: 


“Habiendo llegado noticias al Gobierno que el Caballero 
Bonpland se halla en la actualidad explorando con diversas apli- 
caciones los territorios de las tierras limítrofes a la República y que 
no sería difícil prometer que el interés de adelantarlos, dilatando 
la obra importante de sus descubrimientos en las Ciencias Físicas 
y Naturales, le atrajesen a este suelo, en donde todavía existen sin 
ninguna mejora los insignificantes ensayos que se practican desde la 
época colonial, ha creído que una invitación que diese a la residen- 
cia eventual de aquel sabio en este País, algún aliciente conciliable 
con el objeto de sus honradas tareas, aumentada con otras aplicando 
un interés fecundo para sus nacientes instituciones, y aún para sus 
intereses individuales, podrían tal vez lograr la aquiescencia bajo 
las bases y demostraciones de recíproca utilidad, que se acordase 
que el Consejo de Higiene Pública a quien autorizaría el Gobierno 
para ser el órgano por donde ellas se le transmitan acompañadas de 
los ardientes deseos que a ellas vinculan”.2% 


Como consecuencia, el Consejo de Higiene acuerda 


“Invitar al Caballero Bonpland |...] ofreciéndole el regentear 
una Cátedra de Botánica y Agricultura y dar cuenta al Gobierno 
de lo ocurrido”. 





202 Bell, Stephen. A life in shadow. Aimé Bonpland in South America, 1817-1858, 
California, Standford University Press, 2010, 320 págs. 
203 AGN, Caja 1. Carpeta 56. Doc 34, 15 de mayo de 1834. 


106 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 33. Aimé Bonpland 


Al mismo tiempo le dirige una nota en estos términos, por 
cierto bastante alejados de la realidad para las circunstancias que 
se vivían, y que eran más bien la expresión de buenas intencio- 
nes, quizás de Vilardebó, soñando en su experiencia parisina: 


“[Planeamos] la erección de un Jardín Botánico bajo la direc- 
ción de U., una Cátedra que le fuera anexa; el establecimiento de 
una Sociedad de Agricultura y la organización de unas excursiones 
científicas a la campaña en la época del desarrollo de la vegetación, 
que al paso que haría conocer numerosos vegetales relevantes para 
las artes y la medicina, familiarizaría a los alumnos con el estudio 
botánico de estos seres, mostrarían los vicios de que adolece nues- 
tra agricultura, generalizando las nociones más racionales de esta 
ciencia entre los habitantes de nuestros campos y promocionando el 


cultivo de muchas plantas exóticas e indígenas de utilidad trascen- 
dental [...]”.20% 


Dado que Vilardebó manifiesta tener vinculación con el 
científico, se le encarga la gestión, que nunca se concreta. Algo 
similar había ocurrido a la llegada de Bonpland a Buenos Aires 
en 1817, cuando Rivadavia le ofreciera una cátedra universitaria 





204 AGN. Caja 1. Carp 56. Doc 34, £.198, 3 de junio de 1834, 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


y que por circunstancias económicas y debido a la tenaz opo- 
sición de Francisco de Paula Rivero, tampoco se hizo realidad. 


El botánico visitó Montevideo en varias ocasiones, por te- 
ner que cobrar allí una pensión otorgada por el gobierno fran- 
cés. Durante la primera de ellas, en 1840, tuvo oportunidad de 
encontrar a varios compatriotas que formaban parte de la flota 
francesa; asimismo, aprovechó para ponerse al día con su co- 
rrespondencia. La segunda ocurrió en 1841; la tercera, en 1850; 
la cuarta -de varios meses- entre 1853 y 1854. La última tuvo 
lugar en octubre de 1855. 


Dato interesante: Ferreira trabó cierta relación con 
Bonpland. En oportunidad de una de las permanencias del pri- 
mero en campaña, al inicio de la Guerra Grande, estando cerca 
de Salto, recibió una carta del naturalista -único documento 
conocido que los vincula- que dice así: 


“Salto, Enero 2 de 1841. 
Sr. Dr. D. Fermín Ferreira 
Estimado Doctor: 


Tengo el gusto de remitir a Ud. algunos graphit [2], aunque 
bastante maltratados, pero que suplirán a la falta absoluta en que 


Ud. se halla de ellos. 


Aprovechando la buena ocasión que me proporciona el Sr. 
Comandante Tolosa para remitírselos. 


El día 5 sin falta saldré de Bella Vista para Montevideo en 
compañía de D. Juan Rivero que es uno de los fundadores de la 
importante Estancia del hervidero. Si en algo le puedo ser útil déme 
sus órdenes y sea seguro de que las cumpliré con gusto y con la mayor 
exactitud. 


Tenga Ud. la bondad de ofrecer mis respetos a S.E. y reciba 
Ud. la expresión reiterada del más sincero afecto. 


Soy de Ud. el más afectísimo servidor QBSM, Amadeo 
Bonpland.” 2? 





205 Ferreira, Mariano. Memorias, op cit: 53-54. 


108 


RicarDO Pou FERRARI 


UN CIRUJANO VASCO-NAVARRO DE PASO POR MONTEVIDEO 


Hacia mediados de la década de 1830, un cirujano español 
que buscaba fortuna en América del Sur, ejerció sucesivamente 
en Montevideo, Argentina, Chile, Perú y Cuba. De la compara- 
ción entre su actuación quirúrgica y la de los cirujanos locales, 
pueden sacarse algunos datos interesantes. Mientras estos últi- 
mos, algunos con muy buena preparación -caso de Vilardebó 
por ejemplo-, enfrentados a enfermos graves se reunían en jun- 
tas y optaban en general por emplear métodos conservadores 
(podría hablarse de una modalidad de “medicina expectante”), 
este otro profesional los encaraba, consciente de los riesgos que 
corría, pero asumiendo que de este modo brindaba al enfermo 
la única oportunidad de salvar la vida, por medio del uso de 
métodos quirúrgicos relativamente cruentos (“medicina de ac- 
ción” o “agissante”). 

Estamos hablando de Cayetano Garviso (Sumbilla, Navarra, 
1807- ?, post-1871). Formado primero en la práctica junto a su 
padre Pedro Antonio y a su hermano Martín Francisco- am- 
bos cirujanos-, luego en el Real Colegio de Medicina, Cirugía 
y Farmacia de Pamplona, completó la preparación en la Real 
Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona. Tuvo también 
experiencia en cirugía militar durante parte de la Primera Guerra 
Carlista (1833-1836). Las circunstancias propias de su aprendi- 
zaje quizás le brindaron una mentalidad “arriesgada”. Leyendo 
sus publicaciones, da la impresión que tiene confianza en la ci- 
rugía, que la ejerce con seguridad, empleando recursos elabo- 
rados, que se acercan a lo que se ha llamado la “nueva cirugía”. 


El 27 de enero de 1837 revalida el título el Cirujano ante 
la Junta de Higiene Pública. Es autor de los primeros trabajos 
científico-médicos originales publicados en Uruguay. 





206 Gil Pérez, Juan Ignacio. La obra de Cayetano Garviso (1807-post-1871). Cirujano 
vasco-navarro liberal en América, Barcelona, Publicacions del Seminari Pere Mata de la 
Universidad de Barcelona, 2001, 172 págs. 


109 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El primero de ellos se titula Memoria de un aneurisma y 


ligadura de la arteria ilíaca primitiva”;?” el segundo, “Historia de 


una gastro-peri-histero-cistostomiía” 3% el tercero, “Historia de una 
metrotomía o resicción del cuello uterino canceroso”? y el cuarto, 


“Suscinta historia de un aneurisma”. 


Los mismos han sido abordados por historiadores de la 
cirugía del Uruguay, en especial Juan Ignacio Gil Pérez. Sólo 
cabe subrayar que en el caso del aneurisma, la ligadura de la 
arteria ilíaca primitiva se practica por medio de una laparotomía 
transperitoneal, siendo la primera intervención quirúrgica de 
esta naturaleza de la que se tiene noticia en el medio. Con res- 
pecto a la “gastro-peri-histero-quistostomía”, puede afirmarse que 
con ella afrontó un problema clínico difícil, de larga evolución, 
que amenazaba gravemente la salud de la paciente, para cuya 
solución recurre al drenaje trans-rectal primero y al trans-parie- 
tal después. Este último lo realiza en dos tiempos: creación de 
adherencias entre el quiste y la serosa parietal primero en forma 
tal de evitar la apertura de la cavidad peritoneal libre y evacua- 
ción del contenido en segunda instancia, sorteando de ese modo 
el riesgo de la infección; era un recurso antiguo, atribuido a 
Béguin, Récamier o Dupuytren. 


Debe señalarse que todas las operaciones fueron ejecuta- 
das antes de disponer de anestesia general y en época previa a 
la antisepsia listeriana, tiempos en que las cavidades corporales 
eran antros vedados para el cirujano sin correr graves riesgos 
de infección, hemorragia y muerte. Garviso, en un pasaje de 
su obra, justifica su arrojo diciendo que en una ocasión había 
visto, mientras ejercía con su padre, a un hombre corneado por 
un toro cuyas vísceras arrastraban por el suelo, las que le fueron 





207  Garviso, Cayetano. Memoria de una aneurisma y ligadura de la arteria ilíaca pri- 
mitiva, Montevideo, Imp de la Caridad, 1838, 40 págs. 

208  Garviso, Cayetano. Disertación o Historia de una gastro-peri-histero-gastrotomía, 
Montevideo, Imp. de la Caridad, 1839, 24 págs. 

209 Garviso, Cayetano. Historia de una metrotomía o resicción del cuello uterino 
canceroso, Montevideo, Imp. de la Caridad, 1840, 23 págs. 

210  Garviso, Cayetano. Suscinta historia de un aneurisma y ligadura de la arteria ilíaca 
primitiva, practicada y curada, Montevideo, Imp. de la Caridad, 1843, 13 págs. 


1IO 


RicarDO Pou FERRARI 


reintegradas y que, pese a todo, había sobrevivido; lo mismo 


que otros cinco casos “propios de [su] práctica” 2" 


De estas intervenciones, al igual que la resección por vía 
vaginal de un carcinoma exofítico del cuello uterino, fueron tes- 
tigos y ayudantes varios cirujanos montevideanos, entre ellos, 
en una ocasión, Ferreira (en la Egastro-peri-quistotomía”) y en 


todas ellas, Vilardebó. 


Esta aparente disociación entre dos modos de practicar la 
cirugía puede comprenderse mejor a la luz de los conceptos más 
detallados, que se exponen a continuación, sobre la práctica en 


la primera mitad del siglo XIX.** 


MEDICINA EXPECTANTE Y MEDICINA “AGISSANTE” 


Según los datos disponibles (registros hospitalarios, rece- 
tarios de boticas, memorias de médicos), los actos quirúrgicos 
habituales consistían en drenajes de procesos supurados, extrac- 
ciones dentarias, reducción de luxaciones y fracturas, coloca- 
ción de vendajes y ventosas, realización de sangrías, empleo de 
sanguijuelas, aplicación del cauterio, sinapismos, sedales, los 
vesicatorios, enemas, etc. 


En esta época prepasteuriana, los cirujanos contaban con 
pocos y malos desinfectantes, magros calmantes, escasos recur- 
sos terapéuticos, procedentes en su mayoría del reino vegetal. 
Las complicaciones que ocurrían a consecuencia de las interven- 
ciones les hacían evitar las operaciones importantes, tal como las 
amputaciones. Éstas eran la excepción, como se prueba por el 
hecho de que, cuando se realizaban, eran publicadas en la pren- 
sa o en revistas médicas. ?'* 





211  Garviso, Cayetano. Memoria de un aneurisma, Op cit. 

212 Ver: Olivier Faure. Histoire sociale de la Médecine (XVIII-XXeéme Siécles), Paris, 
anthropos historiques éd, 1994, 272 págs. 

213 Por ejemplo, la amputación de un miembro superior por desarticulación escápu- 
lo humeral, realizada por José Pedro de Oliveira en la persona del Capitán de Fragata 
Greenfel, el día 17 de agosto de 1826. La misma aparece en la prensa de Río de Janeiro 
“Spectador Brasileño” y “Astrea”(Ver: Rafael Schiaffino. Historia de la Medicina en el 
Uruguay, op cit; 3:586). 


111 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Es una realidad a tener muy presente que los cirujanos 
procuraban hacer lo menos cruento posible y procurar el for- 
talecimiento del organismo del enfermo, para que de ese modo 
actuara más eficazmente la “fuerza medicadora de la naturaleza”. 


Se conducían con prudencia, sin dejar por eso de actuar; 
c“ . »”» ... 

procuraban “derivar” los procesos morbosos fuera del sitio don- 
de estaban localizados, merced a los procedimientos antes men- 
cionados, siguiendo los principios de la “medicina fisiológica” 
de Broussais, los que ya estaban tácitamente presentes desde las 
épocas remotas, la hipocrática por ejemplo, de la que dispone- 
mos de un notable y extenso “corpus”. 


Cuando se estudia la cirugía y los cirujanos de la primera 
mitad del siglo XIX, es difícil no asimilar tales términos a su 
actual significado; la cirugía consiste hoy en operar, drenar, ex- 
tirpar, sustituir, reconectar, destapar, etc.; entonces era, más que 
nada, esperar. 


La mentalidad, tan distinta, mínimamente intervencionista 
de entonces queda bien en claro en las advertencias sobre el “ar- 
te quirúrgico” de Louis-Vincent Cartier (Lyon, 1769-1839):2* 


“Un arte que se vuelve el más bárbaro de todos si no es el 
más humano, el más ciego si no está fundado sobre nociones 
precisas y muy claras [...] Es preciso desconfiar de la seguridad de 
la mano del operador que esconde muy a menudo la audacia y la 
temeridad”. 


Contemporáneo del anterior, Louis Janson (Lyon, 1787- 
1870), formula las siguientes salvedades sobre las diferentes va- 


riedades de “operaciones” a las que puede recurrir el cirujano:?'? 


“Es un cuadro preocupante sin duda pero sin embargo nece- 
sario, el de los medios extremos que hemos empleado cuando todos 
los otros han sido insuficientes; estoy hablando de las operaciones”. 





214 Cartier, Louis-Vincent. Précis d'observations de chirurgie faites a ' Hótel-Dieu de 
Lyon, Reymann éd et Paris, Périsse éd, 1802, 243 págs. y De Pesprit qui doit diriger le 
manuel des opérations de chirurgie, Lyon, Cutty éd. 1804, 18 págs. 

215  Janson, Louis. Comptes rendu de la pratique chirurgicale a 'Hótel-Dieu de Lyon 
pendent les annés 1818, 1819, 1820, Lyon, Arnaud éd, 1822, 83 págs. 


112 


RicarDO Pou FERRARI 


En otras palabras, el cirujano procura operar en las ocasio- 
nes en que no cabe hacer otra cosa; antes, debe desplegar todos 
los recursos “del arte” con el objetivo de “curar las enfermedades 
quirúrgicas” sin necesidad de recurrir a las “maniobras”. 


En ese sentido, expresa Janson lo siguiente: 


“El número de operaciones, comparado al de los enfermos, ha 
disminuido mucho porque las enfermedades son mejor tratadas y 
las afecciones quirúrgicas degeneran menos a menudo en casos de 
operaciones [...] La mayoría de las hernias sanan por reducción sin 
necesidad de recurrir a una operación, [hay menos] necrosis secun- 
dando los esfuerzos de la naturaleza que agitando los huesos a golpes 
de gubia y de martillo, [menos] ántrax con cataplasmas emolientes 
que abriendo el tumor.” 


Las trepanaciones casi habían desaparecido. Entre las poco 
numerosas operaciones, las más frecuentes eran las de catarata, 
las por hernia estrangulada y la Foperación de la piedra”, “la más 
bella y la más racional de todas las de la cirugía”. 


Coincidiendo con la introducción de la anestesia, los ciru- 
janos retoman algo de confianza en su oficio, y es el momento 
en que encaran la corrección de ciertas deformaciones corpo- 
rales mediante la sección de músculos o tendones (estrabismo, 
miopía, pie bot). La anestesia, resistida fuertemente por algunos 
médicos y cirujanos -entre ellos, el gran Magendie-, no cambió, 
como hubiera cabido esperar, la actitud “prudente” de los ci- 
rujanos; si bien se incrementa el de las intervenciones menores 
(traqueotomía, por ejemplo), no aumenta el número de las ma- 
yores (amputaciones y otras). 


Los casos graves, como los que trata Garviso, a veces se pre- 
sentaban, aunque es difícil apreciar su frecuencia. Sufrir y morir 
formaban parte del “designio” que no justificaba poner en juego 
esfuerzos extraordinarios, es decir, desproporcionados respecto a 
sus posibilidades de éxito. Nuestros cirujanos no eran pusiláni- 
mes, ni su actitud conservadora; no constituían una excepción a 
la regla entre sus contemporáneos de otras latitudes; más bien, sí 


113 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


lo era la de este cirujano “golondrina” que dejó, por tener dicho 
temperamento, enseñanzas valiosas. 


Mucho antes de Lister, se usaban los desinfectantes más di- 
versos (alcohol alcanforado, aguardiente mentolado, glicerina, 
permanganato de potasio, soluciones cloradas, vinagre), tam- 
bién vendajes y oclusiones para “contener” la infección, aislando 
la herida del medio exterior. 


Las antiguas recetas provenientes de la Materia médica, en 
su mayoría empíricas y poco eficaces, continuaban empleándo- 
se, apoyadas en la tradición; entre ellas, tisanas, plantas diuréti- 
cas, purgantes, vermífugos. Con frecuencia y buenos resultados, 
se recurría a los escasos aportes de la farmacopea vegetal de ac- 
ción específica reconocida (quinina, digital, opio, belladona). 


Seguían practicándose las sangrías y sus variantes (vento- 
sas), pero la gran “estrella” son las sanguijuelas, puestas de moda 
por Frangois-Joseph Victor Broussais (St. Malo, 1772 - Vitry- 
sur-Seine, 1838), cuyo número (cuatro decenas de millones en 
Francia en 1833) y costo se incrementó exponencialmente en la 


primera mitad del siglo XIX. 


En el caso de la cirugía de guerra, las actitudes de los ci- 
rujanos no eran diferentes, sólo que se enfrentaban a una masa 
enorme de enfermos críticos que, o bien dejaban morir en el 
campo de batalla o los sometían a procedimientos agresivos, con 
resultados igualmente malos que en la práctica civil. Algunos 
sobrevivían, para su propio beneficio y, más que nada, para au- 
mentar el renombre y gloria de los cirujanos. 


Es oportuno citar, a modo de conclusión, la siguiente afir- 
mación de Olivier Faure: 


“Esta cirugía repara más o menos bien, aún si deja detrás de 


sí numerosos semi-válidos, capaces, sin embargo, de asegurar su so- 


brevida” 21% 





216  Faure, Olivier, op cit: 109. 


114 


CAPÍTULO IX 


LA SANIDAD EN LOS PRIMEROS TIEMPOS 
DE LA REPÚBLICA 


a escasa eficacia para curar la enfermedad declarada, 

hace que los médicos se vuelquen a estudiar con ahín- 

co su prevención. Eso justifica el gran desarrollo de 

la higiene pública, surgida como doctrina en Viena 
con la enseñanza del “padre de la Medicina social”, Johann Peter 
Frank (Alemania, 1745-Austria, 1821) y en Francia con la crea- 
ción de las cátedras de Higiene en torno a 1745, profesadas 
por Jean-Noél Hallé (Paris, 1754-1822), Francois-Emmanuel 
Fodéré (Maurienne, 1764-Estrasburgo, 1835) y Jean-Antoine 
Chaptal (Montpellier, 1756-Paris, 1832). 


Muchos autores han señalado que el “higienismo” está rela- 
cionado -si bien no existe una relación directa-, con la prédica y 
aplicación de criterios morales (de conducta), reformas sociales 
(condiciones de trabajo, de habitación, de alimentación), mo- 
dalidades económicas (capitalismo, libre comercio), decisiones 
políticas (organizar una sociedad más equitativa). En muchos 
de estos aspectos, los médicos están involucrados como conseje- 
ros o realizadores y de ese modo adquieren cierto ascendiente y 
poder, el famoso “poder médico”, que a comienzos del siglo XIX 
aún no es evidente -al menos en nuestras latitudes-, puesto que 
los profesionales actúan como funcionarios de mediana jerar- 


115 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


quía, que más bien obedecen que mandan. Sólo ocasionalmente 
se los ve en calidad de guías, hecho que se hará más notorio 
hacia la mitad del siglo y evidente a comienzos del siguiente, en 
que casi no hay aspecto de la vida humana que no pase por la 
iniciativa, autorización y control del médico. 


Frank ya había mencionado que las malas condiciones de 
vida, derivadas del nivel socio económico (“la miseria”, resumía 
él), estaban en la base de la mayoría de las enfermedades. Estos 
factores externos merecieron, cada vez más, la atención de los 
gobiernos, con éxito variable. 


En nuestras latitudes la realidad se caracterizó, en la prime- 
ra mitad del siglo XIX, por los siguientes rasgos: población esca- 
sa, pocos y pequeños asentamientos urbanos, aceptable acceso al 
alimento, fuentes de trabajo adecuadas, pirámide demográfica 
de amplia base, alta natalidad, gran mortalidad -especialmen- 
te neonatal e infantil- (características propias de las “sociedades 
pretransicionales”), elevado analfabetismo, exiguos recursos sa- 
nitarios, evidente influencia de la medicina no tradicional (con- 
tra la cual lucharon sin tregua los diplomados). 


La situación urbana estuvo marcada por estos elementos 
relacionados con la higiene: métodos primitivos de suministro 
de agua potable (cuando reunía estas condiciones), ausencia o 
escasez de sistemas de evacuación de aguas servidas y de disposi- 
ción de residuos, mala calidad de las casas habitación, un míni- 
mo de calles empedradas, alto número de animales coexistiendo 
con los seres humanos en la ciudad, hábitos muy mediocres de 
higiene privada, enterramientos en las iglesias o cementerios en 
medio de la ciudad. Esos fueron hechos por los cuales bregaron 
los médicos durante décadas. 


Las guerras ocasionaban, lo mismo que las epidemias y las 

8 q ny 

hambrunas, “crisis de mortalidad”, que pueden definirse como 
q 

< incrementos importantes de las defunciones que se dan en forma 


116 


RicarDO Pou FERRARI 


brusca y por un período relativamente corto (meses a un par de 


años)”.2" 


A eso se agrega las condiciones meteorológicas, no siempre 
favorables en ciertas estaciones (o por exceso de frío o calor, 
o por lluvias abundantes, con su consecuencia, la abundancia 
de mosquitos), que fueron cuidadosamente estudiadas por los 
médicos europeos llegados a Uruguay a mediados del siglo XIX, 
. . . .. c“ . »”» 
siguiendo la tendencia trazada por la medicina “humboltiana” o 


“meteorológica”, característica del romanticismo. ?'* 21? 


Pueden aún sumarse “condiciones especiales” como la ma- 
siva y prolongada inmigración ocurrida hacia el Río de la Plata a 
partir de 1830 (por condiciones desfavorables en el sitio de sali- 
da y facilidades en el de llegada; o bien durante el Sitio Grande, 
cuando se acumularon decenas de miles de personas en pocas 
manzanas). Esta afluencia dio lugar a un *desacomodo” de la 
población urbana por el aumento brusco del número de habi- 
tantes, creación de condiciones de hacinamiento en viviendas 
de pésima condición, malas condiciones de trabajo, ingreso de 
portadores (o sufrientes) de enfermedades contagiosas, el acre- 
cimiento de las relaciones sexuales casuales o clandestinas, con 
el consiguiente aumento de las enfermedades de transmisión se- 
xual y su contagio a la población local (tratándose Montevideo 
de un puerto a donde llegaban hombres solos de las más diversas 
procedencias y condiciones, este era un serio problema, del que 
no se hablaba públicamente). 


Las continuas revueltas y guerras, con el movimiento de 
grandes grupos humanos, de diversos orígenes, que permane- 





217 Pollero, Raquel. Cien años de enfermedad y mortalidad en Montevideo (1760- 
1860). Trabajo presentado en las TX Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias 
Sociales, Montevideo, 13-15 de setiembre de 2010, consultado en: cienciassociales.edu. 
uy, 12 de enero de 2017. 

218 Martin de Moussy, Jean- Antoine-Victor. Algunos apuntes sobre la constitución 
meteorológica y médica y sobre la mortalidad del año 1853, An Soc Med mont, Mon- 
tevideo, 1853 e Ibídem. Ensayos sobre la Topografía Física y Médica de la ciudad y 
departamento de Montevideo, El Plata Científico y literario: revista de los Estados del 
Plata, 1855: 57. 

219 Brunel, Adolphe. Condiciones sobre Higiene y observaciones relativas a la ciudad 
de Montevideo, Montevideo, La Reforma Pacífica ed., 1862, 389 págs. 


117 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cían aglomerados y sometidos a situaciones higiénicamente 
desfavorables (clima, alimentación, estrés, esfuerzo físico, sueño 
insuficiente, exceso de alcohol), fue otro factor de “desequilibrio 
sanitario”. 


Los que hemos enumerado son influencias que, directa o 
indirectamente, inciden sobre la salud y la enfermedad. Algunas 
son gobernables, otras escapan a todo control. Los médicos de 
la primera mitad del Siglo XIX insistieron mucho sobre el me- 
joramiento de las condiciones edilicias de las ciudades (la ven- 
tilación de sus casas, el empedrado de las calles, la construcción 
de caños maestros, la circulación de animales, el suministro de 
agua, la evacuación de los residuos, la ubicación de los cemen- 
terios), el aseo personal y la limpieza en el ámbito doméstico, la 
moderación en la comida, la bebida, el ejercicio, precauciones 
con la sexualidad, aumento de la instrucción. 


Todo eso contribuyó favorablemente, pero las enfermeda- 
des agudas, intercurrentes, que producían epidemias, muchas 
veces inesperadas, eran las que ocasionaban grandes desastres, 
aparte de las raras catástrofes climáticas. 


En lo que precede y sigue no se habla de dos grandes ame- 
nazas para la salud, que por no ser siempre evidentes, pero más 
que nada, por ir cargadas de prejuicios que hacen de sus porta- 
dores seres que deben ser segregados de la sociedad, evitados o 
encerrados en hospitales, más para vigilarlos que para tratarlos, 
puesto que la medicina tardó aún varios decenios en ofrecer al- 
gún recurso válido en ese sentido: nos referimos a la sífilis y a la 
tuberculosis. 


La gran causa de enfermedad y muerte, hasta cierto pun- 
to evitable, era la viruela, endémica con empujes epidémicos. 
Primera causa de muerte, especialmente entre los niños, tanto 
en aglomeraciones urbanas, las poblaciones aisladas de la cam- 
paña (personas carentes de toda inmunidad), como durante los 
desplazamientos provocados por las revoluciones y las guerras 
(que ponían en contacto poblaciones diversas y de orígenes 
distantes). Sin perjuicio de notificaciones anecdóticas previas, 


118 


RicarDO Pou FERRARI 


fue la publicación de Edward Jenner (Berkeley, 1749-1823) de 
1798 sobre su experiencia con el “cow pox”, la que determinó 
la difusión inicial de la variolización, en Europa primero y en 
América después. Ésta última se implementó a través de la Gran 
Expedición Filantrópica de la Vacuna [1803-1810], dirigida 
por el médico militar español Francisco Javier Balmis (Alicante, 
1753-Madrid, 1814), que no llegó al Río de la Plata, pero cuyo 
producto (“la linfa vaccinal”) arribó por vía indirecta desde Río 
de Janeiro a Montevideo en 1805. 


Los avatares de la aplicación de este recurso han sido sufi- 
cientemente estudiados como para repetirlos. 


“El 12 de marzo de 1829, Juan Gutiérrez Moreno presenta un 
plan de conservación y propagación de la Vacuna y pide le dispense 


protección” 2! 


El 21 de agosto, la Asamblea General Constituyente “2u- 
toriza al gobierno para invertir la suma de mil pesos anuales en los 


gastos que demande el establecimiento de la vacuna” 2 


Es preciso destacar la perseverancia de algunos médicos ru- 
rales -como fue el caso de Francisco Martínez- o de maestros 
de escuela, sacerdotes y estancieros, en hacer campañas de va- 
cunación en el interior del territorio. Ante la escasez de mate- 
rial proveniente de vacunos, se obtuvo linfa a partir de pústulas 
inducidas (“persona vaccinífera”), transmitiéndola a los sanos 
por el método “brazo a brazo”, con los inconvenientes que ello 
conllevaba. Luego se emplearon los €cristales”, laminillas super- 
puestas que resguardaban entre ellas hilos impregnados de suero 
“vaccinal”, que se humedecían antes de usar. Finalmente, se usó 
el suero, importado primero y elaborado localmente después. 
Discusiones de todo tipo con referencia a la obligatoriedad de 





220 Jenner, Edward. An inquiry into the causes and effects of variolae vaccinae, a 
disease discovered in some of the western counties of England, particularly Gloucesters- 
hire, and known by the name of the cow pox, London, School of Hygiene and Tropical 
Medicine, Wood, ed, 1798, 103 págs. 
221 Pérez Fontana, V. op cit; 3: 270. 
222 Pérez Fontana, V. op cit; 3: 270. 


119 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


la vacunación, prosiguieron hasta inicios del siglo XX. % Debe 
tenerse presente que en el curso de 1839 la Junta de Higiene 
se propuso enfrentar el tema, siendo Vilardebó el autor de una 
reglamentación al respecto, discutida y aprobada con gran res- 
ponsabilidad. Por ella se creaba una “Administración Central 
de la Vacuna.2* Veremos en su oportunidad que el tema de la 
vacunación y revacunación continuó discutiéndose en el seno 
de la Sociedad de Medicina montevideana. 


El otro azote que determinó gran mortalidad, y que inva- 
dió Europa a comienzos de la década de 1830 desde Oriente, 
fue el cólera, que recién produjo la primera gran epidemia lo- 
cal luego de la Guerra de la Triple Alianza, en 1867 y 68. Esta 
enfermedad sustituyó a la desaparecida peste y desconcertó a 
higienistas y médicos prácticos por los sitios impredecibles de 
aparición, la rapidez de su evolución -generalmente mortal- y de 
su propagación, así como por la ausencia de un patrón demo- 
gráfico en cuanto a sus víctimas. Bien evidente desde el punto 
de vista clínico en sus diferentes etapas, sin etiología conocida 
-hasta el hallazgo del Vibrión colérico en 1882-, dio lugar a una 
discusión que perduró décadas. Fue ésta el enfrentamiento en- 
tre los que consideraban el cólera una enfermedad “contagiosa” 
y aquellos que le reconocían un carácter “infeccioso” pero no 
“contagioso”. En base a la primera posición se propendió a la 
instalación de cordones sanitarios, cuarentenas, lazaretos y un 
sistema de patentes para las naves y mercaderías. Estas medi- 
das fueron todas aplicadas en Uruguay. La misma conllevaba 
limitaciones en el movimiento de las personas y el comercio, 
por lo que los “liberales” la percibieron como incompatible con 
la libertad que propugnaban. De allí que el movimiento inte- 
lectual estuvo en contra del “contagio” y a favor de la “infec- 
ción”. En la primera concepción jugaban las emanaciones del 
aire (miasmas) provenientes de sustancias en descomposición; 
en consonancia con esta visión estuvo la tradición “aerista” y la 





223 Soca, Francisco. Discurso sobre vacunación obligatoria en 1910; en: Selección 
de Discursos, Montevideo, Colección de Clásicos Uruguayos, 1972; 144 (3): 96-206. 
224  Schiaffino, R, Vilardebó, op cit: 74-75 y Mañé Garzón, E Vilardebó, op cit.:283. 


120 


RicarDO Pou FERRARI 


medicina fisiológica. En tal contexto socio político, anunciar 
una epidemia de cólera, implicaba la creación de un estado de 
anarquía y gran riesgo de revueltas populares. Se explica así que 
la información fuera manejada públicamente con prudencia y 
que ante el hecho comprobado, actuaran “comisiones sanita- 
rias”, a través de un conjunto de “exhortaciones”, como fueron 
las dadas en Montevideo en ocasión de la epidemia de escarlati- 
na, en que Vilardebó reprodujo las medidas que había visto usar 
en Viena para el cólera. Si se consultan las fuentes del Archivo 
General de la Nación, en varios documentos, pertenecientes a 
épocas diversas, hay aviso de casos de cólera en puertos cercanos 
o sospecha de esa enfermedad en el territorio, la mayoría de las 
veces no corroborados. 


“El cólera es un excelente revelador de la manera de funcionar 
la medicina en la primera mitad del siglo XIX. La observación no 
conduce irremediablemente a la buena hipótesis, tal como prueba 
el éxito de la doctrina infeccionista. Sin embargo, la verdad es- 
tá próxima al error. Si hay oposición entre infección y contagio y 
solución de continuidad entre estos dos temas y el contagionismo 
post-pasteuriano, las tres doctrinas no son de naturaleza radical- 
mente diferente. Lo que falta a los médicos de inicios del siglo XIX 
en relación a los pasteurianos, es la capacidad de aislar los gérmenes 
(contagio) o los miasmas (infección de los que hablan. No se debe- 
ría tampoco subestimar las virtudes del fracaso. El cólera es para 
la medicina un juez de paz implacable, pero las dudas que en ella 
despierta son también agentes de cambio [...] De modo ejemplar, el 
cólera demuestra que la medicina y los médicos no actúan jamás de 
manera independiente de la sociedad que los rodea y de las reglas 
múltiples que la modelan”. Y 


El otro flagelo que sí hubo de tener más inmediatas re- 
percusiones y de gran envergadura, fue la fiebre amarilla, con 
la gran epidemia de 1857, para la que caben casi las mismas 
observaciones que terminan de formularse en cuanto al cólera. 





225  Faure, Olivier, op cit: 151-152. 


121 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Enfermedades que también tuvieron incidencia, aunque 
de menos importancia, fueron el beri-beri (durante el inicio del 
Sitio de Montevideo), la escarlatina, la difteria, la tifoidea, las 
gastroenteritis, las infecciones respiratorias agudas, etc., que si 
bien nosológicamente identificadas, no eran de fácil diagnóstico 
clínico, el único disponible, ya que el otro, el autópsico, no re- 
sultaba factible en condiciones de alarma ni poseía especificidad 
suficiente. 


La HIGIENE PÚBLICA EN LOS INICIOS DEL ESTADO ORIENTAL 


Como tímida manifestación local de las ideas dominantes 
del “higienismo” en los países europeos, el 15 de mayo de 1829 
se crea en Montevideo la “Junta Conservadora de la vacuna”, 
por decreto firmado por Rondeau y Rivera, la que tres días des- 
pués queda integrada por Juan Gutiérrez Moreno (en calidad de 
presidente),? José Previtali 27 y Salvador García. En octubre se 
establece la obligatoriedad de vacunar a los niños que vayan a 
ingresar a la escuela (que era una minoría, y sólo urbana). 


El 10 del mismo mes y año -ya Ferreira instalado en 
Montevideo-, se nombra una “Comisión de Higiene Pública”, a 
la que se incorpora la anteriormente aludida. Dice textualmente 
esta disposición: 





226 Había estudiado en la Real Academia de Cirugía de la Armada de Cádiz. Se em- 
barca en una goleta, arribando al Río de la Plata. En Montevideo revalida su título. Casa 
con Lorenza Moxica; una hija de este matrimonio contrae enlace con Angel Canaveris. 
Obtiene su nacionalidad oriental en 1830. 

227 Giuseppe Previtali Perego, nació en Brembate (Filago, Berga). Se graduó con ho- 
nores en la Universidad de Pavía en 1802, donde ejerció la medicina y realizó investi- 
gación científica, de la que es testimonio un trabajo suyo sobre la hidrofobia. [Previtali 
Vázquez, Raúl. “La arqueología lingiística en el calle Imagna: origen de un clan sahariano 
celta ligur: prebitale-previtalibus-previtale”, Montevideo, Linardi y Risso, 2007]. Durante 
la lucha contra el invasor austríaco, fue descubierto y perseguido, junto con su esposa, 
María Scotti, acusado de proteger y dar asilo a estudiantes revolucionarios requeridos y 
condenados a muerte por la policía austríaca [Garibaldi, Pub An Asoc Cult Garib, Mon- 
tevideo, 2000; 96:11, 12 y 187]. Terminó ejerciendo la profesión en Montevideo, desde 
antes de 1825, registrando su título ante la Junta de Higiene Pública el 29 de enero de 
1838. Se le concedió la ciudadanía en 1830. Enviudó y volvió a casarse en Montevideo 
con María Inés Alcain y Larrañaga [Rev Inst Est Geneal Urug, 2005; 29-31: 159]. 


122 


RicarDO Pou FERRARI 


“Atento cuanto debe al estado de abandono en que yacen todos 
los objetos concernientes a la salud pública y la necesidad de poner 
este ramo bajo la tutela del saber y la experiencia, ahora particu- 
larmente que comienzan a regularizarse los trabajos estadísticos de 
la República Oriental, el Gobierno provisorio de ella ha acordado 
y decreta: 


Art. 1% Habrá una Comisión facultativa de Higiene 


Pública. 
Art. 20, El médico de ciudad [Médico de Policía] propondrá 


los sujetos que crea más aptos para constituirla, y los asuntos que 
deban ocuparla con preferencia. 


Art. 39 En cada Departamento habrá un socio corresponsal 


de la Comisión de Higiene Pública. 


Art. 40, La Comisión formará sus estatutos, sujetos a la censura 
y aprobación del Gobierno. 


Art. 5%. La Junta de la vacuna queda incorporada a la 
Comisión de Higiene Pública. Comuníquese, etc., Rondeau- 


Fructuoso Rivera”.?% 


Poco después, 


“El 30 de noviembre de 1829 el Gobierno acepta la pro- 
puesta del médico de la ciudad Don Juan Gutiérrez Moreno de 
fecha 23 del corriente, para lo concerniente a los profesores Molina, 
[Francisco] Cordero y Ferreira, que deben componer el Consejo 
Médico, a quienes comunica esta resolución y convocará particu- 
larmente de la materia [para que] acuerden y propongan el plan 
de trabajo en el que deberá establecerse las operaciones de Policía 
Médica y los trabajos de Higiene Pública”.22 


Bajo el Gobierno Provisorio de Lavalleja, el 30 de julio de 
1830, se crea la “Comisión de Higiene”, que el 12 de agosto 
queda integrada del modo siguiente: Juan Cayetano de Molina 





228 Alonso Criado, Matías. Colección legislativa de la República Oriental del Uru- 
guay, Montevideo, 1876; I: 106-107. 
229 Pérez Fontana, V. op cit; 3: 270: Alude a un documento existente en el AGN, caja 
789, que no hemos podido localizar. 


123 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Sotelo,?% José Pedro de Oliveira,%* Francisco de Paula Rivero 
[véase que de su encumbrada posición en Buenos Aires, se ha- 
llaba ahora en Montevideo, de donde volvería a la capital ar- 
gentina en plena época de Rosas] y el químico Alonso González 
Vizcaíno (Montevideo, ¿-?). Dice Schiaffino al respecto: 


“Era un error profundo el del Gobierno, el incluir en el tri- 
bunal de los títulos al jefe de uno de los bandos en lucha [se refiere 
a los enfrentamientos llamados “guerras médicas”), como lo era 
Oliveira, y más aún, sin contrapeso, puesto que no podía conside- 
rarse como tal, a Don Juan Cayetano de Molina, respetable figura 
octogenaria [...] No lo era tampoco Francisco de Paula Rivero |...] 
De inteligencia y aptitud reconocida, era por otra parte reconocido 
también [por] su orgullo, su intemperancia y sus agresividades en 
ambas márgenes del Plata [...] Y no podía ser tampoco una valla 
para contener las venganzas de Oliveira, González Vizcaíno, farma- 
céutico acreditado y bien conceptuado socialmente, pero que además 
de ser extraño a las cuestiones entre cirujanos, su carácter pacífico y 
su avanzada edad, lo inducían a dejar hacer a los demás”. 


Y, como era de prever por lo que venimos de decir, el 
15 de setiembre de 1830, se dicta otro decreto, complemen- 
tario del anterior, firmado por Lavalleja y Juan Francisco Giró 
(Montevideo, 1791-1863), con referencia al “Consejo de 





230 Juan Cayetano [Sánchez] de Molina había llegado a Montevideo en 1777 con las 
tropas del Virrey Ceballos; habría sido el iniciador, conjuntamente con Francisco Giró, 
de las primeras inoculaciones antivariólicas en tres esclavos. Molina casó con María Fe- 
liciana Duarte Pelisa. 

231 De Oliveira (Portugal, 1781- Montevideo, 1852) dice Eliseo Cantón que “fue lo 
mejor que dejaron los portugueses luego de la ocupación” de nuestro suelo. En efecto, te- 
nía una buena formación médica que había realizado en la Universidad de Porto (Portu- 
gal), vasta experiencia en medicina de guerra y capacidad para la organización. Durante 
la ocupación luso-brasileña desempeñó las tareas propias del Protomédico, figura enton- 
ces abolida; en 1826 realizó exitosamente una amputación de brazo por desarticulación 
escápulo humeral. Casó con una oriental de buena familia, Rosa María Gómez Durán 
(n. 1808), hija de Juan Ventura Gómez de Arce (1751-1810) y de Matilde Josefa Durán 
Más de Ayala (n. 1780). Luego de la retirada de Lecor, de Oliveira intentó radicarse en 
Río de Janeiro, previa regularización del título de Cirujano en Buenos Aires, sin suerte, 
por lo que volvió a Montevideo. Su última actuación pública es en 1839 con motivo de 
la impugnación de las declaraciones de Capdehourat. 


232 Schiaffino, R. Vilardebó, op cit: 56-57. 


124 


RicarDO Pou FERRARI 


Higiene Pública”, donde aparece por primera vez el nombre de 
nuestro biografiado: 


“En prosecución de los objetos que el Gobierno se propuso en su 
decreto de 12 del pasado, y habiendo oído el informe de la Comisión 
encargada de calificar los títulos profesionales de los individuos que 
ejerzan algún ramo de la medicina, farmacia, etc., ha acordado y 
decreta: 


19. Queda establecido provisoriamente un Consejo especial de 
medicina denominado Consejo de Higiene Pública, cuyas atribu- 
ciones serán el ejercicio de las funciones que antes desempeñaba el 
Protomedicato, con arreglo a las leyes y estatutos vigentes que no 
estén en oposición con la Constitución política de la República, y 
con el presente decreto. 


29, Todo lo relativo a la topografía y estadística médica en 
la República, a la higiene pública y a la medicina legal, corres- 
ponde a la jurisdicción del Consejo de Higiene Pública. Es, por 
consiguiente, de su primer deber, informar al Gobierno sobre 
estas materias tan interesantes a la sociedad, indicando y 
describiendo las medidas conducentes a la salubridad pública. 


30, El Consejo de Higiene Pública se compondrá de cuatro pro- 
fesores, tres de medicina y cirugía y uno de farmacia. 


40, Corresponde al Consejo el nombramiento de Presidente 
y Secretario. 


50, El Consejo se ocupará en formar un proyecto de leyes y 
reglamentos, que comprenda todos los objetos de la policía médica 
en todos los ramos, para que pueda servir de base a ese Código 
fundamental, no olvidando /as necesidades en que se hallaban los 
Departamentos de campaña. 


6. Se declaran válidos los títulos de los profesores expedidos por 
la Comisión médica, nombrada al efecto, el 12 de agosto”. 


Se hace una clasificación de los profesionales de la salud, a 
saber: 


125 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


“De Primera Clase- Médicos y Cirujanos: Juan Carlos [sic] de 
Molina, Francisco de Paula Rivero, José Pedro de Oliveira y Fermín 
Ferreira; 


De Segunda clase (Médicos): José Previtali y Juan B. Carreté; Y 


De Tercera clase (Cirujanos de primer orden): Lic. Francisco 
García Salazar, Guillermo Mc Lie [Mac Lean]; Francisco de 
Andrada [o Andrade] Taborda;??* 


De 4a Clase (Cirujanos de segundo orden): Lope [de] Merino 
Valenzuela? 


De 5a clase (Parteras): Virginia Victoria Boissier; Profesionales 
de Farmacia: Alonso González Vizcaíno, Marcel Morello, Rafael 
Bosch, Fermín Yéregui,* Luis Ferrando; Carlos Luis Legar [...]” 


Véase que deja afuera nada menos que a Gutiérrez Moreno 
y también a Chousiño -afecto a Ferreira-, quienes pasaron a 
Buenos Aires para regularizar sus títulos; el primero de ellos pre- 
sentó una magnífica tesis sobre la rabia, de la que ya nos hemos 
ocupado. 


Esta resolución desencadenó una serie de ataques y de- 
ques 

fensas por parte del grupo de Oliveira, a través del diario “El 

Universal”, y de sus oponentes que se manifestaban en “El 


Obserador”, “La Gaceta” y “El Caduceo”. 


El informe dio lugar también a una nota en términos muy 
duros, firmada por: José P. Carreté, Domingo A. Arnould,?” 





233 Tesis de doctorado en Estrasburgo: Carreté, Jean-Baptiste-Alexandre. Dissertation 
sur la cataracte, 8 mars 1826, T. XXXIV, No 8. 

234 Llegó en 1818 con Lecor, como Cirujano Mayor, con jerarquía de Capitán del 3er 
batallón de Cazadores. 

235 Se radicó luego en Paysandú (Schulkin, A. Paysandú. Diccionario Biográfico, 
2:378). 

236 Originario de Tolosa (España) fue el padre de Monseñor Inocencio María Yéregui 
(1833-1890). 

237 Natural de Burdeos, se había graduado en Francia como Offcier de Santé; luego 
ejerció en Estados Unidos, donde conoció al uruguayo Juan Francisco Giró, quien lo 
impulsó a instalarse en Uruguay, a donde llegó en plena ocupación portuguesa (Augusto 
Soiza Larrosa. Evolución de la sanidad militar en el Uruguay (1811-1839), Rev Sanid 
FFAA, 1990; 14: 127). 


126 


RicarDO Pou FERRARI 


Luis Chouciño, León Vizcarra, Lope Merino, Francisco Taborda 
y Liborio Echeverría.?% 


Según Pérez Fontana, el 2 de octubre de 1830, el Consejo 
nombra como Presidente a Rivero y como secretario a García 
Salazar, pero en diciembre el primero “tiene un incidente con el 
Dr. Guillermo Darrouzain en el que salió herido este último”.2? 


El 3 de enero de 1831 el “Consejo queda integrado por José 
Pedro de Oliveira, Fermín Ferreira, Molina y Rivero. Además se 
agrega al farmacéutico Yéregui y por renuncia de este, al italiano 
Morello. García Salazar actuó como secretario. 


LAs GUERRAS MÉDICAS 


Muchos fueron los intercambios por la prensa entre los 
grupos de médicos criollos y españoles y los “extranjeros”. No 
fue ajeno a ellos Ferreira, que, sólo una vez y saliendo de su 
habitual cortesía, en forma anónima criticó a Previtali, quien 
contestó con altura, llevó el asunto a la Justicia y dejó al inter- 
locutor en blanco, sirviéndole a éste la experiencia, pues nunca 
más figuró en conflicto público alguno. 


Luego de nuevos enfrentamientos -entre ellos uno muy vio- 
lento entre Carreté y Previtali- los grupos en pugna firmaron un 
pacto de no agresión. Lo hicieron nueve profesores: Gutiérrez 

ES pJ pa ed pd 
Moreno, Chousiño, Carreté, García Salazar, Previtali, Arnould 
y Otamendi. Obsérvese que no figura Ferreira. 


El 27 de octubre de 1831 se designa nuevo Consejo, en 
el que se suprime al farmacéutico, por lo que pasa a estar in- 
tegrado por cuatro médicos: Gutiérrez Moreno (nombrado 
presidente), Ferreira, Oliveira y Pedro José de Otamendi. 





238 De origen cubano, fue luego diputado por Tacuarembó. 

239 Pérez Fontana, V. op cit; 3: 271. No hemos dado con el documento probatorio. 
240  Mañé Garzón, E Vilardebó, op cit: 252. 

241 Pedro José de Otamendi y Videla (Buenos Aires, 1803-Montevideo, 1840), egresó 
el mismo año que Ferreira de la Facultad de Buenos Aires, pasando a Montevideo, donde 
fue designado Segundo Cirujano del Ejército. Casó en Uruguay con Natividad Parodi 
Soler. Presentó la Tesis de doctorado en Buenos Aires en 1834. 


127 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Vilardebó se constituye, como hemos visto, a poco de su regreso 
a Montevideo, en enero de 1834, momento en que Oliveira 
ya había dejado de concurrir a las reuniones. Chousiño actúa 
como secretario. 22 


El 12 de junio de 1834, se da nueva composición al 
Consejo, con Juan Gutiérrez Moreno (presidente), Otamendi 
(secretario), Ferreira y Vilardebó (vocales) y Rafael Bosch (como 


visitador de boticas).?% 


Surgen serias desavenencias entre la “Comisión Visitadora 
de Boticas” -designada por disposición gubernamental” e inte- 
grada por Otamendi, Vilardebó y Bosch- y el propietario de una 
de ellas, Charles-Louis Legar (Pas-de-Calais, 1784-Paysandú, 
1872). Al comprobarse irregularidades en su establecimiento, 
Legar saca a la prensa una violenta impugnación contra la auto- 
ridad sanitaria. Una segunda Comisión corrobora lo denuncia- 
do en primera instancia.?% La falta de apoyo oficial al reclamo 
de respaldo formulado al Gobierno,?% ocasiona la renuncia de 
Vilardebó y Otamendi,” por lo que el Consejo queda reduci- 
do a dos miembros, Ferreira y Gutiérrez, quienes expresan la 
intención de permanecer en sus cargos, no obstante lo cual el 
Gobierno opta por la supresión del organismo el 28 de octubre 


de 1834. ?% 


Puesto que poco tiempo antes el Poder Ejecutivo había so- 


licitado al Consejo “noticias conducentes a demostrar el estado de 





242 Se Informa al Ministro de Guerra y Marina que el Consejo de Higiene Pública co- 
mienza a funcionar el 5 de noviembre de 1831. Integrantes: Juan Gutiérrez Moreno, José 
Pedro de Oliveira, Fermín Ferreira, Pedro de Otamendi (AGN. Caja 0820. Doc 0436). 
Se informa que han sido elegidos Presidente y Secretario del Consejo de Higiene Juan 
Gutiérrez Moreno y Luis Chousiño, respectivamente (AGN, Caja 0820. Doc 0433). 
Fermín Ferreira acepta el nombramiento (AGN. Caja 0820. Doc 0211). José R. Ellauri 
es designado en sustitución de Otamendi (AGN. Caja 0835. Doc 0645, f. 46). 

243 AGN. Caja 1. Carp 57. Doc 204 y 205. 

244 AGN. Caja 1. Carp 62. Doc 231-238: f. 215 y 216. 

245 AGN. Caja 1. Carp 62. Doc 231-238: £ 217. 

246 AGN. Caja 1. Carp 62. Doc 231-238: f. 215, 216. 

247 AGN. Caja 1. Carp 61. Doc 227,228: f. 231, 25 de octubre de 1834. 

248 AGN. Caja 1. Carp 61. Doc 227, 228: f. 232. 

249 AGN. Caja 1. Carp 61. Doc 227 y 228: 28 de octubre de 1834. 


128 


RicarDO Pou FERRARI 


salubridad del País; que [...] comunique sus observaciones sobre 
temperaturas dominantes, alteraciones que éstas sufren, cuáles son 
sus variaciones, si son o no ajustadas a la estación, qué inferencia 
pueden tener en la economía animal, disponibilidad de los alimen- 
tos, qué enfermedades endémicas se conocen y a qué causas pue- 


den atribuirse”, una vez disuelto el Consejo, Obes comisiona a 


Vilardebó y a Ferreira “para confeccionar las tablas meteorológicas 


del país con los instrumentos que oportunamente se facilitarían”.22 





250 AGN. Caja 1. Carp 61. Doc 227 y 228. Ver más adelante el intento, en 1838, el 
Reglamento de la “Comisión de Estadística”. 


129 


CAPÍTULO X 


REGLAMENTO DE POLICÍA SANITARIA 


urante su primera época, el Consejo redacta y 

aprueba el “Reglamento de Policía Sanitaria”, cul- 

minado el 8 de marzo de 1832 y que lleva la firma 

de Gutiérrez Moreno y Otamendi. Es atribuido a 
la pluma de Oliveira. El Decreto gubernamental por el que se 
lo declara vigente es del 10 de noviembre de ese año y entra en 
vigencia en esa fecha. Recién es sancionado por la Asamblea 
General el 2 de junio de 1838 y promulgado por el Presidente 
Manuel Oribe el 5 de junio de ese año.?* Esta última es una 
versión modificada del Reglamento original, en gran parte re- 
elaborada por Vilardebó, en especial en lo referente a sanidad 
marítima (sustituyendo los 11 artículos originales sobre el tema 
por 61) y con cuatro apéndices suplementarios: una descripción 
sumaria de los síntomas de las principales enfermedades conta- 
giosas, “el formulario sobre el estado de los buques incomunicados 
y las medidas adoptadas por el Médico de Sanidad para presentar 
mensualmente a la Junta; el modelo de las patentes de sanidad y 





251 Reglamento General de Policía Sanitaria. Sancionado por las Honorables Cáma- 
ras, Montevideo, Impr. de la Caridad, 1838: 28 págs. y Registro de Leyes y Decretos, 
op cit: 203-205. 


131 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


una tabla para la determinación de las cuarentenas y precauciones 


sanitarias [...]”.22 


Define el órgano rector, la Junta de Higiene Pública del 
Estado, su organización (5 profesores médicos y cirujanos, que 
actuarán en carácter “gratuito y honorable”), funcionamiento, 
atribuciones y obligaciones. 


Establece como principales objetivos de dicha Junta: *[...] 
aplicar todos los recursos que ofrece la ciencia en los casos que lo 
demanda la salud pública, [...] arreglar la medicina topográfica y 
corregir sus abusos, [...] pedir las consultas en las causas de medici- 
na legal, [...] hacer observar a los Profesores y demás dependientes 
del fuero médico las medidas precaucionales contra la infección y 
el contagio, [...] velar sobre la conservación, administración y pro- 
pagación de la vacuna, [...] designar los medios oportunos para el 
arreglo y mejoría de los establecimientos sanitarios, [...] formar el 
censo para el cálculo de la mortalidad, [...] examinar y expedir 
títulos de habilitación [...)?. 


Seguidamente, se refiere a los Médicos de Policía en los 
Departamentos, que serán dependientes de la anterior y que 
“deberán comunicar toda enfermedad endémica o epidémica, reco- 
nocer o informar de los enfermos [...] al igual que sobre contusiones, 
heridas y cadáveres [...] sin que sean previamente sepultados [...] 
deben enviar una estadística de enfermedades y de moralidad [...] 


Un capítulo aparte es dedicado al Médico del Puerto, que 
ha de «visitar y reconocer las embarcaciones de alta mar que se 
dirijan al puerto e interrogar bajo juramento al Capitán [...] El 
Médico de Sanidad subirá solo a bordo para inspeccionar la patente 
de sanidad y examinar a los ocupantes [...] Si hay motivos de cua- 
rentena, lo comunicará al Oficial para que la ordene y mantenga la 
embarcación con el Pabellón Nacional a tope del trinquete en señal 
de incomunicación con tierra y barcos del fondeadero [...] Las naves 
en cuarentena permanecerán fondeadas a distancia, conservando 
una embarcación en popa para proveer víveres y auxilios que nece- 





252 Schiaffino, R. Vilardebó, op cit: 60. 


132 


RicarDO Pou FERRARI 


site [...] Cuando cese la cuarentena, volverá el médico a visitar la 
embarcación; si no hay motivos, lo comunicará al Oficial”. 


Se designa también un médico para efectuar diariamente 
las fumigaciones de la embarcación y sus ocupantes, empleando 
vinagre o agua clorurada (cloruro de calcio disuelto en agua). 
Mientras dura la cuarentena, los pasajeros y tripulantes deben 
permanecer a bordo, siendo la nave vigilada, en forma continua, 
para que no ocurran fugas. Luego de cierta época, los ocupantes 
del buque en cuarentena se trasladaban a una casa en la que se 
tomaban las mismas precauciones. 2 2% A partir del año 1850 
comienza a usarse como lazareto la isla “de las ratas” o “Libertad” 
situada en la bahía de Montevideo; desde 1869, la isla de Flores. 


Del material existente en el Archivo General de la Nación 
surge la ardua tarea que implicaba el control sanitario del puer- 
to. Entre los documentos aludidos, figuran los que siguen: el 5 
de setiembre de 1832, la incomunicación absoluta de un buque 
255 el 13 de setiembre, fumigación de un barco, ** 
27 y a Luis Chousiño de 


con tierra; 
encargándose a Otamendi de la tarea 
cuidar los alimentos para que no se contaminen; %* se designa 
a Bernardo Canstatt Médico del Puerto, 2? quien es sustituido 
interinamente por Fermín Ferreira; el 20 de diciembre de 1832, 


se encomienda a Ramón Ellauri la visita de un barco. 2% 241 





253 AGN. Caja 11. Carp 47. Doc 25, 20 de agosto de 1851. El consulado de Estados 
Unidos reclama que el gobierno otorgó para la Marina brasileña, un hospital en la calle 
Piedras 186, que no ofrece garantías a la población en virtud de su ubicación. El Ministro 
de Guerra desconoce el hecho y manifiesta que ha propuesto la Isla de la Libertad, sobre 
lo que no ha tenido contestación. 

254 AGN. Caja 11. Carp 41. Doc 21, 5 de mayo de 1851. Fermín Ferreira manifiesta 
la necesidad de que se habilite a la brevedad un local para que los enfermos en cuarentena 
sean transportados inmediatamente por un facultativo con todos los medios indispensa- 
bles para el logro de aquel objeto. 

255 AGN. Caja 1. Carp 2. Doc 75. 

256 AGN. Caja 1. Carp 2. Doc 5. 

257 AGN. Caja 1. Carp 4. Doc 9, 10. 

258 AGN. Caja 1. Carp 6. Doc 13, 14. 

259 AGN. Caja 1. Carp 10. Doc 29. 

260 AGN. Caja 1. Carp 12. Doc 49,50. 

261 AGN. Caja 1. Carp 11. Doc 34. 


133 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Para tener idea del temor al cólera, en abril, Juan Gutiérrez 
Moreno da cuenta de que ningún enfermo entre los que ha- 
bía tratado recientemente ha fallecido por esa enfermedad; ?? 
lo propio hace en noviembre Pedro de Oliveira.*% En varias 
oportunidades más, figuran referencias a medidas preventivas 
contra dicha enfermedad.?% 26% Muchos años después, en 1850, 
Manuel Herrera y Obes advierte al Consejo sobre la comunica- 
ción recibida del Plenipotenciario en Río de Janeiro, acerca de 


la epidemia de fiebre amarilla en esa ciudad.?% 267 


Establece luego el Reglamento las categorías de los profe- 
sionales vinculados a la salud y los requisitos de reválida para 
cada caso -responsabilidad de la Junta- en cuanto a presentación 
de títulos y dar los exámenes (casos clínicos, anunciados con 
24 horas de antelación, expuestos en forma escrita, seguidos de 
preguntas del tribunal sobre temas de cirugía, materia médica, 
química y farmacia). Se aprecia en la documentación la pesada 
tarea que ese punto implicaba para el Consejo; algunos eran 
profesionales con documentación de Universidades reconoci- 
das; otros, probablemente de muy precaria formación: basta ver 
la caligrafía y pobreza conceptual que denotan sus historias; era 
cierto aquello que afirmaba Adolphe Brunel: *en Uruguay, cual- 


quiera es médico”. 26 





262 AGN. Caja 1. Carp 15. Doc 61. 

263 AGN. Caja 1. Carp 16. Doc 62-66. 

264 AGN. Caja 1. Carp 46. Doc 153-156, 17 de diciembre de 1833.Medidas preven- 
tivas del cólera. 

265 AGN. Caja 1. Carp 50. Doc 168, 20 de diciembre de 1833. Medidas de Policía 
Sanitaria para evitar el cólera. 

266 AGN. Caja 11. Carp 23. Doc 101-104, 6 de marzo de 1850. Manuel Herrera y 
Obes: comunica a la J. de H. la nota del Plenipotenciario del Brasil, comunicando la 
epidemia de fiebre amarilla en Río de Janeiro. 

267 La misma había comenzado en 1849, determinando, al año siguiente, la creación 
de la Junta de Higiene Pública con la intención de uniformizar los servicios sanitarios 
del Imperio. Robert Lallemand escribió un trabajo sobre esta epidemia, titulado: Ober- 
vacoes acerca da Epidemia da Febre Amarilla do anno de 1850, no Rio de Janeiro, Rio de 
Janeiro, 1851 y también fue descrita en: On the fever of Rio de Janeiro, Sanitary Report, 
New Orleans, 1854. 

268 Brunel, Adolphe. Consideraciones sobre higiene y observaciones relativas a la de 
Montevideo, Montevideo, La reforma pacífica ed, 1862, 388 págs. 


134 


RicarDO Pou FERRARI 


Se refiere también la disposición que estudiamos, a las vi- 
sitas de las boticas, para comprobar la idoneidad de quienes 
estaban a su cargo, el modo como preparaban las medicinas, 
los productos que utilizaban para ello, si se ajustaban a hacer- 
lo exclusivamente bajo prescripción médica. Establece que “los 
médicos y cirujanos no podrán confeccionar medicación o tener bo- 
ticas donde hay boticario aprobado, [si bien] podrán inspeccionar 
los medicamentos que ellos mismos receten [...] Los boticarios no 
podrán hacer ni vender preparaciones sin recetas [...] Nadie podrá 
vender sin facultad por escrito de la Junta, preparaciones secretas, 
específicos o drogas que puedan comprometer la salud”. 


Es ésta la primera disposición jurídica nacional, posterior 
a la desaparición del Protomedicato, que regula la conducta a 
seguir en materia sanitaria, emanada del Estado en cuanto pro- 
tector de la salud de la población. Es evidente su importancia, 
siendo Montevideo una ciudad-puerto con gran movimiento de 
embarcaciones, casi todas provenientes de las costas del Brasil, 
las Antillas, África y Europa, áreas frecuentemente atacadas por 
el cólera, la fiebre amarilla, la tifoidea, etc. Hoy puede parecer 
un esfuerzo poco eficaz; no obstante, debió haber tenido su im- 
portancia preventiva, habida cuenta que luego de su aplicación, 
la primera gran epidemia, con alta mortalidad, fue la de fiebre 
amarilla de 1857; ignoramos qué hubiera ocurrido de no to- 
marse esas precauciones. 


José ROMÁN ÁLVAREZ CORTÉS 


En 1832, de acuerdo a lo dispuesto en el citado Reglamento, 
un oriental oriundo de Maldonado da sus pruebas ante el 
Consejo de Higiene, otorgándosele título habilitante.?2%% Era 
José Román Álvarez Cortés (1804-?), que había hecho sus prác- 
ticas de Medicina y más que nada de Cirugía junto a los mé- 
dicos españoles apostados en la mencionada villa, de la que es 
designado Médico de Policía en carácter honorario hasta 1854. 





269 Hughes Álvarez, Conrado. El Dr. José Román Álvarez Cortés, trabajo presentado 
a la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina, en marzo de 2013, inédito. 


135 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


22922 Durante el Sitio se desempeñó como médico en el Cerrito. 
Se trata del primer médico oriental, aunque sin formación aca- 
démica; la que tuvo fue exclusivamente adquirida en la observa- 
ción de casos, conjuntamente con cirujanos y médicos, españo- 
les destacados en Maldonado, ciudad que disponía de su propio 
hospital, utilizado primordialmente para la internación de los 
miembros del ejército y la armada. Ya señalamos la vinculación 
familiar de este médico con el clan Obes. 





270 AGN. Caja 1. Carp 30 Doc 91. El Profesor de Medicina Ramón Cortés se propo- 
ne para ejercer gratuitamente el cargo de médico de policía de Maldonado. 
271 AGN. Caja 16. Carp 3: £.653. Maldonado 21 de febrero de 1854. Renuncia del 


médico de policía D. Román Cortés. Se designa a Santiago Bertelli. 


136 


CAPÍTULO XI 


EL FIN DE LAS “GUERRAS MÉDICAS”; 
LAS EPIDEMIAS; LA REORGANIZACIÓN DE 
LAS INSTITUCIONES SANITARIAS 


NUEVO ATAQUE DE OLIVEIRA 


o bien disuelto el Consejo en 1834, Oliveira escri- 

bió o mandó redactar artículos que aparecieron en 

“El Universal”, donde se refería despectivamente 

a la “afabilidad fingida” de Ferreira y a la “caduca 
influencia” de Gutiérrez Moreno, a quienes nombraba respec- 
tivamente como Mr. Bahía y Mr. Ronda -en alusión a las ciu- 
dades de nacimiento de cada uno-. También hablaba de que “a 
fuerza de las circunstancias ha cegado las vías de reforma de abusos 
médicos;[por lo que] seguirá comprometiendo vidas la ínclita ca- 
naria con sus mortíferas lavativas [2]; Trigo con sus lazos de piola 
[comadrón aficionado que en julio de 1834 había practicado un 
feticidio en un parto con procidencia de un miembro superior] 
y el partero con sus uñas [hace alusión a la muerte de la Sra. de 
Elguera que había sido asistida por Chousiño], porque así con- 


137 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


venía a los intereses de Mr. Bahía y Mr. Ronda que son sujetos que 


se entienden [...]” 2? 


El lenguaje de este gran patrón de la medicina portuguesa 
en nuestro medio era conocido desde su llegada a Montevideo, 
por la escasa corrección y la especial rudeza con que trataba 
a las personas, incluso si eran de cierto fuste, dejándose llevar 
hasta proferir públicamente gritos e insultos. No es raro, por 
consiguiente, que sus expresiones escritas trasunten similares 
características. 


EPIDEMIAS DE VIRUELA Y DE ESCARLATINA DE LOS AÑOS 1835 Y 36 


En agosto de 1835 ocurre una gran epidemia de viruela, 
enfermedad que como hemos dicho era endémica. Se decide la 
creación de una Comisión “para coadyuvar a la propagación de 
la vacuna”, de la que Ferreira es encargado.?”? 


Hacia fines de ese año y comienzos del siguiente, se des- 
encadena otra de escarlatina, con alta mortalidad (alrededor de 
11 casos de cada diez mil habitantes). El Consejo -según acaba 
de verse- no existía desde 1834, razón por la que el Médico de 
policía, Gutiérrez Moreno, llama a una reunión de profesiona- 
les, creándose una Comisión de Higiene -que se llamó “Junta 
Médica Sanitaria”-, entre cuyos integrantes están Ferreira y 
Vilardebó. Los consejos a la población, emanados de ésta fueron 
redactados por el segundo de los nombrados y eran los siguien- 
tes: denuncia de casos, lavado de ropa proveniente de lugares 
infectados en pozos separados en la zona conocida como “la 
Estanzuela” [actual playa Ramírez], supresión de los velorios, 
ubicación de las fábricas fuera del área urbana, buena ventila- 
ción de las habitaciones, eliminación de residuos y excretas, des- 
infección con agua clorurada (cloruro de calcio y agua), incen- 
tivar la costumbre de alimentarse en forma simple y nutritiva, 
acrecentar la transpiración, ser cuidadoso en el aseo personal, 





272 “El Universal”, 10 de diciembre de 1834 [cita tomada de Schiaffino, R, Vilardebó, 
op cit: 45]. 
273 Ferreira, Mariano, op cit: 41. 


138 


RicarDO Pou FERRARI 


permitir sólo un ejercicio moderado, evitar el cansancio, el ex- 
ceso de sol o el frío, pequeñas dosis de belladona.?* 


José Pedro de Oliveira publica, primero en la prensa y lue- 
go en forma de opúsculo, una Memoria,”? en la que expone su 
experiencia y hace críticas a las medidas de la Comisión. Esta 
publicación es objeto de una réplica por parte de Vilardebó,”* 
la que es seguida de una contrarréplica del primero.?”” Al decir 
de Schiaffino, la intervención de Vilardebó fue tan rotunda que 
“no sólo enterró la reputación del médico portugués que había regi- 
do como sumo Pontífice la medicina en Montevideo durante veinte 
años, sino que liquidó igualmente la lucha que aquél y sus secuaces 
sostenían contra los médicos nacionales. Fue la victoria final de las 
llamadas guerras médicas, y el triunfo de los noveles médicos criollos 


quedó desde entonces consagrado”? 


No obstante, finalizado el enfrentamiento, surge la voz de 
un militar con ínfulas de médico, Manuel de Araúcho (1803-?) 


222 en con- 


que publica el artículo “La verdad contra el error”, 
tra de Oliveira, donde se adscribe como partidario del método 
de Le Roy, que precisamente había sido objeto de dura crítica 
por parte del médico portugués no mucho tiempo antes." El 
procedimiento era similar al de Broussais, sólo que consideraba 


que la absorción de sustancias tóxicas, que ocurría a través de la 





274  Pollero, R. Cien años de mortalidad en Montevideo (1760-1860), Montevideo, 
2010, op cit, http://cienciassociales.edu.uy/wp-content/uploads/2013/archivos/Mesa_4_ 
Pollero.pdf. Consulta el 31 de octubre de 2016. 

275 Oliveira, José P. de. Memoria sobre la escarlatina, Montevideo, Impr. del Univer- 
sal, 1836: 37 págs. 

276 Vilardebó, Teodoro M. Observaciones relativas a la Memoria del Dr. José P. de 
Oliveira sobre la escarlatina, Montevideo, Impr. de los Amigos, 1836: 22 págs. 

277 Oliveira, José P. de. Refutación a la crítica que publicó el Dr. D. Teodoro M. 
Vilardebó el 24 de junio último de la Memoria de la escarlatina, Montevideo, Impr. del 
Universal, 1936: 56 págs. 

278  Schiaffino R. Vilardebó, op cit: 57. 

279 La verdad contra el error. Impugnación a la memoria sobre la escarlatina publicada 
por el Dr. José P. de Oliveira por Manuel de Aráucho, Teniente Coronel de Caballería, 
Montevideo Imprenta Oriental, 1836 (citado por Pérez Fontana V. op cit; 3:326). 

280 Oliveira, José Pedro de. Reflexiones sobre la medicina curativa de Mr. Le Roy, 
Montevideo, Imprenta del Universal, 1831. 


139 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


mucosa gastrointestinal, se solucionaba mediante profusión de 
vomitivos y laxantes.?* 


JUNTA DE HIGIENE PÚBLICA 


Con anterioridad a la asunción de Oribe, mientras aún ac- 
tuaba Anaya como Presidente interino, con fecha 5 de enero de 
1836, se promulga el Reglamento de Policía Sanitaria. 2? El 15 
de enero se crea una “Junta Médica General del Estado” con el 
fin de: “Presentar y proponer al Gobierno las medidas que considere 
necesarias para atender la salud pública y prevenir los contagios y 
cualquier tipo de enfermedad [...] Las medidas que considere deben 
tomarse para conservar la pureza del aire, el aseo de los hospitales 
[...] Proceder a la policía de cementerios, cárceles, cuarteles y al reco- 
nocimiento de heridos y cadáveres [...] Dictar las reglas en las visitas 
de embarcaciones que arriben a puerto [...] Dictar las medidas para 
propagar la vacuna |...] Impedir la venta de comestibles mal sanos y 
la forma de hacer un reconocimiento cuando sea necesario [...] Los 
facultativos actuarán a título consultivo y los demás vocales serán 
encargados de la ejecución de las providencias que dicte el Gobierno 
en los respectivos ramos [...]nadie podrá actuar sin presentar títulos 
y rendir exámenes [...] A los facultativos les será debido examinar, 
visitar boticas, instruir sobre abusos, abrir opinión en las consultas 
de los Tribunales en materia de Medicina legal” 4 


LA AUTOPSIA DE GREGORIA ELGUERA DE NIETO 


Como consecuencia de la muerte de una parturienta, que 
había sido asistida por Luis Chousiño, éste solicita la exhuma- 
ción y autopsia del cadáver. La misma tiene lugar el 23 de julio 
de 1836, participando Oliveira, Gutiérrez Moreno, Ferreira y 
Vilardebó. Concluyen que se ha tratado de “una hemorragia a 





281 Ver: Washington Buño. La doctrina de Le Roy. Ses Soc Urug Hist Med, Monte- 
video, 1987; 2:300-301. 

282 Registro General de la República Oriental del Uruguay, 1830, Imp de la Caridad, 
1836, 50: 191. 

283 Registro General de la República Oriental del Uruguay, op cit: 190-205. 


140 


RicarDO Pou FERRARI 


consecuencia de la incisión del útero en una señora que habiendo 
sufrido muchos partos estaba expuesta a este accidente”. Dice la 
junta con su fallo €qgueda cerrado este episodio que constituye el 
blanco de la mordacidad de las prensas que fulminan sus tiros bajo 
el anonimato”.*4* 


JUNTA DE HIGIENE PÚBLICA DEL EsTADO 


El 23 de enero de 1837, ya bajo la administración del 
Presidente Oribe, este crea -animado por su habitual menta- 
lidad ordenadora o reguladora- la “Junta de Higiene Pública 
del Estado”, formada por el Jefe del Estado Mayor del Ejército, 
José Rondeau (que actúa como presidente), el Jefe Político de la 
ciudad, Juan Benito Blanco (Montevideo, 1789-1843), el Juez 
de Crimen, Francisco Araúcho (Montevideo, 1794-1863), el 
Comandante de Puertos, Francisco Lasala (Montevideo, 1805- 
1859) y tres médicos -que no tienen derecho a voto-: Ferreira, 
en su calidad de Cirujano Mayor del Ejército; Vilardebó, nom- 
brado en ese mismo decreto Médico de Sanidad del Puerto y 
Gutiérrez Moreno como Médico de Policía de Montevideo; 


28 actúa en la secretaría. Esta corporación, 


Bernardo Canstatt 
que tiene una discreta actuación, se mantiene hasta el 19 de 


mayo de 1838. 


COMISIÓN DE EsTADÍSTICA MÉDICA DE La REPÚBLICA 


El 17 de julio de 1837 se establece la Comisión de Estadística 
Médica de la República, la cual tiene un alcance muy amplio y 
debería cumplir un objetivo numérico dentro del estudio de la 
sanidad pública. No cabe duda de la importancia de esta resolu- 
ción, en la que probablemente tuvo que ver Vilardebó, y que es 
el primer intento por sistematizar la información concerniente 
a la salud. Probablemente no se concretó hasta años después, 





284 AGN. Caja 1. Carp 58. Doc 208. 

285 Al decir de A. Schulkin, se trataba de un médico alemán, radicado en Montevideo, 
casado con Remigia Carranza Álvarez, una de cuyas hijas, a su vez, casó con Hermene- 
gildo Iglesias Lavalleja. 


141 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


habida cuenta de la situación de caos político que se vivía en- 
tonces. Pone en evidencia, sin embargo, el propósito de seguir 
adelante con la ordenación en materia demográfica y sanitaria, 
base para trazar cualquier política eficaz al respecto. 


El Decreto, firmado por Anaya (por hallarse Oribe en cam- 
paña) y Lenguas dice: 


“Convencido el Gobierno de la utilidad y conveniencia de 
estudiar la estadística médica del Estado y proponiéndose organi- 
zar esta rama importante de la administración pública, [...] ha 
acordado y decreta: 1) Los curas párrocos del estado remitirán al 
Gefe [sic] de Policía del Departamento a que correspondan, el día 
primero de cada mes, una nota del número y sexo de los que hu- 
bieran bautizado en sus respectivas parroquias y la de los matri- 
monios celebrados en la anterior. 2) Todos los facultativos titulados 
que ejerzan su profesión en el territorio de la República pasarán en 
igual período a la misma autoridad, un estado de los individuos 
confiados a su cuidado, y que hubieren fallecido, con indicación 
del día, la edad, sexo y enfermedad de que sucumbieren; todo con 
arreglo a lo dispuesto en el derecho ereccional de la actual Junta 
de Higiene Pública y a lo que prescribe el Reglamento de Policía 
Sanitaria. 3) Los Gefes [sic] de Policía de los Departamentos pasa- 
rán al Gobierno dichos estados [...] para transmitirlos a la misma 
Junta [...]. 3) La Comisión Médica de Estadística, los Regimientos 
de línea, el Médico del Puerto y de la Policía de este Departamento, 
pasarán la la Junta] una noticia mensual de todos los individuos 
que fallecieren en los mismos Cuerpos, Hospitales Militares o am- 
bulancias que se hallen a su cargo [...] 5) Con estos datos la Junta 
de Higiene Pública formará cada cuatrimestre tres tablas, una de 
nacimientos y matrimonios en todo el territorio de la República, 
referente al trimestre transcurrido, indicando la primera los sexos 
correspondientes; y dos de mortalidad, de las cuales una expresará 
las edades y sexo de los fallecidos en dicho período y la otra las enfer- 
medades o accidentes a que hubieren sucumbido. Estas tablas [...] se 
transmitirán al Gobierno y consecutivamente a los diarios para su 
publicación. 6) Los mencionados estados, que se conservarán en el 
Archivo de la Junta de Higiene, servirán para la formación de tres 


142 


RicarDO Pou FERRARI 


grandes tablas anuales [que la Junta transmitirá al Ministerio] 
7) La Junta ilustrará las tablas anuales con las consideraciones 
que juzgue más adecuadas al interés general de la salud pública, 
agregando para este objetivo las reflexiones que arrojen de sí las 
observaciones meteorológicas que la misma corporación tomará 
cargo consecuente con lo que se ha dispuesto ya por el Gobierno en 


octubre de 1834[...]” 286 


REFORMA EN LA INTEGRACIÓN DE LA JUNTA DE HIGIENE PÚBLICA 


El 12 de junio de 1838, se designa una nueva Junta de 
Higiene, menos pretensiosa pero más pragmática que la ante- 
rior, integrada por Vilardebó (elegido Presidente el 19 de ju- 
nio), Gutiérrez Moreno, Ramón Casiano Ellauri y Fernández 
287 (elegido secretario) y Ferreira. Culmina esta gestión el 22 de 
diciembre de 1838. 


El 5 de enero de 1839 -durante el gobierno de facto de 
Rivera- se reformula su integración: Vilardebó (Presidente), 
Ellauri (Secretario), Ferreira y Otamendi (vocales). El 23 de di- 
ciembre de ese año Gabriel Mendoza pasa a ser secretario,?% 
siguiendo en el cargo hasta el 26 de enero de 1850. 


FRANCISCO DIONISIO MARTÍNEZ 


Entre el 11 y el 19 de enero de 1839, una vez integrada 
la Junta como acabamos de mencionar, se procede a examinar 
y autorizar a otro fernandino como médico y cirujano; se tra- 
ta de Francisco Dionisio Martínez (San Carlos, 1779 - Rocha, 
1860). Este era pariente político del ya mencionado Álvarez 





286 Registro General de Leyes y Decretos de la República Oriental del Uruguay, op 
cit: 162-164. 

287  Ellauri (1804-?) era tío de los Ellauri y Obes; obtuvo su título en Buenos Aires con 
la tesis “Disertación sobre el hidrocele accidental de la túnica vaginal”, presentada el 5 de 
julio de 1835 (manuscrita, 42 páginas, versión digital en la Biblioteca de la Facultad de 
Medicina de Buenos Aires. Habida cuenta que carecemos de los 

288 Mendoza fue profesor de filosofía en el Colegio Nacional. Sucedió a Gutiérrez 
Moreno como Médico de Policía y Administrador de la Vacuna; en calidad de tal firmó 
numerosas estadísticas sobre vacunación. 


143 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Cortés, al ser casado con una hermana de la esposa de este úl- 
timo. Martínez tuvo destacada actuación como promotor de la 
vacuna, así como en calidad de cirujano militar en la batalla de 
India Muerta (1816) y durante la Guerra Grande (hasta 1851); 
también como ciudadano, al haber sido electo diputado y en ca- 


lidad de tal, participar del Congreso del Arroyo de la China. 2 


EL PRIMER JUICIO CONTRA CAPDEHOURAT 


En setiembre de 1839 se inicia un episodio que va a 
terminar con la suspensión de un médico. Se trata de Pedro 
Capdehourat,% quien comunica al Intendente General de 
Policía la advertencia acerca de casos de una “fiebre cerebral”, 
grave, epidémica y contagiosa, que a su juicio había de tratarse 
por el método “antiflogístico de Larroque”,P* debiendo aban- 
donarse las sangrías, tan frecuentes entonces. La Junta protesta 
por no haber sido enterada de antemano. El órgano sanitario 
hace una encuesta entre los médicos montevideanos y designa 
una Comisión investigadora integrada por Oliveira y Santiago 
[Jacobo] Bond.” Apoyándose en este informe, señala que se 
trata de casos de encefalitis, niega la existencia de fiebre tifoi- 
dea, refrenda la idea acerca de la incorrección de Capdehourat y 
declara que el método por este propuesto también tiene detrac- 
tores. Decide suspenderlo por seis meses. No obstante ello, el 
antes citado continúa con críticas y sarcasmos por la prensa, que 
son rotundamente objetados por Vilardebó, quien, sin embar- 
go, es el único en reconocer que podía tratarse de una forma de 
presentación de la fiebre tifoidea, pese a que por entonces recién 
comenzaba a hablarse de esta enfermedad en el mundo médico 
y se pensaba que era rara y no epidémica. 





289 Vidal, Francisco A. Biografía del Dr. Francisco Martínez. Seminario Uruguayo, 
1861; 1(26): 75-78 y 2 (27): 93-95. 

290  Oriundo de los Bajos Pirineos, de 35 años de edad en ese momento, había llegado 
a fines de 1838, presentando títulos diversos, entre ellos el de Ofhcier de Santé, que fue 
aprobado por la Junta en 1839. 

291 De Larroque, Joseph Brice. Mémoire sur la fiévre tifoide, Paris, De just Rouvier 
éd, 1839, 235 págs. 


292 Médico estadounidense que ejerció durante largo tiempo en Montevideo. 


144 


RicarDO Pou FERRARI 


Frente a la comunicación del Jefe Político Luis Lamas del 
aumento alarmante de las enfermedades de transmisión sexual, 
la Junta, y especialmente Vilardebó, se dedica a la elaboración 
de un proyecto de reglamentación, que abarca el control de la 
prostitución, el examen periódico, la internación forzosa de las 
mujeres que tuviesen tales enfermedades en etapa de contagio. 
Las consideraciones cayeron en saco roto, probablemente por 
la ignorancia y la hipocresía con que se trataban públicamente 
estas cuestiones. 


PRESIDENCIAS DE LA JUNTA DE PORTELA, GUTIÉRREZ Y FERREIRA 


De acuerdo alos reglamentos, en febrero de 1841, Vilardebó 
reúne la Junta para designar nuevo presidente, nombramiento 
que recae en Ireneo Portela, quien la abandona en mayo. Vemos 
dos eminentes médicos que, sucesivamente, abandonan la pre- 
sidencia de una corporación, que quizás insumiera mucho tiem- 
po o fuera demasiado influida por el poder político, ya en ple- 
na Guerra Grande. De ahí en más, será ejercida por Gutiérrez 
durante siete años -hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 
Entre Ríos en 1850-, sucediéndole Ferreira desde fines de 1849 
hasta su fallecimiento en 1867. Debe destacarse que este últi- 
mo estuvo al frente de la Junta por espacio de dieciocho años; 
¿ambición de poder?, ¿ausencia de nadie mejor?, ¿demostración 
de capacidad creciente a medida que ganaba experiencia y au- 
toridad? 


Por sugerencia de Ferreira se aumenta a cinco el núme- 
ro de miembros, incorporándose a Pedro Nascimbene, médico 
napolitano, de buena formación, que regresa a su patria luego 
de actuar unos años en el Uruguay. Tuvo actuación destacada; 
entre otras cosas, contribuyó a la difusión de las ideas médicas 
italianas, de real valor y que no eran demasiado apreciadas en 
estas latitudes. 


145 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


REVOLUCIONES DE RIVERA CONTRA ORIBE Y LA RENUNCIA DEL 
ÚLTIMO A LA PRESIDENCIA DE La REPÚBLICA 


En julio de 1836, Rivera inicia una revolución contra el 
Presidente Oribe, pero es vencido en la batalla de Carpintería 
el 19 de setiembre; es ésta la primera ocasión en que los con- 
tendientes lucen las divisas blanca y colorada. Poco tiempo des- 
pués, cuando cree que ha superado el trance, Oribe dispone el 
cese del uso del distintivo. 


Al año siguiente, Rivera retorna a la lucha, aliado a cau- 
dillos riograndenses y a los unitarios argentinos al mando del 
General Lavalle. 


“Con fecha 11 de mayo de 1837, el Gobierno impartió la or- 
den de que Ferreira se incorporara al Ejército en campaña, pero 
luego se dispuso su regreso a la capital”. A los efectos, Oribe le 
escribe desde el Queguay, manifestándole que 


“Habiéndose empeñado el Sr. General [Manuel] Britos en que 
siguiese Ud. la cura de su señora, oficié al Ministro, para que no vi- 
niera ya Ud. al Ejército, a pesar de que hace mucha falta; pero hoy 
recibo comunicaciones de Montevideo, anunciándome que el 11 
saldría Ud. y ésa es la razón porque me apresuro a dirigirle ésta, pa- 
ra que luego que la reciba, regrese en el momento a Montevideo”.2% 


Luego de ser vencido Rivera en las batallas de Molle, 
Yacutujá y Durazno, se impuso al ejército oficialista al mando 
de Ignacio Oribe en Palmar, el 15 de junio de 1838. 


Después de esta última, Fermín Ferreira debió efectuar la 
autopsia del antes citado General Britos, que había fallecido 
mientras era transportado, engrillado, rumbo a Montevideo, 
por orden de Ignacio Oribe con la acusación de negligencia, 
pese a haber sido ascendido y galardonado durante esa admi- 
nistración por actuaciones previas. De la pericia no surgió que 
el fallecimiento fuera consecuencia de malos tratos luego de 
su detención, sino de una “afección vesico renal grave y previa”. 
Podemos revivir la situación embarazosa y comprometida del 





293 Ferreira, Mariano, op cit: 42. 


146 


RicarDO Pou FERRARI 


médico, Cirujano Mayor del Ejército gubernista, enfrentado a 
la revolución causada por su promotor y amigo; ahora debió 
abrir, en el barco que lo conducía a Montevideo, el cuerpo de 
quien, dos años antes, había solicitado su retorno de la campaña 
para continuar asistiendo a su esposa; a tal punto confiaría en él 
como médico. 


A consecuencia del asedio a Montevideo impuesto por las 
fuerzas revolucionarias con el apoyo de la flota francesa, en octu- 
bre, Oribe presenta renuncia a la Presidencia y solicita “licencia” 
para retirarse a Buenos Aires, poniéndose bajo la égida de Juan 
Manuel de Rosas, que lo nombra Comandante de los Ejércitos 
que protagonizarán los combates al oeste del río Uruguay, dan- 
do inicio a la Guerra Grande. Estas fuerzas pasan luego al terri- 
torio oriental y avanzan hacia Montevideo. 


REORGANIZACIÓN DE LA SANIDAD DEL EJÉRCITO POR RIVERA 


Luego de asumir la Presidencia, Rivera dicta un Decreto, con 
fecha 29 de abril de 1839, reorganizando el Cuerpo de Sanidad 
militar: Cirujano Mayor, asimilado a Coronel: Fermín Ferreira; 
Cirujano Primero: Bernardo Canstatt [a quien había designa- 
do su médico personal, con remuneración especial]; Cirujano 
Segundo: Lope Merino Valenzuela, Primer Practicante del 
Hospital Militar: Antonio Fraga. El detalle del nombramiento 
de Canstatt también deja incertidumbres, teniendo en conside- 
ración que pocos años después, en 1842, Bernardina Fragoso le 
escribe a Ferreira, agradeciéndole porque a él le debía tener a €su 
Rivera” en buenas condiciones de salud. 





294 Título del Tribunal de Medicina de Buenos Aires de 1839; admitido en Monte- 
video en 1839. 


147 


CaApPíTULO XI 


LA GUERRA GRANDE 


a Guerra Grande es un conflicto bélico de causas y 
desarrollo complejos,” en el que participan, por un 
lado las fuerzas federales que obedecen a Juan Manuel 
de Rosas (Buenos Aires, 1793-Southampton, 1877) 
-aliado de Oribe y Lavalleja- y por otra, las que defienden la 
República Oriental del Uruguay, afiliadas a los unitarios. 


El prolongado enfrentamiento se desarrolló tanto en tierra 
-en torno a Montevideo y en el interior- como en los estuarios 
fluviales. Las influencias internacionales fueron importantes, al 
punto que en una primera etapa Francia impuso un bloqueo 
al puerto de Buenos Aires, lo que ocasionó el fin del que Rosas 
había aplicado a Montevideo. También Gran Bretaña jugó un 
papel importante, sobre todo en el plano de la diplomacia y en 
la finalización de la guerra. La fecha de comienzo coincide con 
el momento en que Rivera, aliado al gobernador de Corrientes, 
Genaro Barón de Astrada (Corrientes, 1801-Pago Largo, 1839), 
declara la guerra a Rosas, “que no al pueblo argentino”, el 10 





295 Ver: Luis Alberto de Herrera. Los orígenes de la Guerra Grande, Montevideo, 
Monteverde ed, 1941, 2 tomos. 


149 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de marzo de 1839. Poco después, a los anteriores se suma el 
general Juan Lavalle (Buenos Aires, 1792- Jujuy, 1841), quien 
hasta entonces se hallaba en Montevideo y no había participado 
por ser contrario a la intervención francesa. 


Tiene esta guerra una primera parte en territorio argentino, 
hasta que, en julio de 1839, el temido gobernador de Santa Fe 
y Entre Ríos, general Pascual Echagiie (Santa Fe, 1797- estancia 
San Gabriel, 1867), cruza el río Uruguay a la altura de Salto, 
donde establece su cuartel y, aliado con Oribe y Lavalleja, inva- 
de el territorio oriental, donde se desarrolla la segunda etapa de 
la contienda. 


BATALLA DE CAGANCHA 


Según el cronista de la batalla de Cagancha, Anacleto 
Dufort y Álvarez, 27 


“Rivera se encontraba en Montevideo, en preparativos de un 
gran baile, cuando llegó el chasque anunciándole que Echagúe 
vadeaba el Uruguay. Montó a caballo en el acto y desapareció. 
Durante quince días nadie supo de él en Montevideo. Al cabo de 
ellos aparece en el Queguay con un plantel de ejército de cerca de 
dos mil hombres. En esos quince días había recorrido casi toda la 
República, dando sus instrucciones personalmente, avistándose con 
los jefes, recorriendo los ranchos, disponiendo la concentración a la 
línea del Queguay o la adecuada distribución en los diferentes de- 
partamentos, a fin de cruzar y destruir el plan enemigo en el intento 
de sublevar la campaña. Siempre sobre el caballo, casi sin comer 
y sin dormir, desplegó esa actividad pasmosa, que ante el peligro, 
singularizó al gran caudillo”. Y8 





296 Según Juan E. Pivel Devoto, esta decisión no era compartida por Rivera, sino el 
resultado de las presiones y compromiso con los unitarios e, indirectamente, con los 
representantes diplomáticos franceses [Historia de los partidos políticos en Uruguay, 
Montevideo, Univ de la Rpca, 1943, t 1]. 

297 Dufort y Álvarez, A. Invasión de Echagiie. Batalla de Cagancha. 29 de diciembre 
de 1839, Montevideo, Tip La Oriental, 1894, 270 págs. 

298  Dufort y Álvarez, A. op cit: 36-37. 


RicarDO Pou FERRARI 


El Presidente los persigue, desarrollándose una serie de es- 
caramuzas, con un desplazamiento progresivo de norte a sur, en 
forma de guerrillas, que culmina con el triunfo de Rivera, el 29 


de diciembre de 1839, en la batalla de Cagancha. 


En todas estas peripecias la sanidad del ejército oriental 
acompaña a las tropas. Por un decreto del 29 de abril de 1839 
la misma se había reorganizado, disponiéndose que el Cirujano 
Mayor fuera considerado con la clase de Coronel. En julio de 
ese mismo año se le confirió el rango de Coronel efectivo ad ho- 
norem “con antigúedad de 6 de mayo, a cuyo efecto se le expidieron 
los despachos correspondientes”. Y? 


Inmediatamente antes del enfrenamiento de Cagancha, 
es atacado el convoy de carretas que transportaba 85 heridos e 
iba a una legua a retaguardia; sus ocupantes fueron degollados, 
al igual que cinco de los ayudantes de cirujano; sólo se salvó 
Ferreira, el médico argentino Patricio Ramos y un practicante. 
Los cronistas hacen responsable de este hecho a Lavalleja, quien 
al parecer, según otros, actuó sin conocimiento de quienes eran 
los ocupantes de los vehículos. 


El encuentro fue particularmente sanguinario, ya que, en- 
tre otras cosas, los lanceros entrerrianos, famosos por su furia 
asesina, arremetían contra todos. Cuenta la pequeña historia 
que Ferreira era de complexión a tal punto delgada, que al es- 
conderse, con la espalda pegada a los troncos de los talas, pasaba 
inadvertido, lo que contribuyó a protegerlo de la matanza.*% 


No por ya conocidos dejan de ser expresivos, por lo trági- 
cos y a la vez llenos de entusiasmo patriótico, los términos de la 
carta de Ferreira a su esposa, al día siguiente de la batalla: 


“Cagancha, Diciembre 30 de 1839. Mi amada Rosalía: Ayer 
te escribí después que concluí mi curación en el campo de batalla, 
y que habíamos perseguido al enemigo sobre dos leguas. Nada te 
dije que pudiera acibarar el triunfo que tan justamente debes ce- 





299 Ferreira, M. op cit: 44-45. 


300 Ferrari Goudschaal, José María, comunicación personal, octubre de 2016. 


151 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


lebrar; pero he corrido un riesgo inmenso ayer. Nuestro Hospital 
fue sorprendido, y a pie y no sé cómo, pude escapar con [Patricio] 
Ramos*" y José María [asistente de Ferreira], que salimos juntos 
sin podernos incorporar a la infantería. El pobre Blun lo he visto 
muerto hoy, y a Dn. Juan el practicante. Se me caen las lágrimas 
con sólo recordar la vista de aquellos desgraciados, que cada uno 
deja una familia pequeña y pobrísima. 


La batalla empezó cerca de las once de la mañana: íbamos 
a carnear, y todo estaba en la mayor quietud. Uno de los pasados 
enemigos, parece que volvió al campo de ellos, y les avisó el estado en 
que nos hallábamos. Entonces se presentaron con la mayor rapidez, 
trayendo la infantería montada, hasta tiro de fusil, echaron pie a 
tierra y cargaron a nuestra batería, sufriendo un fuego vivísimo que 
soportaron con valor. Garzón (el General) venía al frente de esta 
columna, digna de mejor suerte o de emplear mejor su bizarría. 
Nuestra izquierda venció al mando del bravo Núñez. El mismo 
venció en el centro y pasó a la derecha donde estaba [el Coronel] 
Fortunato [Silva] en conflicto, porque doble fuerza lo cargó. 


Nuestros soldados son los mejores del mundo. Su valor es ferí- 
simo, y sólo a él debemos un triunfo que nos asegura nuestra inde- 
pendencia. La pérdida nuestra, es insignificante. La del enemigo es 
de más de ochocientos a mil hombres en un área de cuatro leguas. 


Está el campo sembrado de cadáveres. Se le ha tomado su 
Parque, carretas, caballada, artillería y bagajes. Nos arrebataron 
los tordillos [tropilla especial del General Rivera] que creo que es 
lo único que llevan. 


Creo haberte dicho ayer que [el Coronel Emilio] Raña [1831- 
1865] cargó y murió en el acto. Están prisioneros Jorge Linan que 
ya anda suelto, y un cacique de los Guaycurús”. 


Y termina con estas frases entre cómicas y patéticas: 


“Yo estoy sin comer desde ayer por la mañana, cansado como 
un conejo a quien persigue un galgo. Todo el día trabajando en re- 
coger heridos y acomodarlos; y si el Hospital de Sangre no se remite 





301 Patricio Ramos, médico argentino, exiliado en Montevideo. 


152 


RicarDO Pou FERRARI 


a ésa, yo pido mi separación del Ejército, porque ya no quiero más 
campaña después de esta batalla. 


Estoy hecho un Charrúa; si puedes mándame una o dos mudas 
de ropa y una chaqueta como la que me han llevado, te lo agrade- 
ceré, 


Mándale un recado a Angelita Furriol [la esposa de Garzón], 
que Eugenio Garzón ha escapado y va bueno”. 


El 2 de enero, continúa, haciendo referencia a la evolución 
de sus enfermos, que mucho quehacer le han dado: 


“Desde el día de la batalla acá he tenido un trabajo extraor- 
dinario, para mover esta mole de carretas de enfermos, que bien 
pudieron remitirse a ésa por la inmediación en que se hallaban y la 
comodidad que allí experimentarían. 


He hecho tanto por estos infelices que hasta de asistente y coci- 
nero he estado; pues que mi presencia se hacía sentir en este estable- 
cimiento y creo no engañarme, en que recogeré la gratitud de este 
Ejército que me observa. 


Hasta hoy sólo he perdido dos prisioneros del Hospital enemi- 
go, y espero que no serán muchos los que mueran a pesar de que hay 
muchos graves” 2% 


Sigue preguntando sobre la situación de sus hijos, al tiem- 
po que relata la anécdota de un amigo que casi no lo reconoce 
por el estado calamitoso en que estaba y le dio para vestirse: 


“Mis hijitos según la pintura que tú haces de la quintita de 
Canosa, están contentos, y para ellos es un paraíso. Mariano ha 
nacido para la vida rural [será jurisconsulto]; y creo que será pre- 
ciso pensar en adelante en esta inclinación natural de aquel ni- 
ño. Si estuviera aquí entre esta bulla, saldría un valiente y lleno 
de entusiasmo. Fermincito pertenecerá al Foro [así sucedió] y será 
bueno para comentarios. Nuestro Teodoro aún no ha mostrado cuál 
es su disposición, y creo que no es inferior su capacidad a los otros. 





302 Ferreira, Mariano, op cit: 46-47. 
303 Ferreira, Mariano, op cit: 47. 


153 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Nada de particular hay hasta este momento, sino es el parte oficial 
del Coronel Fortunato Mieres, que mandó a la eternidad a cien- 
to y tantos hombres, como verás por el parte que se remite hoy al 
Gobierno. 


Creo que los enemigos no tienen escape por ninguna parte según 
están colocadas las fuerzas. Pocos son los prisioneros que se traen al 
Ejército. 

Hoy se asegura por dispersos, que han regresado, que Latorre 
es muerto, y Urquiza llegó herido a Porongos. De Garzón también 
se dice con variedad, pero nada se sabe de cierto. Lavalleja y demás 
Orientales, parece que dirigen al Brasil y los maragatos andan por 
la sierra. Es falso lo que dice el Nacional de la Artillería e Infantería 
enemiga, y han mal en mentir, porque no tenemos necesidad de eso. 


He visto hace un rato a Bernardo Báez, que me creyó muerto 
y por eso vino a verme y como me vio tan sucio, me dio una cami- 
sa, un pantalón nuevo de paño. Es buen amigo y joven de mucho 
provecho. 


Adiós, abrazo a todos mis hijos, a toda la familia y amigos y 


recíbelo de tu esposo y amigo, Fermin” 2% 


CONTINÚA LA CAMPAÑA DE RIVERA EN ENTRE RÍOS, Y A SU LADO 
FERREIRA 


Con posterioridad, en el año 1840, Ferreira continúa junto 
al ejército de Rivera, que ha pasado a la Provincia de Entre Ríos. 
Desde allí, el 21 de julio, le escribe nuevamente a su esposa: 


“El aniversario de nuestra Constitución, ha sido para noso- 
tros un acontecimiento que sin duda hará época, por las circuns- 
tancias particulares que lo han acompañado. Debe publicarse en 
el Nacional, la descripción de esa fiesta puramente militar, pero 
eminentemente militar. En ningún punto del Estado Oriental se 
habrán sentido emociones como las que se experimentaron en el 
Ejército ese día. 





304 Ferreira, Mariano, op cit: 47. 


154 


RicarDO Pou FERRARI 


No hubo una idea mezquina, y he visto con placer como se 
manifestaron una porción de hombres valientes y honrados, y con 
qué elocuencia vertían sus pensamientos. 


El Presidente estuvo divino, muy especialmente en la mesa, 
compuesta de Oficiales subalternos, que no cupieron en la primera. 
Procura el diario en que esto aparezca y en él encontrarás el mío. 


Concluida la comida tuvimos un pequeño baile y la Sra. Dña. 
Bernardina tuvo la condescendencia de alternar con las infelices 


Chinas del Campamento [...] 


[...] Nada hay de particular respecto a noticias. Núñez está con 
Lavalle ya, y quizás haya una batalla que decida de ese estado de 


cosas. 


Nos dejaron al fin el huevo como dicen; y como lo hizo aquel, 
que no ha tomado ninguna medida capaz de garantir a esas fa- 
milias entrerrianas que han quedado abandonadas y expuestas al 
saqueo y la violencia de las montoneras que infestan al País. Dios 
quiera que triunfe D. Juan [Lavalle] porque si no tenemos que 
empezar de nuevo” 2% 


EL EJÉRCITO DE RIVERA OTRA VEZ EN TERRITORIO ORIENTAL 


El ejército de Rivera vadeó el Uruguay instalándose en te- 
rritorio oriental, junto al arroyo Queguay chico. El 30 de di- 
ciembre de 1841, Ferreira le refiere en carta a su esposa que 
allí se hizo una conmemoración de los dos años de la batalla de 


Cagancha: 


“[...] Después de las dianas del alba, formó más tarde el 
Ejército, mandando la línea el General Medina. 


El Presidente pasó revista y los cuerpos le formaron la columna 
de honor, haciendo la artillería en aquel momento una salva de 21 
cañonazos y la infantería tres descargas con muchos vítores”. 





305 Ferreira, Mariano, op cit: 50. 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


En tal ocasión, Rivera le ofrece al General Anacleto Medina, 
como homenaje, la espada que había llevado en Cagancha. 


[...] Aubo después un asado con cuero y pasteles [...] En la 
306 que duró sólo hasta la una [...] La 
tarde fue destinada a las carreras, que improvisaron en el mismo 
camino, en las que no fue muy afortunado el Presidente; pues sus 
parejeros fueron vencidos por los de los otros Jefes [...] Hoy todavía 
tuvimos fuegos artificiales [!] preparados por el Cuerpo de Artillería. 
Era un arco en el cual quedó iluminado un letrero que decía Viva 
Cagancha”. Y 


noche hubo una media caña, 


SEGUNDA DERROTA DE ECHAGUÚE 


El 28 de noviembre de 1841, el general unitario José 
María Paz (Córdoba, 1791-Buenos Aires, 1854), gran militar y 
hombre de notable valentía, derrota a Echagie en la batalla de 
Caaguazú. Este último huye y es suplantado en la gobernación 
provincial por Justo José de Urquiza (Entre Ríos, 1801-1870), 
que todavía revistaba en las filas federales. El primero terminará 
siendo el Jefe de las fuerzas de la Defensa de Montevideo -quien 
concibió las primeras medidas estratégicas-; el segundo, pasado 
al bando unitario, será quien dé el último golpe a Rosas, que 
ocasionará su definitiva caída. 


TRIUNFO DE BROWN SOBRE COE 


Mientras tanto, en la campaña naval de 1841 en el Río 
de la Plata, la escuadra rosista al mando de Guillermo Brown 
(Irlanda, 1777-Buenos Aires, 1857) barría del estuario a la flota 
improvisada por Rivera al mando del Comodoro John Halstead 
Coe (Massachussets, 1806-Buenos Aires, 1866). 





306 Danza folklórica del siglo XIX, que como sus congéneres el Pericón y el Cielito, 
deriva de la contradanza europea. Su nombre proviene de la figura en forma de cir- 
cunferencia. Las parejas están sueltas, en conjuntos, de movimientos lentos y vivos por 
períodos, es galante y sensual. 

307 Ferreira, Mariano, op cit: 53. 


156 


RicarDO Pou FERRARI 


CARTA DE BERNARDINA A FERREIRA 


En enero de 1842, Bernardina Fragoso (San José, 1796 
- Montevideo, 1863) (Figura 34), a quien poco después de lle- 
gar a Montevideo, recién obtenido el título de médico, Ferreira 
asiste exitosamente en una larga enfermedad, le dirige una carta 
desde Montevideo en estos términos: 


“Mi estimado amigo, Esta no tiene otro objeto que salu- 
darlo y darle una prueba de mi reconocimiento que siempre le 
será grato por la asistencia a mi Rivera, que sin duda a los cui- 
dados de Ud. es debida la conservación de su persona; así es que 
deseo que todos sepan valorar el bien que Ud. me ha hecho a 
mí como esposa, y al General como el principal bien al País. Yo 
nada puedo ofrecer a Ud. -arriba dije- Gratitud y aprecio. Una 
amistad eterna; de la que puede estar seguro mientras exista. Su 
afectísima servidora Bernardina de Rivera”.?% 





Figura 34. Bernardina Fragoso de Rivera (a la izquierda, daguerrotipo; a la derecha, 


óleo de Amadeo Grass, 1833, MHN) 





308 Ferreira, Mariano, op cit: 54-55. 


157 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Dos pinceladas sobre Doña Bernardina: 


“Educada, ya en la ciudad, donde desde temprano en razón 
de las grandes posiciones de su esposo debió alternar constantemente 
con todo lo más encumbrado de la clase oficial, ya en el campo, co- 
mo compañera fiel del general Rivera al cual diversas veces lo siguió 
en sus campañas, reunía en sí una mezcla de la señora de salón, 
pagada de su importancia y de las distinciones a que era acreedo- 
ra, estando al cabo de todas las politiquerías y conversaciones de 
sociedad, a una mujer dotada de un temperamento emprendedor 
y altivo” 29 


PACTOS ENTRE CAUDILLOS 


Luego de una reunión que tuvo lugar en febrero de 1842, 
Paz (auto designado gobernador de Entre Ríos), el de Corrientes, 
Pedro Ferré (Corrientes, 1788-Buenos Aires, 1867), el de Santa 
Fe, Juan Pablo López (Santa Fe, 1792-1886) y Fructuoso Rivera, 
convinieron en seguir la guerra contra la Confederación, pero 
con el objetivo de constituir un nuevo Estado (incluyendo los 
territorios antes citados más el de Río Grande del Sur, goberna- 
do por Bento Gongalves [Brasil, 1788-1848]). Esto no se con- 
cretó, de modo que el 25 de octubre de 1842, en Paysandú, los 
jefes deciden otorgar a Rivera el mando de las tropas, situación 
que ocasionó el retiro de Paz. 


REGRESO DE FERREIRA A MONTEVIDEO Y NUEVA SALIDA, FRUSTRADA 


Después de la permanencia en Entre Ríos, Ferreira regresa a 
Montevideo. Tiene 41 años, ha actuado en tres campañas con- 
secutivas desde 1839, parece razonable que tome un merecido 
descanso. No obstante, “[el] Gobierno dio razón a la solicitud del 
Gral. Rivera, dictando un acuerdo, el 26 de noviembre de 1842, 
por el que solicita nuevamente la prestación de sus servicios profe- 
sionales en comisión en el Ejército en campaña acerca de la persona 





309 Blanco Acevedo, Pablo, op cit: 752. 


158 


RicarDO Pou FERRARI 


de aquel magistrado, cuyos servicios se considerarían como extraor- 

dinarios en comisión y sólo durante la campaña que se emprendía, 
Y 

fijándosele una remuneración en la misma forma extraordinaria 

que contemplare sus servicios, los perjuicios que le causaba el verse 

privado de los ingresos que le proporcionaba su profesión y los riesgos 

y penalidades de la guerra.” 


Partió entonces hacia Durazno con una fuerte suma de di- 
nero. 


Mientras tanto, el almirante Brown había derrotado a la 
flota riverista (comandada por Giuseppe Garibaldi [Niza, 1807- 
Caprera, 1882]) en Martín García, al tiempo que se desencade- 
naba en Buenos Aires una matanza de adversarios de Rosas. 





310 Ferreira, Mariano, op cit: 56. 


159 


CApPíTULO XII 


EL SITIO GRANDE * 


ribe (Figura 35) 
regresaba desde 
Jujuy y llegó 
a Entre Ríos; 
Rivera cruzó el río Uruguay 
y el 6 de diciembre de 1842 
se produjo el enfrentamiento 
en Arroyo Grande (provincia 
de Entre Ríos). La victoria 
del primero fue aplastante y 
el último huyó del campo de 
batalla, vadeando el Uruguay 





a nado. 
Figura 35. Brigadier General Manuel Oribe 


Mientras tanto, hallándose en las cercanías de Durazno, 
Ferreira tuvo noticia de la derrota del Ejército Nacional y volvió 
a la capital, en donde permanecería durante los siguientes nueve 
años. 





311 Las referencias a esta fase de la historia uruguaya serán exclusivamente las con- 
cernientes a lo ocurrido en el campo de la Defensa, donde se encontraba el Dr. Ferreira. 


161 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Rivera volvió apresuradamente a Montevideo y Oribe lo 
persiguió. El 16 de febrero de 1843 las tropas oribistas acampan 
en el Cerrito y sitian Montevideo. *” Daba inicio así el llamado 
Sitio Grande, que recién se levantará en el momento de finalizar 
la guerra el 8 de octubre de 1851, “sin vencidos ni vencedores”. 


Durante la mayor parte de este período Rivera permaneció 
en campaña, desempañando interinamente el Ejecutivo Joaquín 
Suárez, en su carácter de presidente del Senado. 


Antes de marcharse, el caudillo hizo cambios en el elen- 
co de gobierno, designando a Melchor Pacheco y Obes como 
Ministro de Guerra, a Andrés Lamas como Jefe político de la 
Capital, a Santiago Vázquez (Montevideo, 1787- Río de Janeiro, 
1847), en Gobierno y Relaciones Exteriores, a José de Béjar en 
Hacienda y al General José María Paz, al mando de las fuerzas 
de la plaza -artífice de las fortificaciones y de las estrategias en 
torno a Montevideo-, quien terminó solicitando el relevo en 
1844, con gran disgusto de Rivera.?** 


Al culminar su período constitucional -el 1 de marzo 
de 1843- y ante la imposibilidad de llamar a elecciones, cesa 
Rivera como Primer Magistrado y se nombra a Suárez interi- 
namente; lo mismo ocurre con la Asamblea, que es sustituida 
por un “Consejo de Estado”, al que se le añade una “Asamblea 
de Notables” -ambos con las funciones del Poder Legislativo-. 
Rivera, Jefe del Ejército, sufre varias derrotas que culminan en 


la de India Muerta (Rocha), el 27 de marzo de 1845 y huye al 





312 Este episodio de la historia del Uruguay ha sido objeto de numerosos relatos y es- 
tudios, entre ellos, los siguientes: Isidoro de María, Manuel Herrera y Obes, César Díaz, 
Pablo Blanco Acevedo, Faustino Domingo Sarmiento, Alberto Palomeque, Ildefonso 
Pereda Valdés, Tomás de Iriarte y Enrique de Gandía, E. A. Wright, etc. 

313 Rivera le escribe a Suárez una carta de reproche, que este contesta con desusada 
firmeza - habida cuenta de su proverbial afabilidad-, diciéndole que todos los hombres 
que lo rodeaban y con los que debía lidiar habían sido designados en su momento por 
Rivera; que si por él hubiera sido tampoco hubiese permitido el retiro de Paz, pero que el 
afán de mando de Pacheco, que pretendía ser un monarca, cosa que a él también lo dis- 
gustaba sobremanera; es una pieza que muestra la tesitura moral de Suárez, que no era un 
simple títere, sino un hombre de convicciones democráticas acendradas, con ideas claras 
respecto a quienes lo rodeaban, pero de singular fidelidad a Rivera, a quien llama en esa 
carta “mi compadre”. [Wright, F. A. Apuntes históricos de la Defensa de la República, 
Montevideo, Del Nacional imp, 1845, 2 t.). 


162 


RicarDO Pou FERRARI 


Brasil. Posteriormente, por decreto gubernamental, se lo deja 
cesante en la jefatura militar. (Figura 36) 





Figura 36. Juan Manuel Besnes e Irigoyen. Vista del oeste de la ciudad de Montevideo 
sacada del mirador de la casa de Don Juan María Pérez, 1848. Acuarela sobre papel y tin- 
ta. MHN. Nota bene: Esta obra es de una notable exactitud, pudiéndose observar todos 
los detalles de la ciudad sitiada. 


Regresa Rivera a Montevideo en 1846, ocasión en que 
un grupo de militares pretende reintegrarlo a la vida políti- 
ca, pero Santiago Vázquez decreta su destierro. No obstante, 
otra sublevación -liderada por los vascos y los libertos- consi- 
gue la permanencia de Rivera en Montevideo. La “Asamblea 
de Notables” es modificada, Gabriel Antonio Pereira es desig- 
nado Ministro de Gobierno y Hacienda y Miguel Barreiro, de 
Relaciones Exteriores, ambos adictos al caudillo. Este propone 
una campaña para atacar Mercedes y Paysandú, culminando de- 
rrotado en la batalla del Cerro de las Ánimas en enero de 1847. 
Intenta emprender otro ataque, pero finalmente es deportado al 
Brasil el 4 de diciembre de ese año. Luego del golpe militar de 
Venancio Flores contra Giró, el 25 de setiembre de 1853, se lo 
elige miembro de un Triunvirato -junto a Flores y a Lavalleja-, 
pero nunca llega a ocupar esta jerarquía ya que muere en Melo 


el 13 de enero de 1854. 


163 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





Figura 37. Dionisio Carbajal (1831-1895). Joaquín Suárez. Óleo sobre tela, 175 x 157 
cms, 1850, Museo de Canelones. 


Joaquín SUÁREZ (Figura 37) 


Suárez “era - según Sarmiento- un hombre sano, que poseía 
la gran virtud de mantener a su alrededor la fuerza moral de la 
Defensa. Sabía aflojar y tirar las riendas y hacerse respetar en medio 
de aquella bonhomía característica, no reñida con la energía |...) 
Alrededor de este representante genuino del gobierno civil, ya ausente 
el general Rivera, [...] se movían los elementos políticos y cada círculo 
buscaba los medios de dominar a Suárez para llegar al poder. Era 
Suárez una de esas medianías a lo Washington, no exentas de defec- 
tos, [...] pero absolutamente necesarias para el gobierno de un país. 
Los partidos políticos no permiten que asciendan al primer rango los 
adversarios de grandes cualidades. Les temen. De ahí que trancen, 
renunciando a sus pretensiones extremas en favor de un candidato 
exento de facultades avasalladoras. Con la esperanza de más tarde 
obtener la supremacía en la dirección de los destinos públicos por 


164 


RicarDO Pou FERRARI 


los medios puestos en juego en las luchas libradas alrededor de 
un gobernante de tales condiciones [...] Usaba de los hombres según 
las necesidades. No los consideraba absolutamente buenos ni abso- 
lutamente malos. Los utilizaba hasta donde la ocasión lo permitía, 
realizando, ni más ni menos, lo que la monarquía constitucional 
inglesa nos enseña en nombre de la libertad política.?'* 


MELCHOR PACHECO Y OBES (Figura 38) 
Este, al decir de Palomeque: 


“Era un genio al que faltaba ecuanimidad de juicio. [Su ges- 
tión ministerial] se había impuesto por los sucesos y estos mismos 
se encargarían de inutilizarla. Son trombas políticas que pronto 
desaparecen luego que han llenado su misión, ya arrasándolo todo o 
ya echando los cimientos del nuevo edificio social”. +2 





Figura 38. Melchor Pacheco y Obes. 
Miniatura, óleo de Gray, c.1850. Remates Zorrilla, 2016. 





314 Sarmiento, Domingo Faustino. Memorias del Sitio de Montevideo. En: Prólogo. 
Memorias póstumas del General José María Paz, La Plata, La Discusión ed, 1892. 

315 Palomeque, Alberto. Melchor Pacheco y Obes (Fragmento de un libro en prepara- 
ción). Rev Hist. Univ, 1908-1909; 2: 750. 


165 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


A lo que agrega este retrato: 


“[Era] un joven que contaba apenas treinta y tres años, rubio, 
delgado, de mediana estatura, de ojos claros y mirada penetrante. Sus 
servicios militares tan sólo databan de algunos años. Su hecho más 
culminante había sido el levantamiento del departamento de Soriano 
a raíz de la invasión de la República por el ejército de Oribe. 


Para delinear su figura antes de su nombramiento [al frente 
del Ministerio] sería menester encararla en su faz principal: su 
intelectualidad. Un soñador, un romántico, pleno de ideales que 
había cantado con Adolfo Berro en admirables versos, a la paz de 
la América, a la ruina de los tiranos y al triunfo de la libertad. Un 
escritor y un periodista que desde las columnas del <Talismán> en 
1840, con Rivera Indarte y Juan María Gutiérrez había marcado 
los rumbos de la moderna literatura, [...] siguiendo la senda tra- 
zada por el famoso [Esteban] Echeverría. Un estudioso, un orador, 
[...] Pues bien, ese hombre cuyo carácter principal parecería que 


fueren las letras, era militar y tenía el grado de coronel, y él sería el 
Ministro de la Guerra de la Defensa”.?*** 


En esta jerarquía se manifestó despótico y no dudó en recla- 
mar sacrificios de toda la población, ya de por sí tan maltratada. 
En 1844 dimitió al ministerio y fue deportado a Río de Janeiro, 
hasta que al año siguiente Suárez lo ascendió a general y le en- 
cargó el mando de las fuerzas armadas “intramuros”. En 1846 
formó parte de la Asamblea de Notables. Al año siguiente, a raíz 
de la reaparición de Rivera, se embarcó rumbo a Río. En 1849, 
su primo Herrera y Obes lo designó Ministro Plenipotenciario 
en París, donde tuvo una destacada actuación. En 1853 preten- 
dió mediar en un motín entre militares, que era el comienzo de 
la caída de Giró. Fue uno de los promotores del Triunvirato, 
pero no estando en sintonía con Flores, en 1854 pasó a Buenos 
Aires, donde falleció el 21 de mayo de 1855. 


De él dice Rodó: “Periodista fue [...], después de ser héroe y 


tribuno” 21 





316 Palomeque, José G.: Rev Hist Univ, 2: 363-405 y 3-4: 736-758. 

317 Rodó, José Enrique. La prensa de Montevideo. El Mirador de Próspero, Montevi- 
deo (1911), en: Obras Completas de José Enrique Rodó, Montevideo, Barreiro y Ramos 
ed, 1958: 295. 


166 


RicarDO Pou FERRARI 


ANDRÉS LaMas (Figura 39) 


La otra figura a considerar es la del Jefe Político de la 
Defensa. 


“Acaso su nombre no había sonado aún bajo el aspecto del 
célebre diplomático, del escritor, del estadista e historiador co- 
mo lo conocieron las generaciones siguientes [...] En 1843 era 
uno de tantos jóvenes de aquella falange de intelectuales de esa 
época, célebre para la literatura del Rio de la Plata”.** 





Figura 39. Andrea Giuliani y Cosci (Livorno, 1815-Almería, 1859) Andrés Lamas, óleo 
sobre tela, 117 x 89,5 cms, MHN 





318 Blanco Acevedo, Pablo. La Guerra Grande y medio social de la Defensa, Rev Hist 
Univ, 2: 468. 


167 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Había actuado como periodista y emigró a Brasil cuando el 
gobierno de Oribe clausuró su imprenta. 


“Fue un soldado ciudadano, asistió como secretario del gene- 
ral Rivera en la batalla del Palmar, y el manifiesto memorable de 
1838 [el emitido por Rivera cuando sustituyó a Oribe] fue obra 
de su brillante pluma. Después, su vida se concentra por completo 
a las letras y a la política. En la época a que nos referimos había 
figurado ya al lado de Miguel Cané [Montevideo, 1851-Buenos 
Aires, 1905], como fundadores de “El Iniciador”, diario en que 
colaboraron Florencio Varela [Buenos Aires, 1807-Montevideo, 
1848] y Juan Bautista Alberdi [lucumán, 1810-Neully-sur 
Seine, 1884].*? 


Más tarde, tuvo actuación destacada como diplomático en 
Río de Janeiro y también, bibliófilo y coleccionista. 


Los PORTEÑOS UNITARIOS EN MONTEVIDEO 


Desde comienzos del gobierno de Rosas se produce una 
emigración de intelectuales desde Buenos Aires a Montevideo, 
la que se renueva con la Guerra Grande. Al respecto dice Rodó: 


¿La organización incipiente y precaria [de Montevideo] con- 
cedía muy poco espacio a las tareas del espíritu que no se relacio- 
nasen directamente con las porfías y las pasiones de la acción. La 
imprenta apenas existía más que para el periódico político. Ciudad 
nueva, sin tradición intelectual ni reposo para haber constituido las 
bases fundamentales de una cultura, Montevideo recibió de aquella 
doble emigración de escritores el impulso que, perseverando con ellos 
y despertando a la vez la imitación de los naturales, la levantó en 
diez años más a la condición de uno de los centros literarios más 


interesantes y animados de la América española”. 


Entre esos personajes y vinculados a ellos como pertenecien- 
tes a la misma generación, llamada “del 37”, estaban también 





319 Blanco Acevedo, Pablo, op cit: 469. 
320 Rodó, José Enrique. Juan María Gutiérrez y su época. El Mirador de Próspero 
(1911), Obras completas, Madrid, Aguilar ed, 1957: 678 


168 


RicarDO Pou FERRARI 


los médicos porteños. Hablamos nada menos que de Argerich, 
Fernández, Montes de Oca, Portela, Torres, Manuel del Arca, 
Hilario de Almeida [o Almeira] (Buenos Aires, 1799-1885), 
Patricio Ramos, entre otros. Al comienzo del sitio, cuatro de estos 
exiliados son encargados de la “Comisión de Hospitales” (Portela, 
Torres, del Arca y de Almeida); Juan Gualberto Tigrimbú es de- 
signado Cirujano Mayor del Ejército. Probablemente fueron 
decisiones de Pacheco. Sin embargo, poco después, en mayo de 
1844, no hubo otro remedio que revertirlas a causa del falleci- 
miento de Torres y Tigrimbú y designar a Ferreira a cargo de 
dicha Comisión y, nuevamente, Cirujano Mayor. 


POBLADORES, ALIMENTOS Y ECONOMÍA 


Con motivo de la situación irregular que se vive en todo el 
país, ingresa a la Capital gente de la campaña, al igual que algu- 
na del Cerrito. Se trata de personas desvalidas, muchas veces en 
estado de pobreza solemne, mujeres o niños solos, a los que asis- 
te la filantropía del Gobierno o de los particulares. Se crea una 
“Comisión de Emigración”, en un intento por controlar la en- 
trada de quienes no eran hábiles para la guerra y significaban un 
peso económico a la tan exigida administración de la Defensa. 


Uno de los grandes problemas es la alimentación. Al comien- 
zo del Sitio, se trae carne fresca en barcazas desde Maldonado 
o Colonia; más tarde, incluso de Río Grande. Entre las estrate- 
gias de Oribe estuvo la de cortar estas vías de aporte, logrando 
que la escuadrilla de Brown bloqueara el acceso al puerto de 
Montevideo y ocupara los sitios de origen de los productos. Los 
marinos franceses contrarrestaron estos intentos, que fueron pe- 
riódicos y repetidos. 


169 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





A FAMIGLIA DI GARIBALDI A MONTEVIDEO 


Figura 40. La familia de Garibaldi en Montevideo. 


La propia ciudad sitiada va construyendo una precaria flota 
de guerra que pone bajo el mando de Garibaldi, quien logra 
éxitos, no sólo en la costa norte del Plata sino en el río Uruguay. 
Este valiente luchador, que había permanecido años en el sur 
del Brasil, se establece con su familia en el Uruguay entre 1841 


y 1844. (Figura 40) 


Otro de los factores limitantes para mantener el Sitio, es 
la disponibilidad de recursos económicos. En febrero de 1844 
se instala la “Casa de la Moneda”, acuñándose una moneda de 
plata -el Peso Fuerte del Sitio- (Figura 41), para cuyo cometido 
se recurrió a alhajas y adornos de ese metal donados por familias 


de la ciudad. 


170 


RicarDO Pou FERRARI 


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Figura 41. Anverso y reverso del Peso Fuerte del Sitio (1844). 


Las MÚLTIPLES TAREAS DE FERMÍN FERREIRA 


Una vez establecido el Sitio, Ferreira, que tanto había 
trajinado en la campaña, permanece en Montevideo, donde 
se recupera de sus achaques y puede hacer vida en familia, al 
tiempo que retoma su diezmada clientela y va asumiendo otras 
responsabilidades. En efecto, integra la Comisión de Inspección 
de Víveres (27 de abril de 1843), la Comisión Directiva de 
Hospitales de Sangre (octubre de 1843), es miembro fundador 
del Instituto Histórico y Geográfico (28 de mayo de 1843), de 


171 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


la Comisión Directiva del Hospital Militar (20 de octubre de 
1843) y Cirujano de este nosocomio. 


Para sustituirlo en el campo de batalla en su carácter de 
Cirujano Mayor, Melchor Pacheco y Obes nombra a su amigo 
el Dr. Gualberto Tigrimbú. *?! Este muere el 30 de diciembre de 
1843, en el asalto al Hospital de campaña instalado a orillas del 
Yi, en la Azotea de Arrúe, donde prestaba asistencia a la colum- 
na al mando del Coronel M. Marreto. Por ese motivo, Ferreira 
retoma el antedicho cargo por designación de fecha 12 de mayo 
de 1844. Sin embargo, ya no vuelve a salir al campo de batalla. 


A partir del 10 de junio de 1844, Bernardina Fragoso lo 
nombra Cirujano del Hospital de la Comisión Filantrópica de 
las Damas Orientales (u Hospital del Fuerte) por ella organiza- 


do. 


Desde febrero de 1846, Ferreira pasa a integrar la Asamblea 
de Notables, órgano creado por el Ejecutivo, al cesar la V 
Legislatura, a efectos de cumplir las funciones parlamentarias, 
conjuntamente con un “Consejo de Estado”. 


En 1847, al establecerse el Instituto de Instrucción Pública, 
Ferreira está entre sus miembros y, como se verá más adelante, 
en tal carácter, compone el Consejo Universitario a partir de del 


18 de julio de 1849. 


EL MÉDICO EN LA “NUEVA TROYA” 


Refiriéndose específicamente a Ferreira, dice Alexandre 
Dumas en su relato, “Montévideo ou une nouvelle Troie”: 


“Fermín Ferreira, uno de los médicos más distinguidos de 
América. En efecto, desde los comienzos del sitio, Fermín Ferreira 
abandonó su clientela y se consagró al servicio de los hospitales y de 





321 Según Soiza Larrosa “estudió en Buenos Aires, donde quedó constancia de haber 
presentado tesis de doctorado en 1833 [no hemos encontrado esta evidencia]. Probable- 
mente cruzó a la ciudad de Mercedes y de allí, después de la batalla de Arroyo Grande 
vino con el General Pacheco y Obes a Montevideo”. [Soiza Larrosa, A. Historia de la me- 
dicina militar. Cirujanos Mayores del Ejército Uruguayo. Rev Serv Sanid FFAA, 1990; 
13 (2): 69]. 


172 


RicarDO Pou FERRARI 


los pobres. Desde entonces, para él, no hubo una hora de reposo; se 
podría decir que este hombre había dejado de existir sujetándose a 
las necesidades de otros hombres, y que la alimentación y el sueño 
se habían vuelto innecesarios para él. Noche y día se le veía a la 
cabecera de los enfermos, junto a la cama de los heridos, cuidán- 
dolos más como un padre que como un médico. Para vivir, vendió 
sucesivamente, todo lo que poseía, todo, hasta las alhajas de su es- 
posa; cada nueva privación parecía aumentar su patriotismo. Hoy 
el Doctor Ferreira es el Cirujano Mayor del Ejército y presidente de 
la Asamblea de notables, y está, al igual que todos los defensores de 


Montevideo, totalmente arruinado”.+2 


PA a + Ñ 





Figura 42. Juan M. Blanes, Escena de la Guerra Grande, 1847. Museo Nacional de 
Artes Visuales, Montevideo. 


Los HOSPITALES DURANTE LA DEFENSA 
HosprraL MILITAR (EX HOSPITAL DE CARIDAD) 


En enero de 1844 el Hospital de Caridad pasa a depen- 
der del Ministerio de Guerra. Allí actuaba la flor y nata de la 
medicina de Montevideo, que por entonces tenía integrantes 





322 Dumas, Alexandre. Montevidéo ou une Nouvelle Troie, Paris, N. Chaix Imp, 
1850 ,174 págs. 


173 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de variadas nacionalidades y gran calificación técnica: Gutiérrez 
Moreno, Canstatt, Argerich, Montes de Oca, Brunel, Antonini, 
Ramos, Odicini, Vilardebó, Vicente Arriaga, Santiago Bond,* 
Francisco Bergara y Fermín Ferreira. Este último estaba a cargo 
de la “Sala de Oficiales”; reportaba además como “cirujano de 
entrada”. + 


HOSPITAL DE LA LEGIÓN FRANCESA 
Y DEL REGIMIENTO VASCO (FIGURA 43) 


El jefe de la Legión francesa, M. Thibeau, recibe la siguiente 
nota: 


“Los médicos franceses domiciliados en esta capital creerían faltar 
a su deber si no se asociaran a un movimiento, en el que se han com- 
prometido sus compatriotas, y en circunstancias en que sus servicios 
pueden ser útiles a la humanidad. En consecuencia, se ponen en su en- 
tera disposición para todos los casos en que sea necesario su ministerio: 
la población francesa puede contar con su celo y consagración”. 


Entre ellos figuran: Jean-Antoine-Victor Martin de Moussy 
(Brisssac, 1810-Paris, 1869), André-Adolphe Brunel (Paris, 
1810-1871), Juan Francisco Nollet, [Antonio José?] Peixoto,? 
Pedro Capdehourat (que pasa luego al campo sitiador) y el far- 
macéutico Julio A. Lenoble. 


El Gobierno pone a disposición la casa construida poco 
tiempo antes por Juan María Pérez, una de cuyas fachadas da- 
ba a la plaza del Mercado. Recibe el nombre de Hospital de 
la Legión Francesa y del Regimiento Vasco u Hospital de la 





323 Este médico y cirujano, graduado en Maryland, había revalidado su título ante 
el Tribunal de Medicina de Buenos Aires en 1822 [Cignoli, Francisco. Actuaciones del 
Tribunal de Medicina de Buenos Aires a través de su “Libro de Acuerdos”. Bol Acad Nac 
Hist (Buenos Aires), 1964; 36:118]. 

324  Soiza Larrosa, A. El Hospital de Caridad de Montevideo. 1825-1900; en: Horacio 
Gutiérrez Blanco (ed). Médicos uruguayos ejemplares, Montevideo, 1988; I: 483. 

325  Peixoto, Antonio José. Jusqu'oú est-il permis d'aller dans Pexplication des actes 
de la vie?, Paris, Rignoux, 1837, 30 p. These Paris, No 188 y Peixoto, Antonio José. 
Nouveau procédé pour la cure de la tumeur et de la fistule de lacrymale, Mont, 13 mai 


1837, 1,146, No53. 


174 


RicarDO Pou FERRARI 


Segunda sección. Inaugurado el 2 de junio de 1843, se mantiene 
en funciones hasta noviembre de 1847. Moussy es el Cirujano 
Jefe; Brunel, el Cirujano Ayudante; Naquet, el médico y Mr. 
Dutheil, el farmacéutico. 


El primero de los antes nombrados hizo un llamado pú- 
blico a través del periódico “Le Patriote Francais” para que las 
damas de esta nacionalidad formaran un grupo de enfermeras; 
así ocurrió. Se organizaron guardias en el campo de batalla, pro- 
vistas de una ambulancia para transportar los heridos al hospital 
luego de ofrecerles los primeros auxilios. 


El nosocomio recibía ayuda pecuniaria y en especies del 
Gobierno; algunos franceses constituyeron una Sociedad 
Filodramática de Aficionados que actuaba en el Teatro de 
Comedias y que era una forma de recabar fondos.? 





Figura 43. Jean Léon Palliére (ca 1855-1876). La Puerta de la Ciudadela. Acuarela 
sobre papel, 30.5 x 22.5 cms, MHN, Montevideo. 





326 Garmendia, Dionisio, op cit. 


175 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


HOSPITAL DE SANGRE DE LA LEGIÓN ITALIANA 


A partir de abril de 1844, la Legión italiana instaló un 
Hospital de Sangre en el cruce de las actuales calles Colonia y 
Convención. 327 El mismo era regenteado por Juan B. Siffredi, 
actuando Bartolomé Odicini como cirujano.328 Poco tiempo 
después fue suprimido y Odicini transferido a la sala Capilla 


(luego Maciel) del Hospital de Caridad.329 


Parece haber existido otro Hospital Italiano durante el 
Sitio, donde no sólo se recibían a los militares sino además a los 
integrantes civiles de esa ciudadanía. Este dato surge de una no- 
ta dirigida por Odicini a Pacheco en 1850, según la cual dicho 
nosocomio “había funcionado ininterrumpidamente desde 1845, 
contando incluso con una sala de mujeres”.330 “También es cono- 
cido el hecho de que en 1835 Juan Bautista Capurro compró el 
terreno sito en la intersección de las calles Soriano y Río Negro 
para “donarlo al Rey de Cerdeña Vittorio Emmanuel IL, a condi- 
ción de que se hiciese construir un edificio para dicha nación”. Ya 
terminado el Sitio, en mayo de 1852, durante la presidencia de 





327 Colonia 80 al 84 (hoy 899), a la izquierda hacia el este. 

328 Bartolomé Odicini Savignone, nacido en Volgo di Voltri el 13 de setiembre de 
1804, cursó estudios en el Ateneo de Génova entre 1831 y 1839, donde obtuvo el título 
de doctor en farmacia, medicina y cirugía. Designado médico de la Marina sarda, arribó 
en tal carácter a Montevideo en 1844 a bordo del bergantín de guerra “Piridano”. Por 
desavenencias con el comandante Persano, Odicini abandonó el barco y se radicó en la 
ciudad sitiada, donde revalidó su título. Fue cirujano en el primitivo hospital u hospicio 
de la Legión italiana. Tuvo como subalterno al francés Adolfo Dereseaux y como prac- 
ticante a Carlos Gabrielli. Como prueba de su destacada actuación, Fermín Ferreira, en 
nota dirigida al Ministro de Guerra y Marina, General Brigadier Rufino Bauzá, destacó 
especialmente la dedicación con que se había desempeñado. En 1848 fue designado 
cirujano del Ejército; en 1853, Cirujano Mayor de la Legión italiana. En 1851 integró 
la Sociedad de Medicina montevideana. En 1857 se lo nombró Médico de la Casa de 
Expósitos. Ese mismo año tuvo una valiente actuación durante la epidemia de fiebre 
amarilla, siendo, conjuntamente con el Dr. Sonnet, víctima de la enfermedad, de la 
que ambos curaron. Perteneció a la Logia “Concordia” de la Masonería de Montevideo, 
donde alcanzó el grado 33. Casó en Montevideo con Ramona de la Sagra Zufriategui 
(1819->), hija de Ramón de la Sagra y Périz y de Agustina Josefa Zufriategui y Más de 
Ayala. Odicini falleció en Florencia el 22 de enero de 1876 a los 67 años. (De: Pereda, S. 
Los italianos en la Nueva Troya). 

329 Pereda, Setembrino. Los italianos en la Nueva Troya. Bol Hist Ejerc, 1976; 171- 
174: 63-324. 

330 Pereda, S. op cit: 181. 


176 


RicarDO Pou FERRARI 


Giró, se colocó la piedra fundamental del hospital (Figura 44). 
Al año siguiente se integró una comisión para seguir adelante 
con el proyecto del Hospital Italiano, que se inauguró en 1858 


(Figura 45). 


Los legionarios italianos fueron muy activos durante la 


guerra, no sólo por su desempeño militar sino también en la 


cultura, habiendo fundado una banda en la cual inició su carre- 
) 332 


ra Luis Sambucetti (padre 





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Figura 44. Colocación de la piedra fundamental del Hospital Italiano en presencia de 
Giró, 1852. Besnes e Irigoyen. Biblioteca Nacional de Montevideo. 





331 Entre 1865 a 1870, pasó a ser el Hospital Brasileño, para retornar a la colectividad 
italiana a partir de la última fecha. Desde 1873, el edificio fue sede del Gran Oriente del 
Uruguay. En 1950 fue adquirido por el Estado, funcionando allí durante unos años la 
sección femenina de Enseñanza Secundaria y Preparatoria. El Hospital Italiano actual se 
inauguró en 1890. 

332 Sambucetti vino con sus padres de Italia en 1839, con siete años. Integró esta ban- 
da desde 1842 hasta la disolución de la Legión en 1891. Al mismo tiempo formó parte 
de la orquesta dirigida por José Deballi en el Teatro San Felipe, donde actuaba además 
una Compañía Lírico-dramática a cargo del actor oriental Fernando Quijano. Sambu- 
cetti fue miembro del coro de la catedra entre 1860 y 1867, tuvo tres hijos militares y 
tres músicos, el más destacado de los cuales era Luis; Francisco fue el propietario del 
“Instituto Verdi”. Falleció en Montevideo en 1914 [Pereda, $.:op cit]. 


177 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 








HOSPITAL italiano, 
cuyo primer edificio 
fue construído en 

1858. 


Figura 45. Hospital Italiano, 1858. 


HosprITaL MILITAR CENTRAL U HOSPITAL DE SANGRE DE LA I 
SECCIÓN; LUEGO ESTABLECIMIENTO DE CONVALECIENTES 


Entre el 17 de marzo de 1843 al 8 de enero de 1844, el 
Hospital Militar Central de la Primera Sección funcionó en la 
casa habitación de Pacheco y Obes, en Rincón esquina Juncal. 
Luego pasó a ser Establecimiento de Convalecientes. 


HOSPITAL DE SANGRE DE LA SEGUNDA SECCIÓN O DE LA BARRACA 
DE PEREIRA 


Entre agosto de 1843 y mayo de 1845, existió el Hospital 
de Pereira u Hospital de Sangre de la Segunda Sección, ubicado 
en la barraca de Don Mariano Pereyra, entre las actuales calles 
Andes, Colonia, Mercedes y Convención. 


HOSPITAL DEL FUERTE 


Bernardina Fragoso de Rivera organizó -según ya fue men- 
cionado- una Sociedad Filantrópica de Damas Orientales. Entre 
sus colaboradoras estaban las mujeres pertenecientes a las prin- 
cipales familias montevideanas. Cada una de ellas aportó -en 
principio- cien patacones. Con su apoyo se habilitaron los sa- 


178 


RicarDO Pou FERRARI 


lones de la planta alta del Fuerte para recibir y dar alojamiento 
a los heridos, [...] con más de sesenta camas”. El mismo estuvo en 
funcionamiento en el período comprendido entre abril de 1843 


y diciembre de 1846. 


DerósITO DE INváLIDOS “MÁRTIRES DE LA PATRIA” 


A los anteriores debe agregarse el Depósito de Inválidos 
Mártires de la Patria (establecido el 15 de noviembre de 1843), 
dependiente primero del Ministerio de Guerra y luego de la 
Sociedad de Caridad Pública. Estaba ubicado en la casa de don 
Francisco Llambí, en la esquina de 25 de mayo y Maciel. ** 


ES 


Como conclusión de este aspecto que tiene que ver con 
la sanidad durante el Sitio, dice el historiador de la medicina 
Augusto Soiza Larrosa: 


“Montevideo tenía 30.000 habitantes (censo de 1843). En 
1843, murieron 2.711 personas; 1.763 civiles en sus domicilios 
(datos parroquiales), 360 en el hospital, 120 militares a causa de 
heridas y 468 debido a enfermedades varias, todos ellos en los hos- 
pitales. No pudo determinarse el número de bajas en el campo de 
batalla. El escorbuto afectó entre 1843 al 45 a 153 personas, de las 
que murieron 80. El año 1848 se lo califica como benigno ya que 
habiéndose suspendido las hostilidades no hubo heridos y el número 
de muertos fue de 900. En 1849, 700 muertos”. 


ESCENAS DE LA DEFENSA 
Relata Sarmiento en sus “Recuerdos de Montevideo”: 


“El primer año de la guerra todo fue terror, todo fue angustia 
y sobresalto; de tarde, cuando el estampido de los cañones de la 
línea resuenan en el espacio, anunciando un ataque del enemigo 





333 Una gran parte de los datos consignados proceden del trabajo de Augusto Soiza 
Larrosa: El Hospital de Caridad de Montevideo, ya citado. 
334  Soiza Larrosa, A. op cit. 


179 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


y los cuerpos de servicio salen afuera a repeler la agresión, veíase 
a las mujeres, correr, precipitadamente en pos de las guardias, a 
despedirse por última vez de sus seres queridos que marchaban a 
la lucha, y cuando ya al ser la noche, los clarines anunciaban el 
regreso de aquellos, la escena asumía caracteres más tétricos y más 
conmovedores. Allí en la puerta de la Ciudadela, que crujía en sus 
goznes para dar entrada a las tropas defensoras, agolpadas en tropel 
sobre las húmedas piedras de los pilares, las madres con sus tiernos 
niños en brazos, esperaban ansiosas a sus maridos, a los padres de 
sus hijos, y la desesperación y el llanto cundía en ellas, cuando al 
divisar las filas, veían los claros, hechos por el plomo enemigo [...]* 





Figura 46. General José María Paz 





335 Sarmiento, D.J. Prólogo. En: Memorias póstumas del General J.M. Paz, op cit. 


180 


RicarDO Pou FERRARI 


En 1842 se produce una importante epidemia de viruela. 


En diciembre de 1843 aparece el escorbuto. ** La autori- 
dad sanitaria repasa las posibles causas: consumo de carnes sa- 
ladas, escasez de verduras y legumbres frescas, descomposición 
de productos vegetales o animales, hacinamiento en los con- 
ventillos, “pasiones tristes” y fatigas; sólo admite como posible 
la *humedad reinante y el frío”. El Consejo de Higiene, inte- 
grado por Fermín Ferreira, Chouciño, Juan Bautista Antonini, 
Vilardebó y Juan Francisco Nollet, aconseja antiflogísticos,?” 
sangrías, vomitivos, purgantes, arroz, fideos, verduras, limona- 
da, buen vino.*** 


Dice Pablo Blanco Acevedo: 


“En 1846 la guerra estaba en todo su apogeo. Cuatro años ya, 
iban transcurridos del sitio y ni Oribe había conseguido entrar a 
la ciudad ni sus defensores, a pesar de todos sus esfuerzos, habían 
podido obligar a los sitiadores a levantar el asedio. La situación 
crítica completamente anormal, ante la defraudación de todas las 
esperanzas de parte de Montevideo, para que aquel estado de cosas 
tuviera un término, había ido, lentamente, ausentándose, produ- 
ciéndose así un fenómeno curioso cuya característica podría decirse 
que era la de una especie de normalidad”. 


No obstante la precariedad de los medios y la excepcionali- 
dad de las circunstancias, Montevideo había progresado. 


En 1846 se celebra el primer armisticio como preliminar a 
las tratativas de paz iniciadas por la frustrada misión de Thomas 





336 Las observaciones de esta epidemia forman la base de la tesis presentada por Vi- 
lardebó en Río de Janeiro: Vilardebó, Teodoro M. Algunas reflexoes acerca do scorbuto 
que reinou en Montevideo durante el anno de 1843, these apresentada perante a Eschola 
de Medicina de Rio de Janeiro e sustentada, a os 8 de agosto de 1844, 19 págs, Río de 
Janeiro. 

337 Los antiflogísticos eran agentes muy diversos; se habían popularizado a causa de la 
difusión de la Medicina Fisiológica de Fangois-Joseph-Victor Broussais; entre los agentes 
más difundidos estaban las sangrías y las sanguijuelas. 

338 Pollero, Raquel, op cit: http://www.alapop.org/Congreso2010/DOCSFINAIS_ 
PDF/ALAP_ 2010_FINAL207. pdf. 

339 Blanco Acevedo, Pablo. La Guerra Grande y el medio social de la Defensa. Rev 
Hist Univ, 1909; 2: 756. 


181 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Samuel Hood (Londres, 1799-1863). Benjamin Poucel (Marsella, 
1807-1872) revive el cuadro que se presentó a su vista, cuando, 
“como consecuencia de la celebración de aquel acontecimiento, el 
pueblo de Montevideo y el del Cerrito, concurrieron en masa a las 
mismas líneas para estrecharse en un abrazo fraternal” 


Al año siguiente, en 1847, llega otra misión, que resultó 
igualmente fallida, constituida por Lord John Hobart Caradoc 
Howden (Dublin, 1799-Bayona, 1873) y el supuesto hijo 
natural de Napoleón l, el conde Alexandre Colonna Waleski 
(Varsovia, 1810-Estrasburgo, 1868). 


Ese mismo año, Vilardebó pide autorización para ausen- 
tarse de Montevideo, viajando a Río de Janeiro, donde presenta 
una tesis, con objeto de revalidar su título, que versa sobre «la 
epidemia de escorbuto» que había ocurrido en la ciudad sitiada 
y que ya hemos citado. 


También en 1847, con fecha 3 de noviembre, el Gobierno 
reintegra a Ferreira a la Asamblea de Notables, de la que ha- 
bía sido separado, a raíz de los sucesos vinculados al movi- 
miento “subversivo” a favor de Rivera, que había retornado a 
Montevideo, al que ya hemos hecho referencia. 


En el año terrible de 1848, otra misión, que también fue 
un fracaso, llega al Río de la Plata, integrada por Robert Gore 
(Londres, 1805-1866) en representación del Reino Unido y 
Jean-Baptiste-Louis Gros (Paris, 1793-1870), de Francia. 


Ese año, el 6 de febrero, muere en su quinta del Miguelete, 
Dámaso Antonio Larrañaga, Vicario Apostólico, hombre pú- 
blico, científico, escritor, a los 77 años, totalmente ciego desde 
hacía tiempo, pero lúcido. Pese a que habitaba donde se acaba 
de referir, que se hallaba en el campo sitiador, no dejó de cum- 
plir sus funciones pastorales a ambos lados de la línea, siendo 
respetado por los dos bandos. 





340  Poucel, Benjamin. Les otages de Durazno; souvenirs du Rio de la Plata, pendant 
Pintervention Anglo-francaise de 1845 a 1851, Paris, A. Faure éd; Marseille, Camoin éd, 
1864, 380 págs. 


182 


RicarDO Pou FERRARI 


En abril de 1848 hace crisis la situación de la ciudad si- 
tiada. Se declara “Estado de sitio y supresión de las garantías 
individuales”. Al mismo tiempo se crea una comisión especial, 
compuesta de cinco miembros, entre los que se halla Ferreira, 
encargada de compartir con el Poder Ejecutivo la responsabi- 
lidad de las medidas drásticas que fuera necesario adoptar. En 
ese mismo despacho, se le comunica que ha sido designado 
Consejero de Estado. 


Las ANESTESIAS GENERALES EN LA CIUDAD SITIADA (1847 Y 1848) 


El 2 de mayo de 1847 - menos de cuatro meses después 
de la primera intervención bajo anestesia general realizada en 
el Massachusetts General Hospital- Adolphe Brunel practica, 
en el Hospital Francés, en cuatro minutos, la amputación del 
tercio distal del brazo, a un artillero de nacionalidad española 
de 52 años, dormido bajo los efectos de la inhalación de éter, 
administrado por Patricio Ramos. Con posterioridad, se hicie- 
ron varios nuevos intentos, con éxito variado, que hizo caer un 
cierto manto de desesperanza sobre el notable avance. 


A fines de 1847, James Young Simpson (Bathgate, 
1811-Edimburgo, 1870), ginecólogo de Edimburgo, había 
mostrado que el cloroformo, descubierto veinticinco años antes, 
era un poderoso agente anestésico. Poco menos de seis meses 
más tarde, Ferreira inaugura la nueva droga, constituyéndose en 
el primero en usarla en Sudamérica. 


“Un francés, profesor de farmacia, establecido en la calle 25 
de Mayo, Francisco Constantino Thibalier, comenzó obteniendo 
por destilación de cloruro de cal y alcohol rectificado, un producto 
que si bien en ciencia estricta, no era el triclorato de la fórmula de 
Simpson, presentaba casi todos sus caracteres [...] El 11 de febre- 
ro de 1848, nuestro doctor Fermín Ferreira dispúsose a intervenir 
con la preparación de Thibalier a un joven moreno, José Silva, que 
sufría grandes padecimientos aquejado de “fimosis”. En presencia 
de su colega el doctor [Hilario] Almeida y del cirujano Bartolomé 


183 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Bustamante, del bergantín de guerra español Volador, aplicó 
Ferreira sobre la boca y la nariz de su enfermo una esponja embe- 
bida en el líquido en experiencia y catorce minutos después pudo 
comprobarse que el estado de insensibilidad sobreviniente permitía 
comenzar, sin riesgo ni contratiempo |...] Mientras el Profesor de 
Edimburgo empleando cuatro gotas de cloroformo, lograba la anes- 
tesia total en algunos segundos. El nuestro necesitó 4 onzas del lí- 
quido Thibalier y el transcurso de quince minutos [...] Poco tiempo 
después, el farmacéutico y profesor francés Julio Antonio Lenoble, 
obtenía el anestésico ajustado al codex. Casi en seguida, Domingo 
Parodi, farmacéutico asimismo y Mario Isola, estudiante de medi- 
cina, llegaban a termino idéntico. En posesión del legítimo cloruro 
de formila, el doctor Odicini opera -17 de febrero de 1848 [6 días 
después que Ferreira] - a dos soldados de la Legión Italiana y con la 
misma fecha, el doctor Brunel realizaba en el Hospital de Caridad, 
una herniotomía de urgencia, en un sujeto de de 55 años, que fue 


anestesiado en cuatro minutos” 2% 


TRATADO DE ARANA-SOUTHERN, LEVANTAMIENTO DEL BLOQUEO 
FRANCÉS DE BUENOS AIRES 


En 1849, Rosas consigue levantar el bloqueo portuario, 
a través del tratado firmado por Henry Southern (Londres, 
1789-1853) y Felipe Arana (Buenos Aires 1786-1865). El mis- 
mo reconocía a la Confederación argentina “la plena soberanía 
sobre sus ríos interiores, incluido el río Uruguay, en común con la 
República Oriental” y “el derecho de la Argentina de solucionar sus 
diferendos con el gobierno uruguayo por vías pacíficas o bélicas sin 
intervención extranjera, incluyendo el derecho a bloquear los puer- 
tos enemigos”. También se devolvía a Rosas la flota capturada y 
la isla Martín García. 





341 Fernández Saldaña, José María, op cit: 21-22. 


184 


RicarDO Pou FERRARI 


INSTALACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE MONTEVIDEO 


El 18 de julio de ese año, se instala solemnemente la 
Universidad de Montevideo en un acto que tiene lugar en la 
Iglesia de San Ignacio, que será estudiado en el capítulo corres- 
pondiente. 


PACHECO Y OBES: MINISTRO PLENIPOTENCIARIO DE LA DEFENSA 
EN París 


También en 1849, Melchor Pacheco viaja a Francia en ca- 
rácter de Ministro Extraordinario y Plenipotenciario para pro- 
mover la causa de la Defensa entre los europeos. Lo acompaña 
el Coronel Gallardo (f.1882) y en la capital francesa se pliega 
Mariano Ferreira y Artigas, que actúa como “attaché”. Durante 
la larga estadía, Pacheco desarrolla una profusa actividad diplo- 
mática y social y estimula a Alexandre Dumas (padre) para que 
escriba una historia novelada del sitio, “Montevidéo ou une 
nouvelle Troie”.* Este relato ofrece primero una idea general 
de la historia del Río de la Plata para detenerse luego en el Sitio; 
destaca las hazañas de la Legión francesa, así como las diversas 
tentativas de pacificación por parte de enviados galos. No cabe 
duda que quien le dio todos los detalles a Dumas fue el propio 
Pacheco. La obra no tiene atractivo literario y como crónica, ca- 
rece de vuelo, limitándose a hacer una enumeración de hechos 
y personajes. 


INTENTOS DE GUERRA, TRATADOS DE PAZ 


Pacheco, al igual que José Ellauri -ambos en París-, pro- 
cura la contratación de ejércitos mercenarios para la defensa de 
Montevideo. 


Tienen lugar otros dos intentos de pacificación, mediados 
por el Vice-Almirante francés Fortuné-Joseph-Hyacinthe Le 


Prédour de Kerambriec (Chátolin, 1793- Paris, 1866). Luego 





342 Dumas, Alexandre. Montevidéo ou une Nouvelle Troie, op cit. 


185 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


del primero, Pacheco, César Díaz (Montevideo, 1812-Paso 
de Quinteros, 1858) y Francisco Tajes (?-Paso de Quinteros, 
1858), procuran convencer a Suárez que la jugada está perdida 
y que era preciso “entenderse con Oribe”. 


Al año siguiente, en 1850, Le Prédour plantea un nuevo pro- 
yecto, que culmina con la firma del tratado Arana-Le Prédour, 
que garantiza las buenas relaciones entre la Confederación ar- 
gentina y Francia. 


Mientras tanto, Brasil se involucra en el asunto. Hay una 
enorme correspondencia en la que Ellauri, desde París, informa a 
Lamas, en Río de Janeiro, y este a Herrera y Obes, en Montevideo, 
acerca de los cambios que ocurrirían en la representación diplo- 
mática brasileña y que favorecerían el desencadenamiento de 
una acción bélica de Brasil contra Rosas. A último momento, 
Brasil se decide por la neutralidad, aunque manifiesta su pro- 
pósito de proteger la independencia de Montevideo. Mientras 
tanto, ocurren robos en las estancias riograndenses limítrofes con 
el Uruguay, de los que se hacen responsables a los soldados de 
Oribe; esto aumenta la tensión entre Brasil y los federales. Por 
otra parte, Herrera y Obes, a través de [Benito Javier?] Chain, en 
más de una ocasión, procura el acercamiento a Urquiza a la causa 
de Montevideo, que termina por producirse. 


CARTAS DE FERREIRA A PACHECO 


De esta época son las cartas de Ferreira a Pacheco, vía Lamas, 
solicitándole el pronto regreso a Montevideo para hacerse cargo 
de la situación.** En las mismas, traduce un buen conocimien- 
to de la tensa atmósfera política que se vivía, cuando casi deses- 
peraban los dos bandos por hallar una solución. A través de ellas 
se tiene noticia también de los viajes de Herrera a Entre Ríos. 
Es importante observar la corrección de la grafía y la sintaxis de 
estas notas, así como la capacidad de su autor para transmitir 
mensajes en pocas palabras, y con mucho peso. Ellas hacen pen- 





343 Ver Anexo Documental N*1, AGN. 


186 


sar en un hombre educado, y, más que nada, habituado desde 
la infancia a este tipo de negociaciones políticas y diplomáticas. 


Rosas pretende imponerse a Urquiza, pero circunstancias 
económicas desfavorables en Entre Ríos, llevan a su definiti- 
vo distanciamiento. Se forma finalmente una coalición entre 
la Defensa, Urquiza y Garzón. Se trabaja en un acuerdo hasta 
que este se logra el 8 de octubre de 1851, con el que finaliza la 
Guerra Grande “sin vencidos ni vencedores”. 


LA MUERTE DE GARZÓN Y SEGUNDA CONDENA DE CAPDEHOURAT 


El 1 de diciembre de 1851 ocurre la muerte del General 
Eugenio Garzón, quien hubiera sido el candidato óptimo para 
ocupar la Presidencia de la República, tema sobre el que las dos 
partes estaban de acuerdo. El paciente había sido examinado el 7 
de noviembre por una Junta médica presidida por Ferreira, que 
había dictaminado -con la opinión contraria de Capdehourat- la 
existencia de un “vicio orgánico” que le impediría asumir el cargo 
para el que selo postulaba. El médico francés ofrece un tratamiento 
alternativo y manifiesta públicamente su esperanza en la mejoría 
y pronta recuperación del enfermo, que sin embargo fallece dos 
días después. Se plantea que había sido envenenado. El gobierno 
dispone la realización de una autopsia (2 de diciembre), de la que 
participa Ferreira, la que revela la presencia de un aneurisma de 
la parte descendente del cayado de la aorta, que comprimía el 
lóbulo superior del pulmón izquierdo y a cuyo nivel se observaba 
una rotura de la pared arterial, lesión €que había dado lugar a la 
hemorragia mortal”.2% Seguidamente, la Junta de Higiene somete 
al acusado a un proceso oral (2 de diciembre),*$ % resultado del 
cual dictamina -de acuerdo a lo dispuesto por la Ley de Policía 
Sanitaria- suspender a Capdehourat en el ejercicio de la profe- 





344  Practicaron la autopsia Odicini, A. Marroin y Brunel; fue presenciada por Ferrei- 
ra, Muñoz, Oliveira Bruno y Michaelson. 

345 Los integrantes de la Junta eran: Ferreira (presidente), Odicini, Muñoz, Siffredi, 
Martin de Moussy, Marroin, Brunel, Bruno, Michaelson y Julián Fernández. 

346 AGN. Caja 11. Carp 58. doc 309-319, 2 de diciembre de 1851. Relativo a la 


autopsia de Eugenio Garzón y al proceso de enjuiciamiento de Capdehourat. 


187 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


sión. Basa su resolución en que el diagnóstico por él formulado 
(E reumatismo muscular con pericarditis latente”) era erróneo, el 
tratamiento “incierto e inoportuno”, el pronóstico equivocado y 
“que su anuncio al público [...] de que el Sr General Garzón estaba 
salvo del peligro que le había amenazado halbía) sido una propo- 
sición que revelalba] supina ignorancia [...] y que [Capdehourat] 
ha impedido que se empleen los medios preventivos indispensables 
para evitar la catástrofe que ha sucedido” y por consiguiente, que 
lo había tratado inadecuadamente.*" 3% Según Riveiro y Roó, 
que han estudiado esta sentencia considerándola el “primer caso 
de responsabilidad médica en Uruguay”, no surge la existencia de 
responsabilidad médica o desconocimiento de las normas técnicas de 
la época”.*9 Entre los médicos involucrados en el proceso, apare- 
ce un profesional no conocido para nosotros, Auguste-Charles- 
Thomas Marroin (1816-1896), que posiblemente estaba de paso 
por Montevideo; se había graduado en París en 1843%% y figura 


entre los médicos de la marina francesa.?** 


EL FIN DE Rosas 


Con posterioridad a la terminación de la guerra, se cons- 
tituye el llamado Ejército grande en el que están involucrados 
Uruguay, Brasil y las provincias de Corrientes y Entre Ríos, fuer- 
zas que, comandadas por Urquiza vencen a Rosas en Caseros el 
2 de febrero de 1852. ** Ello ocasiona su renuncia y el viaje, sin 
retorno, hacia Inglaterra. 





347 Riveiro, G; Roó, R. Análisis médico-legal del primer caso de responsabilidad mé- 
dica en Uruguay. Rev Med Urug, 2007; 23: 179-186. 

348  Soiza Larrosa, Augusto. Historia de la medicina legal y los peritajes médico foren- 
ses en el Uruguay. http://www.medicinalegal.edu.uy/depto/historia/medlegal-historia. 
pdf. Consultado el 14 de febrero de 2017. 

349  Mañé Garzón, Fernando. Clínica Viva. Historia, Humanismo y Ciencia, Monte- 
video, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2006: 180. 

350  Marroin, Auguste. Observations sur Mossi-Bey, Mayotta et sainte Marie de Ma- 
dagascar, Paris, Rignoux éd, 1843, 28 págs. “These No74, Tome 10. 

351 Dictionnaire des médecins, chirurgiens et pharmaciens de la marine, sous la dir. 
de B. Brisou, Vincennes, 2010. 

352 El 2 de febrero de 1852, en ocasión de la batalla de Caseros, el Cirujano de la 
División Oriental era el francés Lorenzo Lons. 


188 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 47. Estudio (detalle). Juan M. Blanes. Museo Nacional de Artes Visuales, 
Montevideo 


PRESIDENCIA DE GIRÓ, EL TRIUVIRATO Y EL GOBIERNO DE FLORES 


El 19 de marzo de 1852 Juan Francisco Giró es elegido 
Presidente de la República. Renuncia el 25 de setiembre del año 
siguiente, nombrándose un triunvirato, integrado por Flores, 
Lavalleja y Rivera. El segundo fallece súbitamente el 22 de oc- 
tubre,* siendo objeto también de una autopsia de la que par- 


354 355 y el tercero nunca llega a ocupar su cargo, 


356 


ticipa Ferreira, 
ya que muere en enero de 1854 mientras se hallaba en Melo. 
Por esta razón, Venancio Flores (Trinidad, 1808-Montevideo, 
1868) completa el período de gobierno (hasta marzo de 1854), 
retirándose después a Buenos Aires. 





353 Sobre Lavalleja: Boletín Histórico del Estado Mayor General del Ejército, 1953; 
61:138 pp. 

354 Wilson, Eduardo. Consideraciones acerca de la autopsia del General Lavalleja. 
Rev Med Urug, 1991; 7:83-90. 

355 AGN. Caja 16. Carp 2, fs 55-57, 23 de octubre de 1853. Autopsia del Brigadier 
General Juan Antonio Lavalleja. 

356 AGN. Caja 16. Carp 3, fs 652, 19 de enero de 1853. Invitación a las exequias del 


Brigadier General Fructuoso Rivera. 


189 


CAPÍTULO XIV 


LA SOCIEDAD DE MEDICINA 


MONTEVIDEANA 





Figura 48. Portada de los Estatutos de la Sociedad de Medicina Montevideana, 1853. 


191 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El 19 de noviembre de 1852 se instala la Sociedad de 
Medicina montevideana, de la que Ferreira es el primer presi- 
dente (el segundo fue Henrique Muñoz y el tercero y último, 
Francisco Antonino Vidal Silva [San Carlos, 1825-Montevideo, 
1889]). En 1856, la corporación se disuelve. 


Los estatutos y reglamentos impresos llevan por fecha 
1853, pero su redacción fue lo primero puesto en consideración 
y elaborado por los miembros de la Sociedad, el año anterior 


(Figura 48). 


Es de destacar que en ese momento el cuerpo médico de 
Montevideo era relativamente numeroso y variado en cuan- 
to a sus nacionalidades y Universidades de origen. En efec- 
to, dos de ellos (Henrique Muñoz y Luis Michaelson) eran 
alumnos de Edimburgo -la “capital intelectual del protestan- 
tismo”-, cuatro de París (Victor Martin de Moussy, Pierre 
Léonard, Francisco Nollet, Pierre Vavasseur),” uno del 
Colegio de Cirugía “Jefferson” de Filadelfia (Carlos Neves)**; 
uno de la Real Academia de Cirugía de San Carlos en Madrid 
(Francisco García Salazar),* tres de diferentes facultades ita- 
lianas (Bartolomé Odicini, Santiago Bottini y J. Rossi), cuatro 
de Buenos Aires (Patricio Ramos, Pedro García Diago, Gabriel 
Mendoza y Juan Francisco Correa) y uno brasileño (Cándido 
de Azambuja). Aparte de los médicos, estaban los farmacéuti- 
cos, que tuvieron una destacada actuación, que no siempre se 
enfatiza lo suficiente, de los que uno era criollo formado en 
Buenos Aires (Alonso González Vizcaíno), otro francés (Julio 
A. Lenoble) y el tercero italiano (Domingo Parodi).*% Pese a 





357 Curiosamente, sin que exista una explicación plausible de ello, pese a su notorie- 
dad pública y a la gran capacidad técnica, Adolphe Brunel no participó de esta Sociedad. 
358 Era hijo de Miguel Neves, médico portugués que llegó con Lecor, se instaló en 
Colonia, y entre esta ciudad y Mercedes, pasó toda su vida, rodeado de prestigio, más allá 
de la dominación luso-brasileña. 

359 Sancho de San Román, Rafael. El Doctor Francisco García de Salazar y Mora- 
les (Breve noticia de un médico toledano en Ultramar) http://realacademiatoledo.es/ 
wpcontent/uploads/2011/04/www.realacademiatoledo.es_files_toletum_0011_tole- 
tuml1_sanchodoctor.pdf. Consultado el 15 de febrero de 2017. 

360  Griindwalt Ramasso, Jorge. Historia de la química en el Uruguay 1830-1930, 
Montevideo, Rev Inst Hist Geogr Urug, 1966, 144 págs. 





192 


RicarDO Pou FERRARI 


no estar aún en Montevideo, se reserva un sitial a Vilardebó, en 
calidad de socio fundador. Entre los corresponsales, figura Aimé 
Bonpland y varios de los connotados médicos de Buenos Aires. 


Un punto de interés es que su órgano de prensa, los “Anales 
de la Sociedad de Medicina montevideana”, de los que aparecen 
once números entre 1853 y 1856, es la primera publicación 
periódica científico médica que se publicada en Uruguay. Con 
anterioridad a 1853, los comentarios acerca de la actividad de 
la Sociedad y algunos de los trabajos allí presentados, fueron 
reproducidos por la revista “El Plata científico y literario” de 
Buenos Aires, la que continuó incluyendo material con poste- 


rioridad a esa fecha.?* 


La iniciativa de fundación de la Sociedad quizás no fue de 
nuestro biografiado, pero el hecho que haya sido elegido para 
presidirla por una asamblea tan heterogénea como calificada, es 
un reconocimiento a sus condiciones de “armonizador” de vo- 
luntades y a su laboriosidad y perseverancia. Los hechos demues- 
tran lo acertados que estuvieron, puesto que mientras Ferreira 
ejerció la presidencia, la actividad fue regular y productiva, cum- 
pliéndose estrictamente con el Reglamento; más tarde, en espe- 
cial cuando le tocó a Francisco Antonino Vidal, personaje de 
múltiples aristas y carácter bohemio, rápidamente se esfumó este 
ámbito científico, que tanta importancia tuvo en los inicios de 
la medicina académica en Uruguay. El tema de la actividad de la 
Sociedad de Medicina montevideana ha sido exhaustivamente 
tratado por Fernando Mañé Garzón,?*? lo que nos exime de co- 
mentarios que escapen a la figura de su primer presidente. 


Además de los trabajos acerca de casos, se abordan temas de 
índole más general en los que Ferreira interviene. 


Por ejemplo, acerca del desempeño profesional, como el 
referido por Michaelson: 





361 El Plata científico y literario. Revista de los Estados Unidos del Plata sobre Legis- 
lación, Jurisprudencia, Economía-Política, Clencias Naturales y Literatura / Publicado 
bajo la dirección de Miguel Navarro-Viola (abogado), Buenos Aires, 1854 y 1855. 

362  Mañé Garzón, Fernando. Vilardebó, op cit. 


193 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


“la disposición legislativa de que todo médico llamado para 
acudir a un herido, envenenado, etc., tiene obligación de informar 
a la autoridad sobre lo ocurrido en las primeras horas; que el médi- 
co de policía no tiene obligación de asistir o curar heridos, sino de 
hacer los cuerpos de delito y las autopsias”.+% 


Ferreira deja constancia al respecto, “que es preciso distinguir 
el hecho del deber”, y que este último “es la obligación que tienen 
todos los médicos de acudir a un herido y dar parte inmediatamen- 
te a la autoridad”, a lo que agrega “que los certificados deberían 
pagarse cuando se ha dado la sentencia” y que la falta, que explica 
que los médicos sean reacios a cumplir con su obligación, radica 
“4 veces en los jueces más que en lo dispuesto por la ley”. Concluye 
recordando que uno de los objetivos de la Sociedad de Medicina 
es “hacer respetar la clase médica y hacer valer sus derechos ante 
las cámaras legislativas”. Véase que esta frase encierra el sentido 
corporativo, que luego de más de medio siglo va a retomar el 
“Club Médico” y con posterioridad, el “Sindicato Médico del 
Uruguay”. El aspecto científico será continuado, luego de un 
intervalo de cuarenta años, por la “Sociedad de Medicina de 
Montevideo”, fundada en 1893 y que se mantendrá activa hasta 


1932: 


En otra sesión se discute acerca de “Dos medios más eficaces de 
propagar la vacuna y la urgencia [de las medidas que se adopten 
al efecto]”, así como el método usado para su administración, 
siendo esta última, a juicio de Ferreira, la cuestión principal. 
Debe tenerse en consideración que si bien desde 1840 la viruela 
era una enfermedad endémica, cada tanto aparecían epidemias, 
con alta mortalidad, que fueron atribuidas al escaso número de 
vacunados, a la inoculación a edades tardías, al empleo de ma- 
terial de mala calidad. Ferreira insiste en que es preciso instruir 
a quienes administran la vacuna, difundir los beneficios de la 
misma, hacerla obligatoria a edades tempranas, responsabilizan- 
do a padres, maestros y autoridades departamentales; plantea si 
además, no sería preciso revacunar. Este proceder, al igual que la 





363 Anales de la Sociedad de Medicina montevideana, 1853; 1: 59. 


194 


RicarDO Pou FERRARI 


“degeneración” del suero vaccinal, era un tema de actualidad en 
Europa, en especial cuando se observaba el fracaso de la vacuna 
cuando se pretendía de ella un máximo grado de protección. 


En la sesión del 7 de junio de 1852 se plantea la cues- 
tión de si la Universidad está omisa, habida cuenta de que en el 
Reglamento de la misma se preveía la fundación de la Facultad 
de Medicina, lo que no se había concretado. 


“El Sr. Presidente hace la proposición siguiente: -<Si convie- 
ne o no la fundación de una escuela de medicina en el país>. 
Después de una discusión en la que varios miembros hicieron al- 
gunas observaciones sobre la creación de dicha escuela, exponiendo 
los grandes inconvenientes, y más que todo, la dificultad de poderse 
plantear y conservar en la actualidad una institución que hiciese 
honor al país, por los muchos gastos que originaría, el Sr. Presidente 
observó de nuevo a la Sociedad que sólo se trataba de la conve- 
niencia y no de la posibilidad de crear tal institución. Por consi- 
guiente, ponía a votación la proposición siguiente: -<Si convenía 
o no la fundación de una escuela de medicina en la República>. 
Resultó afirmativa. El Sr. Presidente nombra enseguida una comi- 
sión compuesta por los Sres. Vavasseur, Odicini, Cándido y Parodi, 
incluso el Sr. Presidente, para que formule un proyecto sobre dicho 
objeto”. Tenoramos si llegó a adelantarse en ese sentido. Salvo 
algún párrafo de las Actas del Consejo de la Universidad,*% no 
hay otra mención al asunto. Demoraría más de veinte años en 
concretarse, y aún así, en condiciones muy precarias y con gran- 
des dificultades durante la primera década de existencia. En este 
sentido, puede plantearse si la Sociedad de Medicina monte- 
videana -por sí misma- no constituía un ámbito, si no de for- 
mación, al menos de perfeccionamiento para quienes ejercían 
la profesión, así como para estudiantes universitarios de otras 
Facultades que desearan interiorizarse en estos temas y que qui- 
zás, de ese modo, pudieran descubrir su vocación médica que 
luego eventualmente estudiaran en otros países. Es interesante 
este asunto, ya que al analizar las circunstancias en las cuales 





364 Anales, op cit; 1: 48. 
365 Facultad de Humanidades y Ciencias, Actas del Consejo de la Universidad, op cit. 


195 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


transcurrió la actuación de Ferreira, tanto en la Sociedad como 
en la Universidad, es claro que dar el paso de fundar la Facultad 
de Medicina hubiera sido una temeridad. Sí lo hizo -mucho 
después- Plácido Ellauri, lo que es llamativo, por ser un hombre 
proveniente del mundo de las letras, si bien podría explicarse 
por su vinculación al mismo grupo familiar que Ferreira y por 
haber sido sobrino de un médico (Ramón Casiano Ellauri). No 
contaba Don Plácido con que iba a chocar con la apatía de los 
médicos orientales destacados a quienes recurrió -en su momen- 
to- infructuosamente, en más de una oportunidad, debiendo 
finalmente basarse en improvisados profesores extranjeros. 


TRABAJOS CIENTÍFICOS PRESENTADOS POR FERMÍN FERREIRA 


Restringiéndonos a los trabajos originales presentados por 
Ferreira, estos son dos. El primero se titula “Ligadura de la arte- 
ria ilíaca externa. Extracto de dos memorias presentadas por el Dr. 
Ferreira a la Sociedad de Medicina Montevideana” y está incluido 
en la sección “Memorias y Observaciones” de los Anales, en dos 
partes sucesivas: el primer caso, fechado en junio 26 de 1854*% 
y el segundo, el 10 de enero de ese año;*” no queda claro por 
qué la secuencia de publicación no respeta la cronología en que 
fueron escritos o presentados. Ambos corresponden a pacientes 
ingresados al Hospital de Caridad en 1853. El segundo trabajo, 
son las estadísticas “de las dos salas de medicina que administra 
Fermín Ferreira en el Hospital de Caridad”, seguidas por algunos 
interesantes comentarios. 


LIGADURA EXTRAPERITONEAL DE LA ARTERIA ILÍACA EXTERNA 
(Figura 49) 


Con referencia al primero, despierta la curiosidad del diser- 
tante que en los diez años transcurridos desde que en 1844 fuera 
designado jefe de los hospitales públicos de la capital, teniendo 





366 Anales, op cit; 1: 129-134. 
367 Anales, op cit; 1: 134-135. 


196 


RicarDO Pou FERRARI 


en cuenta la gran cantidad de traumatismos que tuvo ocasión de 
ver, no encontrara algún aneurisma arterial que pudiera haber 
sido tratado mediante el método de la ligadura. Eran frecuen- 
tes, en contraste, las lesiones aneurismáticas de la aorta torácica 
y de su cayado. Hace mención a un caso de 1850, operado en 
colaboración con Muñoz, Odicini y Mendoza, que se recuperó 
completamente. 


Los pacientes que trae a consideración son, como fue di- 
cho, del año 1853. El primero es un soldado joven que lue- 
go de un esfuerzo, notó una tumoración por debajo del anillo 
inguinal derecho, la que fue creciendo y haciéndose dolorosa. 
El examen le permitió a Ferreira comprobar una tumoración 
pulsátil por encima de la región inguinal. Lo interna y somete 
a un tratamiento “conservador” por espacio de cincuenta días, 
consistente en reposo, dieta severa, aplicación de frío sobre el 
tumor, el “tratamiento de Valsalva” (suponemos que consiste en 
la compresión extrínseca), las ineludibles sangrías, administra- 
ción de digital y preparaciones de hierro (muy en boga en esa 
época). Como puede verse, todos ellos eran recursos empíricos 
que difícilmente podían resolver la lesión arterial. 


Se hace una junta médica a la que “asisten Martín de Moussy, 
Cándido [Azambuya], Odicini, Muñoz, Michaelson y [Diego del] 
Alvear que están de acuerdo en practicar la ligadura”. 


La descripción del procedimiento operatorio es de gran ca- 
lidad: desde la aplicación de la anestesia por cloroformo; la posi- 
ción del enfermo “acostado e inclinado un poco hacia el lado sano”, 
los instrumentos utilizados; la incisión practicada -paralela a la 
arcada inguinal- y la apertura sucesiva de los planos parietales 
-fascia transversalis, porción aponeurótica del oblícuo mayor, 
aponeurosis y músculo transverso, teniendo la precaución de no 
herir la arteria epigástrica ni abrir el peritoneo-, hasta llegar al 
espacio de Bogros. Entonces, el ayudante lleva el saco peritoneal 
hacia arriba y adentro, en tanto el cirujano separa el peritoneo 
que recubre los vasos, para lo que, sirviéndose del dedo índice, 
reconoce el borde externo del músculo psoas, junto a él, el latido 


197 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de la arteria ilíaca externa y entonces, con una sonda acanalada, 
separa ésta última de la vena, pasando la ligadura por debajo, en- 
tre el corazón y el aneurisma. Pide a los presentes que verifiquen 
la correcta ubicación de los lazos y realiza la ligadura. Coloca un 
apósito. Todo el procedimiento ha insumido ocho minutos. 


Esta destreza para practicar una intervención laparotómica 
extraperitoneal y el conocimiento de la anatomía quirúrgica que 
denota, necesariamente requiere un aprendizaje y práctica previos. 


La primera ligadura exitosa de la ilíaca externa fue reali- 
zada por John Albernethy (Londres, 1764-1831) en 1796; *8 
más tarde se atribuyó la prioridad a Astley Cooper (Norkfolk, 
1764-Londres, 1841), quien sólo hizo una modificación de la 
incisión de piel (oblicuamente, paralela al ligamento de Poupart, 
teniendo la precaución de no herir la arteria epigástrica).?** Jean- 
Annet Bogros (Paris, 1786-1826)*" describió el espacio prepe- 
ritoneal que continúa hacia los lados al suprapúbico de Retzius 
y que es el que utiliza en este caso el cirujano para acceder al 
vaso; también Bogros adhirió al empleo de la incisión propuesta 


por Cooper. 


La descripción que realiza acá Ferreira, está tomada, sin 
duda, incluso en detalles, del clásico libro de Medicina opera- 
toria de Alfred Velpeau (Bréches, 1795-Paris, 1867), donde este 


señala algunas variantes de técnica propias.?”* 


Una de las tesis de París de Vilardebó versa, según ya se ha 
señalado, sobre el tratamiento quirúrgico de los aneurismas por 
el método de Brasdor, o sea haciendo la ligadura distalmente 
con respecto a la dilatación. No muchos años posterior a esta 





368 Albernethy, J. Surgical cases and remarks. Of the operation for the aneurysm. 
London, Candell and Davis, 1797: 149-176. 

369 Cooper, A. The anatomy and surgical treatment of abdominal hernia. London, 
Longman and Co, 1804. 

370  Bogros, Essai sur l'anatomie chirurgical de la région iliaque et description d'un 
nouveau procédé pour faire la ligature des arteries epigastrque et iliaque externe. These 
Paris, No 153, Didot le Jeune imp, 1823, 30 págs. 

371  Velpeau, Alfred A-L-M. Nouveaux éléments de Médecine opératoire accompagnés 
Tun atlas de 20 planches in 42 représentant le principaux procédés opératoires et grand 
nombre d'instruments de chirurgie, Paris, J. B. Bailliére, 1832: 178-180. 


198 


RicarDO Pou FERRARI 


última es la publicación, también ya referida, del tratamiento 
quirúrgico de un aneurisma de la ilíaca externa por ligadura de 
la primitiva por encima de la lesión, realizado por vía transperi- 
toneal y que fue efectuado por Cayetano Garviso. 


Tan interesante como la descripción operatoria es la del se- 
guimiento posterior que relata Ferreira. En las horas siguientes, 
primero aparece dolor localizado, que se generaliza más tarde 
al resto del abdomen en forma progresiva, acompañado de dis- 
tensión, timpanismo y síntomas toxi infecciosos generales. No 
se practica medición de la temperatura -todavía no se había 
difundido el uso sistemático del termómetro, que tuvo lugar 
hacia 1860 con la obra de Carl Wunderlich (1815-1877)-, la 
evolución se sigue por la frecuencia y la “dureza” del pulso, el as- 
pecto y abundancia de la orina, el color de la piel y las mucosas 
(lengua), la facies, el estado general. A ello se agrega la descrip- 
ción de las secreciones que salen de la herida una vez retirado el 
apósito (serosas, sanguinolentas, pus laudabilis o no, etc.). 





tomo VI del Traité complet de Panatomie de 'homme, par les Drs Bourgery 
et Claude Bernard et le professeur-dessinateur-anatomiste N.H. Jacob, avec le 
concours de Ludovic Hirschfeld, Paris : L. Guérin, 1866-1871 


199 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


No menos interesante es la enumeración de los escasos e in- 
eficientes recursos terapéuticos empleados: infusión de digital”? 
a cucharadas por horas; bebidas primero aciduladas y emulcen- 
tes, luego gomosas o mucilaginosas; dieta absoluta; reposo; “el 
miembro [recubierto] con una bayeta con afrecho bastante calien- 
te”. Se repiten las sangrías (se extrae más de un litro de sangre en 
total). Tampoco faltan los enemas emolientes,”% las cataplasmas 
laudanizadas,*” las fricciones con mercuriales, el éter sulfúrico, 
el elixir paregórico,”* las sanguijuelas en el hipocondrio dere- 
cho, la “poción antiemética de Rinere”,?” el enema de infusión de 
3/8 Nada de esto impide que el cuadro se agrave y el 
paciente fallezca en medio de grandes sufrimientos. 


camomila. 


La autopsia comprueba que el procedimiento quirúrgico 
había sido correcto, que había elementos de peritonitis aguda 
“que terminó en un punto en la gangrena y en la general supura- 
ción”. Concluye el autor, adelantándose de este modo diez años 
a la antisepsia de Lister: 


“que esta excesiva inflamación puede atribuirse a la entrada 
del aire, en el tiempo que transcurrió cuando los Sres. Médicos que 
me acompañaron a la operación reconocieron el aislamiento de la 
arteria, y la reiterada manipulación para verificar aquella indaga- 
ción”. 

HOOK 
El segundo caso, también un militar joven con anteceden- 


tes de sífilis, consulta por tumoración inguinal, que primero se 
interpreta como una adenopatía inflamatoria, pero que luego 





372  Cardiotónico conocido desde el trabajo de William Whitering (1741-1799) de 
1585, An Account of the Foxglove and some of its Medical Uses. A partir de 1860 sus 
efectos fueron mejor conocidos a través de la obra de Ludwig Traube (1818-1876). 

373  Ácidas y que se mantienen emulsionadas. 

374 Con la capacidad de ablandar durezas. 

375 Era frecuente el empleo de paños mojados en tintura alcohólica de opio para evitar 
los efectos generales. 

376  Tintura de opio en alcohol, para tomar en gotas. 

377 Se trata de la poción de Lazare Riviére (1589-1655) o de Rivero, hecha con una 
mezcla de jarabe, bicarbonato, ácido cítrico, agua, etc. 

378 De acción digestiva, carminativa, sedante. 


200 


RicarDO Pou FERRARI 


se identifica como un aneurisma de la arteria femoral proximal. 
He aquí la sobria y exacta descripción semiológica realizada por 
Ferreira: 


“Examinado por mí pude reconocer un tumor circunscripto 
de forma oblonga, resistente, del volumen de un huevo de gallina, 
y con fuertes pulsaciones, que se limitaban al tumor mismo, se ha- 
llaba situado inmediatamente debajo del anillo inguinal del muslo 
izquierdo. Cubría la superficie de aquel tumor, un ligero infarto 
ganglionar, que le daba la apariencia de un tumor linfático”. 


Y realiza además el diagnóstico etiológico probable: 


“Ninguna reminiscencia pudo hacer el Capitán Pereira de las 
causas que habían dado origen a aquella afección; así es que re- 
cordando los síntomas secundarios de sífilis, que en otra época se 
habían presentado, tuve también la sospecha de que aún podría 
existir aquel virus y que a él se debiese la alteración de la túnica 
interna de la arteria”. 


Durante veinticinco días se mantiene el paciente internado, 
recibiendo yoduro de potasio y, según indicación de Vilardebó, 
aceto cloruro de mercurio. A los cincuenta días del ingreso, 
se convoca una junta, formada por Vilardebó, Michaelson, 
Odicini, Muñoz y Rossi, quienes están de acuerdo en realizar 
la ligadura, que se efectúa según la técnica descrita en el caso 
anterior. El paciente “soportó con resignación” la intervención, 
puesto que el cloroformo no hizo demasiado efecto. “La liga- 
dura se desprendió a los 26 días y a los 19 la herida exterior estaba 
perfectamente cicatrizada”. 


Dado de alta, se mantuvo en reposo relativo y con terapéu- 
tica marcial. El paciente es presentado ante los asistentes a la 
reunión de la Sociedad. 


201 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


CASUÍSTICA DE LA SALA DEL HOSPITAL DE CARIDAD 
ADMINISTRADA POR FERREIRA 


El otro trabajo se publica, a continuación, bajo el título de 
“Estadística de las dos salas de Medicina que administra el Dr. 
Ferreira en el hospital de Caridad presentadas a la Sociedad de 
Medicina Montevideana”*”? y se acompaña por las tablas corres- 
pondientes. *% 


Comienza el autor restando importancia a la casuística en 
general por tratarse en su mayoría de casos de poca importancia; 
sin embargo, la estudia: 


“El cuadro estadístico que someto al examen de la Sociedad, si 
bien carece de interés porque en él no se encuentran enfermedades 
de un carácter especial, sino muy generales, tiene al menos la venta- 
ja de los resultados obtenidos”. 


Pasa a enumerar las causas de internación en orden de fre- 
cuencia decreciente: la sífilis, la que según manifiesta, debe ser 
aún más habitual, lo que sin embargo se desconoce por falta de 
denuncias y controles, circunstancia que -a su vez- favorece el 
contagio. 


Atribuye el reumatismo -la segunda afección en frecuen- 
cia- a las condiciones ambientales, al trabajo duro de campaña 
y agrega que los hombres de color son más propensos a sufrirlo. 


En tercer término está la bronquitis, que fue muy frecuente 
durante todo el año 1852, lo que también vincula a circunstan- 





379 En 1855, en la publicación La América del Sur. Revista semanal de política, 
religión, moral, literatura, educación, ciencias y artes”, cuyo redactor era Adalus Calpe y 
de la cual apareció sólo el número 1, correspondiente al período 4 de febrero de 1855 a 
abril de ese mismo año, en la página 10, se consigna: Tnstitutos de beneficencia: Hospital 
de Caridad de Montevideo” y en la 11: “Médicos que actúan en el hospital: Sala de Ciru- 
gía: Bartolomé Odicini; Sala <Maciel>: Fermín Ferreira (Cirujano Mayor del Ejército); 
<Sala de Crónicos>: Bartolomé Odicini; <Sala de Medicina>: Enrique Muñoz; <Sala de 
Oficiales>: Fermín Ferreira; Sala de <Zavala>: Luis Michaelson. Practicantes de medicina 
y cirugía: Manuel Velarde, Francisco J. Cosio y Miguel Lázaro, tres cabos de salas. Baltazar 
[sic] Benítez, Mateo Lozano y Antonio Navarro” [este último es el padre del Profesor 
Alfredo Navarro]. 

380 Anales, op cit; 1: 135-138. 


202 


RicarDO Pou FERRARI 


cias ambientales, de acuerdo a las observaciones de “constitución 
médica”, realizadas ese año por Martin de Moussy. 


No se sabe bien qué patología se refiere cuando utiliza el 
término “hepatitis” -que coloca en tercer lugar-; es un “estado 
de supuración y de hipertrofia”. Quizás puedan incluirse bajo es- 
ta denominación las patologías obstructivas de vías biliares, las 
cirrosis alcohólicas y algún caso de cáncer de páncreas. “Fueron 
infructuosos -agrega- todos los tratamientos ensayados, incluso el del 
mercurio, tan preconizado por los prácticos ingleses”. 


Es interesante el grupo de las “angeolhitis” que vincula con 
“modificaciones en la constitución” determinadas por las condi- 
ciones del sitio. Este concepto lo resume de este modo: 


“Esta verdad, que no puede desconocerse, sin echar por tierra 
la doctrina de las causas de las enfermedades, tanto remotas, como 
próximas y determinantes, es la que nos ha inducido a establecer la 
clasificación de angeohitis”. 


Trae a colación la tesis sobre escorbuto presentada por 
Vilardebó en Río de Janeiro en 1844, la que hace mención a las 
flebitis y es con esta enfermedad que Ferreira vincula el cuadro 
que ahora estudia. Con el cambio en la €condición patológica” 
-afirma- comenzó el proceso patológico a presentarse también 
en el sistema arterial, y es así que “el individuo se manifestaba 
febril a ciertas horas, que había palpitaciones al corazón y a los 
troncos principales, con trasudación sanguínea muy roja sin que 
por eso hubiese ninguno de los caracteres de la hemoptisis, dispepsia 
y cierta ansiedad en la parte media del esternón”. Si bien no pue- 
de identificarse exactamente a qué enfermedad corresponde el 
cuadro descrito por Ferreira tiene muchos elementos en común 
con el escorbuto, como bien él lo sugiere. 


Hace un análisis retrospectivo de la evolución de los enfer- 
mos observados durante el Sitio de Montevideo: 


“Las heridas simples de arma de fuego que no necesitaban otro 
tratamiento que el local, se convertían en úlceras escorbúticas corro- 
sivas que destruían todos los tejidos, aumentando progresivamente 


203 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de diámetro. Se establecía una fiebre continua con exacerbaciones 
nocturnas, y la diarrea y la muerte eran el resultado inmediato, 
cualquiera que fuese el tratamiento empleado”. 


Algo similar ocurría en los amputados: 


“En los primeros días de efectuada la amputación, sin que hu- 
biese ninguna causa aparente, el individuo era asaltado de una 
hemorragia capilar del muñón, inmediatamente se levantaba el 
apósito para conocer si algún vaso mal ligado daba origen a aquella 
hemorragia, y con sorpresa se veía que ninguna ligadura se había 
desprendido, y la hemorragia cesaba espontáneamente. Después de 
24 6 40 horas se repetía el mismo fenómeno. Era entonces que em- 
pezaba una nueva serie de síntomas generales y locales”. 


Luego se instalaba la supuración fétida y abundante, que 
terminaba con la vida del enfermo. Como contraprueba, afir- 
ma que quienes padecían tal trastorno, si abandonaban el país, 
o cuando luego de la guerra, hicieron su convalecencia en el 
campo, se curaban porque “e separaban de las causas que habían 
engendrado su enfermedad”. 


De los variados tratamientos utilizados, pone énfasis en el 
siguiente: 


“En aquellas [enfermedades] en que existía el carácter infla- 
matorio, no ha habido otro tratamiento que el antiflogístico o de- 
primente [sangrías, sanguijuelas, bebidas acuosas, mucilaginosas 
o aciduladas, los baños templados, las aplicaciones emolientes 
y la abstención más o menos completa de alimentos] y el revul- 
sivo [medicamento o agente que produce el vómito o sirve pa- 
ra purgar el estómago]. Con pequeñísimas excepciones ha dejado 
de obtener la resolución de una inflamación parenquimatosa, o de 
cualquiera de los tejidos en que haya podido situarse”. 


Como comentario aparte, merece destacarse que en los 
cuadros adjuntos en cuanto a procedencias de los pacientes, 
predominan los “africanos” (123), seguidos por italianos (107), 
orientales (95), españoles (80), franceses (68), brasileros (35), 


204 


RicarDO Pou FERRARI 


argentinos (30), ingleses (23) y otras nacionalidades que com- 
pletan 610 de los que mueren 47. 


Las intervenciones quirúrgicas las divide en: 1) Aberturas: 
de panadizos (13), tumores (10), abscesos (7, con 2 muertos); 
2) Amputaciones: de brazos (2), de piernas (2, con 1 muerto), 
pene (2); 3) Dilataciones: de fístulas anales (2), de otras clases 
(5 con dos muertes), de uretra (2); 4) Desarticulación de dedos 


(3); 5) Herniotomías (1); 6) Taxis (8). Total: 66 y 5 muertes. 


Entre las causas de muerte, figuran: “enfermo de nostalgia”, 
eridas de vientre, cáncer de lengua, quemado, tullido, menin- 
heridas d t de lengua, q do, tullid 
gitis, cáncer de cardias, fractura de cráneo, herida en el pecho, 
“ - . » 
104 años, incurable”. 


CONMEMORACIÓN DEL SEGUNDO AÑO DE INSTALACIÓN DE LA 
SOCIEDAD 


En oportunidad del segundo aniversario de la instalación 
de la sociedad, tiene lugar, el 19 de noviembre de 1854, una 
sesión solemne en la que Ferreira hace uso de la palabra, expre- 
sando entre otros conceptos:*** 


“Digno es de vosotros, señores, que [sois] los primeros, [en 
haber] utilizado en bien del país, las ventajas de la paz pública, 
precioso presente con que la Providencia ha querido al fin benefi- 
ciarnos. 


[...] Surgió entonces el pensamiento de promover el espíritu 
de asociación |[...] que [...] centuplica [los] recursos y renueva la 
faz del mundo. Ese espíritu de asociación |[...] quedó en embrión 
para los que sólo lo explotaron como medio especulativo; mientras 
los que se apoderaron del principio para mejorar las condiciones de 
una sociedad fuertemente conmovida, lograron establecerse con una 
organización sólida y de útiles consecuencias. 


El cuerpo médico, compuesto en su mayor parte de extranjeros 
domiciliados, que habían compartido con nosotros todos los azares 





381 Ver Anexo Documental N? 2, A. 


205 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de la lucha terrible, prodigando sus cuidados y afanes, do quiera 
que la humanidad los reclamara, ese cuerpo médico, Señores, hoy 
aquí reunido, comprendió que su misión hoy había concluido, y que 
era preciso colocarse a la vanguardia de los amantes del país que 
procuraba su reorganización y mejora. 


No fue el pensamiento de uno, sino el sentimiento de todos; fue 
el voto unánime de las inteligencias más ilustradas [...]”. 


Refiere a continuación los temas a su juicio más relevan- 
tes tratados en los dos años de actividad: las enfermedades más 
frecuentes, así como los recursos empleados para combatirlas. 
Hace especial mención a la viruela y a la necesidad de la reva- 
cunación. 


Pone énfasis, con toda razón, en la importancia de la publi- 
cación trimestral de los Anales. El Supremo Gobierno -dice- “le 
ha extendido [a la Sociedad de Medicina] la mano protectora y 
seguros de este valioso apoyo, continuará incesante en los deberes que 
voluntariamente ha impuesto”. 


Seguidamente, el secretario - Henrique Muñoz- hace una 
síntesis de la actividad de la Sociedad en sus dos primeros años.?**? 


Afirma, entre otras cosas que 


“La fundación de la Universidad Mayor de la República, es 
uno de esos sucesos que no pueden pasar inapercibidos, especialmen- 
te para los amigos de las ciencias. Pero esa Universidad, fundada 
en momentos difíciles de la vida de un pueblo, experimentando 
los contratiempos que siempre estorban los primeros pasas de toda 
institución naciente, no ha podido tener aún todo el desarrollo que 
es susceptible. Con este objeto se ha ocupado la Sociedad de la fun- 
dación de una Escuela de Medicina, y espera que no pasará mucho 
tiempo sin que haya formulado un proyecto sobre un asunto tan 
importante al país, sometiéndolo enseguida a la autoridad compe- 
tente”. 





382 Ver Anexo Documental Ne 2,B. 


206 


RicarDO Pou FERRARI 


Señala los temas referentes a la vacunación, a la Fcuestión 
del contagio de ciertas enfermedades que reinan epidémicamente 
en algunos países, [...] pero infortunadamente aún no ha podi- 
do quedar resuelta”, el proyecto para la construcción de caños 
maestros, “una cuestión muy importante de salubridad pública”, 
el estudio de los casos de muerte aparente a propósito de lo cual 
la Sociedad “ha elevado a la Junta de Higiene Pública un proyecto 
reglamentando la inhumación de los que fallezcan en el territorio 
de la República”. Aparte de estas discusiones generales, enumera 
los aportes de los distintos socios. Entre ellos, cabe destacar una 
comunicación de Ferreira -no publicada- sobre “dos casos de en- 
venenamiento por preparaciones arsenicales. 8 


En la última sesión del mes de Diciembre, conforme a lo 
dispuesto por el Reglamento de la Sociedad, tienen lugar las elec- 
ciones para la renovación de la mesa y comisiones permanentes 
del presente año, resultando elegido Muñoz como Presidente. 
38 Dos años más tarde, se realiza una nueva elección y luego de 
un empate entre Ferreira y Vidal , la presidencia recae en este 
último. Ya referimos que poco tiempo después la Sociedad de 
Medicina montevideana dejaba de reunirse. 





383 Anales, op cit; 1: 236-237. 
384 Anales, op cit; 1: 236-237. 


207 


CAPÍTULO XV 


LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA 
DE 1857 


ntre marzo y mayo de 1857, ocurre la devastadora epi- 

demia de fiebre amarilla en Montevideo, a raíz de la 

cual fallece Vilardebó. El 6 de marzo de 1857, se dice 

que se trata de una “fiebre gástrica”. El 20 de marzo, 
la autoridad sanitaria da orientaciones preventivas para la po- 
blación. La epidemia dura de marzo a mayo. Los consejos son: 
apurar los trabajos de terminación del caño maestro, urgir a la 
empresa del gas para que sustituya los productos animales por 
carbón mineral, cubrir los terrenos pantanosos, recolectar dia- 
riamente la basura, continuar el empedrado de las calles, quemar 
las casillas de madera donde hubieran habido casos, prohibir los 
entierros de cuerpo presente, evitar el hacinamiento en conven- 
tillos, habilitar un lazareto limpio y procurar del Gobierno una 
zona como el Cerro con destino a lazareto sucio; propender a 
la higiene personal, cuidar la dieta, la higiene doméstica, pro- 


209 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cediendo incluso al blanqueo interno y externo de las casas. De 


esta epidemia se han ocupado extensamente diversos autores.*% 


La vIsiÓN ARTÍSTICA DE LA EPIDEMIA SEGÚN BLANES 


Juan Manuel Blanes (Montevideo, 1830-Pisa, 1901), apar- 
te del conocido cuadro que representa un episodio de la epi- 
demia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871 y del 
boceto del mismo, ** dejó dos obras referidas a los enterramien- 
tos colectivos?” que tuvieron lugar durante aquélla y también 
en Montevideo, muy expresivos y de excelente factura (Figuras 


50 y 51). 


Se trata de escenas nocturnas, con potentes contrastes de 
luces y sombras, que crean un ambiente casi fantasmagórico. Se 
destacan las figuras de espalda en primer plano, casi solo man- 
chas tan negras como el cielo, que observan la escena; otras, 
están parcialmente iluminadas y se esfuerzan por ayudar a des- 
cender los cadáveres al cráter cavado en la tierra. Un personaje 
solitario mira con indiferencia, sin hacer siquiera señal que de- 
note respeto frente a la tragedia que contempla de tan cerca -tal 
como quitarse la galera, tal como se representa al Dr. Argerich 
en el cuadro de Buenos Aires-, con las manos en los bolsillos y 
un bastón colgando, tal si fuera inmune al mortal flagelo. Los 
muertos que son depositados en el sepulcro, tienen algo de las 
imágenes bíblicas de la “deposición de la cruz”, más aún por 
sus vestimentas, a modo de túnicas blancas o acaso sudarios. 





385 Brunel, Adolphe. Mémoire sur la fiévre jaune qui, en 1857, a décimé la popula- 
tion de Montévideo, Paris, Rignoux éd, 1860; Fajardo, Heraclio. Montevideo bajo el 
azote epidémico, Montevideo, Rosete imp, 1857; Bonifacino, Víctor. La ciudad azotada; 
época; 1857: año de una feroz epidemia de fiebre amarilla, Montevideo, Barreiro y Ra- 
mos ed, 1970; Buño, Washington. Una crónica del Montevideo de 1857: la epidemia de 
fiebre amarilla, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1983. 

386 Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo: J.M.B. Un episodio de la fiebre 
amarilla en Buenos Aires, óleo sobre tela, 230 x 180 cms, circa 1871 (número de inven- 
tario 77) y JMB. Boceto (La fiebre amarilla), óleo sobre tela,26 x 20 cms, circa 1871 
(número de inventario 1126). 

387 Vilardebó fue sepultado en uno de ellos. En cambio el otro médico fallecido du- 
rante la epidemia, el polaco Maximiliano Rymarkiewcz fue sepultado en el Cementerio 
Británico. 


210 


RicarDO Pou FERRARI 


Predominan los colores fríos, que se diluyen en la espesura de 
un cielo sin estrellas. La composición plástica del conjunto es- 
tá muy bien lograda, en base a grandes líneas diagonales, inte- 
rrumpidas por otras, más cortas y zigzagueantes, que dibujan 
cuerpos, miembros, ropajes. Como toda ejecución en boceto, 
estas obras tienen el atractivo de la libertad de trazos y la econo- 
mía de los detalles, que pueden sobrecargar una obra definitiva 
de mayor tamaño. Para el que esto comenta, sin perjuicio de los 
recursos de acento italiano, estos enterramientos tienen mucho 
con las “escenas de la guerra”, que Francisco de Goya elaboró 
durante el período de la invasión francesa a la Península Ibérica. 


Creemos, en definitiva, que estas dos pinturas de Blanes 
tienen un auténtico valor plástico y testimonial, sin desmerecer 
por ello la jerarquía del conocido cuadro de la epidemia de fie- 
bre amarilla de Buenos Aires de 1871. 





Figura 50. Juan Manuel Blanes. Entierro de las víctimas de la fiebre amarilla. Óleo 
sobre tela, 37 x 45 cms, Museo Nacional de Artes Visuales Montevideo (número de 
inventario 1111). 


211 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





Figura 51. Juan Manuel Blanes. Entierros de la epidemia de fiebre amarilla. Circa 
1857. Óleo sobre tela, 39 x 47 cms, Montevideo, colección particular (Casa de Subas- 
tas Gomensoro, octubre de 2016). 


ARRIBO A MONTEVIDEO DE OTRO MÉDICO GRADUADO EN París 


En 1858 arriba Gualberto Méndez (Montevideo, 1824- 
1883), becado en su momento por el gobierno del Cerrito, 
egresado como doctor en Medicina y Cirugía de la Facultad de 
Medicina de París el año 1857, donde presentó dos tesis, una de 
ellas dedicada a Vilardebó, quien había sido su mentor durante 


la estadía en Francia.?98 





388 Méndez, Gualberto. Des polypes de Putérus. Paris, Rignoux éd, 1857, 36 págs. y 
Méndez Gualberto. De phlegmons et des abcés de la paume de la main. Paris, Rignoux 


éd, 1857, 32 págs 


212 


CAPÍTULO XVI 


LA UNIVERSIDAD MAYOR 


ESBOZO DE UNA HISTORIA INTELECTUAL UNIVERSITARIA 


as consideraciones hechas en los capítulos iniciales 
acerca de la evolución de las ideas filosóficas en el Río 
de la Plata a comienzos del siglo XIX, son claves a 
la hora de comprender el proceso fundacional de la 


Universidad. 


Antes de finalizar la dominación española, llegó el espíri- 
tu de la Ilustración a Buenos Aires, teniendo como centro de 
irradiación el Colegio de San Carlos, quizás “reflejo” de las “lu- 
ces” españolas, o bien consecuencia directa de la lectura de los 
enciclopedistas franceses. Ejemplo elocuente de lo que acaba- 
mos de señalar, es el círculo de los *clérigos ilustrados”, del que 
formó parte Larrañaga. Junto a su maestro, Pérez Castellano 
-autodidacta, a punto de partida de la atmósfera de los últimos 
Jesuitas de Córdoba donde había estudiado-, Larrañaga fue el 
introductor, en la Banda Oriental, de la metodología científica 
en la indagación de la naturaleza circundante. Lo mismo que 
sus contemporáneos, no abandonó el escolasticismo, si bien esta 
filosofía ya estaba a esa altura, “mitigada”. 


213 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Es coherente, en consecuencia, que fuera Larrañaga el im- 
pulsor de la primera Ley universitaria. Una vez cumplidas las dos 
etapas previas e imprescindibles: la independencia política y la 
formulación jurídica constitutiva del Estado, tocaba a continua- 
ción el inicio de la emancipación cultural: Esta sólo podía lograrse 
a través de la educación, en todos sus niveles y muy especialmente 
en el universitario. De este emergerían las futuras generaciones de 
dirigentes en los diversos planos de la vida nacional. 


Poco importa que ese primer intento haya sido limitado en 
sus contenidos y en el número de personas involucradas; el punto 
de arranque de la línea a trazar hacia el futuro había sido definido. 


El proceso gestacional de la Universidad no podía ser ajeno a 
las convulsiones que sacudieron el país, los “golpes de timón” de 
los caudillos -abanderados en formulaciones políticas en ciernes 
y comprometidos con otras ajenas, próximas y lejanas-. En cierto 
modo, ese embrión universitario era la representación del “orden” 
que pretendían poner los “doctores” de la ciudad frente al “desa- 
rreglo” de los “caudillos” en la campaña. Más tarde, esta dinámica 
se iría complejizando y desdibujando la dicotomía esquemática 
antes planteada. 


Un punto de inflexión significativo en el proceso fundacio- 
nal fue la “instalación” de la Universidad -en pleno y grave estado 
de confusión creado por la Guerra y el Sitio Grande-. que puede 
interpretarse como un esfuerzo “organizativo” de los hombres de 
la Defensa. Acto más bien simbólico, que tuvo el valor de con- 
cretar en los hechos las viejas intenciones que hasta entonces no 
habían ido más allá de la letra de las leyes y los decretos. 


Retornamos una vez más a la historia intelectual de las tres 
primeras décadas del siglo XIX en Buenos Aires y -con tardan- 
za- en Montevideo. La “Ideología”, de vida tan breve tanto en 
Europa como en el Río de la Plata, era la “atmósfera” en la que se 
habían formado los que ahora impulsaban el establecimiento de 
la Universidad Mayor. Esos hombres -orientales unos formados 
en Buenos Aires, porteños otros, emigrados a Montevideo-, eran 
liberales, hijos de la Ideología, sin perjuicio de que, al madurar, al- 


214 


RicarDO Pou FERRARI 


gunos renegaran de sus orígenes, embarcándose en el movimiento 
romántico, que procuró disimular el radicalismo de los Ideólogos 
con un acento espiritualista, destinado a difuminarse ante la po- 
tencia del positivismo ulterior. 


Lo importante a considerar es que nuestra Universidad tuvo, 
desde su inicio, una raíz liberal, que se puso más en evidencia 
a partir del momento en que, avanzando en su evolución, sus 
integrantes adquirieron mayor peso. En ese ambiente creció la 
intelectualidad, sin que ello impidiera la diversidad de posicio- 
nes, que luego se manifestaron como contrapuestas y terminaron, 
hacia el fin del siglo, en verdaderos enfrentamientos, tanto en el 
propio ámbito universitario como en espacios de fermentación 
intelectual, paralelos aunque no totalmente separados. 


Ferreira es un representante genuino de los primeros univer- 
sitarios uruguayos. Por más que en apariencia fuera ajeno al de- 
bate filosófico, puesto que era un hombre práctico, un cirujano, 
y como tal habituado a poner manos a la obra”, resolver proble- 
mas concretos, superar dificultades puntuales, manifestó siempre 
la inquietud por generar condiciones propicias a la formación de 
las jóvenes generaciones, en campos diversos, que contribuyeran 
a crear la “cultura autóctona”. 


Traía, sin advertirlo, a la mesa del Consejo universitario y a 
la oficina del rectorado, aquellos viejos principios que le trans- 
mitiera, inicialmente, su paternal mentor, Lucas Obes -hombre 
perteneciente a las corrientes políticas y filosóficas europeas de 
comienzos del siglo XIX-, y más tarde, en los estudios preparato- 
rios, su profesor, Avelino Díaz -físico y matemático, pero además 
“ideólogo”- y enseguida, en la “Sociedad Elemental de Medicina” 
y en la “Cátedra de Ideología”, su compañero de estudios y cole- 
ga, Diego Alcorta. Ferreira y sus contemporáneos, “instaladores” 
de la Universidad de Montevideo, estaban muy próximos a esa 
postura filosófica, que les “abrió los ojos” -como bien lo explici- 
ta Ignacio Martínez en la dedicatoria de su tesis de doctorado a 
Lafinur- “al empirismo de Locke y al sensualismo de Destutt de 
Tracy”. Desde ese punto de partida “tejieron” la trama intelectual 


215 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


que guió sus pasos, por más alejados que estos pudieran parecer 
de los postulados abstractos de aquellos pensadores. Quizás tuvie- 
ra dicho origen también la confianza que los animaba en el conti- 
nuo progreso de la humanidad hacia etapas de mayor “felicidad”, 
recorriendo el camino del método analítico. Probablemente esta 
es la explicación de que esta generación superara las condiciones 
más adversas y sostuviera el esfuerzo por superarlas. 


Ley LARRAÑAGA 


En 1832, Dámaso Antonio Larrañaga (Figura 52), enton- 
ces Senador en la I Legislatura, propone la creación de Cátedras 
de enseñanza superior. Esta iniciativa que se convierte en Ley 
el 11 de junio de 1833, por la que se establece “que habrá un 
preceptor de latinidad” y que se dictarán clases “de filosofía, ju- 
risprudencia, matemáticas y economía política, además de dos de 
medicina y otras dos de ciencias sagradas”.28 


Entre 1833 y 1835 hubo cursos de filosofía y latinidad; en 
1836 se agregó matemáticas, jurisprudencia y teología dogmá- 
tica y moral. 





Figura 52. Pbro. Dr. Dámaso Antonio Larrañaga 





389 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 236. 


216 


RicarDO Pou FERRARI 


DECRETO DE MANUEL ORIBE 


Oribe emite un decreto, el 27 de mayo de 1838, por el que 
“se instituye y erige la casa de estudios generales en Montevideo, 
con carácter de Universidad Mayor de la República y con el goce 
del fuero y jurisdicción académica, debiendo la composición y or- 
ganización |...] reglamentarse en un proyecto de ley a someterse a la 
sanción del Parlamento”? Sancionado por la Asamblea General 
el 7 de junio de 1838, los acontecimientos políticos impidieron 
su concreción. 


INSTITUTO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA 


Avanzado ya el Sitio Grande de Montevideo, se acelera el 
proceso de instalación de la Universidad por impulso del mi- 
nistro de Gobierno y Relaciones Exteriores, Manuel Herrera y 
Obes, en colaboración con el Pbro. Dr. Luis José de la Peña 
(Buenos Aires, 1796-1871). Según algunos historiadores esto 
ocurrió como reacción ante el “avance” de los jesuitas que con 
el Padre Ramón Cabré a la cabeza, una vez que abandonaron 
Buenos Aires en 1843, por serias discordancias con Rosas, se 
radicaron en Montevideo, haciéndose cargo, tres años después, 


del “Colegio Oriental de Humanidades”.*** 


A mediados de 1847, de la Peña funda un establecimiento 
docente, al que denomina “Gimnasio”, el que casi de inmediato 
es colocado bajo la égida del Estado, con el nombre de “Colegio 
Nacional”. 


Por decreto del 13 de setiembre de 1847, se crea el “Instituto 
de Instrucción Pública”, con el propósito de “promover, difundir, 
uniformar, sistematizar y metodizar la educación pública y especial- 
mente la enseñanza primaria”. Tiene facultades de Fvigilar cuida- 
dosamente la observancia del más perfecto acuerdo entre la enseñanza 
y las creencias políticas y religiosas que sirven de base a la organiza- 





390 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
348-349. 

391 Paris de Oddone, M. Blanca. La Universidad de Montevideo en la formación de 
nuestra conciencia liberal. 1849-1885, Montevideo, 1958: 20. 


217 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


ción social de la República”.* El presidente del Instituto sería el 
Ministro de Gobierno, sus “socios fundadores”, entre un míni- 
mo de diez y un máximo de doce; los anteriores podían elegir 
“socios supernumerarios”.*% Entre los primeros están: Francisco 
Araúcho (1794-1863), Andrés Lamas, Florentino Castellanos 
(Montevideo, 1809-1866), Luis José de la Peña, Fermín Ferreira, 
Henrique Muñoz, Cándido Joanicó ( Montevideo, 1812-1884), 
José María Muñoz (Buenos Aires, 1790-1851), Esteban Echeverría 
(Buenos Aires, 1805- Montevideo, 1851) y Juan Manuel Besnes 
e Irigoyen (San Sebastián, 1788- Montevideo, 1865). De la Peña 
fue elegido presidente y José G. Palomeque (Montevideo, 1810- 
1872), secretario. 





Figura 53. Eduardo Dionisio Carbajal, Pbro. Dr. Lorenzo Antonio Fernández Larrobla, 
primer Rector de la Universidad, Museo Histórico Nacional 





392 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
475-476. 
393 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
480-492. 


218 


RicarDO Pou FERRARI 


INSTALACIÓN DE LA UNIVERSIDAD MAYOR 


El 15 de julio de 1849 Suárez signa el decreto de erección de 
la Universidad Mayor de la República, que quedará instalada, “2 
cargo de un rector, un vice, un secretario vedel [sic] y un consejo uni- 
versitario, en el modo y forma que establecerá el Reglamento respec- 
tivo; y será regida y gobernada bajo la superintendencia del Ministro 
Secretario de Estado en el Departamento de Gobierno [...] El Instituto 
de Instrucción Pública formará parte del cuerpo universitario; y sus 
miembros fundadores con los catedráticos de la Universidad compon- 
drán el consejo |[...] que presidirá el Rector o Vice en su defecto” 24 
325 En el mismo acto, se designa Rector al Vicario Apostólico 
Presbítero Lorenzo A. Fernández Larrobla (Montevideo, 1792- 
1852) (Figura 53); la Universidad nace así bajo la égida de la reli- 


gión oficial del Estado, pero sin que ésta tenga injerencia decisiva. 


El acto formal de instalación tiene lugar en la iglesia de 
San Ignacio (junto a la casa de Ejercicios) (Figura 53), a la una 
de la tarde del 18 de julio y es presidido por Joaquín Suárez. 
El Reglamento de la Universidad es redactado por una comi- 
sión formada por el Rector Fernández, Luis José de la Peña, 
Fermín Ferreira, Esteban Echeverría, Alejo Villegas, Florentino 
Castellanos y José G. Palomeque. 





Figura 54. Vista de la casa de Ejercicios y de la capilla en la esquina de Sarandí y 
Maciel. Facultad de Humanidades y Ciencias, Actas del Consejo de la Universidad, 
Montevideo, 1949. 





394 Facultad de Humanidades y Ciencias. Documentos para la historia de la Repúbli- 
ca Oriental del Uruguay. Tomo I. Cultura. Actas del Consejo Universitario. 1849-1870, 
Montevideo, 1949: 3-4, 

395 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
522-535. 


219 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Ferreira actuó en el Consejo Universitario -del que formaba 
parte en cuanto miembro del Instituto de Instrucción Pública- 
desde la creación de este en julio de 1849 hasta que falleció en 
octubre de 1867. Su presencia era infaltable, según lo atestiguan 
las actas de ese período. Durante los primeros años, se desempe- 
ñó en carácter de vocal, en tanto su colega Henrique Muñoz lo 
hizo en calidad de Vice Rector. 


REGLAMENTO DE La UNIVERSIDAD 


Instalada la Universidad, se nombra la comisión ya cita- 
da para redactar el Proyecto de plan de estudios y Reglamento. 
“Para la parte médica, Cirugía, Farmacia y Ciencias Naturales, 
[se encarga a] los Sres. Dres. Ferreira y Muñoz; y para las demás 
facultades, científicas, preparatorias y parte reglamentaria, [a] los 
Sres. Dres. Peña, Castellanos y Echeverría”. El 28 de setiembre 
se presenta el documento que es aceptado por unanimidad y 
refrendado por el Poder Ejecutivo el 5 de octubre. +” 32 


Abarca la Universidad la enseñanza primaria, secundaria y 
científica y profesional. La educación inicial estará regida por 
el “Instituto de Instrucción Pública” y será libre y gratuita.” 
La secundaria involucrará la enseñanza de idiomas (latín, fran- 
cés, inglés), estudios comerciales, ciencias físico matemáticas, 
filosofía, retórica, historia nacional y principios acerca de la 
Constitución de la República. Las facultades que formarán la 
Universidad serán: la de Teología, la de Jurisprudencia, la de 
Ciencias naturales y la de Medicina. 


Interesa destacar que 


“La facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia comprenderá 
el estudio de las materias que a continuación se expresan por cada 
año escolar. 





396 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 6. 

397 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 7-16. 

398 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
538-540. 

399 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
478-479. 


220 


RicarDO Pou FERRARI 


Primer año - Física experimental. / Anatomía general. / 


Generalidades de Fisiología. 


Segundo año-Anatomía, disecciones cadavéricas. / Fisiología. / 
Patología general. / Higiene. 


Tercer año - Materias médicas. / Terapéutica. / Clínica quirúr- 
gica. / Nosografía quirúrgica y operaciones. 


Cuarto año - Continuación de las Clínicas obstétricas, quirúr- 
gica y operaciones. | Clínica médica / Nosografía médica. 


Quinto año - Asistencia de las Clínicas médica y quirúrgica. / 
Nosografía médica, comprendiendo enfermedades de mujeres y ni- 
ños. / Medicina legal y su aplicación a la Cirugía. / Toxicología”. 


Sigue la enumeración de las materias de Farmacia, que se 
desarrollarán teóricamente en tres años. 


Agrega la disposición reglamentaria que 


“Los estudiantes de Medicina y Cirugía son obligados desde el 
primer año del curso a asistir diariamente a las curaciones y visitas 
en el Hospital General. Los alumnos de Farmacia deberán hacer su 
práctica en cualquiera de las boticas, en que haya profesor habili- 
tado, desde el primer año del curso teórico y dos años más después 
de concluir este”. 


La Universidad comunica a la Junta de Higiene Pública el 
Reglamento aprobado.“ 


FERREIRA, DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUGÍA DE LA UNIVERSIDAD 
DE MONTEVIDEO 


Sucede algo singular con referencia a Ferreira y su solici- 
tud de ser examinado con vistas a obtener el doctorado y poder 
integrar así los cuerpos directivos de la Universidad. Con fecha 
18 de agosto, sesión a la que asiste el interesado, el secretario da 
lectura a 





400 Ministerio de Gobierno remite a la J H P el Código de la Universidad Mayor de 
la República. AGN. Caja 11. Carp 53. Doc 83. 


221 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


“la petición del Sr. miembro del Consejo Dn. Fermín Ferreira 
en la que, después de hacer la historia de las justas razones por [las] 
que se encontraba sin el título de Doctor en Medicina y Cirugía, dice 
que honrado con el carácter de miembro de Consejo Universitario, 
no podría ocupar la silla que le correspondía en la próxima pública 
colación de grados, si el mismo Consejo, estimando los fundamentos 
de su solicitud, no hiciese una excepción en su favor, admitiéndo- 
lo privadamente a las pruebas prescriptas por el Reglamento, que 
solicita con el objeto de obtener el grado de Doctor en la facultad 
indicada [....)” 


A continuación, la autoridad se expide en los siguientes 
términos: 


“Instruido el Consejo de los justos fundamentos en que se apoya 
el facultativo en Medicina y Cirugía Dn. Fermín Ferreira, halla 
que como un acto de justicia debe acceder a su solicitud, y en con- 
secuencia resuelve que, previas las pruebas de suficiencia requeridas 
por el Código Universitario, se le otorgue privadamente el grado de 
Dr. en dicha facultad, designando para ambos actos el día 24 del 
corriente a las dos de la tarde, y a cuyo efecto se convocará a los Dres. 
en Medicina Dn. Bartolomé Odicini y Dn. Adolfo A. Brunel, como 


competentes a la formación del Tribunal que debe fallar”. * 


En oportunidad de conmemorarse el primer aniversario de 
la institución, en la fecha antes mencionada, se otorga a Ferreira 
el título de Doctor, al tiempo que se hace lo propio con Manuel 
Herrera y Obes (Figura 55) -a quien se había ofrecido la desig- 
nación y se le adjudicó el lisonjero título de FPatrón”-. Ambos 
prestan juramento ante el Presidente y reciben las insignias co- 


rrespondientes al grado (Figura 56). 





401 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 38-39. 


222 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 55. Dionisio Carbajal. Manuel Herrera y Obes. Rectorado de la Universidad. 


Refieren a continuación las actas: 


“[Herrera y Obes], descendido de la Cátedra [luego de haber 
emitido su proposición], recibió del padrino, y sucesivamente del 
presidente y demás concólegas, el acostumbrado y simbólico abrazo 
de felicitación y confraternidad, quedando incorporado a la Sala de 
Doctores. Con iguales solemnidades, |...] recibió el grado de Doctor 
en Medicina y Cirugía el Sr. Dn. Fermín Ferreira. La proposición 
que emitió [Ferreira] en la Cátedra fue la siguiente: <El primer 
deber del hombre que se consagra al ejercicio de la Medicina, es 
prestar auxilio y protección a todos los individuos de la sociedad, sin 


excepción de clases>”. 2 


Resulta así que Ferreira es el segundo (el primero fue 
Henrique Muñoz) oriental (se había ganado sobradamente es- 
ta nacionalidad) que recibe el título de Doctor en Medicina y 
Cirugía en la Universidad de la República, un cuarto de siglo 
antes de crearse la Facultad respectiva. 





402 Facultad de Humanidades y Ciencias. Instituto de Investigaciones Históricas. 
Documentos para la Historia de la República Oriental del Uruguay. Cultura. Actas del 
Consejo Universitario. 1849-1870, Montevideo, Universidad de la República, 1949; 1: 
42-44, 


223 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


PRIMEROS MÉDICOS QUE PRESENTARON SUS TÍTULOS A LA 
APROBACIÓN DE LA UNIVERSIDAD 


No siempre el Consejo era tan benevolente en sus juicios; el 
2 de febrero de 1850 se había presentado Edmundo Ackermann, 
quien “acompañando el título de Profesor de Medicina expedido por 
el Instituto Homeopático de la Corte de Río de Janeiro, pedía se le 
incorporase a la Universidad [pero] no siendo el título presentado por 
esta parte de los que habla el art. 5 del Reglamento, devuélvese ori- 
ginal”.2% También fue rechazada la reválida por parte de la Junta 


de Higiene. 


El 27 de junio €se leyó la solicitud presentada por el Dr. en 
Medicina Dn. Luis Andrés Brunel [sic] y hallándolo bastante y sufi- 
ciente, se acordó definitivamente y por unanimidad [...tomar] razón 
de los títulos originales que esta parte presenta [...]”. El mismo día, 
hace lo propio el Dr. Juan Carlos Nebes [sic], representado por 
el Dr. de la Peña.*% En cambio, no se accedió a “Ya solicitud de 
D. Gabriel Mendoza [que ya había ejercido en Cuba y tenía larga 
trayectoria en la Banda Oriental), en la que, adjuntando el título 
de médico que obtuvo de la Junta Suprema gubernativa de Medicina 
de Madrid, pide le sea registrado, [a lo que el Consejo resuelve que] 
no importando el título que presenta esta parte un grado académico, 
no puede incorporarse a la Universidad de la República en la forma 


que lo solicita, según lo previene el Código Universitario”. 


El 6 de agosto, teniendo en consideración que no estaban 
provistas todas las cátedras del Plan de Estudios, para suplir esa 
falta, se designa a los Dres. Bartolomé Odicini y Adolfo Andrés 
Brunel como miembros del Consejo Universitario y Titulares de 
la Sala de Doctores." 


El 17 de agosto se concede la incorporación a la Universidad 


del Dr. Juan B. Bruno.*” 





403 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 20. 

404 AGN. Caja 11. Carp 9 Doc 32-38. 9 de junio de 1849. Solicitud de reválida de 
Ackermann, homéopata, que es rechazada. 

405 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 29-30. 

406 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 33. 

407 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 37. 


224 


RicarDO Pou FERRARI 


El 18 de agosto, se incorpora al “Dr. en Medicina y Cirugía 
Dn. Pedro Leonard, el que adjuntando los títulos académicos que le 
fueron conferidos por la Universidad de París y de la que obtuvo el 
grado de Dr. en la facultad de Medicina” 408 2 


En algún momento, del que no queda registro en los docu- 
mentos, también se decide que Jean-Antoine Martin de Moussy 
pase a formar parte de la Sala de Doctores, su nombre comienza 
a aparecer en actas con posterioridad a 1851. 


TIEMPOS INICIALES TITUBEANTES 


Durante los primeros diez años de vida de la Universidad, 
durante los rectorados de Lorenzo Fernández, Manuel Herrera y 
Obes y Florentino Castellanos, la misma languidece. El Uruguay 
atravesaba momentos demasiado críticos como para que el po- 
der político asignase prioridad a la educación. 


Expresa la notable historiadora de la Universidad, Blanca 


Paris de Oddone: 


“Durante los sucesivos rectorados de Fermín Ferreira (Figura 
57) «interrumpido su mandato por el interregno del 64 cuando el 
gobierno de Aguirre disuelve el Consejo Universitario- “un hecho 
de trascendencia conmueve las aulas de la calle Maciel. En 1861 
se inaugura la Cátedra de Economía Política [desempeñada por 
Carlos De Castro <1835-1911> (Figura 58), recién llegado de 
Italia]; desde ella difundió el maestro los principios del más puro 
liberalismo e hizo la defensa acalorada de los derechos individuales; 
la palabra Libertad adquirió en el aula de Castro contornos insos- 
pechados. Y esa línea, iniciada en el 61 ya no se interrumpirá en la 


tribuna universitaria”. 





408 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 38. 

409 Léonard, Jean-Pierre. De la chlorose. These, Paris, Rignoux Imp, 1845: 70 pp. 
410 La destacada historiadora comete un error, puesto que Ferreira es expatriado du- 
rante el gobierno de Berro y la intervención de la Universidad tiene lugar durante el de 
Aguirre, cuando Florentino Castellanos era Rector interino por ausencia de Ferreira. 
411 Paris de Oddone, M. Blanca. La Universidad de Montevideo en la formación de 
nuestra conciencia liberal, Montevideo, Universidad de la República ed, 1958: 36-47. 


225 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 





Figura 56. Birrete y toga de los Doctores de la Universidad de Montevideo. Fac Hum 
Cienc, op cit, 1949 


Ya hemos expresado nuestra convicción personal acerca 
de que el liberalismo presidió desde su inicio, el espíritu de la 


Universidad. 





Figura 57. Dionisio Carbajal. Fermín Ferreira. Rectorado de la Universidad 


226 


RicarDO Pou FERRARI 


En ese momento se suprime la cátedra de Ciencias Sagradas, 
con lo que la Universidad consagra su laicidad, si bien no se ve 
libre de predominios ideológicos en materia filosófica, que serán 
objeto de varios enfrentamientos en el último tercio del siglo 


xIx 2 





Figura 58. Francisco Romero . Carlos de Castro. Rectorado de la Universidad. 


MÍNIMAS REFERENCIAS A LA FACULTAD DE MEDICINA EN EL 
CONSEJO UNIVERSITARIO 


De la Facultades que formarían la Universidad según lo 
previsto en el Reglamento, sólo funcionaba la de Jurisprudencia 
y algunas otras cátedras aisladas. Debió haber existido, sin em- 
bargo, algún intento por llevar a la práctica la de Medicina. 


El 2 de enero de 1852, se deja constancia que 


A continuación se leyó una moción del Sr. Dr. Andrés [sic] 
Brunel, relativa a arreglos en la facultad de medicina. Se mandó a 
comisión del Sr. Dr. Bartolomé Odicini”. 


En el mensaje elevado por el Rector Herrera y Obes a la 
Sala de Doctores con fecha 24 de julio de 1852, hace otra breve 
mención en estos términos: 





412  Ardao, Arturo. Positivismo y espiritualismo en el Uruguay: filosofías universitarias 
de la segunda mitad del Siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económica ed, 1950. 


227 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


“La erección de las aulas de medicina y ciencias naturales, es 
urgentemente reclamada, por el estado en que se encuentra la ense- 
ñanza universitaria”? 


No hay más alusión expresa en ese sentido. 


EscAso APOYO RECIBIDO POR LA UNIVERSIDAD DEL PODER 
EJECUTIVO 


El Poder Ejecutivo otorgaba partidas muy limitadas a la 
Universidad, casi las imprescindibles para sueldos y gastos de 
mantenimiento. En ese período, prácticamente la única acti- 
vidad se reducía a conceder títulos de bachiller y algunos de 
Doctor, todos estos en Jurisprudencia, cuyos cursos eran segui- 
dos en la “Academia Teórico-Práctica de Jurisprudencia” -creada 
por Decreto de Oribe del 11 de junio de 1838 y modificada por 
el de Rivera del 2 de abril de 1839-%%, privada, si bien relacio- 
nada y reconocida por la Universidad.*** 


Sólo la seriedad y perseverancia de unos pocos hombres 
mantuvieron encendida la llama e hicieron posible que la 
Universidad sobreviviera. Lo dice expresamente Herrera y Obes 
en oportunidad del décimo aniversario: 


“Todos los esfuerzos del Consejo han sido impotentes para re- 
mover las causas que hasta hoy han impedido la mejora que tan 
urgentemente demanda esta importante institución. Me es, pues, 
doloroso deciros que ella está en verdadero decaimiento. 


Las aulas, son siempre las mismas, y la misma la situación de 
los Catedráticos. Los males de ahí han surgido y eran consiguientes; 
han tomado pues, un natural e inevitable desarrollo y ellos os piden 
que le prestéis la más seria atención. 





413 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 74. 

414 Colección Legislativa de la República Oriental del Uruguay (1876), op cit; 1: 
391-398. 

415 Delio Machado, Luis. La Academia de la República Oriental del Uruguay: la 
primera colegiatura. http://revista.fder.edu.uy/index.php/rfd/article/viewFile/254/266. 
Consultado el 26 de marzo de 2017. 


228 


RicarDO Pou FERRARI 


Tal como hoy existe la Universidad, apenas conserva el nom- 
bre, y no hace más que prestar fuerza y medios para su propia des- 
trucción. 


Toca a vuestro celo y patriotismo, prevenir tan funesto resultado. 


Las aulas son cursadas por diez y seis alumnos en derecho; en 
filosofía, nueve; en Matemáticas, nueve; en latinidad, nueve; en 
química, siete y en idiomas vivos, veinte y seis. Estas cifras bastan 
para mostraros la exactitud y verdad de lo que dejo dicho”.9* 


PRIMER RECTORADO DE FERREIRA (18 DE JULIO DE 1859-18 DE 
JULIO DE 1861) 


En julio de 1859 Ferreira es elegido Rector por votación de 
la Sala de Doctores, tal como lo preveía el Reglamento, recayen- 
do la designación de Vicerrector en la persona del Dr. Joaquín 
Requena (Montevideo, 1838-1895). Los historiadores que se 
han ocupado del tema, aseveran que a partir del inicio de la 
gestión rectoral de Ferreira la institución fue tomando nueva 
fuerza y jerarquía. Se nombraron catedráticos de diversas mate- 
rias vinculadas al Derecho, Economía política, idiomas, historia 
y química. 


En mensaje a la Sala de Doctores el 18 de julio de 1861 -en 
1860 no hubo reunión, como estaba estatutariamente previsto, 
por problemas ajenos a la Universidad-, Ferreira manifiesta: 


“Desde el momento que me honrasteis con vuestro sufragio para 
dirigir la Universidad, tomé sus estatutos por norma de mi conduc- 
ta y, celoso en el cumplimiento de sus prescripciones, me he visto sin 
embargo en el forzoso caso de infringir el art. 72 del Reglamento, 
previa autorización del Consejo Universitario, dejando de presen- 
tar ante vuestra ilustración el cuadro de la situación material y 
moral del Establecimiento, en el primer año de este Rectorado. 


Prosigue: 





416 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 186. 


229 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


¿Mi primer paso luego que la Universidad dio principio a 
sus trabajos en el año próximo pasado, fue pedir la cooperación del 
Consejo Universitario, encareciendo la asistencia de sus miembros a 
las sesiones para contribuir con sus luces a hacer efectiva la disposi- 
ción del 15 de junio de 1849, que confió a él la dirección general de 
los estudios científicos y profesionales [...] El Consejo correspondió 
a mis deseos, y merced a sus acertadas decisiones, se ha cerrado la 
puerta a más de un abuso y la Universidad ha recibido un impor- 
tante beneficio”. 


Refiere a continuación el número de egresados, el funciona- 
miento de la totalidad de las aulas autorizadas, la actuación de 
profesores idóneos, la creación de la cátedra de Economía polí- 
tica. Sin embargo, en términos contundentes, agrega que para 
explicar las dificultades en el gobierno universitario: 


“ 


ay otra razón más y os la han señalado siempre mis prede- 
cesores. La Constitución Universitaria, redactada en circunstancias 
difíciles para el país y sin la experiencia necesaria, es hoy un obs- 
táculo al desarrollo del gran objeto que entonces se tuvo en vista. 
El Consejo mismo encuentra dificultades en la aplicación severa 
de sus reglas, y es por esto que creo muy necesaria y urgente su re- 
visión [...] El saber y las ciencias que no [son] estacionarios, han 
conquistado en su rápido progreso un inmenso terreno, y de aquí la 
urgencia de nuevos reglamentos, nuevos sistemas, nuevos textos [...] 
Soy el primero en reconocer y pedir las reformas que se necesitan 
en el sistema Universitario; no como Oxford o Edimburgo, como 
pretenden algunos, sino como corresponde a nuestra situación polí- 
tica y social; pero me duele que se hable para vejar la Universidad 
y no se obre para mejorarla [...] La Universidad, Señores Doctores, 
necesita de la cooperación de todos, y vosotros, los que le pertenecéis 
y ocupáis un puesto distinguido, tendréis que darle una mano ver- 
daderamente protectora y amiga. [...] Por mi parte, he hecho por 
ella lo que pude con los medios de que disponía; y puedo asegurar 
que no me alcanza, ni tampoco al Consejo Universitario durante 
mi Rectorado, ese lamentable abandono o falta de iniciativa de que 
alguno se ha quejado. Me he empeñado por corresponder a vuestra 


RicarDO Pou FERRARI 


confianza; si no lo he conseguido, me queda al menos la satisfacción 


de mi conciencia”. 


SEGUNDO RECTORADO DE FERREIRA (18 DE JULIO DE 1861- 18 
DE JULIO DE 1863) 


En la misma fecha del discurso que venimos de citar, se 
reelige a Ferreira, siendo Vice-rector el Dr. Laurentino Ximénez 
(Montevideo, 1832-1868). 


El 18 de julio de 1862, otra vez se dirige Ferreira a la Sala 
de Doctores. Lamenta en la ocasión de que no podía presentar 
“grandes reformas ni muchos más adelantos de los que [expusiera el 
año anterior]”, pero destaca algunos indicios de cambio alenta- 
dores, en medio de una situación general de confusión: 


“Sí veréis un interés positivo y una voluntad activa y diligente 
por mejorar y fomentar los estudios, por elevar la Universidad a su 
verdadero carácter, con el goce de su fuero y jurisdicción que por este 
título le compete, aunque ha tenido que luchar con muchas con- 
trariedades [...] Rodeado de quehaceres apremiantes, con falta casi 
absoluta de tiempo, sin la tranquilidad ni el descanso necesario, de 
todo lo que me priva mi profesión individual; la Universidad, debo 
decirlo sin orgullo y por amor a la verdad, ha ocupado mi atención 
preferente, en su obsequio no he omitido oficio ni sacrificio para 
mantenerla, servirla y engrandecerla más y más. 


Si no lo he conseguido, si la mayor parte de mis esfuerzos han 
sido inútiles, si mis deseos no se han realizado, ha sido por circuns- 
tancias más poderosas que mi voluntad y mi anbelo; ha sido no 
poder inspirar a todos el mismo interés de que me siento animado 
hacia esta institución a la que tanto debe ya la sociedad y de la que 
tanto más puede esperar. 


Os he dicho anteriormente, que cuando por primera vez me 
depositasteis vuestra confianza, mi primer paso fue [...] solicitar la 
cooperación del Consejo Universitario, encareciendo la asistencia 
de sus miembros a las sesiones, para contribuir con sus luces a ha- 





417 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 259-263. 


231 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cer efectiva la disposición que le confió la dirección general de los 
estudios científicos y profesionales, y para que se realicen las grandes 
esperanzas que se tuvieron en vista al crear tan importante insti- 
tución. 


Comprendí que este era un medio eficacísimo para levantar 
la Universidad de la especie de postración en que se encontraba 
y alentado con el concurso que me prestó esta Corporación, como 
también en vista de los beneficios que de él recibió la Universidad, 
esperaba proporcionaros hoy la grata satisfacción de ver realizadas 
las mejoras que indiqué en mi anterior informe, como posibles y 
más urgentes, y en las sucesivas que produjese la eficacia de aquel 
concurso. 


Desgraciadamente, me he equivocado y tengo el deber de de- 
cirlo: hace cerca de un año y medio, que, ya por sus muchas ocu- 
paciones, o tal vez por otros motivos que ignoro, algunos miembros 
han dejado absolutamente de asistir, han privado al Consejo del 
poderoso contingente de sus luces y de su acción y éste se ha reducido 
a los Señores Catedráticos, quienes se hacen cada día más acreedores 
a la consideración y aprecio general, y especialmente al de todos los 
que se interesan por el progreso de la Universidad de la República”. 


Una vez más manifiesta sus temores y la necesidad que ex- 
perimenta de cambiar el reglamento y el plan de estudios: 


“Este doloroso incidente y otros de que seréis instruidos, son 
bastantes a infundir un verdadero temor por la existencia futura 
del Establecimiento; porque si tal situación continúa, si esos Señores 
no manifiestan terminantemente su voluntad, como lo ha hecho el 
Sr. Dr. Requena, cuya separación lamento, de permanecer en esa 
inacción o de dejar de pertenecer al cuerpo para que sus puestos 
sean desempeñados por otros; son incalculables los males que de ello 
se pueden originar, porque la educación pública, y especialmente 
la científica que se da en la Universidad, no podrá recibir aquel 
impulso que reclaman la necesidad y altura de la época en que nos 
encontramos. Una de tantas es, la reforma del Plan General de es- 
tudios y la reglamentación disciplinaria, porque todo lo que hoy te- 
nemos a este respecto es bastante deficiente, como vosotros lo sabéis”. 


232 


RicarDO Pou FERRARI 


Pretende mayor autonomía para la Universidad: 


“Recordaréis que sobre esto os llamé especialmente la atención, 
antes de ahora y hasta este momento no tenemos una ley general de 
estudios, ni autorización para que el Consejo la proyecte, como el 
más competente, ya por la reconocida ilustración de los miembros 
que lo componen, o lo pueden formar en lo sucesivo, como por el 
contacto diario que tiene con las necesidades de la educación secun- 
daria y sus conveniencias. 


El carácter de casi todas las disposiciones que nos rigen sobre 
la materia es meramente provisorio. Fundado en esto, y sobre todo, 
en que es muy sentida la necesidad de que tengan más duración los 
estudios de la facultad de Jurisprudencia, por razón del aumento de 
materias que ha tenido”. 


Seguidamente, se ocupa de la necesidad de habilitar esta- 
blecimientos para dictar cursos secundarios en el interior del 
país, cosa que recién se llevará a la práctica en el primer decenio 
del siglo XX. Asimismo, cita el propósito de crear una cátedra 
de Historia universal -para la que propone a Francisco A. Berra 
(Buenos Aires, 1844-Montevideo, 1906), quien se halla en ese 
momento en Buenos Aires-; otra de Náutica; establecer un la- 
boratorio químico -sobre la base de los conocimientos y el ma- 
terial que ha aportado el Licenciado en Farmacia Julio Antonio 
Lenoble, cuya incorporación al cuerpo profesoral resultaba difi- 
cultosa por carecer de un doctorado. Refiere la iniciativa invertir 
en la publicación y compra de libros redactados por los profe- 
sores -lo que no pudo llevar a cabo por falta de medios-; mejo- 
rar las instalaciones edilicias -la Universidad seguiría, toda ella, 
reducida a la Casa de Ejercicios, hasta después de la creación de 
la Facultad de Medicina-, etc. 


Y agrega: 


“Llamo, Sres., vuestra atención sobre un hecho significativo y 
muy grato al corazón de Uds. Un país nuevo, como este, contrariado 
frecuentemente en su progreso por la revolución o la guerra civil, cu- 
ya suerte ha seguido también la Universidad; enumera sin embargo 


233 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cinco hijos de su suelo que desempeñan Aulas en ésta a satisfacción 
de todos y con particularidad de haber sido educados en la misma 
el mayor número de ellos. No debemos perder la esperanza de que 
en breves años tendremos un plantel de Catedráticos nacionales que 
harán honor al país. Este sólo hecho y esta sola esperanza deben esti- 
mular a nuestro Gobierno y demás hombres influyentes para prestar 
a la Universidad una protección decidida”.£8 


Dicen Oddone y Paris de Oddone: 


“La amarga y enérgica denuncia que encerraba el Mensaje rec- 
toral de julio de 1862 [...] tuvo una respuesta positiva. [...] Logró 
conmover el ambiente de fuera y dentro de la Universidad al seña- 
lar la falta de colaboración para sus iniciativas”.9? 


Ante la crítica situación que denunciaba Ferreira el gobier- 
no comenzó a hacerse eco de los reclamos de la Universidad. El 
Ejecutivo nombra una comisión revisora de planes compuesta por 
el Rector y los doctores Vicente Fidel López [Buenos Aires, 1815- 
1903], Manuel Herrera y Obes, Francisco Magesté [Valladolid, 
1807-Buenos Aires, 1864] y Carlos De Castro”.2 


Las tímidas reacciones oficiales, quedaron finalmente en 
suspenso por la gran convulsión política. 


El 18 de julio de 1863, Ferreira se dirige una vez más a la 
Sala de Doctores y dice: 


“Muy grande es, señores, la responsabilidad que, por este solo 
hecho, [la anormal situación en que se encuentra el país ente- 
1r0],%! pesa sobre el causante o causantes de él, porque la pérdida 
que sufre la juventud estudiosa nunca será suficientemente compen- 
sada y porque a este paso, la Universidad tiene necesariamente que 
retroceder en su vía de progreso y mejora moral. 





418 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 284-292. 

419 Oddone, Juan A., Paris de Oddone, Blanca. Historia de la Universidad de Monte- 
video. La Universidad vieja. 1849-1885, Montevideo, Publicaciones de la Universidad, 
1963: 54. 

420 Oddone, J. A. y Paris de Oddone, B., op cit: 55. 

421 En marzo Flores invade el Uruguay e inicia una revolución contra el Presidente 
Berro. 


234 


RicarDO Pou FERRARI 


Hace un año que llenando este mismo deber, me lisonjeaba en 
esperar que hoy, décimo cuarto aniversario de su instalación, podría 
ofreceros un cuadro el más halagúeño desde aquel hecho, siquiera 
por ser el último año de este Rectorado. Pero desgraciadamente, mi 
previsión se ha frustrado y no puedo llevar a mi retiro el consuelo de 
ver realizada una mejora importante de las varias que os indiqué 
en mi anterior mensaje. 


Ante este acontecimiento tan lamentable, y para que los es- 
tudiantes no pierdan completamente sus estudios, el Consejo 
Universitario se encuentra animado de consideración hacia ellos, y 
no dudo que, tan luego como las cosas vuelvan a su estado normal, 
tomará las medidas que crea justas y conniventes para favorecerlos 
en su empeño por adelantar en las ciencias; sólo se guardarán con 
los que justifiquen la imposibilidad de asistir a las Aulas por estar 
en el servicio de las armas, y no con los que sin motivo legítimo han 
desertado de ellas. 


El material de la Universidad se encuentra en regular estado, 
pero ya va siendo necesaria la reforma radical, porque las pocas au- 
las que cuenta son insuficientes y reducidas para la concurrencia de 
alumnos, que indudablemente debe aumentar a medida que la paz 
y tranquilidad del país se restablezca y consolide definitivamente”. 


Finaliza: 


“Ante vuestra indulgencia me servirán de suficiente escudo los 
quehaceres de mi profesión individual y la sinceridad de los sen- 
timientos que me animan hacia esta benéfica institución: y para 
salvar los errores u omisiones que tal vez he podido cometer invo- 
luntariamente, ya tendréis firme vuestra atención en quien con más 


y seguros medios de obrar todo lo subsane y mejore”. *? 





422 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 308-310. 


235 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


TERCER RECTORADO DE FERREIRA (18 DE JULIO - 30 DE 
SETIEMBRE DE 1863) 


En la fecha antes mencionada tiene lugar la reelección de 
Ferreira al frente de la Universidad. 


A partir del 19 de octubre de 1863, inesperadamente, el 
Vicerrector Carlos De Castro pasa a presidir las sesiones. Nada 
consta en actas, pero esto se debió a la expatriación que sufrió 
Ferreira por parte del gobierno de Bernardo P. Berro.* En efecto, 


“Ya invasión de Flores volvió a cuestionar la estabilidad ins- 
titucional del país y los embates de la política estancaron la eficaz 
gestión de Ferreira al frente de la Universidad. Ante el desenlace de 
algunos hechos de armas (Coquimbo, Vera), el gobierno de Berro 
extremó precauciones, sobre todo en Montevideo, donde estableció 
una celosa y creciente vigilancia sobre los elementos de filiación co- 
lorada. A poco, y tras la clausura de El Siglo, del que era redactor 
Fermín Ferreira, eran arrestados un centenar de ciudadanos y de 


inmediato desterrados a Buenos Aires. Entre ellos se encontraba el 
Rector de la Universidad”. *4 


INTERVENCIÓN DE LA UNIVERSIDAD POR EL GOBIERNO DE 
AGUIRRE (28 DE MARZO DE 1864- 22 DE MARZO DE 1865) 


Algo más tarde, en sesión del 31 de marzo de 1864, el Rector 
interino Dr. Plácido Ellauri (Buenos Aires, 1815 - Montevideo, 
1893), en ausencia por enfermedad del Dr. De Castro 


“dio cuenta de la nota del Ministerio de Gobierno [Presidencia 
de Atanasio Cruz Aguirre, Ministro de Gobierno: Juan P. 
Caravia] de fecha treinta del corriente, recibida recién hoy, a las 
seis y media de la tarde, en que comunica su decreto del veintiocho 





423 Recordar que entre el 8 de octubre de 1862 y el 23 de agosto de 1863, Berro había 
decretado, a raíz de diversas discrepancias, el extrañamiento a Buenos Aires del obispo 
de Montevideo, Monseñor Jacinto Vera y Durán (Florianópolis, 1813-Pande Azúcar, 
1881). 

424 Oddone, Juan Antonio y Paris de Oddone, M. Blanca. Historia de la Universi- 
dad de Montevideo. La Universidad Vieja. 1849-1885, Montevideo, Publicaciones de la 
Universidad, 1963: 55. 


236 


RicarDO Pou FERRARI 


del mismo, creando una comisión encargada de proyectar y propo- 
ner al Gobierno las medidas conducentes a la mejor organización 
de la instrucción pública y de regir y gobernar interinamente la 
Universidad, agradeciendo al Consejo Universitario, a nombre del 
Gobierno de la República los servicios prestados a aquélla”. 


Reacciona el Consejo en los siguientes términos: 


“Cambiadas algunas ideas sobre la conducta que debía obser- 
varse ante ese precepto terminante del Gobierno, se resolvió unáni- 
memente. 


-Que el Consejo Universitario consideraba infundada esa reso- 
lución, porque de sus mismos considerandos no se deduce la inmi- 
nente necesidad de sustituir la dirección que actualmente reconoce 
la Universidad, y que ejercita en virtud de Estatutos que tienen 
la sanción de catorce años de existencia y en cuyo período el Poder 
Legislativo lejos de motivar en ellos una interpelación, los ha respe- 
tado en todos sus actos, que, como el Presupuesto que anualmente se 
vota, se relaciona con ellos. 


-Que era una aspiración del Consejo Universitario el perfeccio- 
namiento de esos mismos Estatutos, puesto que a pesar de la falta de 
atribuciones para conseguirlo, continuamente ha tenido ocasión de 
hacer indicaciones para aumentar las Cátedras y mejorar en todo 
sentido la enseñanza: 


-Que respecto a los resultados, que en tan breve existencia ha 
dado ya la Universidad se encuentra, además del número de jóvenes 
que ha formado, el desinterés con que los Catedráticos Miembros 
Natos del Consejo Universitario, según el Reglamento, han per- 
manecido sirviéndola durante épocas difíciles porque ha pasado la 
república y en que no podría ofrecerles compensación alguna, - lle- 
gando a suplir con sus propios trabajos el vacío de los textos de en- 
señanza; resultados a los cuales es imposible arribar sin que hayan 
estado penetrados del mejor deseo los directores de esta Institución 
que hoy se hace cesar por un decreto. 


-Que por último, y a pesar de que no puede hacerse un cargo 
al Consejo por no haberse cumplido el Artículo 2" del Decreto del 


237 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


27 de mayo de 1838, es público y notorio que en varias adminis- 
traciones se han formulado y sometido a la aprobación legislativa, 
diversos / proyectos que tendían a dar cumplimiento a ese decreto, 
siendo el posterior, de esos esfuerzos la Comisión nombrada por el 
Gobierno de la última administración, con el mismo objeto que se 
propone la resolución actual. 


-Que de todas estas consideraciones y ante la imprescindible 
necesidad de someterse a lo dispuesto por el Superior Gobierno, el 
Consejo Universitario declara que se retira -salvando su propia dig- 
nidad y consignando la verdad de los hechos en esta acta que se 
publicará. Plácido Ellauri. Martín Berinduague. Scret” into”. 


A partir del 12 de abril ocupa el rectorado Joaquín 
Requena y el Consejo queda formado por los miembros del 
Consejo de Instrucción Pública: Cándido Joanicó (1812-1884), 
Jacinto Susviela (1825-1911), Vicente Fidel López, Antonio de 
las Carreras, Ildefonso García Lagos (1834-1919) e Ignacio 
Pedralbes (1838-1890). 


OCTUBRE DE 1863- MARZO DE 1865: EXPATRIACIÓN DE 
FERREIRA A BUENOS AIRES 


El “extrañamiento” fue dispuesto por Bernardo Prudencio 
Berro, ante la inminencia de la revolución de Flores. Según al- 
gunos historiadores, la razón fue que Ferreira formaba parte de 
los redactores del diario “El Siglo”, fundado por Santiago Fabini 
(hermano mayor del músico Eduardo Fabini), conjuntamen- 
te con Adolfo Vaillant, José Pedro Ramírez, Elbio Fernández, 
Carlos María Ramírez, Julio Herrera y Obes, Juan A. Ramírez y 
Pablo de María, desde donde se hacía oposición al gobierno. No 
cabe duda, además, que Ferreira pertenecía al círculo de Flores, 
en vías de invadir el Uruguay y derrocar al Presidente Berro. 


Mientras permanece en Buenos Aires, trabaja como mé- 
dico e integra, en calidad de Presidente, la Comisión revolu- 
cionaria, conjuntamente con Benjamín Ellauri y Obes, Pedro 





425 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 324-325. 


238 


RicarDO Pou FERRARI 


Bustamante (Montevideo, 1824-1891) y José A. Possolo ( 
Montevideo, 1800-1882).** 


En los últimos días de 1864, Ferreira, en compañía de un 
sacerdote y de algunos otros miembros del Comité, viajó por 
barco a Paysandú. El propósito era reducir las tensiones y pro- 
curar una salida pacífica -o al menos incruenta- al sitio de la 
ciudad -lo que no ocurrió-, al tiempo que apreciar de cerca el 
escenario (Figura 59). 





Figura 59. El sitio de Paysandú (ZIllustration, Vol. XLV, n* 1.151, 1865). 


Uno de los integrantes de la delegación, un cirujano, llevaba 
documentos para los sitiados, escondidos en el doble fondo de 
la caja de cirugía, los que fueron descubiertos. Esto causa gran 
malestar entre los floristas que lo querían fusilar. Baja entonces a 
tierra, apacigua a los jefes, pese a que no puede hablar con Flores 
personalmente. Escribe desde el lugar una carta a Rosalía donde 
le comenta la situación de penuria que terminará en hecatombe. 
En tal oportunidad, su hijo Teodoro que lo acompañaba se sintió 





426 “Militar uruguayo, aunque de nacionalidad portuguesa. Participó en la lucha por 
la independencia entre 1825-28, como ayudante mayor de Rivera, hallóse en la victoria 
de Rincón, así como en la triunfal campaña de Misiones. Sargento mayor en 1828, 
teniente coronel en 1829, coronel en 1831, secretario de la comandancia de campaña 
(1834). A las órdenes de Rivera participó en la revolución promovida por éste en 1836 
contra el gobierno de Oribe, y durante la guerra contra Rosas (1838-51). Comisario 
general de guerra del Ejército (1842), comandante general de Armas de la capital (1842- 
43)”. [Castellanos, Alfredo C. “Nomenclátor de Montevideo”]. 


239 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


de tal modo inflamado de patriotismo que decidió enrolarse en 
el ejército. Lamentablemente, fallecería en plena juventud en la 


batalla de Yatay. (Figura 60) 


En esos mismos días, debió comunicar al General Urquiza 
la muerte en combate de un hijo de éste. Ignoraba que poco 
después le tocaría sufrir similares circunstancias. 


REGRESO A MONTEVIDEO 


Retorna Ferreira a Montevideo luego de la entrada de 
Flores, ocurrida el 20 de febrero de 1865. 


Enfermo ya, probablemente de una tuberculosis pulmo- 
nar, Ferreira se reintegra a sus exigentes funciones. No obstante 
esa circunstancia, desde el frente de guerra se reclamaba su pre- 
sencia. Tan importante había sido siempre su figura de médico 
junto al cuerpo del ejército en campaña, que muchos no podían 
concebir prescindir de ella. 


REINTEGRO AL RECTORADO (30 DE MARZO DE 1865- 18 DE JULIO 
DE 1865) 


Tan bruscamente como ocurrió la salida de escena de 
Ferreira, fue su reaparición, a partir de la sesión 30 de marzo 
de 1865,% una vez restituido, en la reunión previa, el Consejo 
cesado. 


Cuando se permitió el retorno de Ferreira al Uruguay, este 
plantea una protesta pública, donde deja constancia de la in- 
justicia contra él cometida, de la injuriosa forma como se lo 
había detenido a la salida del Hospital, siendo conducido por 
la fuerza pública directamente al puerto para embarcarlo hacia 
Buenos Aires, sin permitirle siquiera comunicárselo a su familia 


ni despedirse de ella. 





427 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 355. 


240 


RicarDO Pou FERRARI 


CUARTO RECTORADO DE FERREIRA (18 DE JULIO DE 1865-10 DE 
OCTUBRE DE 1867) 


El julio de ese año se dirige a la Sala de Doctores, comuni- 
cando, entre otras cosas, la incorporación de nuevos miembros 
del Consejo, entre ellos a Francisco Antonino Vidal. Ese mismo 
día se lo reelige como Rector. En tal oportunidad manifiesta que 


“El Consejo ha creído que con tal proceder [reorganizando la 
Universidad] que está dispuesto a llevar adelante, respondiendo a 
la necesidad de moralización que es cuestión”. 8 


FALLECIMIENTO DE FERMÍN FERREIRA 


El 10 de octubre de 1867, se reúne el Consejo, dando 
cuenta del fallecimiento del Rector ocurrido ese día, ante lo que 


decide: 
“10, Que las aulas se suspendan hasta el lunes próximo. 


20, Que se invite a la Sala de Doctores, por medio e avisos en los 
diarios, así como a los Profesores, estudiantes y empleados. 


30, Que por parte de la Universidad se concurra con diez 
carruajes. 


40, Que se pronuncia un elogio fúnebre, a nombre del Claustro 
Universitario, designándose al efecto al Dr. D. Manuel Herrera 
y Obes; quedando facultado el Sr. Vice Rector para sustituir el 
nombramiento en otra persona, caso que el Dr. Herrera estuviese 
impedido o se excusare. 


50 Que igualmente se dirija una carta de pésame a la familia 
del ilustre finado, quedando la mesa encargada de su redacción; y 
por último que se labre acta de este acuerdo y se publique en extracto 
a sus efectos, Castro, Martín Berinduague, Secretario”.2? 





428 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 369-374. 
429 Facultad de Humanidades y Ciencias, op cit: 431. 


241 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El sepelio fue multitudinario; los discursos y otras manifes- 


taciones de pésame, innumerables. (Figura 60) Y 





Figura 60: Sepulcro de Teodoro Ferreira, con figura yacente de mármol, encargada por 


sus amigos (Cementerio Central, Montevideo). 





430 Ferreira y Artigas, Mariano. Memorias, op cit: 35. 


242 


RicarDO Pou FERRARI 





Figura 61: Cruz de granito, correspondiente a la sepultura de Fermín Ferreira, situada 
junto al sepulcro de Teodoro (Cementerio Central, Montevideo). 


243 


EPÍLOGO 


a Medicina uruguaya le debe mucho a Fermín Ferreira. 

Su figura prócer, en un período fermental de la cul- 

tura nacional, contribuyó a construir las condiciones 

necesarias para el ulterior desarrollo de la misma con 
un carácter medianamente original. Desde hace pocos años, el 
Hospital Central de las Fuerzas Armadas lleva su nombre, ac- 
to tardío pero de justicia;** falta aún el homenaje nacional en 
cuanto figura emérita de la ciencia. 


Como cirujano, fue el característico práctico de la primera 
mitad del siglo XIX, que debió enfrentar todas las adversidades, 
aceptar ser un “perdedor” en cuanto a logros terapéuticos se re- 
fiere, sin abandonar por eso la condición de “cuidador”, tanto 
del individuo como de la sociedad. En un mundo rodeado por 
tantas amenazas, en el que se disponía de tan magros recursos, 
era preciso ser valiente para afrontar las responsabilidades que 
la profesión exigía. Dentro de los progresos que hicieron de la 
cirugía una disciplina tan agresiva -en el buen sentido- como 
es hoy, él sólo pudo alcanzar, y fue el primero en Sudamérica, 
a la anestesia general. Con lo que quedó aún lejos de la nueva 





431 Ver Anexo Documental N0 3. 


245 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


cirugía de las cavidades, pero hizo camino y cultivó la prudencia 
quirúrgica, más importante aún hoy que entonces. 


No tuvo oportunidad de viajar más allá de la Argentina. 
Tuvo la suerte, un poco al modo que le ocurrió a Artigas con res- 
pecto a Félix de Azara, de que “Europa viniera a Montevideo”*? 
y convivieran con él hombres de diversas formaciones y casi to- 
dos ellos de una gran talla intelectual. Aprendió, entonces, in 
situ. Completó de ese modo aquellos conocimientos algo rudi- 
mentarios de la naciente escuela de Buenos Aires, nutriéndose 
de las ideas más actuales, y de los libros en diversos idiomas, 
más allá de que no conociera muchos fuera del español y el 
portugués, lo que no importaba porque tenía buenos traducto- 
res. Seguramente, también les enseñó mucho, de medicina, de 
la clásica, de la predominantemente expectante, y además en 
cuanto a valores, de los que se aprenden porque se conquistan a 
costa de sufrimiento. 


Las vinculaciones con grupos de influencia, si le dieron 
oportunidades precoces, más que nada lo cargaron de respon- 
sabilidades y lo enfrentaron a algunos que veían en él un con- 
trincante, cuando lo que tenían enfrente era un perseverante y 
honesto colaborador. 


Tuvo a su lado a una mujer excepcional, de la estirpe de los 
montevideanos viejos, sin poder económico pero con princi- 
pios, cultura, capacidad de buen relacionamiento y espíritu de 
colaboración. Rosalía fue su compañera e interlocutora de todos 
los momentos, quien quizás compensó muchas claudicaciones, 
que no pudieron faltar en una vida tan llena de zozobras como 
la de Ferreira. 


El compromiso profesional, en su carácter de médico mi- 
litar, lo llevó a vivir una vida de aventuras y riesgos, en la “tie- 
rra purpúrea”, que dejó en él, como en el Richard Lamb de 
Hudson, improntas peculiares de adhesión al prójimo sufriente, 
de acercamiento a lo telúrico, de comprensión profunda del ha- 
bitante de esos campos sin fronteras. La adhesión casi incondi- 





432 Fernando Mañé Garzón: comunicación personal. 


246 


RicarDO Pou FERRARI 


cional al caudillo, a través, más de la admiración por su persona 
que del apego a su ideología, hizo que pasase años alejado de 
los suyos, sin olvidarlos, pero alimentándose de la grandeza del 
personaje a quien al mismo tiempo acompañaba y cuidaba. Su 
condición de mestizo, no le impidió acceder, por los “golpes del 
destino” y por sus especiales condiciones humanas, a los niveles 
más altos de la sociedad, a los que trataba como hermanos, sin 
la distancia impuesta por el prejuicio y con la simpatía de la 
formación común. 


La vida de Ferreira fue trágica, en el sentido unamuniano 
del término. Trágico fue el tiempo en que le tocó vivir, cuan- 
do Ibero América se desgarró de la metrópoli y fue objeto de 
un huracán que la recorrió de punta a punta, sacudiéndola con 
guerras que duraron un siglo y que tiñeron esa tierra de color 
púrpura. Trágica, porque siendo un hombre de diálogo, proclive 
a la unión en el consenso, le tocó actuar en medio de las “gue- 
rras médicas”, expresión de la pequeñez pero más que nada de 
la ignorancia y la envidia de quienes se creían poseedores de la 
verdad. Forjó ámbitos de estudio, la Sociedad de Medicina, la 
Universidad, cuando afuera se sentía la detonación del cañón y 
por la ventana se veía la humareda de los incendios. Fue trágica, 
porque le tocó perder a uno de sus hijos jóvenes en la guerra, 
quizás imaginándolo en medio de las atrocidades que él había 
contemplado a lo largo de los años. 


¿Cuál fue entonces su legado? la tónica moral, el “élan” 
cultural, la seriedad profesional, la vocación por el diálogo y el 
patriotismo ¡este, antes que nada! 


247 


ANEXOS DOCUMENTALES 


A) EPISTOLARIO DE FERMÍN FERREIRA 


AGN, Fondo Documental Ex Museo Histórico Nacional, caja 95, carpeta 
No8: Fermin Ferreira - 1843-1863- [Correspondencia: “Diez piezas”, falta la 
carta No 5]. 


A) CARTA No1. 
Sr. D. Gervasio Posadas [Residente en Montevideo, el 3 de febrero había 
casado en la Catedral con Clemencia Estévez] 
Muy Señor mío 
Incluyo á U. los datos necesarios á la redacción de la acta de la sesión de 
hoy, y si se tiene oportunidad de ver al Sr. Gefe político [y de la Policía D. 
Andrés Lamas], dígale que respecto a los porotos á que se refiere la comisión de 
depósitos, hoy mismo he preparado un plato de ellos, y soy de opinión que se 
aprovechen en la clase menesterosa, sin temor de que les haga otro mal que el 
no nutrirlos mucho. 


Deseo su pronto restablecimiento y que ordene Ud á su afmo. servidor 
QBSM Fermín Ferreira 


s/c Diciembre 23 1843. 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


B) Carta No2 
Sor. Don Andrés Lamas 
Mi amigo distinguido 
Las muchas atenciones que gravitan sobre U. le habrán hecho olvidar su 
oferta del dinero destinado al pago de las nodrizas de los expósitos. Esto nos es 


tan imperioso que yo temo que algunas de ellas no quieran continuar, especial- 
mente las que son extrajeras porque todo lo subordinan al interés individual. 


Permítame U. esta exigencia y el repetirme su muy afmo servidor QBSM 


Fermín Ferreira 


s/c, junio 12 1844 


C) Carta No 3 
Al Dr. D. Andrés Lamas 
Montevideo, Noviembre 24 de 1850 
Muy buen amigo y Sr. 


Por mano del Sr. Buschental he tenido la satisfacción de recibir la estimada 
de U, con las que me adjuntaba de mi familia. 


Aprovechándome de la oferta que U. me hace para que envíe a mi Padre y al 
Sr. Moctzuma dirijo a U. ese paquetito que recomiendo a su cuidado. 


Agradezco á U. muy mucho, tan importante servicio, porque después de 
ocho años no tenía la menor noticia de mi Padre, ni medios para averiguarlo. 


Aún no he recibido la encomienda que U, me avisa, pero es culpa de la casa 
de Zumarán que la ha retardado. 


Deseo á U. la mayor felicidad su muy aftmo amigo de U. QBSM 


Fermín Ferreira 


RicarDO Pou FERRARI 


D) Carra No 4 
Al Sr. Dr. D. Andrés Lamas 
Montevideo, Junio 30 de 1851 
Mi estimado amigo: 


Creo innecesario dirigir mi correspondencia á Europa porque supongo á 
Melchor en camino. En ese concepto dirijo á U. la adjunta para que la retenga 
en su poder hasta la llegada del Paquete próximo que nos dará la certeza de su 
regreso. Pero si en él tuviera U. conocimiento en contrario le ruego de la debida 
dirección en la primera ocasión que se presente. 


Nuestro común amigo Hordeñana me ha prometido escribir á U. respecto a 
Melchor. Si conviene U. en las ideas que aquel le emita yo le ruego también que 
se esfuerce U. en reducirlo a una sincera reconciliación, a fin de que no caigamos 
en una fatal anarquía o no se [?] aquel amigo a quien tanto quiero. Créame que 
tengo un inmenso disgusto y espero que no prosiga la desinteligencia en mo- 
mentos tan solemnes como los actuales. 

Por Somellera recibí una carta de mi flía. que el Sr. Moctezuma ha tenido 
la bondad de enviarme. Al regreso de aquel amigo contestaré a aquel Sr. agrade- 
ciendo a U. sinceramente tan eficaz oficiosidad. 


Disponga U. siempre de la buena voluntad de este su muy ap. amigo y at. 


serv QBSM 


Fermín Ferreira 


FALTA EN LA CARPETA DEL AGN LA CARTA N2 5 


E) CarTa No6 
Montevideo, junio 30 de 1851 
Mi muy querido Melchor 


Contesto a tu estimada de 6 del próximo pasado, en la persuasión que esta- 
rás en camino para reunirte á nosotros. Así que mi dirección es á Janeiro, donde 
creo indispensable que llegues, si tomas pasaje en el paquete inglés. 


Esto me parece, y así lo deseo también, para que Lamas te instruya de la 
nueva situación en que hoy nos encontramos, de que ya te hablaba en mi ante- 
rior si las has recibido. Cuesta creerlo, pero ello es una realidad la separación de 
Urquiza y su pronunciamiento en favor de la causa que sostenemos. Sin embar- 
go de todo eso, yo hubiera deseado que tu misión hubiese sido completamente 
feliz y que pudiésemos contar con esos elementos más nuestros, para balancear 
el que se está organizando y que tú comprendes que no son los mismos que han 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


hecho la defensa de esta causa santa. A esto se agrega que el que dá impulso á ese 
movimiento es el mismo que nos ha combatido por más de doce años! 


Como te decía en mi última, Manuel [Herrera y Obes] devía [sic] partir 
para Entre Ríos á tener una conferencia con Urquiza: no fue esta una exigencia 
del segundo sino una oficiosidad del primero-. Después de más de un mes de 
dilaciones y pretextos, resolvió al fin partir el 16 del corriente y lo hizo en un 
vapor Americano que se compró, por empresa de Lafone, el Gobierno y algu- 
nos otros particulares. Fue también portador de valiosos artículos de guerra 
pedidos por Urquiza. Aún no ha regresado (Manuel) a pesar que anoche volvió 
el vapor con algunos pasajeros y sesenta reses carneadas, 200 carneros y otros 
artículos del país- En él vino Chaín á visitar á sus hijas, conduciendo de paso la 
correspondencia para el Encargado de Negocios del Brasil- Manuel quedó en 
Gualeguaychú para venir con Greenfeld que había ido en uno de sus vapores 
hasta aquel punto. 


Los arreglos efectuados en esta visita aún no son conocidos del público 
como tampoco lo son del resto del Gobierno. Suponémos que no se habrá des- 
viado del acuerdo que sobre el particular ha habido: acuerdo por otra parte 
improvisado, porque la marcha de Manuel fue anunciada pocas horas antes de 
su embarque- 


Importa mucho que no te detengas en Janeiro si no lo muy indispensable 
para tus arreglos- Así lo creo, por el bien de nuestra causa como por el tuyo 
propio- Tu presencia reavivará mucho más el espíritu público y la confianza 
que en tí depositan los verdaderos defensores de Montevideo. Son [justísimos] 
motivos para que te incorpores y concurras á la terminación de la obra que [ ] 
emprendiste y has continuado con tantos sacrificios. 


El Ministerio de la guerra hoy es un puesto muy importante, porque no 
solo necesita una intelijencia [sic] militar, mucha actividad y resolución, sino 
que también carece de un hombre que una a estas calidades la de vistas políticas 
más extensas y que se uniformen a los intereses de esa nueva situación sin hacer 
abstracción de los intereses primitivos de la defensa de Montevideo. Es preciso 
que la independencia del País quede asegurada y eso solo puede obtenerse por 
el triunfo de los hombres que la han conquistado con su heroica constancia. 


Nuestro deseo pues, es que vengas á ocupar ese destino, conservándose 
Lorenzo [Batlle] en el de Hacienda- Esta garantía nos es necesaria y tu deber 
traer la resolución de complacer a tus numerosos amigos deponiendo antiguos 
resentimientos que pueden ventilarse más tarde, para que hoy por patriotismo 
debes sofocar en tu pecho- Cualquiera que sea la dificultad con que hubiéramos 
de luchar para el logro de ese objeto, estamos resueltos a vencerla y nuestros 
trabajos en ese concepto no son estériles- Contamos pues, que por tu parte no 
habrá motivo justificado para que lo impida. Esto no quiere decir que yo me 
proponga hacer un ataque á Pratti [?] que sin ser una habilidad no podemos 
confundir las aptitudes de ambos. 


Diré también que Lorenzo está conforme reconociendo cuánto ganaríamos 
en el pensamiento. 


252 


RicarDO Pou FERRARI 


Recibí por el Arístides las dos cajas, ambas me parecen eccelentes, y de ello 
te doy infinitas gracias. Las muchachas también recibieron sus encomiendas y 
te lo aviso porque ellas no escriven- Todas están buenas y Rosa en víspera de 
casarse con Ramos según me lo asegura ella misma. 


Adiós recibe el afecto de tu hermano y amigo Fermín. 


Olvidaba decirte algo sobre el equipo que está llegando. A juicio de los 
integrantes y de las [ ? ], todo es magnífico y ha merecido su aprobación. Las go- 
rras de la tropa que son eccelentes, teme Tajes que les disguste a sus G Nat esto 
quizás nace de la forma transversa que tienen y a la que manifiestan mucha an- 
tipatía- Las susodichas han sido repartidas al Ejército, reservando todo lo demás 
para otra época, porque acaba de recibir vestuario de invierno recientemente. 

El Comandante Valiñas me ofreció una carta para tí, contestando a las dos 
tuyas que personalmente le entregué. No parece una y quizás venga tarde. El 
retrato está perfectamente trabajado, porque no tiene la expresión de Tajes, cosa 
que no debe contrariarte tomándolo de un Daguerrotipo. Está colocado en la 
mayoría del cuerpo, a quien fue presentado en la forma que tú indicaste. 

La familia Pheil tiene grande esperanza que tú lo arranques de Europa y él 
no se ha animado a decirle nada á ese respecto pues les dice que tú espontánea- 
mente has manifestado esa intención. Remito una carta para él que si no está 
contigo tu le darás la debida dirección. 

No veo el momento de que llegues y este deseo se aumenta a medida que 
los sucesos nos dan mejor posición. Pero hay aún a mi entender que sólo por tí 
podrían ser llenas. 

Adiós otra vez y hasta el momento que tenga el gusto de abrazarte, tu her- 
mano y amigo, Fermín. 


F) Carta No 7 
Al Dr. D. Andrés Lamas 
Montevideo, Julio 3 de 1851. 
Mi buen amigo y Sr. 


Ruego á U. dé dirección a la adjunta si como es posible retarda Melchor su 
regreso de Europa. 


A la altura á que han llegado los sucesos y visto el estado desgraciado de 
nuestro interior, no me atrevo á hacer á U. ninguna indicación respecto á aquel 
amigo. Creo que llega tarde y todo le es aquí advero. 


Ofrezca U. mis respetos a su Teleforita y ordene á éste su muy af. amigo y 


at. servidor QBSM 


Fermín Ferreira 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


G) CarTA NO 8 
Al Sr. Dr. Andrés Lamas 
Montevideo, Octubre 6 de 1851 
Mi estm. amigo: 


Como U. cree problemático que Melchor haya llegado de Europa á la fecha 
en que el Paquete anterior hará su tránsito, hoy con más razón debemos supo- 
nerlo en camino. Es pues en esa creencia que dirijo á U. la adjunta rogándole la 
conserve en su poner hasta el arrivo [sic] de aquel amigo, si no tuviera U. razón 
para hacer lo contrario. 


Felicito 4 U. muy sinceramente por los brillantes resultados obtenidos en su 
laboriosísima misión. Ellos le compensan de todos los sacrificios y le recomien- 
dan á la Patria como uno de sus más leales e inteligentes hijos. 


Ese no es un cumplimiento sino la expresión una convicción profunda. 


Siempre cumpliré con gusto las órdenes que U. quiera impartir á su muy 


af. am. y ser. QBSM 


Fermín Ferreira 


H) Carta No 9 
Al Sr. Dr. Andrés Lamas 
Montevideo, Setiembre 4 de 1852 
Mi estimado amigo y Sr. 


Mil parabienes por la caída del tirano del Plata y la parte gloriosa que U. 
como otros patriotas ha podido tener en este último término. Dios quiera dar- 
nos los felices resultados que tenemos derecho a esperar de tal acontecimiento. 


Nada sé de Melchor después del último paquete. Ruego á U. quiera dar 
dirección á la adjunta si él retardase su regreso. 


Mil recuerdos a su estimadísima Sra. y acepte U. la estimación que le pro- 


fesa su af. ami. QBSM 


Fermín Ferreira 


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RicarDO Pou FERRARI 


I) Carta No 10 
Al Dr. Fermín Ferreira 
Sr. Dr. D. Fermín Ferreira 
Mi estimado amigo y Señor: 


He sabido con dolor que U. ha sido separado de su país y de su apreciable 
Señora. 


Imposibilitado para ver á U. hoy mismo, porque no puedo caminar, le rue- 
go me permita apresurarme á poner á su disposición ésta su casa y todo cuanto 
yo mi flía podemos tener la fortuna de hacer en servicio de U. 


Soy su amigo de Uds. 
[sin firma] 
[otra carta incluida con la anterior] 


Estimado Señor Lamas: Creo que Ú. recibirá con gusto la noticia siguiente 
que tiene carácter oficial: 


Los Coroneles Waldirio Urquiza, Zelmo López y un Barragán (Coronel 
Oriental) con 600 hombres han pasado del Entre Ríos a Paysandú, como vo- 
luntarios en favor del gobierno. 


U. habrá extrañado mi ausencia de estos días, pero el Paquete que sale hoy 
ha sido la causa. 


Nada hay de nuevo en Montevideo. Había entrado el Paquete Inglés 
Keppler de Liverpool. 


De U. Afect ss 
24 de agosto de 1863 
J. H. Gowland 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


2) Discursos CON MOTIVO DE CONMEMORARSE EL SEGUNDO ANI- 
VERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD DE MEDICINA MON- 
TEVIDEANA, EL 19 DE NOVIEMBRE DE 1854. 


A) DISCURSO DEL PRESIDENTE, Dr. FERMÍN FERREIRA. 
Señores: 


Hay algo de magnifico y de grande en el espectáculo que a nuestra vista se 
presenta. El corazón se dilata al contemplarlo y mi labio no puede sin conmo- 
verse, expresar el entusiasmo que le anima, al felicitaros por este acto solemne. 
Digno es de vosotros Señores, que los primeros, habían utilizado en bien del 
país, las ventajas de la paz pública, precioso presente con que la Providencia ha 
querido al fin beneficiarnos. 


Solo esa paz, ha podido engendrar los sentimientos de fraternidad, que más 
tarde debía acercar a los individuos. Y ese prodigio se realizó. 


Surgió entonces el pensamiento de promover el espíritu de asociación que 
como ha dicho el ilustre Dr. Bó, es semejante al vapor en el arte mecánico: 
multiplica la fuerza intelectual de un pueblo, centuplica sus recursos y renueva 
la faz del mundo. Ese espíritu de asociación, que parecía difundirse en todas 
las clases de la sociedad y que era la necesidad palpitante del país, quedó en 
embrión para los que sólo lo explotaron como medio especulativo: mientras los 
que se apoderaron del principio para mejorar las condiciones de una sociedad 
fuertemente conmovida, lograron establecerse con una organización sólida y de 
útiles consecuencias. 


El cuerpo médico, compuesto en su mayor parte de extranjeros domicilia- 
dos, que habían compartido con nosotros todos los azares de la lucha terrible, 
prodigando sus cuidados y afanes, do quiera que la humanidad los reclamaba, 
ese cuerpo médico, Señores, hoy aquí reunido, comprendió que su misión no 
había concluido, y que era preciso colocarse a vanguardia de los amantes del país 
que procuraban su reorganización y mejora. 


No fue el pensamiento de uno, sino el sentimiento de todos; fue el voto 
unánime de las inteligencias más ilustradas, que se proponían dar a la ciencia, la 
vasta aplicación de que es susceptible, estrechando a la vez los vínculos de con- 
fraternidad tan necesarios al decoro de la más noble de las profesiones. 

Bajo este doble pensamiento fue instituida la Sociedad de Medicina 
Montevideana. 

Fiel a sus Estatutos ella empezó sus tareas dando prioridad a las enfer- 
medades que sucesivamente han reinado desde su instalación; investigando sus 
causas, observando su marcha y discutiendo los medios terapéuticos con que 
debían combatirse. 

Ningún interés más vital para nuestras poblaciones que ilustrarlas con con- 
sejos saludables, cuando desgraciadamente son acometidas de enfermedades que 


256 


RicarDO Pou FERRARI 


sin revestir un carácter epidémico, son sin embargo bastante generales para tur- 
bar el sosiego de las familias. 


La aparición de la viruela en los últimos meses, la condujo a discusiones 
científicas de utilidad trascendental, comprendiendo en sus vistas, la necesidad 
de la revacunación, para lo cual se hicieron reiterados ensayos de resultados 
satisfactorios. 


Bajo el título modesto con que ella se denomina, se ha lanzado sin embar- 
go en la difícil tarea de presentar al mundo científico el ensayo de sus propias 
fuerzas. En sus anales trimestrales se registran algunas memorias y observaciones 
prácticas, sobre puntos importantes de la ciencia. De su mérito fallarán los que 
se crean competentes para juzgarlos. 


Esta asociación, Señores, es una reunión de amigos, que existe por sí misma 
y que se consagra con abnegación al servicio de la humanidad y especialmente 
a los intereses del Pueblo Oriental. A ella se han incorporado todos los hombres 
de corazón y verdaderos amigos del progreso intelectual de esta joven República. 


El Supremo Gobierno le ha extendido la mano protectora y seguros de 
este valioso apoyo, continuará incesante en los deberes que voluntariamente ha 
impuesto. 


Os repito mis felicitaciones, honorables socios, por el segundo aniversario de 
nuestra instalación; así como agradezco en vuestro nombre a todos los Señores 
que han tenido la deferencia de concurrir a este acto. He dicho. Montevideo, 
noviembre 19 de 1854. 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


B) Discurso DEL SECRETARIO, DR. HENRIQUE MUÑOZ 


Tócame ahora, señores, hacer la historia de los trabajos de la Sociedad. 
Tarea fácil de llenar si ella se redujese a trazar fielmente el cuadro histórico de 
los asuntos que se han controvertido en ella, pero no así, cuando hay que hacer 
un resumen de esos trabajos, porque entonces se corre el riesgo de menoscabar 
la importancia de estos, presentando, a la vez, un trabajo árido. 


La Sociedad de Medicina Montevideana emprendió su marcha, dándose 
su ley orgánica. Esa ley fue discutida con toda la detención que exigía el asunto 
más vital para la Sociedad; y antes de darle su sanción definitiva habían trans- 
currido muchas sesiones. Esa ley, a la vez que liberal, provee a todo lo necesario 
para que la Sociedad de Medicina Montevideana rinda a la humanidad y las 
ciencias los beneficios que se tuvieron en vista al fundarla. 


La aparición de la epidemia de viruela dio a la Sociedad una brillante opor- 
tunidad de hacer práctico uno de los objetos de su instituto, haciendo palpables 
los beneficios que hay que esperar de la primera asociación científica que existió 
en la República. La Sociedad de Medicina Montevideana consagró pues toda su 
atención a la investigación de las causas que dieron origen a aquel azote y a los 
medios de hacerlo desaparecer así como las medidas que conviene adoptar para 
evitar su aparición en la República. Ella cree haberlo conseguido resolviendo las 
cuestiones siguientes: 


19) Determinar los medios más eficaces para la propagación de la vacuna 
en la República. 


29) Si es necesaria la revacunación, y la época en que ella deba efectuarse. 


30) Si el proceso de la pústula es idéntico en los revacunados, y cuál sea la 
diferencia en contrario. 


40) Como se desenvuelve la viruela en los vacunados en la infancia, si se 
presenta bajo la forma de varioloide o varicela. 


50) Cuál es la parte en que debe vacunarse. 
69) Los instrumentos que deben usarse para la vacunación. 
79) En qué período debe tomarse el virus para su inserción. 


La fundación de la Universidad Mayor de la República, es uno de esos su- 
cesos que no pueden pasar inapercibidos, especialmente para los amigos de las 
ciencias. Pero esa Universidad fundada en momentos difíciles de la vida de un 
pueblo, experimentando los contratiempos que siempre estorban los primeros 
pasos de toda institución naciente, no ha podido tener aún todo el desarrollo 
que es susceptible. Con este objeto ha ocupádose la sociedad de la fundación 
de una escuela de medicina, y espera que no pasará mucho tiempo sin que haya 
formulado un proyecto sobre un asunto tan importante al país, sometiéndolo 
en seguida a la autoridad competente. 


La cuestión del contagio de ciertas enfermedades que reinan epidémica- 
mente en algunos países, ha muchos años llama la seria atención del mundo 
científico, pero infortunadamente, aún no ha podido quedar resuelta. Entre 
esas enfermedades, ninguna quizás ha sido estudiada como la fiebre amarilla; 


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RicarDO Pou FERRARI 


y sin embargo se necesita todavía una larga serie de observaciones para arribar 
a un resultado satisfactorio. La aparición de aquella enfermedad en el imperio 
vecino fue un motivo para que la Sociedad de Medicina Montevideana invirtie- 
se muchas de sus sesiones en la consideración de ciertos puntos relativos a una 
enfermedad terrible que amenaza invadir nuestro territorio. Pero ella no se ha 
limitado a esa discusión solamente, tiene una comisión de su seno encargada 
de recoger todos los datos posibles para el esclarecimiento de una cuestión vital 
para los intereses de un país esencialmente comercial como el nuestro. 


El proyecto para el establecimiento de caños maestros en esta ciudad fue un 
asunto que llamó la atención de la Sociedad porque envolvía una cuestión muy 
importante de salubridad pública. Fue pues bajo esta faz que la Sociedad de 
Medicina Montevideana encaró el proyecto, analizándolo con toda detención. 


Los casos de muerte aparente han preocupado en todos los siglos a los ver- 
daderos amigos de la humanidad, como a las autoridades encargadas de velar 
sobre esa parte importante de la Higiene pública. En todos los países en que la 
civilización ha planteado su benéfica influencia, existen disposiciones legales 
contra la indolencia y el crimen, pues que uno y otro pueden realizarse sin las 
medidas preventivas adoptadas. La Sociedad de Medicina, estudiando las nece- 
sidades actuales, y después de una detenida discusión, ha formulado y elevado 
a la Junta de Higiene Pública un proyecto reglamentando la inhumación de 
los que fallezcan en el territorio de la República. Fácil habría sido a la Sociedad 
haber presentado un proyecto basado en la legislación de otros países. Eso, sin 
embargo, era irrealizable en el estado actual del país, y no habría dado el resul- 
tado que se deseaba. 


Además de estas discusiones generales, los miembros de la Sociedad han 
enriquecido los anales de la ciencia, con observaciones de mucho valor y que 
sólo me es dado enumerar para no ultrapasar los límites de un trabajo de esta 
naturaleza. 


El Sr. Lenoble indicó la presencia del carbonato de soda en una fuente 
situada en el lugar denomina la Estanzuela; y sus investigaciones han dado un 
resultado tan satisfactorio que ha hecho concebir la esperanza de que dicha agua 
pueda ocupar el lugar de las aguas de Viche [¿Vichy?]. 

El Sr. Odicini llamó la atención de la Sociedad hacia la aparición de una 
afección cutánea que reinó al empezar y terminar la epidemia de viruela, co- 
múnmente confundida con ésta, demostrando su naturaleza, curso y tratamien- 
to en una memoria sobre el Nyrlus. 

El Sr. Cándido presentó un trabajo sobre hemiplejia facial idiopática. 

El Sr. Martin de Moussy, sobre la meteorología de Montevideo. 

El Sr. Bergara sobre un tumor congénito del cuello en un recién nacido. 

El Sr. Vavasseur sobre los abusos en la venta de ciertos remedios. 


El Sr. Odicini sobre un caso de defecto de consolidación en una fractura 
completa de la pierna, y de su perfecta curación por medio de un sedal pasado 
entre las extremidades de los fragmentos de la tibia. 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


El Sr. Ferreira presentó el cuadro estadístico de las enfermedades tratadas en 
las salas que están bajo su dirección en el Hospital de Caridad. 


El Sr. Odicini sobre un caso de imperforación del glande y obstrucción de 
la uretra. 


El Sr. Michaelson presentó algunos extractos sobre la “Sifilización”, provo- 
cando una discusión esta nueva teoría. 


El Sr. Odicini sobre un caso de sarcocele ulcerado con excrecencia cancerosa 
limitada y sobresaliente arriba del escroto, operado y curado. 


El Sr. Vavasseur sobre un caso de gangrena húmeda en una afección hepática 
en cuyo tratamiento se hizo la aplicación de un sedal. El Sr. Lenoble sobre la ley 
de isomorfismo, y sobre la reacción del azúcar de diabetes con el azoato de plata. 


El socio corresponsal D. Federico de Vasconcellos, presentó una memoria 
geológica sobre los terrenos de Corral Alto Cerro de Roque situados en la pro- 
vincia de San Pedro del Sur. 


El Sr. Vavasseur ofreció un análisis de la obra de Sir Williams Pynn sobre la 
fiebre amarilla. 


El socio corresponsal D. Bentos Carvalho de Souza presentó una memoria 
sobre la fiebre amarilla de Río de Janeiro. 


El Sr. Odicini contestó esta memoria con un trabajo que presentó a la 
Sociedad con el título de “Examen Analítico-Crítico”. 


El Sr. Vavasseur escribió una observación sobre una herida en la región renal 
izquierda, afectando el riñón, con la salida de la orina por la llaga y curada sin 
fístula urinaria. 


El Sr. Ferreira sobre dos casos de envenenamiento por preparaciones arse- 
nicales. 


El Sr. Muñoz sobre los fenómenos del parto. 
El Sr. Parodi presentó el análisis químico del Floripondio Peruano. 


El Sr. Neves, la historia de la extirpación de un quilo-carcinoma y restaura- 
ción del labio inferior por medio de una operación plástica. 


El Sr. Muñoz sobre un caso de expulsión de tres cálculos por la uretra. 


El socio corresponsal D. Luis Chousiño presentó algunas observaciones 
sobre el tétanos. 


El Sr. Vidal, algunas consideraciones sobre el contagio de la fiebre amarilla, 
en contestación a la Memoria del Dr. Carvalho é Souza. 


El Sr. Martín de Moussy, sobre la constitución médica del año de 1843. 


El Sr. Lenoble presentó el análisis de la Pita y una preparación cáustica 
obtenida de ella. 


El Sr. Odicini, la Estadística Médico Quirúrgica de las salas de Cirugía y 
Crónicos del Hospital de Caridad. 


El Sr. Lenoble, el análisis de las aguas de Montevideo y sus alrededores. 


260 


RicarDO Pou FERRARI 


El mismo Socio presentó también el análisis de un mineral de cobre que se 
halla en el Potrero de Pan de Azúcar. 


El Sr. Vavasseur, sobre los efectos de la picadura de una clase de araña muy 
común en la República. 


El Sr. Lenoble, el análisis de un agua ferruginosa de un manantial del Cerro. 


El socio corresponsal, el Sr. Sorel, remitió desde Francia un trabajo titulado 
“Climatología Médica de Montevideo”. 


El Sr. Vavasseur, algunas observaciones sobre el uso del percloruro de hierro 
en la cura de las várices. 


El Sr. Parodi indicó la presencia de yodo y de bromo en el nitrato de soda 
natural. 


El Sr. Rossi ofreció algunas observaciones sobre la Fiebre Amarilla. 
El Sr. Vavasseur sobre la desvirtuación progresiva del virus vacuno. 


El Sr. Martín de Moussy presentó un trabajo con el título de “Ensayo sobre 
la Topografía Física y Médica de la ciudad y departamento de Montevideo”. 


Tal es la historia en resumen de los trabajos de que se ha ocupado la Sociedad, 
a ella habría que agregar las discusiones habidas sobre las Constitución Médica 
reinante en cada quincena, discusiones muy importantes para el tratamiento 
de las enfermedades, pero como dije antes, los límites de este trabajo, sólo me 
permiten enunciarlos, 


Antes de concluir, réstame, señores, llenar el triste deber de dirigiros algu- 
nas palabras sobre la pérdida que ha experimentado la Sociedad de Medicina 
Montevideana, con el fallecimiento de uno de sus miembros fundadores. El 
Profesor de Medicina y Cirugía D. Francisco García Salazar falleció el 20 de 
enero próximo pasado en la ciudad de Santos, víctima de la larga y penosa enfer- 
medad cuyo alivio buscaba al trasladarse a un clima más benigno. El Sr. Salazar 
sirvió durante muchos años como cirujano en el Ejército Nacional; también fue 
incansable propagador de la vacuna en nuestra campaña, y sus conocimientos 
profesionales aliviaron en mil ocasiones los sufrimientos del indigente postrado 
en el lecho del dolor; en él ha perdido la clase menesterosa un incasable bien- 
hechor y la Sociedad de Medicina Montevideana uno de sus miembros más 
recomendables. 


He dicho. 


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Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


3) TexTO DEL PROYECTO DE LEy Y DE LA Ley 18.325, DENO- 
MINANDO “FERMÍN FERREIRA” AL HosPITAL CENTRAL DE LAS 
FUERZAS ARMADAS. 


República Oriental del Uruguay. Ministerio de Defensa Nacional. Mensaje 
51/07. 


Montevideo, 15 de octubre de 2007. 
Señor Presidente de la Asamblea General 
Don Rodolfo G. Nin Novoa. 


El Poder Ejecutivo cumple en remitir a ese Cuerpo, conforme con lo pre- 
ceptuado en el numeral 13 del artículo 85 de la Constitución de la República, el 
adjunto Proyecto de Ley por el cual se designa al Hospital Central de las Fuerzas 
Armadas, con el nombre de “Coronel Médico Dr. Fermín Ferreira” a partir del 
14 de diciembre de 2007. 


Estando abocada la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas 
a realizar una serie de eventos para conmemorar en el próximo 18 de julio de 
2008, el primer centenario del Hospital Central de las Fuerzas Armadas, ha 
creado una Comisión con el fin de efectuar la correspondiente planificación. 


En tal sentido, es necesario y tradicional, ante tan relevante acontecimiento, 
asignar un nombre para denominar a dicha Institución. 


De su rica historia, se destaca el momento en el cual, luego de la Convención 
Preliminar de Paz de 1828, se organizó nuestro primer Ejército de Línea con 
un Estado Mayor General. En ese entonces, ejercía el Ministerio de Guerra 
y Marina, el señor General don Eugenio Garzón, quien dispuso por orden 
de Servicio que un Cirujano, que revistaba como Oficial, fuese designado al 
Comando y otro a cada gran Unidad del Ejército. 


El 14 de diciembre de 1829 fue designado el primer Cirujano Mayor del 
Ejército Uruguayo con Despacho de Gobierno. Este nombramiento recayó en 
el señor Capitán Dr. Fermín Ferreira, dando nacimiento al cargo de Médico 
Militar presupuestado, correspondiéndole a partir de ese momento el grado de 
Coronel Médico. 


Cabe agregar que existió con el nombre del prestigioso médico cirujano un 
importante hospital en Montevideo para internación de enfermos del aparato 
respiratorio, tuberculosis, con un leprosario adjunto, ubicado en la Avenida Luis 
Alberto de Herrera entre la Avenida Fructuoso Rivera y la calle 26 de Marzo. 
A consecuencia de la clausura del mencionado hospital, el nombre de Fermín 
Ferreira desapareció del nomenclator hospitalario y de la memoria pública. 


Por los fundamentos expuestos, se solicita a ese Cuerpo la consideración del 
adjunto Proyecto de Ley, cuya aprobación se encarece. 


El Poder Ejecutivo saluda al señor Presidente de la Asamblea General aten- 
tamente, 


Dr. Tabaré Vázquez, Presidente de la República. Azucena Berrutti, Ministra 
de Defensa Nacional. 


262 


RicarDO Pou FERRARI 


Proyecto de Ley 


Artículo único.- Desígnase al Hospital Central de las Fuerzas Armadas, con 
el nombre de “Coronel Médico Dr. Fermín Ferreira”, a partir del 14 de diciem- 
bre de 2007. 


Azucena Berrutti. 

Ley No 18.325 

Coronel Médico Doctor Fermín Ferreira 

Desígnase al Hospital Central de las Fuerzas Armadas 


El Senado y la Cámara de Representantes de la República Oriental del 
Uruguay, reunidos en Asamblea General, 


Decretan: 


Artículo único.- Desígnase al Hospital Central de las Fuerzas Armadas, 
con el nombre de “Coronel Médico Dr. Fermín Ferreira”, a partir del 14 de 
diciembre de 2008. 


Sala de Sesiones de la Cámara de Representantes, en Montevideo, a 15 de 
julio de 2008. 


Alberto Perdomo Gamarra, Presidente. Marti Dalgalarrondo Añón, 
Secretario. 


Ministerio de Defensa Nacional. Montevideo, 25 de julio de 2008. 


Cúmplase, acúsese recibo, comuníquese, publíquese e insértese en el Registro 
Nacional de Leyes y Decretos, la Ley por la que se designa “Coronel Médico Dr. 
Fermín Ferreira”, al Hospital Central de las Fuerzas Armadas. 


Tabaré Vázquez. Jorge Menéndez 
Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo. 


263 


ÍNDICE ONOMÁSTICO 


A 

Ackermann, Edmundo 
Agell Blanco, 

María Antonia 
Agell Blanco, Dorotea 
Aguirre Aguado, Atanasio 
Alberdi, Juan Bautista 
Albernethy, John 
Alcorta, Diego 


Alibert, Jean-Louis 
Almeida, Hilario de 


Almeyda, Calixto 
Almeyra Gorría, 
Francisco de Paula 


224 


38 

38 

225, 236 
168 

198 

32, 35, 
56, 76, 
215 

51 

76, 169, 
184 

35 


47 


Álvarez Cortés, José Román21, 135 


Álvarez Perdriel, 
Julián Baltasar Mariano 
José de la Santísima 
Trinidad 
Álvarez y Obes Amelia 
Álvarez y Obes, Ana 
Álvarez y Obes, Cayetano 
Álvarez y Obes, 


Consolación 


21 
21 


21 


21 





Álvarez y Obes, Estanislada 21 


Álvarez y Obes, Felicia 
Álvarez y Obes, Julián 
Álvarez y Obes, Máximo 
Álvarez y Obes, Miguel 
Álvarez y Obes, Saturnino 
Alvear, Carlos María de 


Alvear, Diego de 
Anaya, Carlos 


Andrada Taborda, 
Francisco de 
Antonini, Juan Bautista 
Aparielo, Martiniano 
Arana, Felipe 
Aráoz, Francisco 
Araucho, Francisco 
Araúcho, Manuel de 
Arca, Manuel del 
Ardao, Arturo 
Aréstegui, Miguel 
Argerich, Cosme Mariano 


265 


21 

21 

21 

21 

21 

58, 59, 
63, 68, 
70,72, 
73 
197 
102, 140, 
142, 


126, 127 
174, 181 
35 

184 

34 
141,218 
139 

169 

33 

34 

31, 36, 
51, 52 


Un CIRUJANO EN “ 


Argerich, Francisco Cosme 


Arnould, 

Domingo Augusto 
Arriaga, Vicente 
Arrieta, Sargento Mayor 
Artigas Carrasco, Esteban 
Artigas de Aguas, 

Juan Antonio 
Artigas López, 

Manuel Antonio 
Artigas y Fernández, 

Rosalía 


Artigas, José Gervasio 


Arufe, Matías 
Azambuya, Cándido de 


B 

Báez, Bernardo 
Balcarce, Juan Ramón 
Baldrich, J. Amadeo 
Balmis, Francisco Javier 
Barbacena, Marqués de 
Barón de Astrada, Genaro 
Barreiro, Miguel 
Barrionuevo, Andrés 
Batlle, Lorenzo 
Batlle y Ordóñez, José 
Béjar, José de 
Belgrano, Manuel 
Benítez, Pantaleón 
Bentham, Jeremy 
Berinduague, Martín 
Bernal, Pablo 
Berra, Francisco A. 
Berro, Adolfo 
Berro, Bernardo Prudencio 
Besnes e Irigoyen, 

Juan Manuel 


La TierRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


46, 47, 
48, 53, 
169, 174 


126, 127 
174 
67 


81 
81 


81, 82, 
151, 239, 
246 

23, 24, 
26, 81, 
246 

34 

192, 195, 
197, 218, 
262 


154 
26 
67 
119 
69 
149 
163 
34 
252 


236, 238 


218 


Bichat, Xavier 


51 


Blanco Penela de Obes, Ignacia 


18, 37 

Blanco, Juan Benito 
Blanes, Juan Manuel 
Bogros, Jean-Annet 
Boissier, Virginia 
Bonavía y Henríquez, 

Bernardo 
Bonavía y Obes de Lahitte, 

Ciprinana 
Bonavía y Obes, Bernardo 
Bonavía y Obes, 

María Ignacia 
Bonavía y Obes, Vicente 
Bond, Santiago Jacobo 
Bonnot de Condillac, 

Etienne 
Bonpland, Aimé 


Borges, Jorge Luis 
Bosch, Rafael 


Bottini, Santiago 
Brito del Pino, José 


Britos, Manuel 
Broussais, 
Erangois-Joseph-Victor 


Brown, Guillermo 


Brunel, Adolphe-André 


Bruno, Juan B. 
Buschental, José de 
Bustamante, Bartolomé 
Bustamante, Pedro 


266 


141 
210,211 
198 
126 


21 


18, 25 
25 


25 
25 
144, 174 


29 

106, 107, 
108, 193 
7 

85, 86, 
126, 128 
192 

58, 63, 
66, 67, 
68, 69, 
71, 72, 
73,75 
146 


112, 114, 
139 
63, 156, 
159, 169 
134, 174, 
175, 183, 
184, 222, 
224, 227 
224 
17 
184 
239 


C 
Cabanis, 
Pierre-Jean-George de 
Cabré, Ramón 
Caffó, Antonio 
Calcena Chavarrría, Luis 


Camber, José 
Cané, Miguel 
Canstatt, Bernardo 


Cantón, Eliseo 


Capdehourat, Pedro 


Capdevilla y Pallares, 
José Alberto 


Caravia, Juan P. 


Carrasco y Melo Coutinho, 


Xaviera 
Carrasco, Pedro 
Carreté, Jean-Baptiste 


Cartier, Louis-Vincent 
Castellanos, Florentino 


Cisneros, 

Baltasar Hidalgo de 
Coe, John Halstead 
Colonna Waleski, 

Alexandre 
Comte, Auguste 
Conde, Máxima 
Condorcet, Nicolas de 
Cooper, Astley 
Cordero, Francisco 
Correa, Juan Francisco 
Cortes Alegre, Rosa 
Costa, José A. 

Chaín Pacheco, Dionisia 
Chaín, Benito Javier 
Chapman, Nathaniel 
Chaptal, Jean-Antoine 
Chorroarín, Juan José de 


RicarDO Pou FERRARI 


29,31 
217 
1,72 

61, 62, 
69, 77 
61 

168 

102, 133, 
141, 147, 
174 

46 

144, 174, 
187, 188 


39 
236 


81 

44, 54 
78, 126, 
127 

112 

35, 218, 
219, 220, 
225 


43 
156 


182 

31 

21 

29 

198 
50, 123 
192 

21 

65 

21 

184, 253 
54 

115 

28 





Chousiño, Luis 


D 
Darwin, Charles 
De Castro, Carlos 


de la Peña, Luis José 


de las Carreras, Antonio 
Destutt de Tracy, 
Antoine-Louis 


Díaz Salgado, 
Francisco Avelino 

Díaz, Antonio 

Díaz, César 

Díaz, Juan 

Díaz, Remigio 

Dick, Juan 

Donelly, Enrique 

Dorrego, Manuel 

Dumas, Alexandre 

Di Pasquale, Mariano 


Durand, 
Jean-André-Charles 


Dutheil, Mr. 


E 
Echagúe, Pascual 
Echeverría, Esteban 


Echeverría, Liborio 
Elío, Francisco Javier de 
Ellauri y Obes, Benjamín 


61, 85, 
86, 126, 
127, 128, 
133, 137, 
140, 260 


89, 105 
225, 234, 
236, 241 
33,217, 
219, 224 
239 


29,31, 
32 


34, 35 
69 

186 
34, 77 
77 

54 

85 

74 
172, 185 
31, 32, 
52 


43, 52, 
54 
175 


150, 156 
166, 218, 
219, 220, 
221 

127 
11,23 
238 


Ellauri y Obes, Expectación 25 


Ellauri y Obes, 
José Eugenio 


267 


20, 21, 
185, 186 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Ellauri y Obes, Plácido 


Ellauri, José Longinos 
Ellauri, Ramón Casiano 


F 

Fabini, Eduardo 
Fabini, Santiago 
Fabre, Agustín Eusebio 
Faure, Olivier 
Fernández de Agúero, 

Juan Manuel 
Fernández, Elbio 
Fernández González, 

Mariana 
Fernández Larrobla, 

Lorenzo Antonio 


Fernández y Hoyos, 
Antonio 


Ferrando, Carlos Luis 
Ferré, Pedro 
Ferreira, 

Antonio Salustiano 
Ferreira y Artigas, 


20, 33, 
196, 236, 
238 

20 

20, 133, 
143, 196 


238 
238 
39 

114 


238 
81 


24,219, 
225 


42, 44, 
46, 47, 
53, 54, 
169 
86, 126 
158 


17 


Esteban Fermín Salustiano 


Mariano del Corazón 


de Jesús 
Ferreira y Artigas, 
María Rosa 
Ferreira y Artigas, 
Mariano Augusto 


Ferreira y Artigas, 
Paulino Teodoro 


Ferreira, Teodora Juana 
Flores, Venancio 


82, 153 
82 


82, 153, 
185 


82, 153, 
239 

17 

163, 166, 
189, 236, 
238, 239, 
240 


Fodéré, 
Francois-Emmanuel 

Font, Pablo 

Fontana, Juan José 

Fourier, 
Jean-Baptiste-Joseph 

Fragoso de Rivera, 
Bernardina 


Frank, Johann Peter 

Fresno, Ramón 

Furriol de Garzón, 
Angelita 


G 
Gaete, Romualdo 
Gaffarot, Salvio 
Gallardo, Coronel 
García Diago, Pedro 
García Lagos, Ildefonso 
García Salazar, Francisco 


García y Valdez, Justo 
García, Manuel José 
García, Martín 


García, Salvador 
Garibaldi, Giuseppe 
Garviso, Cayetano 
Garzón, Eugenio 


Gelly Martínez, 
Juan Andrés 


Gelly y Obes, Juan Andrés 


Gelly y Obes, Micaela 
Gil Pérez, Juan Ignacio 
Giró, Francisco 


115 
35 
77 


31 


147, 155, 
157, 158, 
172, 178 
115 

61 


153 


35 

53 

185 

192 

239 

86, 126, 
127, 192, 
264 

47, 52 
74 

34, 56, 
77 

122 

159, 170 
109, 110, 
113, 199 
152, 153, 
154, 187, 
265 


20 

21 

21 

110 

124, 164, 
167, 177, 
189 


Gómez da Fonseca Maroñas, 


José María 


268 


78 


RicarDO Pou FERRARI 


Gómez da Fonseca Maroñas, 


Tiburcio 78 
Gómez da Fonseca, 

Juan Dámaso 78 
Gómez, Valentín 71 
Goncgalves, Bento 158 
González Vizcaíno, Alonso 124, 126, 

192 
Gore, Robert 182 
Gorman, Miguel 39, 47 
Goya, Francisco de 211 


Gros, Jean-Baptiste-Louis 182 


Gutiérrez Moreno, Juan 32,77, 
102, 
H 
Hallé, Jean-Noél 115 
Hering Torres, Max 14 
Herrera y Obes y Martínez, 
Julio 21 


Herrera y Obes, Lucas 21 


Herrera y Obes, Manuel 18,20, 
134, 166, 
217, 217, 
222,229, 
229,227, 
228, 234, 
241,252 

Herrera, Nicolás 20 

Howden, John H.C. 182 

Hudson, William 246 

y 
Janson, Louis 112, 113 


Jenner, Edward 119 
Joanicó, Cándido 218, 238 


L 
Labondo, Sebastián 54 
Lafinur, Juan Crisóstomo 31, 32, 
52, 215 
Lahitte de Elía, Eduardo de 25 
Lamb, Richard 246 
Lamas, Andrés 17, 23, 
162, 167, 





Lamas, Domingo Antonio 


Lamas, José Benito 


Lanusse Gelly, 
Alejandro Agustín 
Larrañaga, 
Dámaso Antonio 


Lasala, Francisco 
Lavalle, Juan 


Lavalleja, Juan Antonio 


Lepper, Jayme 
Le Prédour, Fortuné 
Lecor, Carlos Federico 


Legar, Carlos Luis 
Lenoble, Julio A 


Léonard, Pierre 
Leroux, Pierre-Henry 
Linan, Jorge 


López y González Padrón, 


Ana María 
López y Planes, Vicente 
López, Juan Pablo 
López, Vicente Fidel 
Llambi, Francisco 


269 


186, 218, 
249, 250, 
251,253, 
254, 255, 
23 

17, 23, 
24, 33 


22 


28, 182, 
213,214, 
216 

141 

74, 146, 
150, 155 
57, 68, 
72,73, 
74,75, 
101, 123, 
124, 149, 
150, 151, 
154, 163, 
189 

54 

185, 186 
11, 12, 
20, 21, 
25 

126, 128 
174, 184, 
192, 233, 
259, 260, 
261 

192, 225 
31 

152 


81 
74 
158 
238 
179 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


M 
Mac Lean, 


Guillermo (o Mc Lie) 


Madera, Juan 


Magendie, Francois 
113 

Maggesté, Francisco 
Mansilla, Lucio N. 


Mañé Garzón, Fernando 
Marroin, 


126 
42, 44, 
53 

51, 54, 


234 
67, 69, 
72 

193 


Auguste-Charles-Thomas 188 
Martin de Moussy, Victor 174, 


Martínez, 
Francisco Dionisio 


Martínez, Ignacio 


Martínez, Mariano 
Mastai Ferreti, 
Giovanni (pio IX) 
Medina, Anacleto 
Mendoza, Gabriel 


Merino Valenzuela, Lope 


Michaelson, Luis 


Mier, Francisco Plácido 
Mieres, Fortunato 
Moctzuma, Sr. 


Molina, Juan Cayetano de 


Molino Torres, Ambrosio 
Montes de Oca, Juan José 


Montúfar, Cristóbal Martín 


175,192, 
197, 203, 
225, 259, 
261, 263 


119, 143, 
144 

32, 35, 
61,75, 
77,215 
77 


81 

155, 156 
33, 143, 
192, 197, 
225 

126, 147 
192, 193, 
197, 201, 
202, 260 
34 

154 
17,250 
43, 123, 
124 

35 

34, 47, 
62, 77, 
169, 174 
42, 44, 


Morello, Marcel 
Mugica, Eleuterio 
Muñiz, Francisco Javier 


Muñoz Triaca, Rosa 
Muñoz y Herrera, José 
Muñoz, 

Bartolomé Doroteo 
Muñoz, Henrique 


N 
Naquet, Dr. 
Nascimbene, Pedro 
Neves, Carlos 
Niño, Pedro 
Nollet, Juan Francisco 


O 


Obes y Álvarez, Consolación 


Obes y Álvarez, Dionisia 


Obes y Álvarez, Francisca 
Obes y Álvarez, Manuela 


Obes y Álvarez, Micaela 
Obes y Álvarez, Pascuala 
Obes, Lucas José 


Obes, Maximiliano 
Oddone, Juan A. 


Odicini, Bartolomé 


270 


45, 46, 


126, 127 
61 

45, 48, 
61, 68, 
70, 72 
82 

82 


28 

192, 197, 
201, 206, 
218, 220, 
223, 258 


175 

145 

192, 260 
45 

174, 181, 
192 


20 

19 

20 

21 

20 

21 

11, 12, 
14, 17, 
18, 19, 
21, 35, 
80, 106, 
215 

18, 85 
234 

174, 176, 
184, 192, 
195, 197, 
201, 222, 
224, 227, 
259, 260 


Oliveira, José Pedro de 


Ordóñez, Jenaro 


Orfila, 


RicarDO Pou FERRARI 


54, 124, 
126, 127, 
128, 131, 
134, 137, 
139, 140, 
144 

82 


Mateo José Buenaventura 5 1 


Oribe, Manuel 


Ortiz, Antonio 
Ortiz, Juan José 
Otamendi, Juan José 


Otorgués, Fernando 


P 
Pacheco Areco, Jorge 
Pacheco Camacho, Jorge 


Pacheco Stewart, Matilde 
Pacheco y Obes, Melchor 


Palomeque, Alberto 

Paris de Oddone, 
María Blanca 

Patrón, Fernando 


12, 69, 
75, 86, 
87, 102, 
131, 140, 
141, 142, 
146, 147, 
149, 150, 
161, 162, 
166, 168, 
169, 170, 
181, 186, 
217, 228 
84 

28 

77, 84, 
102, 104, 
127, 128, 
131, 133, 
143 

11 


22 

19 

22 

18, 20, 
81, 162, 
165, 169, 
172, 176, 
178, 185, 
186, 251, 
253, 254 
165, 219 


225, 234 
35 





Paz, José María 


Pedralbes, Ignacio 
Peixoto, Antonio José 
Pereira, Gabriel Antonio 
Pereyra, Mariano 
Pérez Castellano, 

José Manuel 
Pérez, Sebastián 
Perichon de 

Vandeuil D'Abeille 
Pinel, Philippe 
Pirán, José María 
Pivel Devoto, Juan E. 
Planes, Juan Francisco 
Pondsomby, Lord 
Portela, Ireneo 


Portela, Juana Isabel 
Posadas, Gervasio 
Possolo, José A. 
Previtali, Juan 


Pueyrredón, Juan Martín 


Pytaluga, Antonio 


R 
Ramírez Álvarez y Obes, 
Carlos María 
Ramírez Álvarez y Obes, 
Gonzalo 
Ramírez Álvarez y Obes, 
José Pedro 
Ramírez Álvarez y Obes, 
Ramírez Álvarez y Obes, 
Julio 
Ramírez Álvarez y Obes, 
Octavio 
Ramírez y Álvarez, 
Juan Pedro 


Ramírez y Obes, Gonzalo 


Ramos, Patricio 


271 


69, 156, 
158, 162 
238 
174 
102, 163 
178 


28, 213 
35 


21 

51 

35 

12 

31 

74 
21,78, 
104, 145, 
169 

21 

249 

239 

122, 126, 
127 

27, 40 

61 


22, 238 
21 


22, 240 


Juan 


22 
22 


22 

22 

151, 152, 
169, 183, 
192 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


Rangel Maya, Fortunato 
Raña, Emilio 
Rabinovich, Alejandro 
Regueira, Francisca 
Requena, Joaquín 


Richerand, Anthelme 
Rivadavia, Bernardino 


Riveiro, G. 
Rivera, Fructuoso 


Rivera, 


61 

152 

90 

23 

229, 232, 
238 

51 

12, 26, 
31, 40, 
43, 49, 
53, 54, 
58,74, 
78, 107 
188 

12, 72, 
74,75, 
80, 81, 
85, 86, 
87,101, 
102, 122, 
123, 143, 
146, 147, 
149, 150, 
151, 152, 
154, 155, 
156, 157, 
158, 161, 
162, 163, 
164, 166, 
168, 168, 
178, 182, 
189, 228, 
262 


Juan Esteban (Bernabé) 86 
Rivero, Francisco de Paula 42, 43, 


Roberge, Santiago 
Rodó, José Enrique 
Rodríguez, Manuel 
Rodríguez, Martín 
Romero, José María 


48, 52, 
53, 59, 
108, 124, 
126 

54 

166, 168 
54 

26, 63 
34 


Rondeau, José 


Roó, Rafael 
Rosas, Juan Manuel de 


Rossi, Juan 


Roxas, Pedro 


S 
Saborido, Sebastián 
Sáenz Peña, Roque 
Sáenz, Antonio 
Saint Simon, Henri de 
Sambucetti, Luis 
Sánchez, Baltasar 
Sánchez, Victoriano 


Sarmiento, 

Domingo Faustino 
Schiaffino, Rafael 
Segurola y Lezica, 

Saturnino 
Serrano, Pedro 


Siffredi, Juan B. 

Silva, Fortunato 

Silva, José 

Simpson, James Young 
Soiza Larrosa, Augusto 
Soler, Miguel Estanislao 
Suárez, Joaquín 


272 


26, 81, 
85, 101, 
122, 123, 
141 

188 

44, 47, 
54, 76, 
124, 147, 
149, 156, 
159, 168, 
184, 186, 
187, 188, 
217 

192, 201, 
264 

45, 53, 
54 


45 

22 

40 

31 

177 

34 

45, 61, 
72 


165, 179 
124, 139 


28 

35, 56, 
61, 62, 
77 

176 

152 

183 

183 

179 

64, 68 
57,74, 
162, 164, 
166,186, 
219 


RicarDO Pou FERRARI 


Susviela Santelices, Carmen 21 


Susviela, Jacinto 
Southern, Henry 


T 


Thénard, Louis-Jacques 


Terry, José Antonio 


Thibalier, 


Francisco Constantino 


Thibeau, Mr. 


Tigrimbú, Juan Gualberto 


Torres Garibay, Daniel 


Torres, Eustaquio 
Torres, Lorenzo 


Triaca Zuasnábar, Carolina 


U 


Urquiza, Justo José 


vV 
Vaillant, Adolfo 
Valdez, Juan Manuel 
Valencia, Miguel 
Varela, Florencio 
Vavasseur, Pierre 


Vázquez, Santiago 


Vázquez, Tabaré 
Vidal Silva, 


Francisco Antonino 


Viera, Francisco 
Vieytes, Benjamín 


238 
184 


51 
35,77 


183, 184 
174 
87,169, 
172 

56, 61, 
62, 75, 
169 

35 

35 

82 


154, 156, 
186, 187, 
188, 240, 
251, 252, 
255 


238 

54 

34 

34, 168 
192, 195, 
259, 260, 
261 

12, 162, 
164, 

262 


192, 193, 
207, 241, 
260 

34 

35 


Vilardebó, Teodoro Miguel 78, 103, 


104, 105, 





Villegas, Alejo 
Vizcarra, León 


W 
Wich de Salvañach, 
Celedonia 
Wilson, Eduardo 
Wunderlich, Carl 


XxX 


Ximénez, Laurentino 


Y 


Yéregui, Fermín 


Z 


Zufriategui, Juan 


273 


107,111, 
120, 121, 
128, 129, 
131, 138, 
139, 140, 
141, 143, 
144, 145, 
174, 181, 
182, 193, 
198, 201, 
203, 209, 
212 

33, 219 
127 


14 
189 
199 


231 


126 


65 


/ 
ÍNDICE GENERAL 


Milonga para los Orientales? ............ 


THtroduccion: Lar ose e ta AA 


CApPíTULO I 


a O 


CAPÍTULO II 
Estudiante de preparatorios en Buenos Aires 


CarírTUuLO TI 


Estudiante de Medicina en Buenos Aires ... 


CaríTULO IV 
El ambiente médico en Buenos Aires 


durante la época de Rivadavia............ 


CAPÍTULO V 


la ssuerta del Bras ca soso r reos 


275 


Un CIRUJANO EN “La TIERRA PURPÚREA” Dr. FERMÍN FERREIRA 


CaríruLO VI 
Graduación de Ferreira y llegada a Montevideo .......... 19 


CarítuLO VII 
Una visión sobre la mentalidad, la guerra 
y la medicina militar de la Época. ......oooooooooooo... 89 


CaríruLo VIII 

La República en ciernes; los tres primeros 

gobiernos constitucionales y circunstancias 

científico-médicas vinculadas ......oooooooooooo oo... 101 


CaríTULO IX 


La Sanidad en los primeros tiempos de la República. ...... 115 
CapíTULO X 

Reglamento de Policía Sanitaria ..........oooooooo.o.o.. 131 
CaríTuLO XI 

El fin de las “guerras médicas”; las epidemias; 

la reorganización de las instituciones sanitarias.......... 137 
CaríruLO XII 

a Guetta Grldesl serra ms one td dd 149 
CaríruLO XII 

ESO Grade sisi es 161 
CaríruLO XIV 

La Sociedad de Medicina montevideana.........o.o.... 191 
CaríTULO XV 

La Epidemia de fiebre amarilla de 1857 ............... 209 


276 


RicarDO Pou FERRARI 


CaríTULO XVI 

La Universidad Mayor ls ds 213 
A A 245 
Anexos documentales. ..............oooooocoooooo.. 249 
Índice OMOMÁSTICO ooo 265 


277 





RicArRDO Pou FERRARI 


l presente ensayo biográfico está dedicado a una de las figu- 

ras próceres de la Medicina uruguaya, el Dr. Fermín Ferreira, 

quien actuó durante el período de gestación y primeras épo- 
cas del Uruguay independiente. En su calidad de Cirujano Mayor 
del Ejército, estuvo presente, en ese prolongado período, tanto en 
el campo de batalla como en el hospital. Como fundador de la 
primera Sociedad científica del Uruguay y de la Universidad de la 
República -de la que fue Rector en cuatro períodos-, debe conside- 
rárselo uno de los iniciadores de la vida académica nacional. 


: 978-9974-8569-3-6 








9974118569 


ED CIONES